Miércoles, 23 de septiembre de 2026
RELACIONES EXTERIORES

Cómo recuperar la estabilidad con Marruecos después de la crisis en Ceuta

¿Hasta dónde puede escalar la presión marroquí sobre Ceuta y Melilla? Javier Jordán, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Granada, argumenta que la capacidad de disuasión española ha dejado de ser creíble para Rabat. "Solo se puede articular una respuesta coherente si se parte de una agresión identificada como tal", afirma, para después explicar que Madrid cuenta con las herramientas adecuadas para comenzar a recuperar el equilibrio y ejercer su disuasión.

Javier Jordán Javier Jordán 23 de septiembre de 2026
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El presidente del Gobierno realizó una visita oficial a Marruecos el pasado 2024. | Moncloa
El presidente del Gobierno realizó una visita oficial a Marruecos el pasado 2024. | Moncloa
La estabilidad estratégica es la situación en la que ninguno de los dos actores envueltos en una relación problemática tiene incentivos para atacar primero. El concepto proviene de la disuasión nuclear, pero resulta aplicable al conflicto en la zona gris. En la zona gris existen niveles de escalada, y la disuasión no opera con la misma eficacia en todos ellos. En los niveles inferiores, su eficacia es limitada, ya que el cálculo de costes y beneficios resulta favorable para el actor revisionista. En ese plano, lo esperable no es tanto disuadir como competir.

Aplicado a Ceuta y Melilla, competir implica reforzar la situación económica de ambas ciudades y sostener narrativas que afirmen su españolidad frente a las reclamaciones marroquíes. La disuasión, en cambio, sí resulta eficaz para desincentivar la escalada a niveles superiores, como fueron en su momento el incidente de Perejil en 2002 y el asalto masivo a Ceuta en mayo de 2021. Es en esos niveles superiores donde cabe hablar propiamente de estabilidad estratégica.

Esa estabilidad entre Marruecos y España en lo referente a Ceuta y Melilla se ha deteriorado porque persiste el revisionismo marroquí sobre ambas ciudades, orientado a su anexión a largo plazo mediante un patrón reconocible de estrategias híbridas: presión migratoria, erosión de la viabilidad económica de las ciudades autónomas y campañas en el dominio cognitivo dirigidas tanto a la opinión pública española como a la internacional. Como es fácil observar, esa forma de actuar se ha intensificado en los últimos meses y no puede descartarse que un objetivo planteado hasta ahora a largo plazo pase a contemplarse como un objetivo a corto o medio plazo, aprovechando la ventana de vulnerabilidad en la que actualmente se encuentra España.

"La estabilidad entre Marruecos y España en lo referente a Ceuta y Melilla se ha deteriorado porque persiste el revisionismo marroquí sobre ambas ciudades, orientado a su anexión a largo plazo"
A ese revisionismo se han sumado respuestas deficientes por parte del Gobierno español. El marco de respuesta a las amenazas híbridas que desarrollamos hace siete años en el proyecto Countering Hybrid Warfare 2 del Multinational Capability Development Campaign (MCDC) establece tres componentes: detectar, disuadir y responder. El Gobierno ha fallado, y sigue fallando, en el primero de ellos: se niega a reconocer a Marruecos como actor revisionista respecto de Ceuta y Melilla, a pesar de las declaraciones explícitas de Rabat en ese sentido y del patrón de conducta sostenido durante más de una década, desde el llamamiento a consultas de su embajador en 2007 por la visita de los reyes hasta la circulación de pasaportes que atribuían ambas ciudades a Marruecos. Sin identificación no hay estrategia de competición ni de disuasión, y la iniciativa queda en manos del revisionista.
 

Peor aún, la respuesta española a la escalada de mayo de 2021 no restableció la disuasión, sino que optó por el apaciguamiento materializado, entre otras medidas, en el reconocimiento del plan marroquí para el Sáhara Occidental. Esa política desdibujó lo que debería funcionar como un punto focal o punto de Schelling: la inviolabilidad de la frontera de Ceuta, lugar de convergencia de expectativas alcanzado sin necesidad de negociación explícita. La respuesta española consistió en concesiones, no en represalias. Una vez erosionado el punto focal, no es tan sorprendente la escalada aún mayor de finales de julio de este año, con la crisis en Ceuta todavía abierta. Lo que sí resulta difícil de explicar es el empeño del Gobierno de España en seguir apaciguando a Rabat.

"El Gobierno ha fallado, y sigue fallando, en la detección: se niega a reconocer a Marruecos como actor revisionista respecto de Ceuta y Melilla, a pesar de las declaraciones explícitas de Rabat en ese sentido"
Recuperar la estabilidad estratégica exige aplicar el marco del MCDC, pero esta vez de manera efectiva. En primer lugar, identificar la amenaza: definir la acción marroquí en Ceuta como una agresión contra la integridad territorial española que ha instrumentalizado la inmigración como parte de una estrategia híbrida, y no tratarla como una crisis migratoria sin intencionalidad política. Solo se puede articular una respuesta coherente si se parte de una agresión identificada como tal.

En segundo lugar, el Gobierno debe imponer costes a Marruecos. España cuenta con instrumentos de poder suficientes para ello, tanto en el plano de las relaciones bilaterales como en el de las relaciones entre la Unión Europea y Marruecos: comerciales (desde aranceles hasta la suspensión de acuerdos preferentes), financieros, energéticos (dada la dependencia marroquí de las interconexiones eléctrica y de gas con el territorio español) y en materia de servicios y turismo. Que Marruecos disponga a su vez de instrumentos de presión sobre España, como el control del flujo migratorio o la cooperación antiterrorista, no anula la capacidad española de respuesta; solo exige voluntad política para activarla de forma coherente y sostenida, no como un gesto puntual tras cada crisis. El objetivo a corto y medio plazo es restablecer la disuasión y, con ella, la estabilidad estratégica, de modo que Marruecos no vuelva a escalar en la zona gris.

Por último, la firmeza en la disuasión no equivale a un deterioro permanente de las relaciones bilaterales. Es compatible con ofrecer garantías a Marruecos si este demuestra, con hechos y no solo con declaraciones, una diplomacia responsable y de buena vecindad. Sin embargo, esa oferta solo tiene sentido una vez restablecido el punto focal erosionado en 2021 y quebrado en 2026. Mientras la frontera de Ceuta no vuelva a funcionar como una línea roja creíble, cualquier gesto de acomodación será interpretado en Rabat —con fundamento— como una nueva señal de debilidad.
Javier Jordán
Javier Jordán
Profesor Titular de Ciencia Política y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada
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