Lunes, 21 de septiembre de 2026
ELECCIONES EN ALEMANIA

Las dos caras de la derrota de Merz: Die Linke triunfa en Berlín y AfD se impone en Mecklemburgo-Pomerania Occidental

Die Linke ha ganado las elecciones de Berlín con el 25,7% y AfD se ha impuesto en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38,2%, según los resultados provisionales. La profesora de la Universidad Complutense Ruth Ferrero-Turrión explica que la CDU de Friedrich Merz retrocede en ambos 'länder' y queda fuera de un Landtag por primera vez en su historia. "Cuando la reforma se identifica con pérdida de prestaciones, deterioro de servicios públicos o mayor inseguridad económica, el terreno para el voto de protesta se ensancha".

Ruth Ferrero-Turrión Ruth Ferrero-Turrión 21 de septiembre de 2026
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Un centro electoral el pasado domingo en Berlín. | Michael Kuenne / Zuma Press / Europa Press
Un centro electoral el pasado domingo en Berlín. | Michael Kuenne / Zuma Press / Europa Press
Las elecciones de este domingo en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental dejan dos ganadores diferentes, La Izquierda (Die Linke) y Alternativa para Alemania (AfD), pero un mismo perdedor político: la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Friedrich Merz. Y dejan también una advertencia que trasciende ampliamente estos dos länder. El sistema de partidos alemán continúa fragmentándose, el voto de protesta se consolida y las elecciones regionales se están convirtiendo en plebiscitos sucesivos sobre un Gobierno federal que no consigue transformar su agenda de reformas en expectativas de mejora para una parte significativa del electorado. Pero, además, el malestar atraviesa territorios y electorados muy diferentes, pero no se traduce necesariamente de la misma manera. Mientras en Mecklemburgo-Pomerania Occidental AfD consigue canalizarlo fundamentalmente como voto de protesta e impugnación, en Berlín Die Linke ha logrado llevar una parte importante de ese descontento hacia las condiciones materiales de vida. Dos formas muy distintas de politizar la inseguridad.

"El sistema de partidos alemán continúa fragmentándose, el voto de protesta se consolida y las elecciones regionales se están convirtiendo en plebiscitos sucesivos sobre un Gobierno federal"
Los resultados son especialmente preocupantes para la CDU. Después del golpe sufrido en Sajonia-Anhalt, Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental vuelven a mostrar las dificultades de los conservadores para contener el avance de AfD y, al mismo tiempo, conservar su propio espacio electoral. La estrategia de Merz de endurecer posiciones, especialmente en inmigración, seguridad y prestaciones sociales, para recuperar electores situados a su derecha no parece estar debilitando a AfD. Más bien sucede lo contrario, ya que en cada elección la derecha radical amplía su base mientras la CDU pierde terreno. El caso más extremo es Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde AfD se sitúa alrededor del 37%, disputando la primera posición al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), que ronda el 35,5%, mientras la CDU queda peligrosamente cerca del umbral del 5%. El dato más preocupante para Merz quizá no sea, por tanto, únicamente el crecimiento de AfD, sino comprobar que el principal partido del centroderecha alemán puede encontrarse al borde de quedar fuera de un parlamento regional.

El problema es que la respuesta anunciada por el canciller consiste precisamente en perseverar en sus posiciones. "Las reformas tienen que llegar", ha afirmado tras conocerse las primeras proyecciones. Pero dentro de la propia coalición se discute ya qué significa exactamente reformar. El candidato socialdemócrata en Berlín, Steffen Krach, lo había resumido con especial claridad durante la campaña: lo que llega desde el Gobierno federal no se percibe como un programa de reformas, sino como una sucesión de recortes. Vivienda, prestaciones, transporte, pensiones o protección social forman parte de una discusión que afecta directamente a la vida cotidiana. La diferencia no es menor. Cuando la reforma se identifica con pérdida de prestaciones, deterioro de servicios públicos o mayor inseguridad económica, el terreno para el voto de protesta se ensancha.

"Lo que llega desde el Gobierno federal no se percibe como un programa de reformas, sino como una sucesión de recortes"
Mecklemburgo-Pomerania Occidental muestra una de las posibles traducciones políticas de ese malestar. AfD consigue reunir descontento económico, sensación de abandono de una parte de la Alemania oriental, rechazo hacia las élites políticas y desconfianza hacia el Gobierno federal, y articular todo ello con inmigración, seguridad, identidad y soberanía. Porque lo que nos dicen los datos es que ya no estamos ante una fuerza que moviliza únicamente a un electorado ideológicamente muy definido. AfD amplía su base y se convierte para una parte creciente de los votantes en el principal instrumento de castigo al sistema.

Berlín ofrece, sin embargo, una fotografía distinta. Allí también existe malestar, también crece AfD y también retroceden los partidos tradicionales. Pero Die Linke ha conseguido disputar el significado político de ese descontento desde otra enunciación con una agenda casi inversa a la que domina en el resto del debate político federal. El partido de Elif Eralp ha colocado en el centro de su campaña las cuestiones materiales y cotidianas y, sobre todas ellas, una: la vivienda, en una ciudad donde aproximadamente el 85% de los hogares vive de alquiler y donde el incremento de los precios ha transformado radicalmente las posibilidades de acceso a la vivienda. Y así las cosas, la vivienda se ha comido la campaña al completo.

