Domingo, 20 de septiembre de 2026
DESINFORMACIÓN

Hacia las elecciones generales de 2027 votando bajo asedio cognitivo

Rusia, China, Israel, Marruecos o actores nacionales pueden aprovechar las fracturas existentes en España para interferir en la conversación política. El analista de defensa y seguridad Antonio Legaz anticipa que "cabe esperar bulos electorales sincronizados con crisis reales (otro apagón, otra riada, otra oleada migratoria) donde el suceso aporte el susto y la desinformación aporte el culpable".

Antonio Legaz Antonio Legaz 20 de septiembre de 2026
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Imagen del Centro Nacional de Difusión de Datos Electorales en las pasadas elecciones generales del 23J. | Ricardo Rubio / Europa Press
Imagen del Centro Nacional de Difusión de Datos Electorales en las pasadas elecciones generales del 23J. | Ricardo Rubio / Europa Press
El 27 de enero de 2025, a menos de un mes de las elecciones federales alemanas al Bundestag, una cuenta de X anunció que se habían colocado explosivos junto a varios colegios electorales. Seis minutos después, el mensaje ya llevaba 202 republicaciones, todas en el mismo minuto. El Institute for Strategic Dialogue tiró del hilo y encontró que 48 cuentas fabricaban las historias mientras otra red, esta con más de 6.000 perfiles, se encargaba de moverlas. Usaban logotipos de Deutsche Welle, de la BBC, de Sky News, y sobre vídeos reales de la policía británica montaban voces generadas por IA que no decían una sola palabra en alemán. Nadie pretendía cambiar un voto esa noche; se trataba de meter ruido, fabricar una emergencia de la nada y forzar a instituciones, medios y ciudadanos a correr detrás de un suceso que no existía. Durante unas horas, el atacante decidió con qué gafas debía leerse la campaña electoral y ni falta le hizo tocar una papeleta.

Ahí empieza un problema al que se enfrentará el votante español en 2027. Una potencia extranjera que quisiera interferir en esas elecciones tendría pocas razones para inventarse una sociedad distinta de la que ya tenemos: ya somos un país atravesado por debates suficientemente intensos sobre inmigración, vivienda, corrupción, desigualdad, identidad territorial o funcionamiento institucional. Es suficiente con meter el dedo en la llaga que ya sangraba. En estos casos, las operaciones de influencia más eficaces no inventan una fractura porque no es necesario. Usan las que existen, las estudian, aprenden el lenguaje de cada comunidad y dejan que la política nacional haga el resto.

Porque el error de bulto —que repetimos elección tras elección— es hablar de esto como si hubiera un único enemigo con una única intención, cuando la realidad demuestra que compiten, se pisan y a veces se aprovechan mutuamente varios actores con agendas que no coinciden en nada salvo en el resultado que producen. Tras la DANA de València en octubre de 2024, una operación vinculada al Estado chino, Spamouflage, se disfrazó de la ONG española Safeguard Defenders para pedir en Facebook, TikTok y X que se derrocara al Gobierno. Esta operación consiguió que bastantes usuarios españoles compartieran esas cuentas sin saber qué maquinaria estatal había detrás y durante días la exigencia de dimisión circuló mezclada con rabia legítima hasta olvidar parte del razonamiento. Ahí se ilustra cómo la estrategia no consiste en mentir sobre un hecho, sino en secuestrar el estado emocional de quien lo recibe hasta que la rabia sustituya al razonamiento.

"La estrategia no consiste en mentir sobre un hecho, sino en secuestrar el estado emocional de quien lo recibe hasta que la rabia sustituya al razonamiento"
A finales de julio de este año llegó la crisis de Ceuta, que ilustra por qué conviene separar lo probado de lo sospechado. El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras documentó que el cruce masivo de decenas de miles de personas respondió a tres factores manipulados. Primero, una lectura simplista de una sentencia del Supremo resumida en redes como que quien cruzara a nado no podría ser devuelto. Segundo, la idea de que el dispositivo policial marroquí, volcado en la Fiesta del Trono del 30 de julio, dejaría la frontera desprotegida. Tercero, el rumor de una regularización extraordinaria en España que no aplicaba a quienes cruzaran esos días, pero que corrió como la pólvora. De ahí su gran impacto: no inventa un hecho de la nada, deforma uno real hasta que deja de significar lo que significaba. Lo que vino después (cuentas proisraelíes llamando "colonia española" a Ceuta, la red Pravda haciendo pasar una foto de 2025 por reciente para acusar a ministros españoles) también son ataques informativos sobre otros previos. En Ceuta, los ataques cognitivos fueron causas y consecuencias.

Para sostener la manipulación informativa, las primeras impresiones son importantes, pero deben ser sostenidas por redes más complejas a lo largo del proceso por el que alguien se informa. En agosto de 2026, The Guardian documentó que el supuesto Hanover Institute había publicado 124 informes en nueve días. Su distribuidora declaró ante las autoridades estadounidenses que trabajaba para el Gobierno israelí. Aunque la página incluía un aviso sobre su vinculación extranjera, los textos se presentaban como investigación neutral y estaban preparados para atraer citas de asistentes de inteligencia artificial y envenenarla. Con este método se intentaba colocar material interesado precisamente donde un lector busca documentación para salir de dudas.

