Europa ya no puede permitirse el lujo de la ceguera voluntaria. La segunda llegada de Donald Trump a la Casa Blanca no es una simple anomalía, sino la culminación de un proceso calculado de erosión institucional. Como advierte la
senior advisor de la
Bertelsmann Stiftung Cathryn Clüver Ashbrook en su libro
The American Wake-Up Call, que adelantamos en primicia en 'Agenda Pública', nos enfrentamos a los "
primeros pasos de la destrucción sistémica" impulsada por una Administración que ha logrado lo que otros líderes iliberales apenas soñaron: intervenir simultáneamente en todos los ámbitos de la vida política y económica de la primera potencia mundial.
La analista desentraña cómo este desmantelamiento no ocurrió de la noche a la mañana, sino que es el resultado de décadas de polarización, desregulación mediática y la reinterpretación agresiva de la Constitución. Los estrategas del movimiento MAGA se han apoyado agresivamente en el "
debilitamiento sistemático de nuestras instituciones" para concentrar el poder presidencial, reescribiendo la historia y socavando los pilares fundacionales de una república que se acerca vertiginosamente a su 250.º aniversario.
Ante este panorama, el mensaje para el Viejo Continente es un toque de atención inapelable. Ya no basta con esperar a que los contrapesos institucionales contengan el caos; es hora de que Europa mire la realidad de frente. Clüver Ashbrook nos insta a desarrollar una "
creatividad estratégica" para repensar nuestra relación con Washington y, lo más importante, a blindar nuestras propias democracias: "
dejad de ser tan reactivos. Dad un paso atrás, reconoced los patrones, ved cómo se conectan las cosas".
Cathryn Clüver Ashbrook durante la conversación con Agenda Pública. Foto: Agenda Pública
Gracias por sentarse con Agenda Pública. Tenemos su libro delante, The American Wake-Up Call. ¿Qué es exactamente ese "aviso" o "toque de atención" estadounidense?
En esencia, es un mensaje para los europeos. También para los alemanes en un año electoral, pero sobre todo para los europeos: mirad la realidad de frente y desarrollad una mentalidad estratégica más exigente —lo que yo llamo "creatividad estratégica"— para repensar la relación con Estados Unidos.
El libro describe los primeros pasos de la destrucción sistémica que hemos visto en el último año por parte de la Administración Trump, algo que para muchos europeos se percibe como
una aceleración extrema. Esta Administración ha hecho algo que Orbán, Erdoğan e incluso el Gobierno de Libertad y Justicia (PiS) en Polonia no lograron hacer: ha intentado intervenir a la vez en todos los ámbitos de la vida política y económica de Estados Unidos, sostenida por las creencias ideológicas de algunos de los principales arquitectos del movimiento MAGA. Algunas son muy evidentes; otras todavía se están perfilando.
"El objetivo es fortalecer a los europeos desde dentro y hacer más sólidas nuestras democracias para que no nos ocurra un debilitamiento sistemático de nuestras instituciones y procesos democráticos"
Pero el arco que describo es mucho más largo de lo que a los europeos nos gusta reconocer. Eso es lo que intento hacer con el libro: trazar una vista más amplia y, después, plasmar los movimientos acelerados e intervencionistas de esta Administración, para que tengamos mejores herramientas de diagnóstico. Una intención es reforzar a los europeos desde dentro y fortalecer nuestras democracias para que no nos ocurra una debilitación sistemática de nuestras instituciones y procesos democráticos, sobre todo porque esta Administración ahora pretende exportar sus estrategias. La otra es disponer de respuestas mejores y más creativas.
Háganos una visita guiada por esa vista más amplia. ¿Dónde empieza? ¿Cómo llegamos a noviembre de 2024?
La premisa del libro es retroceder, en parte, a la intención visionaria de los fundadores estadounidenses y a la ambición revolucionaria de la Declaración de Independencia y de la Constitución que vino después. Lo escribí en el año en que Estados Unidos cumple 250 años, y en el que se formularon tres derechos inalienables: "vida, libertad y la búsqueda de la felicidad".
Hoy muchos escuchan "la búsqueda de la felicidad" y piensan en el capitalismo estadounidense y su carácter desbocado. Eso no era lo que pretendía Jefferson. La idea era que esta república —recién forjada, creada a partir del compromiso y defendida luego con sangre— debía recibir una inversión constante. Thomas Jefferson veía amenazas continuas para la democracia y, desde el principio, exigía vigilancia permanente: solo así puede hacerse real la libertad.