"El partido de Elif Eralp ha colocado en el centro de su campaña las cuestiones materiales y cotidianas y, sobre todas ellas, una: la vivienda"
Existe, además, un precedente político fundamental. En 2021 una clara mayoría de los berlineses respaldó en referéndum la socialización de las viviendas de los grandes grupos inmobiliarios propietarios de más de 3.000 pisos. Cinco años después, aquel mandato sigue sin ejecutarse. Die Linke ha hecho de su aplicación inmediata uno de los ejes de campaña, mientras que Los Verdes se muestran abiertos a avanzar en esa dirección y el SPD cuenta incluso con un acuerdo de su congreso que compromete su ejecución, aunque su entusiasmo sea considerablemente menor. CDU y Partido Democrático Libre (FDP), por su parte, lo rechazan.

En este sentido, Berlín apunta también a que el denominado "modelo Mamdani" puede funcionar fuera de Nueva York, al menos como estrategia de movilización política. No se trata tanto de copiar sus propuestas como de reproducir una lógica: abandonar una competición política dominada por la agenda identitaria y de seguridad para colocar en primer plano aquello que determina la vida cotidiana de las mayorías urbanas. Mamdani construyó buena parte de su victoria sobre la asequibilidad de la vida —alquileres, transporte, cuidados— y sobre la idea de que la inseguridad también consiste en no poder pagar la ciudad en la que se vive. Die Linke ha hecho algo parecido en Berlín. En una ciudad mayoritariamente inquilina, la vivienda le ha permitido transformar una preocupación individual —no poder pagar el alquiler— en una cuestión política colectiva.

"No se trata tanto de copiar a Mamdani como de reproducir una lógica: abandonar una competición política dominada por la agenda identitaria y de seguridad para colocar aquello que determina la vida cotidiana"
El éxito de Die Linke permite así introducir con un nuevo enfoque una cuestión especialmente relevante: la inseguridad, porque también es inseguridad no saber cuánto aumentará el alquiler, si será posible continuar viviendo en el mismo barrio o si los hijos podrán permitirse permanecer en la ciudad. Frente a una agenda política alemana cada vez más inclinada a identificar seguridad con inmigración, delincuencia, fronteras o policía, Die Linke ha conseguido ampliar el concepto hacia la seguridad residencial, económica y social. Eso no significa que las cuestiones tradicionales de seguridad hayan desaparecido de la campaña berlinesa. La protección de las infraestructuras críticas, la nueva legislación policial o las zonas libres de cuchillos han ocupado un espacio importante. Pero no han conseguido monopolizar la conversación. La tercera discusión ha sido precisamente el modelo de ciudad y, con él, una cuestión también simbólica: Elif Eralp podría convertirse en la primera alcaldesa de Berlín de origen turco.

La comparación entre ambos länder resulta especialmente sugerente. No porque Die Linke y AfD sean fenómenos equivalentes —no lo son—, sino porque muestran que el malestar no tiene una traducción política predeterminada. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental se canaliza principalmente como impugnación del sistema y alrededor de cuestiones identitarias, migratorias y de orden. En Berlín, una parte sustancial se articula alrededor de alquileres, redistribución, servicios públicos y derecho a la ciudad.

Estos resultados (aún provisionales) también obligan a matizar la tradicional división electoral entre el este y el oeste. Porque si bien AfD continúa siendo mucho más fuerte en los länder de la antigua RDA, su crecimiento en Berlín y en territorios occidentales muestra que esa frontera explica cada vez menos por sí sola el fenómeno. Lo que cambia entre territorios no es únicamente la intensidad del malestar, sino qué actores consiguen interpretarlo y dotarlo de significado político.

"Lo que cambia entre territorios no es únicamente la intensidad del malestar, sino qué actores consiguen interpretarlo y dotarlo de significado político"
Y ahí aparece el verdadero problema para Friedrich Merz. Después de Sajonia-Anhalt, Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, resulta cada vez más difícil sostener que basta con endurecer posiciones para recuperar el electorado de AfD. La derecha radical no retrocede y la CDU pierde espacio. Pero tampoco parece suficiente presentar como reformas políticas que una parte de la ciudadanía percibe como recortes.

Las elecciones de este domingo dejan así una advertencia que va más allá de dos parlamentos regionales. Alemania no se está desplazando simplemente hacia un único extremo político. Está asistiendo a una disputa por quién consigue interpretar unas inseguridades económicas, sociales, territoriales y culturales cada vez más profundas. Se redibuja, de hecho, uno de los sistemas políticos más resilientes de Europa, donde las dos fuerzas políticas del centroderecha (CDU) y centroizquierda (SPD) pierden peso e incluso centralidad. Conviene tomar nota del comportamiento electoral que se está observando en el territorio alemán, porque demuestra que el malestar no tiene propietario político. Y porque demuestra que lo verdaderamente determinante es quién consigue explicarlo, darle un significado y convertirlo en una propuesta política.
Ruth Ferrero-Turrión
Ruth Ferrero-Turrión
Profesora Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (Icei).
Participación