En España, el Congreso está tramitando
una limitación de las redes sociales a los menores de dieciséis años. La Comisión Europea presentó ayer jueves propuestas al respecto. El sistema australiano, pionero entre los occidentales, no parece funcionar. Pocas dudas caben de que estas redes pueden resultar perniciosas para los usuarios jóvenes (y adultos), como recogen numerosos estudios científicos. El problema se ha vuelto más acuciante con las inteligencias artificiales, que
impulsan una dependencia emocional aún más fuerte, una auténtica adicción. Sea como sea, estas prohibiciones, que, claro, las grandes plataformas rechazan por "invasivas", no parece que vayan a funcionar. Hay que pensar en otra cosa.
Las redes sociales no son la única causa del
malestar de los adolescentes (o de los resultados en España y otros países ricos de la
última encuesta PISA), aunque
tienen una enorme capacidad de empeorarlo. Tras la destrucción de otros espacios, de las "plazas del pueblo", las redes permiten socializar y generar un sentido de comunidad, de comunicar, de aprender, a esos jóvenes. Aunque, buscando lo contrario, contribuyan a su
creciente soledad. Pero
prohibirles el acceso a los espacios en línea podría empeorar las cosas.
"Estas prohibiciones, que, claro, las grandes plataformas rechazan por «invasivas», no parece que vayan a funcionar. Hay que pensar en otra cosa"
La experiencia. Australia ha sido el primer país occidental en instaurar una prohibición de ese tipo.
Investigadores australianos encuestaron a más de cuatro centenares de adolescentes antes de la ley y tres meses después de su entrada en vigor en diciembre pasado.
Su conclusión es que no hay pruebas suficientes de que la norma haya tenido efectos sustanciales, al menos a corto plazo. Entre los de 12-13 años, apenas hubo cambios en el uso de las redes; entre los de 14-15, una ligera disminución, y entre los de 16 o más, había aumentado. Los adolescentes aprendieron rápidamente a sortear, de diversas maneras, las medidas impuestas, ya sea por la falta de efectividad de la verificación de edad, por los accesos a través de VPN que sortean los controles regulares, por la facilidad para suplantar identidades o por la apertura de cuentas con datos de adultos, a menudo con la colaboración de padres o hermanos mayores. Ante los fallos,
Australia ha introducido nuevas restricciones que abundan en que la responsabilidad legal es de las plataformas designadas.
La realidad cambia rápidamente. En los casos que se van perfilando, las prohibiciones se refieren a plataformas específicas, pero excluyen a otras, como WhatsApp, en la que los jóvenes pueden interactuar con desconocidos. Algunas, como YouTube, tienen potencial educativo. Además, como se indica en
Wired,
una normativa basada en una lista de aplicaciones parece abocada a quedar rápidamente obsoleta. Y desde hace algo más de dos años, hay un nuevo factor perturbador, las inteligencias artificiales generativas, a las que mucho joven (y adulto) se ha enganchado.
Las capacidades de la IA están creciendo más deprisa que los sistemas que pueden controlarla.
"Su conclusión es que no hay pruebas suficientes de que la norma haya tenido efectos sustanciales, al menos a corto plazo"
Los intentos de prohibición guardan cierta relación con las aplicaciones que se desarrollaron en Europa (Francia tuvo la suya propia con un sistema diferente) durante la pandemia del COVID. En España, Radar COVID. A pesar de que contó con el apoyo de muchos tecnólogos,
fracasó ante las resistencias de los posibles usuarios. Con la cuestión de los adolescentes, hay que plantear también
la solución técnica —que no suele estar en los textos legales— y ver si funciona.
Diferencias entre adolescentes. Es necesario mejorar las graduaciones.
Una misma medida para los de doce y trece años (e incluso menores) no servirá para los de quince. El Reino Unido planea instaurar la próxima primavera un "toque de queda" a medianoche en las redes sociales para los jóvenes de dieciséis y diecisiete años (del que podrán excluirse si lo desean). Hay que pensar también en los intereses que hay detrás. La adolescencia empezó a cobrar un inmenso poder económico, al menos en el mundo occidental, en los años cincuenta, con una posterior explosión en la era de las redes sociales. En los últimos tiempos,
es la niñez la que ha crecido como objeto de consumo, y a ella llegan los intereses comerciales a través de las redes sociales que usan sus padres y abuelos.
La protección de los adultos. Obligar a los adolescentes a identificarse de forma más estricta que un simple sí o no, aunque sea por edad,
obliga también a los mayores a hacerlo. Lo que puede ir en contra de la privacidad y el derecho a la intimidad (en la medida en que queda algo). No hay sistemas fiables. Se plantean problemas de confianza de los usuarios.
Los procesos de verificación están siendo crecientemente atacados por hackers que se hacen con los datos. Algún
caso muy sonado puede significar el fin de estos procesos.
"Obligar a los adolescentes a identificarse de forma más estricta que un simple sí o no, aunque sea por edad, obliga también a los mayores a hacerlo"
Las limitaciones pueden plantear
problemas de privacidad e intimidad de orden constitucional. El Consejo Constitucional francés ha paralizado la norma francesa, aprobada en julio y uno de los grandes proyectos estrella del presidente Macron en su etapa final, que habría obligado a todos los usuarios a confirmar su edad para acceder a las redes sociales a partir de 2027. Alega que se trata de una "vulneración desproporcionada de la libertad de expresión". Ha señalado que, aunque proteger el interés superior de los menores (de quince años, en el caso francés) podría justificar la limitación del acceso a las redes sociales,
"las disposiciones impugnadas […] no ofrecían garantías jurídicas suficientes para asegurar el derecho al respeto de la vida privada". El Gobierno buscará otras fórmulas. Esa ley no fijaba un mecanismo técnico concreto.