Durante treinta años, el sistema estadounidense perdió de vista el objetivo de fortalecer la democracia desde dentro. La degradación de la confianza institucional no ocurre de la noche a la mañana, e incluye el debilitamiento del cuarto poder: unos medios de comunicación funcionales.
"Los estrategas detrás de esta transformación se apoyan activa y agresivamente en ese debilitamiento para desmantelar de forma sistemática la arquitectura de la democracia y reinterpretar la Constitución en beneficio del poder presidencial"
La democracia exige una implicación activa. Los estrategas que hay detrás de esta transformación aprovechan de forma activa y agresiva ese debilitamiento para desmantelar de manera sistemática la arquitectura de la democracia y reinterpretar la Constitución en beneficio del poder presidencial. Forbes y Moody’s degradaron en un par de ocasiones la calificación crediticia de Estados Unidos, no por la primera Administración Trump, ni por el cambio Trump-Biden, ni por la segunda llegada de Trump, sino por veinte años de disfunción de gobierno.
Los compromisos que hicieron posible la Declaración y la Constitución eran volátiles. En 1787, un filósofo político que firmaba con el seudónimo "Cato", pero que probablemente era el gobernador de Nueva York George Clinton, escribió que "si un presidente está poseído por la ambición, tiene poder y tiempo suficientes para arruinar a su país". Y aunque ha habido errores presidenciales en el pasado —incluida la politización del Departamento de Justicia y del FBI en los años de Nixon—, las normas y la moral parecían regir la oficina de la Presidencia de tal modo que Estados Unidos se libró de ese destino... hasta ahora.
En el libro investigo qué cambios estructurales a lo largo del tiempo hicieron posible la segunda Administración Trump y su ambición de desmantelar funciones centrales de la democracia. En lo político, mucho empieza a finales de los años ochenta con la caída del Muro de Berlín. Para Europa, fue el inicio de la Pax Americana y de todo lo "bueno": Occidente "ganó".
Pero para el Partido Republicano, a finales de los ochenta, se hicieron evidentes un par de cosas. Demográficamente, era poco probable que volvieran a ganar el voto popular en una elección presidencial. Desde entonces solo ha ocurrido dos veces: en 2004 con George W. Bush y el milagro de 2024 con Donald Trump. Necesitaban una estrategia distinta. Con el fin del enemigo externo —la Unión Soviética— necesitaban un enemigo interno.
Lo que funcionaba antes era decir: "Nosotros, los republicanos, somos el dique contra el comunismo. Si votáis a los demócratas...". Esa línea larga del macartismo en la historia estadounidense. Dejó de funcionar. En el 89 y el 90, cuando cayó el Muro, figuras como Newt Gingrich, encargadas de la estrategia dentro del partido, necesitaron un nuevo relato centrado en el enemigo interno.
"La desregulación de los medios impulsada por el presidente Reagan abrió la puerta a que ese lenguaje entrara en un debate público más amplio, y contribuyó a dividir el espacio mediático en entornos partidistas"
En 1990, Gingrich publicó Language: A Key Mechanism of Control, una caja de herramientas para las elecciones legislativas de 1994. Los cambios en el lenguaje político y en los medios políticos ocurrieron casi al mismo tiempo: el fin de la Fairness Doctrine en 1987, durante la Administración Reagan, hizo posible la aparición de la información partidista, mientras Gingrich rehacía el lenguaje político de la derecha: quería que los republicanos fueran "desagradables". Describir al adversario como "antiamericano" o "anticristiano" entra en el vocabulario republicano con Gingrich. Ese gran giro en el lenguaje político inicia un debilitamiento de las normas políticas.
La desregulación de los medios impulsada por Reagan abre la puerta a que ese lenguaje entre en un debate público más amplio, y pasa a formar parte de una bifurcación del espacio mediático en entornos partidistas. Los estrategas detrás de estos movimientos —incluido Roger Ailes— se convierten después en administradores clave de la monetización de la información basada en opinión. Ailes crea Fox News. Más tarde, una decisión de Clinton en los primeros años de internet hace que los proveedores de plataformas no sean responsables del contenido intercambiado en ellas, allanando el camino para burbujas informativas que hoy enmarcan las realidades percibidas por muchos estadounidenses.
