Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

La hoja de ruta de España contra la desinformación global: "La ley de la selva o la ley de la democracia"

El ministro José Manuel Albares señala desde la Munich Security Conference que "la soberanía significa ser libres de la coacción comercial, de la amenaza del uso de la fuerza y también alcanzar la soberanía digital". Jeremy Cliffe conversa en profundidad para 'Agenda Pública' con el ministro español que reivindica la política exterior de España basada en "los valores humanistas frente a una visión autoritaria del mundo".

Jeremy Cliffe Jeremy Cliffe 15 de febrero de 2026
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El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares (izquierda), junto al director editorial del ECFR, Jeremy Cliffe (centro) y el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana. | Ministerio de Asuntos Exteriores / Saioa Hermosa
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares (izquierda), junto al director editorial del ECFR, Jeremy Cliffe (centro) y el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana. | Ministerio de Asuntos Exteriores / Saioa Hermosa
España ha decidido elevar la soberanía digital a la categoría de asunto de Estado y seguridad internacional. Desde la Munich Security Conference, el ministro José Manuel Albares detalla en una conversación en profundidad con nuestro analista Jeremy Cliffe, director editorial del European Council of Foreign Relations, cómo el Gobierno español busca liderar la construcción de un mercado digital europeo que rompa las cadenas de la dependencia tecnológica. "Si de verdad queremos ser libres de coacciones, necesitamos una Europa soberana", explica, mientras vincula directamente la libertad política con la capacidad de competir económicamente en un entorno donde "no se puede gestionar la competencia sin cooperación; de lo contrario, solo se llega a un choque en el que el más fuerte se impone al más débil".

El titular de Exteriores considera que España está en la vanguardia de la agenda internacional, trazando un paralelismo entre su liderazgo en la crisis de Gaza o Ucrania y su papel en la regulación tecnológica. Como "Estado pivote", España aboga por una identidad propia "profundamente arraigada en los valores europeos" y percibe un impulso político acelerado en Bruselas: "El consenso avanza con bastante rapidez, las cosas se mueven muy, muy rápido", asegura.

Albares defiende la "competencia justa" frente a la ley del más fuerte y advierte sobre los peligros de una política exterior e interior dominada por visiones simplificadas del mundo, impulsadas por algoritmos poco transparentes. La hoja de ruta española es clara: frente a las amenazas de demolición institucional, la respuesta es "la ley de la democracia y el derecho internacional", construyendo un entorno donde "nadie quiere que sus hijos estén expuestos a discursos de odio" y en la que la tecnología sirva al humanismo, no al autoritarismo.

 

El ministro Albares acude a Múnich para abordar, entre otros temas, los desafíos de las plataformas digitales. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores / Saioa Hermosa


El Gobierno de España ha puesto la regulación digital en un lugar destacado de su agenda, mientras el Munich Security Report de este año describe "un periodo de política de demolición" en el que "un número creciente de líderes han saltado a la fama prometiendo derribar las instituciones existentes en lugar de reformarlas". ¿Hay alguna relación entre ambas cosas?

Hay dos cosas que tenemos que analizar. La primera es la desinformación y la segunda es la dependencia. Para ambas, necesitamos crear un mercado digital europeo.

"La ciudadanía necesita poder reflexionar y asegurarse de que toman la decisión correcta. Y para elegir bien, se necesita información real"
Las nuevas tecnologías han permitido que los ciudadanos estén mejor informados que nunca, pero, al mismo tiempo, hay más desinformación que nunca. Para que una democracia sea sana, la información debe ser verificada y real. No podemos permitir interferencias en nuestra democracia —en nuestros procesos electorales, en el momento de la votación—. La ciudadanía necesita poder reflexionar y asegurarse de que toman la decisión correcta. Y para elegir bien, se necesita información real.


El segundo tema es la dependencia. Somos muy dependientes de empresas y fuerzas de fuera de la Unión Europea. Si de verdad queremos ser libres de coacciones —si pretendemos asegurarnos de que nuestro modo de vida es el que decidimos nosotros y de que podemos decir sí o no porque somos soberanos—, entonces necesitamos una Europa soberana. Y la soberanía significa ser libres de la coacción comercial, de la amenaza del uso de la fuerza y también alcanzar la soberanía digital.
 