Solución ¿nacional?, ¿europea?, ¿china? La Unión Europea no acaba de encontrar una norma común. El Parlamento Europeo aprobó el año pasado una recomendación para fijar en dieciséis años la edad mínima común de acceso a redes sociales y asistentes de IA, con consentimiento parental posible entre trece y dieciséis. La Comisión Europea, tras dos años investigando si el "diseño adictivo" de Meta (Facebook/Instagram) infringe la
Ley de Servicios Digitales, propone en una nueva
"Ley Kids" establecer
un sistema por niveles para el acceso a las redes sociales y a los asistentes de inteligencia artificial. Prohibición casi total antes de los trece años, supervisión parental, solo páginas infantiles y no más de una hora al día hasta los quince años, y controles también para los videojuegos en línea con características adictivas, además de exigir a las empresas que eliminen la adictividad en sus diseños (¿cómo pedir a un pirómano que apague los fuegos?). La propuesta requiere que las redes sociales y las plataformas para compartir vídeos dispongan de tecnología efectiva de verificación para comprobar la edad de los usuarios.
No existe en la actualidad, y plantea problemas ya citados. La propuesta invierte la carga de la prueba: los prestadores de plataformas en línea de muy gran tamaño serán los responsables de demostrar que sus servicios son "seguros desde el diseño". ¿Y, puestos, por qué no exigir la supresión de la adictividad también para las redes y las IA para adultos?
China no prohíbe el acceso, sino que
establece límites horarios escalonados por edad, gestionados mediante un "modo menores" en dispositivos y aplicaciones. Menores de 16 años: un máximo recomendado de 60 minutos diarios; los de 16 y 17 años: 2 horas diarias. Todos con restricción nocturna, aunque los padres pueden modificar estos límites. Hay un antecedente con los videojuegos:
los menores de 18 años solo pueden jugar online un máximo de tres horas semanales, distribuidas entre viernes, sábado, domingo y festivos, con verificación de identidad real obligatoria (¡es China!) para prevenir el uso de perfiles falsos que burlen la restricción. Es más,
como ha criticado el presidente Macron, TikTok tiene una versión para jóvenes chinos que es esencialmente educativa, frente a la disipativa que la misma empresa ofrece en Occidente.
Nuevos problemas derivados de la prohibición. La prohibición de redes puede no solo no resolver problemas existentes, sino generar unos nuevos, como empujar a los adolescentes a espacios más oscuros, y aún menos regulados y controlados, de la Red.
"La prohibición de redes puede no solo no resolver problemas existentes, sino generar unos nuevos"
¿Entonces qué? ¿Derrotismo? No. Esta es una cuestión que requiere
el concurso de los gobiernos, las tecnológicas, los enseñantes, las familias (que hay que formar, lo que implica invertir en esa formación) y los propios adolescentes. Que los hijos vean a sus padres colgados de sus
scrolls infinitos no es nada ejemplar, sino todo lo contrario. La adicción se da tanto en los adolescentes como en sus mayores. Las plataformas cuentan con neurocientíficos, psicólogos, sociólogos y otros expertos para apoyar sus diseños adictivos. Con la prohibición, en vez de perseguir a las plataformas, se castiga a las víctimas, expulsándolas de espacios en los que pueden cultivar amistades o compartir cultura juvenil, critica
Candice Odgers, experta en tecnología y adolescentes.
Construir espacios seguros en la Red o en las redes, para todos los adolescentes, es otra vía complementaria. La limitación o prohibición parcial del uso de los móviles (al menos a partir de los quince años) podría ser más efectiva. Hay movimientos que lo proponen, como el de
Adolescencia Libre de Móviles, nacido en Barcelona, muy
presente en otros países.
Responsabilizar a las redes. Sobre todo, hay que aclarar las responsabilidades. Las llamadas plataformas consiguieron una irresponsabilidad casi sin límites cuando, bajo su presión, la
sección 230 de la Communications Decency Act (CDA) de Estados Unidos, aprobada en 1996, generó
una amplia inmunidad frente a demandas basadas en contenidos de terceros que aparecen en línea. Google, Meta, X, etc., no son tratados legalmente como "editores" de contenidos. Sin caer en el absurdo de que los servicios de correos se responsabilicen del contenido de las cartas, hay que derogar esta práctica.
Las plataformas deben responsabilizarse mucho más de lo que alojan y de sus diseños. No bastan las medidas voluntarias. Meta, por ejemplo, tiene detectores de anuncios abusivos, pero falla.
"La limitación o prohibición parcial del uso de los móviles (al menos a partir de los quince años) podría ser más efectiva"
De hecho, puede haber un cambio en marcha con la llegada de las inteligencias artificiales. El proceso contra Instagram y Facebook (de Meta) por daños a la salud de jóvenes provocados por diseños (disimulados) para fomentar su adicción, con abogados que representaban a veintinueve estados en un tribunal de Oakland (California),
ha concluido con un acuerdo que puede marcar un precedente y abrir nuevas vías, no solo por sus consecuencias monetarias (hasta 18.000 millones de dólares en diez años), sino también por el compromiso de introducir límites de tiempo diarios predeterminados en las redes sociales, un bloqueo del uso nocturno que solo pueden desactivar los padres, herramientas mejoradas de supervisión parental, medidas rigurosas de verificación de la edad y un auditor independiente para supervisar el cumplimiento. Sin embargo, Meta —que tiene otros procesos abiertos— no ha admitido culpa ni irregularidad alguna. A la vez,
están aumentando las causas judiciales por suicidios de jóvenes debidos a sus conversaciones con IA. Se abren nuevas posibilidades. ¿Llegarán a tiempo?