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Cathryn Clüver Ashbrook es experta en política estadounidense. Foto: Agenda Pública
¿Y el auge de los Comités de Acción Política (PAC) no formaba parte de esto?
Los PAC —como consecuencia de la decisión del Tribunal Supremo de 2010 en el caso Citizens United— tienen un efecto acelerador: es entonces cuando entra todo el dinero en el sistema.
Pero, mientras tanto, se produce un debilitamiento de la idea de hechos institucionales y de qué hechos son confiables. Es una maquinaria lenta. En los años de Clinton hay una gran desregulación temprana del mercado. Después llega la era de Internet.
Los cambios en el mercado mediático, el paisaje informativo y el debilitamiento de la confianza institucional siguien una misma línea larga, pero por etapas. Al final aparecen figuras como Steve Bannon manipulando el discurso, creando "realidades" distópicas, cambiando el relato, hasta llegar a donde estamos ahora en la Munich Security Conference: Marco Rubio, hijo de refugiados cubanos, recontando una historia de Estados Unidos completamente blanca.
"Esta Administración está pidiendo ahora a los estadounidenses que no confíen en sus propios ojos ni en sus propios oídos, lo cual es literalmente 'orwelliano'"
Nos acercamos al 250.º aniversario en julio de 2026. Turning Point USA, la organización de Charlie Kirk, está construyendo un currículo nacional que elimina toda "negritud" de la historia estadounidense. Hay ahora mismo una exposición de IA en el Eisenhower Executive Office Building sobre los fundadores estadounidenses que niega que Benjamin Franklin fuera propietario de esclavos. Se está produciendo un blanqueamiento distópico. En el quinto aniversario del asalto al Capitolio —6 de enero de 2021—, la web oficial de la Casa Blanca presentó un relato completamente nuevo de los hechos de ese día, que cientos de miles de estadounidenses siguieron en directo por televisión. Tanto en esa reescritura de la historia vivida como en eventos actuales —pensemos en Mineápolis y en los asesinatos de Renee Good y Alex Pretti—, esta Administración está pidiendo ahora a los estadounidenses que no confíen en sus propios ojos y oídos, lo cual es literalmente orwelliano. Y está pidiendo abiertamente a los europeos que acompañen su relectura de la "civilización occidental" como un proyecto blanco y nativista.
Es importante entender que la instrumentalización de estos fenómenos lentos es el "genio" de los estrategas del movimiento MAGA. En algunos casos contribuyeron a la aceleración; en otros, instrumentalizaron la distancia creciente entre estadounidenses —su repliegue en burbujas de redes sociales, el endurecimiento de las líneas partidistas—. Mientras ponían a prueba la fuerza de normas y reglas, al mismo tiempo buscaban legitimación para su conducta de ruptura.
La reinterpretación del Artículo II de la Constitución es el inicio. El Unitary Executive Power es la idea por la que apuestan los estrategas MAGA y sus asesores constitucionales, fijándose en la palabra "vested" (adquirido, investido), interpretada como absoluta. El Congreso, según su lectura, simplemente entrega su poder al Ejecutivo. Esa es la justificación de Russel Vought para una maniobra ilegal llamada impoundment, mediante la cual el presidente recupera fondos previamente asignados por el Congreso, o se arroga autoridad para destruir desde dentro el sistema burocrático de Estados Unidos. Las agencias, según esa teoría, son instrumentos del poder ejecutivo y ese poder tendría control absoluto, incluso aunque agencias clave como la Reserva Federal, la SEC o la FCC fueran creadas por el Congreso para ser independientes y garantizar un control experto.
Entonces, ¿qué hemos visto a lo largo de este año? Una Administración que gobierna por orden ejecutiva y crea nuevas realidades incluso si el sistema judicial responde. Esas "nuevas realidades" percibidas se refuerzan con un espacio mediático menguante. A medida que la propiedad de los medios se concentra en cada vez menos manos, el espacio del mensaje se estrecha, y lo que escuchan los estadounidenses se reduce mucho. Aunque algunas órdenes ejecutivas estén amenazadas, las normas ya se han roto y los contrapesos se han debilitado.
