Miércoles, 16 de septiembre de 2026
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¿Es el empleo femenino una respuesta al invierno demográfico?

Cada vez hay más mujeres trabajando en Europa y su incorporación está amortiguando el estancamiento del empleo entre la población nativa. Sara Baliña, experta en tendencias globales, analiza un cambio silencioso pero decisivo ante el envejecimiento y recuerda que, aunque se estrechan las brechas de género, "todavía hay camino por andar".

Sara Baliña Sara Baliña 16 de septiembre de 2026
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Una mujer trabaja en un despacho. | Pexels / Patricia Bozán
Una mujer trabaja en un despacho. | Pexels / Patricia Bozán
Hay cambios silenciosos que no copan titulares y que, sin embargo, pueden ser claves en el futuro. El aumento del empleo femenino en Europa es, en mi opinión, uno de ellos. Desde que se disiparon los grandes efectos de la pandemia en el mercado de trabajo, a finales de 2022, la ocupación de la UE-27 ha crecido un 2,5%. Lo ha hecho por la entrada y la mayor inserción laboral de la población nacida en el extranjero, ya que el número de personas nativas trabajando se ha mantenido prácticamente sin cambios en los tres últimos años. Aunque esta fotografía agregada esconde diferencias importantes entre países —la ocupación crece entre los nativos de España, Francia, Italia y Portugal, y cae entre los de Alemania, Austria o Bélgica—, lo cierto es que sin inmigración la recuperación económica poscovid en Europa hubiese sido otro cantar.

Ahora bien, el empleo extranjero representa menos del 25% del empleo total en las principales economías de la Unión, por lo que fiar únicamente a la inmigración nuestra capacidad para sortear los efectos del invierno demográfico sobre el mercado laboral resulta, cuando menos, aventurado. Las cohortes de población nativa en las edades laboralmente más activas se están achicando fruto del envejecimiento demográfico y la caída de la natalidad, y lo seguirán haciendo durante los próximos años. Si no mejoramos la empleabilidad de los colectivos con menor participación laboral, será muy difícil hacer frente al impacto de las salidas por jubilación de los ocupados más mayores.



"Si no mejoramos la empleabilidad de los colectivos con menor participación laboral, será muy difícil hacer frente al impacto de las salidas por jubilación de los ocupados más mayores"
Las mujeres constituyen uno de estos colectivos, y la buena noticia es que cada vez son más las que trabajan [fig. 1]. Detrás del estancamiento del empleo nativo observado en la UE-27 en los últimos tres años, coexiste una caída del número de hombres trabajando con un aumento de las mujeres ocupadas. En el caso de España, uno de los mercados laborales más dinámicos de la actual fase de expansión, el empleo femenino explica el 67% del avance del empleo entre la población nativa.



La evolución de las brechas de género da cuenta de esta mejora en la empleabilidad de las mujeres. Hace dos décadas, la diferencia entre la tasa de empleo de hombres y mujeres nativos (15-64 años) rondaba los quince puntos en la media de la Unión; hoy es la mitad, similar a la española. En países como Alemania, Francia o Portugal, ya se sitúa por debajo de los cinco puntos, siendo Italia la única de las grandes economías europeas con una brecha de todavía dos dígitos [fig. 2]. El cambio generacional, las ganancias educativas, la expansión del sector servicios y los avances en conciliación han favorecido la incorporación más intensa de las mujeres al mercado de trabajo. De hecho, entre las que cuentan con educación superior, la brecha de empleo se reduce sustancialmente y bien podría desaparecer en unos pocos años si se mantiene la participación creciente de las chicas jóvenes en la formación de grado superior y su mejor desempeño educativo.

"El cambio generacional, las ganancias educativas, la expansión del sector servicios y los avances en conciliación han favorecido la incorporación más intensa de las mujeres al mercado de trabajo"
Un cálculo simple e ilustrativo pone de manifiesto el potencial que tiene elevar las tasas de empleo femenino. Para España, por ejemplo, pasar de una tasa de empleo del 64% entre las mujeres nativas a la que tienen, hoy en día, los hombres, del 71%, supondría, con la población de 2025, un aumento de la ocupación del orden de 850.000 personas. Pero sería naíf pensar que vamos a eliminar las brechas de género de la noche a la mañana. Queda mucho por hacer porque, además, no se trata solo de que haya más mujeres trabajando; la calidad de sus empleos es tanto o más importante.



La temporalidad y el trabajo a tiempo parcial siguen estando mucho más presentes en el empleo femenino. En 2025, una de cada tres mujeres ocupadas en la UE trabajaba a tiempo parcial; una proporción que, en el caso de los hombres, no llegaba al 10%. La crianza explica en buena parte este comportamiento: las mujeres con hijos son las que más recurren a la reducción de jornada, seis veces más que los hombres [fig. 3] y, pese a los avances recientes, también dedican más tiempo diario a tareas relacionadas con el cuidado doméstico —en Italia, las mujeres destinan cinco horas al día, frente a las dos horas de los hombres—. Las diferencias salariales y la menor presencia femenina en órganos de decisión y puestos de responsabilidad son la otra cara de la moneda y el reflejo de que todavía hay camino por andar.

"Las sociedades que han logrado la práctica eliminación de la brecha de género en el empleo nativo —Finlandia y Suecia son dos casos paradigmáticos— lo han hecho con más formación"
Las sociedades que han logrado la práctica eliminación de la brecha de género en el empleo nativo —Finlandia y Suecia son dos casos paradigmáticos— lo han hecho con más formación, mayor presencia de las mujeres en disciplinas ligadas a la ciencia, la tecnología y la ingeniería, permisos de paternidad y maternidad más generosos y flexibles, una oferta amplia de educación infantil y servicios de cuidado, y una mayor corresponsabilidad en el trabajo doméstico.

Europa no puede permitirse desaprovechar talento cuando la escasez de mano de obra empieza a ser una realidad en muchos sectores de actividad. Se debería romper de una vez por todas con esa dicotomía que hace que muchas mujeres tengan que elegir entre desarrollar plenamente su carrera profesional o asumir el grueso de las responsabilidades de cuidado. Reducir las barreras que todavía limitan su participación laboral es una cuestión de eficiencia económica, pero también y, sobre todo, una cuestión de equidad.
Sara Baliña
Sara Baliña
Economista y experta en tendencias globales
Participación