La palabra "coacción" se suele utilizar con los grandes Estados y los gobiernos extranjeros y, sin embargo, aquí hablamos de empresas, algunas de las cuales son tan grandes que tienen un volumen de negocio superior al PIB de muchos países. 

En el ámbito tecnológico está muy claro: nos enfrentamos a monopolios. Mucha información pasa por determinadas plataformas digitales y tenemos que abordar esas cuestiones si queremos que los ciudadanos sean libres.

A veces le digo a la gente en España que somos tan dependientes de ciertas áreas digitales —de ciertas plataformas a nivel europeo— que los ciudadanos ni siquiera se dan cuenta de que estamos en manos de unas pocas empresas. En ocasiones, de una única empresa.

Europa consiste en competir. Europa consiste en no tener monopolios. Por tanto, tenemos que evitarlos o nos convertiremos en algo diferente de lo que representa la Unión Europea.

Algunas de estas plataformas parecen prestarse a un modo de hacer política de "hombre fuerte": rotundo, de confrontación, simplista. Se ve también en la política exterior, donde aparecen líderes con un estilo agresivo, una visión simplificada del mundo y la idea de que pueden conseguir cosas donde otras fuerzas más democráticas o pluralistas no pueden. ¿Ve alguna relación entre ese estilo autoritario en la política mundial y los abusos o peligros de algunas fuerzas digitales?

Sin duda. Sin estas plataformas digitales, no podría haber una difusión tan amplia de discursos que, muchas veces, no son solo discursos de "hombre fuerte", sino discursos de odio. Eso es muy tóxico y divisivo para nuestras sociedades.

"En última instancia, se trata de valores: ¿crees en los valores humanistas o crees en los valores autoritarios?"
Al final, son dos visiones del mundo: o crees que la confrontación es más fuerte que la cooperación, o crees lo contrario. Es la ley de la selva o la ley de la democracia y el derecho internacional. En última instancia, se trata de valores: ¿crees en los valores humanistas o crees en los valores autoritarios? Eso es lo que está en juego.

 

Albares y Cliffe valoran los potenciales efectos políticos de las redes sociales sobre la democracia. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores / Saioa Hermosa


Pasemos a las soluciones. Ha hablado de más competencia. ¿Qué papel puede jugar la diplomacia en todo esto y qué papel juegan las relaciones internacionales en la búsqueda de soluciones que sitúen estas tecnologías dentro de un marco humanista?


Nuestra política exterior debe tener las ideas claras. No se puede gestionar la multiplicidad sin multilateralismo y no se puede gestionar la competencia sin cooperación; de lo contrario, solo se llega a un choque en el que el más fuerte se impone al más débil.

Hay todo un espacio —el espacio digital— donde tenemos que poner orden: en la competencia, desde un punto de vista empresarial y económico; en el flujo de información, para asegurar que sea verificada y veraz; y para evitar la propagación del discurso de odio. Por eso necesitamos normas y tenemos que hacerlo multilateralmente porque, por supuesto, allí no hay fronteras. Así es como lo enfoca nuestra política exterior.
 
¿Cómo quiere su Gobierno llevar esta agenda al ámbito internacional? Ha generado mucha atención, incluso después de los comentarios del presidente Pedro Sánchez en Davos hace unas semanas. ¿Con qué socios ve oportunidades, en qué formatos y con qué instrumentos?

Una de las paradojas del mundo actual es que estas voces fuertes y autoritarias parecen llevar la delantera, mientras que los que compartimos valores humanistas podemos parecer más aislados. La verdad es que los que están aislados son ellos. Seguimos siendo una mayoría abrumadora de países y personas en todo el mundo que creemos en el multilateralismo, la competencia leal, el libre comercio, la regulación y el derecho internacional.

"Seguimos siendo una mayoría abrumadora de países y personas en todo el mundo que creemos en el multilateralismo"
Así que no son socios lo que nos falta. Lo que necesitamos es encontrar el marco adecuado y tener la voluntad política de seguir adelante frente a todo el ruido y, a veces, frente a coacciones reales de actores muy poderosos.