En la primera Administración, Trump hizo tres cosas históricas para el movimiento conservador neonacionalista, o el movimiento conservador nacionalista blanco impulsado por evangélicos. Tres cosas que ningún presidente republicano anterior había logrado.
Primero, cambió la naturaleza del Tribunal Supremo: una mayoría conservadora por un futuro previsible. Ese contrapeso se debilita, o deja de estar. El Tribunal Supremo, en gran medida, falla a favor del presidente: las decisiones sobre inmunidad, la idea de que ICE pueda ir a por personas que no suelen ser blancas, muchas cosas de ese orden.
Segundo, el aborto: el final de Roe v. Wade. Un proyecto evangélico de largo recorrido que empezó en los setenta en Colorado Springs. Trump lo hizo posible y consolidó una base.
"En un país de inmigrantes y pluralismo, antes de aprender cómo un proyecto de ley se convierte en ley, aprendes a negociar la diferencia"
Tercero, el desmantelamiento de la educación pública estadounidense, poco a poco. En el "one big, beautiful bill", por ejemplo, si financias una escuela religiosa, obtienes exactamente lo mismo que aportas en forma de desgravación fiscal. No un 5%, no un 3%: todo. Es, básicamente, como blanquear dinero para desarmar el sistema de escuela pública. La diversidad se aprende en la escuela pública, y por eso ha sido un objetivo histórico evangélico ver debilitada la educación pública.
¿Por qué importa eso? Porque en un país de inmigrantes y pluralismo, antes de aprender cómo un proyecto de ley se convierte en ley, aprendes a negociar la diferencia. Aquí están diciendo: no, eso ya no es necesario. Y la integración de las escuelas estadounidenses —Brown v. Board of Education— iba de eso: el movimiento por los derechos civiles trataba de eso.
Su último libro es 'The American Wake-Up Call'. Foto: Agenda Pública
Lo asombroso al escuchares ese largo recorrido histórico, y lo que los europeos pensábamos sobre Estados Unidos —o no pensábamos— durante todo ese tiempo. En Europa hemos tenido muchos años de dependencia militar, dependencia en adquisiciones, y tal vez no queríamos ver lo que estaba pasando en la política estadounidense. Incluso cuando Trump ganó por primera vez, el mantra era: "tómenselo en serio pero no literalmente"; "los adultos lo contendrán". Luego pierde el poder, vuelve Biden, y es: "América ha vuelto". Después llega 2024 y la creencia de que "no hay manera de que Trump vuelva a ganar". ¿Por qué hemos sido tan ciegos durante tanto tiempo?
En parte, porque no entendimos que la política interna siempre influye en la política exterior, y viceversa.
Y cuando la gente quiere hacer predicciones sobre el destino de Trump, yo siempre digo: mirad Hungría y Turquía, y mirad, más allá de la burbuja tecnológica, los fundamentos. La autocratización, la cleptocracia y la oligarquía traen enormes costes económicos y, después, un impulso mayor para controlar a un electorado que sufre.
Este Gobierno MAGA no solo ha interferido en la gobernanza. También ha interferido en la economía interna de Estados Unidos. Menos exitosamente, y ahí es donde empieza a convertirse en un peligro para el sistema Trump, pero ha intervenido en todo ello.
"Un presidente estadounidense volátil no ha proporcionado el entorno económico estable que se necesita para inversiones masivas en la base industrial de Estados Unidos"
Recordad: la promesa era la reindustrialización. Si vais a la cuenta de X del Departamento de Trabajo veréis a todos esos hombres con aspecto ario y carteles de "tu país te necesita". La realidad, sin embargo, es que la producción industrial se contrae, no se expande, por dos razones: las inversiones se frenan, tanto las internas como las que se prometían a través de acuerdos comerciales internacionales (por ejemplo, de Europa y Japón). Se están ralentizando por un motivo: la inseguridad. Un presidente estadounidense volátil no ha proporcionado el entorno económico estable que se necesita para inversiones masivas en la base industrial de Estados Unidos.
Intentar que las universidades de élite paguen programas de formación de mano de obra —como ocurre en muchos de los "acuerdos" cerrados con universidades de la Ivy League— es incongruente, porque, al mismo tiempo que esta Administración desregula la IA y la industria de semiconductores, en la práctica está impidiendo la reindustrialización.