En este sentido, la interferencia adopta una forma menos visible que la propaganda de toda la vida. Un actor extranjero puede no tener fuerza para imponer una opinión y disponer, sin embargo, de la suficiente para decidir qué tema ocupa el centro de la conversación. Si un asunto domina una semana entera de campaña, las condiciones en las que compiten los partidos son radicalmente distintas. ¿Por qué? Porque obliga a responder, desplaza otros debates y favorece a quien encuentra en ese terreno un pasillo más cómodo. La batalla cognitiva empieza mucho antes de decidir qué piensa alguien; empieza decidiendo sobre qué va a pensar.

"La batalla cognitiva empieza mucho antes de decidir qué piensa alguien; empieza decidiendo sobre qué va a pensar"
Por esa misma razón, operaciones aparentemente torpes acaban resultando útiles. El Servicio Europeo de Acción Exterior documentó 540 incidentes de manipulación informativa en 2025, con un 27% ya apoyado en contenido generado por IA, casi el triple que el año anterior. Buena parte del material seguía siendo mediocre, con poca interacción espontánea, pero eso ya no importa tanto. La IA abarata probar cien historias a la vez para ver cuál pega en una sociedad dispuesta a hacerla suya. Elsa Hedling, en su estudio para el Hybrid CoE, explica cómo la incertidumbre material intensifica la búsqueda de explicaciones compartidas dentro de cada comunidad y cómo una falsedad encuentra terreno abonado cuando parece aclarar por qué unos esperan una ayuda mientras otros, supuestamente, disfrutan de un privilegio. El asunto sigue siendo el mismo, pero cambia la pregunta que organiza la discusión: la carencia empieza a explicarse por la existencia de un beneficiario inventado.

El qué de todo esto es casi siempre el mismo, y por eso conviene no perderlo de vista: explotar grietas que ya estaban ahí (el territorio, la migración, la vivienda, la brecha generacional) porque la desinformación funciona mejor cuando remueve una división que ya existe en vez de inventarse una nueva. El cómo va evolucionando: ya no es un bulo suelto, sino una cadena de producción en tres pisos, con contenido institucional arriba, intermediarios que lo traducen y le dan voz local en el medio y canales que se lo entregan a grupos sociales abajo, de forma que el mensaje nunca llega con etiqueta de propaganda extranjera, sino vestido de indignación propia. El porqué no se limita a ganar unas elecciones concretas; tiene más que ver con que un país miembro de la UE y de la OTAN esté lo bastante dividido, desconfiado e inestable como para no poder actuar unido cuando toca y lo bastante mareado como para que sus propias instituciones acaben metiendo más ruido del que quitan.

Hannah Arendt escribió que la mentira organizada no busca que la gente crea algo falso, sino que deje de poder distinguir entre lo verdadero y lo falso, y ese diagnóstico, de hace más de sesenta años, describe lo que vemos ahora en redes españolas. Porque, al final, ni Rusia ni Marruecos ni China necesitan que votemos lo que ellos quieren; para ellos es suficiente con que dejemos de discutir los hechos y empecemos a desconfiar de quienes deberían aclararlos.

"La desinformación funciona mejor cuando remueve una división que ya existe en vez de inventarse una nueva"
Con estos mimbres, la injerencia en las elecciones generales de 2027 no debería sorprendernos. De aquí a esa fecha hay tres líneas que ya se ven venir con bastante nitidez. La primera es que los actores se van a multiplicar, tales como Rusia, Marruecos, China, Israel y actores nacionales que buscan conseguir intereses propios. La segunda es que la técnica sigue mejorando; estas operaciones ya no buscan viralidad; buscan agotar a los verificadores de hechos a base de saturarlos con contenido sintético hasta que no puedan seguir el ritmo, y esa misma receta encaja como un guante en el ciclo electoral español. La tercera es que la atribución se va a volver cada vez más ambigua a propósito. Por ejemplo, en Ceuta nadie pudo demostrar del todo qué fue espontáneo y qué fue inducido, y esa misma niebla se convertirá en 2027 en arma política interna, porque acusar al rival de "injerencia extranjera" resultará más rentable electoralmente que demostrarlo.

Cabe esperar bulos electorales sincronizados con crisis reales (otro apagón, otra riada, otra oleada migratoria) en las que el suceso aporte el susto y la desinformación aporte el culpable, amenazas de bomba falsas contra colegios electorales fabricadas con voz sintética como en Alemania y, sobre todo, un ecosistema doméstico que aprenda de todos estos actores sin necesitar instrucciones desde fuera. En un voto va algo más que un nombre: va la memoria, la confianza y la versión del país con la que uno se acuesta esa noche. Lo que decidan esas elecciones de 2027 dependerá, más que de las urnas, de cuántas de esas heridas eran nuestras de verdad y cuántas fueron abiertas por aquellos a quienes más les interesa el votante que el voto.
Antonio Legaz
Antonio Legaz
Analista de defensa e inteligencia en una empresa del sector de la defensa
Participación