La Carta Iberoamericana de Principios y Derechos en Entornos Digitales es una de nuestras respuestas. Construir un mercado digital europeo es otra. Pero los socios están ahí. Nadie quiere interferencias extranjeras en sus elecciones nacionales. Nadie quiere que sus hijos estén expuestos a discursos de odio.

Dentro de Europa, algunos gigantes digitales han intensificado la presión coactiva. Incluso se ha hablado de sancionar a título individual a cargos europeos por su papel en la regulación. ¿Siente que hay suficiente consenso y energía para resistir esta agenda a nivel europeo? ¿Percibe un impulso?

Ciertamente. Hay impulso y el consenso se está construyendo. Las cosas se mueven muy, muy rápido. Siempre bromeo con mi equipo: "Estamos a mediados de febrero y parece que ya estamos en septiembre", les digo.

Va tan rápido que pensamos que todo se mueve despacio, pero nos movemos con rapidez. Si piensa en dónde estábamos hace un año aquí en Múnich —cuál era el estado de ánimo entonces y cuál es hoy—, puede ver el impulso. El consenso avanza con bastante rapidez.
 

El ministro Albares valora positivamente los avances de la Unión Europea en la búsqueda de consensos. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores / Saioa Hermosa


La Comisión Europea publicó en noviembre sus propuestas del Escudo para la Democracia sobre la lucha contra la desinformación. Algunos expertos dijeron: "Está bien, pero no va lo suficientemente lejos. Europa debería estar preparada para responder con más firmeza en casos de desinformación, manipulación o interferencia". ¿Necesita Europa ir más allá, para tener no solo un escudo, sino también, por así decirlo, una espada de la democracia?

No creo que nos falten instrumentos. Los tenemos. Lo que falta a veces es la conciencia de que podemos utilizarlos y, en ocasiones, la voluntad. La voluntad de entrar en esos espacios y confrontar ese tipo de discursos.

"España tiene una visión global del mundo por muchas razones: el idioma, nuestra historia y creemos de verdad en la cooperación y el multilateralismo"
Este es un reto enorme para nuestras democracias y para el proyecto europeo. Si no lo abordamos, intentarán dividirnos y debilitarnos porque, si separan a los Estados, nos hacen más frágiles. Es muy corrosivo para nuestras sociedades.


Así que ni siquiera es una elección. Tenemos que hacerlo. Este es el nuevo espacio donde debemos defender la democracia y la cohesión social.

Para terminar: este es un ejemplo de cómo España marca una agenda internacional. Ha ocurrido también con la migración, con Gaza, con temas europeos. He escrito sobre España como un "estado pivote", capaz de entablar relaciones con muchos actores y salvar distancias. ¿Cómo encaja eso con estar en la vanguardia y liderar una agenda? ¿Se puede ir por delante de la multitud y seguir siendo quien construye todas esas redes?

Lo hemos hecho, por ejemplo, con el reconocimiento del Estado de Palestina. Hemos estado en primera línea desde el principio en el apoyo a la independencia y la libertad de Ucrania. Lo hacemos defendiendo el multilateralismo y la cooperación al desarrollo, y también en la agenda digital.

Al final, España tiene una visión global del mundo por muchas razones: el idioma que hablamos, nuestra historia y porque creemos de verdad en la cooperación y el multilateralismo. Por eso tenemos una política exterior global, pero, al mismo tiempo, con identidad propia. Y esa identidad está profundamente arraigada en los valores europeos y en los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

En última instancia, son los valores humanistas frente a una visión autoritaria del mundo. Creemos que la cooperación es siempre más fuerte que la confrontación.

Muchas gracias.
Jeremy Cliffe
Jeremy Cliffe
Editorial director and senior policy fellow at the European Council on Foreign Relations
He is based in Berlin. Previously he was international editor of the 'New Statesman'. Before that he spent eight years at The Economist, where he served as bureau chief in Brussels and Berlin, and was first the 'Bagehot' (UK) and then 'Charlemagne' (Europe) columnist. He studied at the universities of Oxford and Harvard.
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