Sobre los aranceles: el Instituto de Kiel acaba de publicar su análisis más reciente. Pero ya lo sabíamos: pagan los consumidores estadounidenses. Familias medianas: 1.000 dólares. Suben los costes sanitarios. Aumenta el desempleo de larga duración. Y parte de ello está conectado con una base industrial menguante.
Luego están los agricultores. Se elimina USAID. La mitad de los agricultores que producen granos de larga conservación, y la investigación agrícola en universidades de Iowa e Indiana, tenían como mayor cliente a USAID. Se lo quitas, ¿y entonces qué? Pones aranceles a China, lo que significa que no se exporta soja a China, y los agricultores estadounidenses —otra vez— tienen que buscar cultivos alternativos, y cuando eso falla, el Gobierno tiene que intervenir con subsidios masivos para arreglar un problema creado por él mismo. Después, el Gobierno da 20.000 millones de dólares, luego un total de 40.000 millones, y además una gran condonación de deuda gestionada por el FMI para Argentina, y entonces Argentina empieza a vender soja a China. No es raro que los agricultores estadounidenses estén descontentos. Las políticas de deportación han hecho que trabajadores agrícolas cualificados se mantengan lejos, sean deportados o se marchen voluntariamente, mientras los estadounidenses no están dando un paso al frente para hacer estos trabajos. Los desequilibrios están en todas partes y en todos los sectores, salvo la IA.
Parece que esta Administración todavía no se ha dado cuenta de cómo se conectan todos los problemas de su intervención económica, en parte porque la pericia burocrática ha sido vaciada a través de DOGE y de esfuerzos masivos por reducir la experiencia dentro del sistema. Gran parte de esa experiencia, por cierto, no reside en Washington, e incluye la experiencia local de los Departamentos de Agricultura y de Bosques.
Bajo la burbuja tecnológica, como veréis más claramente a lo largo de este año, está emergiendo una crisis económica interna, hecha en casa. Eso afectará a los votantes de la coalición que Trump volvió a movilizar para esta victoria histórica.
¿Y a quién se culpará de eso en las elecciones de medio mandato?
El presidente Trump encontrará muchos objetivos. Pero, en cierto sentido, eso es casi secundario. La parte de control del sistema ha sido clara y dirigida: han logrado subvertir y destruir el sistema democrático y burocrático de Estados Unidos. La capa de políticas, en cambio, ha sido un caos. Ese choque implica que, para retener el poder, necesitan hacer lo que hemos visto acelerarse en los últimos seis meses: intentar controlar elecciones. Es un comportamiento profundamente autocrático.
"Ese choque implica que, para retener el poder, necesitan hacer lo que hemos visto acelerarse en los últimos seis meses: intentar controlar elecciones. Es un comportamiento profundamente autocrático"
Mientras tanto, los europeos no conectaron los impulsos de política exterior de la primera Administración Trump —Groenlandia y Venezuela eran ideas de aquellos cuatro años— y ahora no están viendo los cambios estructurales del país que afectarán a las maniobras políticas de esta Administración para conservar el poder y su control.
¿A qué se refiere con cosas de la primera Administración?
El caso legal contra Maduro, el caso de Manhattan, fue redactado por Emil Bove en la primera Administración. Emil Bove más tarde se convirtió en el abogado personal del presidente.
Clüver Ashbrook asistió a la Conferencia de Seguridad de Múnich. Foto: Agenda Pública
¿Y Groenlandia? También hablaba de eso en la primera Administración.
Sí. La idea es esta: hay intereses personales en el círculo inmediato de Trump en cuestiones de política exterior que tienen poco que ver con la Realpolitik y todo que ver con activar recursos para sostener una campaña MAGA en las elecciones de medio mandato y también para financiar operaciones de influencia de cara a las elecciones de noviembre. La primera persona que se benefició de la incursión en Venezuela fue un comerciante de materias primas que donó 6 millones de dólares a la última campaña de Trump; la idea de la "compra de Groenlandia" es de un multimillonario, Ronald Lauder, que donó 1,5 millones de dólares a esa misma campaña. Estas maniobras de política exterior y su rendimiento en política interna deben verse conjuntamente.
"Ben Haddad lo dijo en el escenario de Múnich y yo lo digo en el libro: dejad de ser tan reactivos. Dad un paso atrás, reconoced los patrones, ved cómo se conectan las cosas"
Y eso nos devuelve a Europa, y a lo que dijo el ministro francés para Europa Ben Haddad en Múnich y a lo que yo digo en el libro: dejad de ser tan reactivos. Dad un paso atrás, reconoced los patrones, ved cómo se conectan las cosas. Como mínimo, sed lo bastante inteligentes en vuestro diagnóstico diplomático como para verlo.
Después, ampliad el foco, respirad y ordenad vuestras debilidades. El primer ministro canadiense Mark Carney no dio su ahora famoso discurso de Davos sobre las potencias medias sin que los canadienses hubieran ensayado escenarios de invasión durante meses, para poder encontrar un lenguaje directo y claro sobre sus propias capacidades.
Europa debería hacer lo mismo. Identificar activos estratégicos que pueda desplegar cuando Estados Unidos entre en problemas económicos graves, que llegarán.
¿Activos como cuáles? ¿Aranceles?
Respuestas inmediatas a amenazas y movimientos de largo plazo para quitar filo a amenazas que aún podrían surgir desde la Casa Blanca. Los europeos han trabajado más en cómo funcionaría en la práctica el instrumento contra la coerción, y en cómo compensar a las empresas que pierdan cuando se aplican estos mecanismos. Eso ha ayudado a ponerlo en orden, pero es una respuesta táctica, no estratégica.
¿Qué palancas son más valiosas para los europeos?
Lo vimos en Davos: Trump responde a los mercados y responde a las encuestas. Esa combinación en Groenlandia —encuestas más mercados— funcionó. Y al final de su discurso de Davos, cuando dijo: "si empezáis a retirar capital de los mercados estadounidenses de bonos y acciones, lo recordaremos" —lo que fuera que significara—, el punto es que el mero planteamiento de posibles realidades funcionó y el presidente dio marcha atrás.
¿Cree que los pequeños despliegues europeos de tropas cambiaron algo, o fueron más bien esos otros factores?
En Davos el presidente estaba respondiendo a una misión de reconocimiento. El hecho de que pareciera amenazado por una misión corta de reconocimiento demuestra lo débil que es nuestra diplomacia funcional. La Bundeswehr envió quince soldados a echar un vistazo; volvieron un día antes, y para la Casa Blanca se leyó como una acción ofensiva. Eso sugiere problemas de comunicación muy graves.
"Europa tiene herramientas, pero eso exige cambiar cómo hacemos política industrial. En Alemania, en particular, la política y las decisiones empresariales han estado separadas durante mucho tiempo"
En teoría podrías decir: por fin los europeos evalúan mejor las amenazas. Bien. Pero si se interpreta al revés, entonces no estamos comunicando con claridad, o no lo hacemos de un modo que la otra parte entienda. La movilización de Arctic Sentry parece indicar que, en inteligencia sobre movimientos conjuntos de Rusia y China en el Ártico, Estados Unidos y Europa están alineados. Entonces, ¿por qué seguir insinuando, como se escuchó en Múnich, que el asunto de Groenlandia sigue abierto? Los europeos trabajan con ese supuesto y preparan todas las opciones estratégicas por si el asunto vuelve a aparecer.
Y en el terreno económico, Europa tiene herramientas, pero eso exige cambiar cómo hacemos política industrial. En Alemania, en particular, la política y las decisiones empresariales han estado separadas durante mucho tiempo. Sí: el canciller lleva una delegación empresarial a China, pero luego las empresas hacen empresa y la política hace política.
Cliffe y Clüver Ashbrook conversan sobre Estados Unidos, la Unión Europea y la geopolítica. Foto: Agenda Pública
Ni siquiera tenemos el lenguaje o el marco para pensar en este nivel de capitalismo de Estado.
Los estadounidenses dirían que las intervenciones de Trump —las golden shares, por ejemplo— solo imitan lo que Europa lleva mucho tiempo haciendo para proteger y promover a sus campeones económicos. Sin embargo, en el caso europeo esos movimientos nunca han estado vinculados de forma explícita a intereses económicos ofensivos, lo que constituiría una verdadera diplomacia económica. En este momento todo tiene que servir al interés nacional. Eso exige un discurso distinto con las empresas europeas porque, a medida que los puntos de dolor en Estados Unidos se hacen evidentes, Europa tiene mecanismos para aliviar ese dolor —a través de inversiones, pero también mediante excelencia operativa, incluida robótica y electrónica—, una pericia en maquinaria que existe solo en unos pocos lugares del mundo, incluida Alemania e Italia. Desplegar esas "herramientas" con criterio, políticamente, podría aumentar la capacidad europea de cobertura. Son activos de poder. En términos diplomáticos, yo los introduciría en una conversación de cobertura estratégica.
Eso requiere construir una base de diplomacia económica dentro de Europa para poder desplegarlo todo. Porque, como digo en el libro, la Administración Trump está dispuesta a utilizar todas las herramientas y todas las tácticas para alcanzar sus objetivos.
Lo escuchamos otra vez ayer, y yo lo oí aquí el año pasado: a los estadounidenses les encanta lo que llaman una "mentalidad vaquera". Rubio habló con admiración de los vaqueros españoles. Quieren rapidez y quieren que las cosas se muevan.
Hablando de Rubio: su discurso fue calificado de tranquilizador por algunas personas en el escenario, e incluso en algunas crónicas. Un mensaje de tranquilidad, de abrazo a Europa. Yo no creo que fuera así. Mi sensación es que muy poca gente aquí lo encontró tranquilizador, probablemente incluida quienes usaron esa palabra. Pero usted habla de la conversación que necesitamos tener para ser más resilientes como europeos. Y está también este enfoque de intentar contener a Trump —"contenerlo mientras construimos independencia"—. ¿Qué mensaje envía eso a los votantes europeos?
Eso fue lo primero que pensé cuando lo vi.
"Quienes se levantaron y aplaudieron también estaban enviando una señal de vuelta a Washington, porque siempre hay que ver la pieza interna"
Podrías argumentar que quienes se levantaron y aplaudieron también estaban enviando una señal de vuelta a Washington, porque siempre hay que ver la pieza interna. En la carrera hacia 2028, hay una disputa fuerte entre Marco Rubio y J. D. Vance, y un discurso así incluye telegrafiar hacia Washington. Y quizá la gente en la sala también estaba telegrafiando hacia Donald Trump, para mostrar su disposición a colaborar.
Pero es extremadamente peligroso para su credibilidad. La gente se levantó y aplaudió, y luego, al salir, muchos dijeron: vaya, qué discurso tan revisionista.
"Hubo muchos mensajes cifrados en lenguaje nacionalista blanco dirigidos a una audiencia interna. Utiliza conceptos en inglés, pero se traducen. El público británico debería verlo también"
Más allá de los temas blancos y nativistas vinculados a supuestos logros de la civilización blanca, que negaban la propia historia familiar del secretario, el discurso incluyó algunas pullas antisemitas, como cuando animó a los alemanes a dejar de "expiar su pasado". Un pasado que incluye la muerte organizada de 6 millones de judíos. Decir eso en Alemania, donde ese trabajo de expiación se considera interminable y definitorio, requiere cierta audacia, y encaja con el manifiesto de la Alternativa por Alemania (AfD).
Hubo mucho dog-whistling en lenguaje nacionalista blanco dirigido a una audiencia interna. Utiliza conceptos en inglés, pero se traducen. El público británico debería verlo también. Las actitudes etnonacionalistas estaban ahí.
Y aunque tu objetivo sea enviar un mensaje a Washington, tus votantes están mirando. Vi esa imagen grande del ministro de Defensa alemán aplaudiendo. Fue la primera persona el año pasado, justo después de que J.D. Vance diera aquel discurso, en levantarse y decir: de ninguna manera. Y este año volvió a ser crítico en sus comentarios, pero todos lo vimos de pie en el salón del Bayerischer Hof, cuando hay elecciones estatales importantes por delante en Alemania.
El federalismo alemán es distinto del federalismo estadounidense, aunque estructuralmente lo heredamos de los estadounidenses. Pero si consigues un gobernador de la AfD en Sajonia-Anhalt en septiembre de este año, empezará a romper el sistema desde dentro. Muchos de los elementos corrosivos de largo plazo que alimentaron la aceleración en Estados Unidos ya son visibles en la política interna alemana y en toda Europa, como ilustro en el libro.
Así que, para cualquier audiencia europea, ese momento de aplauso era peligroso. Después no puedes decir: "entendí los mensajes racistas, pero aplaudí el tono más suave". Eso no funciona. Tus votantes también están mirando.
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Déjeme preguntarle por la relación entre Trump y los movimientos de extrema derecha en Europa. ¿Es bueno para los partidos de derecha radical tener una relación cercana con Trump, o puede volverse en contra? Si eres nacionalista, deberías proteger tu país. Cuando Trump ataca a Europa, o a un país europeo…
Tienes razón: es un momento difícil para partidos de derechas que no tienen un marco coherente de casi nada.
Quieren dinero estadounidense y estrategias estadounidenses. Funciona más fácilmente en Reino Unido, donde no existe la misma tentación rusa. Es mucho más complejo para un partido como la AfD, donde durante mucho tiempo el atractivo ha sido antioccidental y prorruso, especialmente para capturar el este alemán.
Ha habido un romance temprano, con figuras destacadas del partido viajando a Washington para sostener que la libertad de expresión y la libertad de expresión política están amenazadas en Alemania, y pidiendo con fuerza que la Administración estadounidense mantenga sus críticas. La postura anti-UE sirve de puente entre los simpatizantes de Trump y los elementos prorrusos del partido, pero las raíces históricas antiestadounidenses de la AfD generan incongruencias. Si llegara una normalización de Rusia por parte de los estadounidenses, como Trump ha deseado durante mucho tiempo, tal vez esas diferencias se diluirían.
"Más del 40% de los alemanes no confía en las instituciones públicas; el mercado mediático se encoge en toda Europa; y las escuelas públicas se han convertido en objetivo de grupos de derechas para reclutar y crear un clima de delación y desconfianza"
Hay grandes incongruencias entre los componentes ideológicos que salen de Rusia y los que salen de Estados Unidos. Lo que los unifica es esa extraña admiración por el nativismo blanco. Esta Administración considera admirable a Rusia porque supuestamente es una nación cristiana, pese a que Rusia tiene 190 grupos étnicos minoritarios y es uno de los países más diversos del mundo. Pero no lo ven. Miran a Putin, lo blanco que es, y a la Iglesia conservadora que ha respaldado su enfoque sobre Ucrania. Ven anti-woke y control autoritario, y a Donald Trump eso le parece maravilloso.
El movimiento MAGA, sin embargo, tiene claro dónde cree que puede impulsar el éxito: no intenta dirigir ideológicamente a Marine Le Pen o Jordan Bardella. Son un producto del sistema francés. Pueden ayudar con tácticas y estrategia —y por supuesto con dinero—, pero la interferencia en mensajes es mucho menos directa que en otros casos. La AfD sigue siendo "masilla estratégica" para MAGA y, por tanto, recibe más atención.
La AfD también sabe que necesita recursos de Estados Unidos. La Estrategia de Seguridad Nacional implica que el apoyo financiero a estos movimientos pasará a venir directamente del Departamento de Estado de Estados Unidos y de otros recursos gubernamentales.
La AfD quiere el apoyo, pero está llena de contradicciones. Exponer esas contradicciones y las que están dentro del movimiento MAGA fue parte de por qué quise escribir el libro. Quise que la gente entendiera el sistema y la intención detrás de la destrucción; que entendiera que su éxito no ocurrió en un vacío ni por un genio acelerado, sino por una observación táctica de las debilidades del país y una manipulación estratégica de esas debilidades con elementos del manual autocrático para lograr este tipo de aceleración. Más del 40% de los alemanes no confía en las instituciones; el mercado mediático se encoge en toda Europa; y las escuelas públicas se han convertido en objetivo de grupos de derechas para reclutar y crear un clima de delación y desconfianza, igual que otros espacios que antes sostenían la cohesión social. Me ha animado mucho ver grandes audiencias en mis lecturas y eventos: significa que el mensaje llega. Estos cambios están ocurriendo aquí, ahora mismo; y son un caldo de cultivo peligroso para una radicalización posterior, como hemos visto en Estados Unidos. Es el momento de una acción concertada: proteger instituciones, reforzar el marco legal, incluidas las leyes de financiación de partidos, y redoblar la educación política en las escuelas. Ese momento es ahora.
Muchas gracias.