Jueves, 24 de septiembre de 2026
AGENDA FUTURA

Venezuela tiene una posibilidad entre tres de votar en democracia antes de 2028

"Quiero decirlo muy claro: en Venezuela habrá elecciones", ha dicho Delxy Rodríguez en la ONU. Agenda Futura incorpora un pronóstico de The Forecasting Machine que sitúa en el 32,8% la probabilidad de elecciones democráticas antes del 31 de diciembre de 2027. El saludo entre Delcy Rodríguez y Pedro Sánchez en la ONU refleja el dilema de una normalización diplomática que puede adelantarse a la apertura política.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en la asamblea de la ONU. | William Volcov / Zuma Press / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en la asamblea de la ONU. | William Volcov / Zuma Press / Europa Press
Delcy Rodríguez se levanta de su asiento en la Asamblea General de las Naciones Unidas y se acerca a la delegación española para saludar a Pedro Sánchez. La secuencia, captada por la periodista brasileña Patrícia Vasconcellos, recoge un contacto breve entre ambos dirigentes. En términos políticos, esta aproximación de la presidenta encargada puede interpretarse como un intento de avanzar en la rehabilitación internacional de las autoridades venezolanas. Ese mismo día, Delcy posó junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con los pulgares hacia arriba, en un encuentro a puerta cerrada.

En España resulta fácil convertir el saludo en otra controversia sobre las relaciones del Gobierno con Caracas. Por distintos motivos, la polémica ha existido y seguirá existiendo, pero desde la política exterior es importante comprender lo que está en juego. En este caso, mantener la interlocución permite trasladar demandas y negociar compromisos y, en consecuencia, su utilidad debe medirse por los resultados que produzca para los venezolanos. De entre todos los resultados posibles destaca uno: que puedan elegir libremente a quienes los gobiernan.

"Mantener la interlocución permite trasladar demandas y negociar compromisos y, en consecuencia, su utilidad debe medirse por los resultados que produzca para los venezolanos"
Hoy incorporamos a Agenda Futura un nuevo pronóstico de The Forecasting Machine que plantea precisamente esa cuestión: ¿Se celebrarán elecciones democráticas en Venezuela antes del 31 de diciembre de 2027? La estimación asigna un 32,8% al escenario afirmativo: aproximadamente una posibilidad entre tres.

El pronóstico es calculado mediante la agregación de distintos modelos de inteligencia artificial a partir de información y argumentos que pueden examinarse. En este sentido, su utilidad depende de contrastar esas razones y revisarlas cuando cambian los hechos. Por tanto, esta es una evaluación provisional superior al 30% que describe un desenlace plausible y suficientemente importante como para trabajar por él.

Las negociaciones entre el Gobierno y la oposición mantienen abierta la posibilidad de una salida electoral: sobre la mesa están las garantías políticas, la reforma de las instituciones y una eventual convocatoria, mientras la propuesta del 24 de julio de 2027 ofrece una fecha de referencia y Estados Unidos conserva capacidad para presionar a Caracas. El margen técnico todavía permitiría organizar los comicios si los acuerdos avanzan pronto. Sin embargo, el pronóstico sigue inclinándose claramente por el "no": no existe un calendario oficial, el aparato chavista conserva el control institucional y Washington tiene incentivos económicos y energéticos para preservar la estabilidad actual. Además, no basta con que haya una votación, sino que esta tendría que celebrarse con garantías democráticas.
 

Meses de agitación en Venezuela

En enero, el académico norteamericano John Polga-Hecimovich describía en Agenda Pública a Delcy Rodríguez como una figura de continuidad sometida a dos exigencias: satisfacer al Gobierno estadounidense y conservar el respaldo de su base chavista. En los primeros compases del año, la captura de Nicolás Maduro había alterado las relaciones de poder, pero las facciones que habían sostenido al régimen seguían presentes. Ese equilibrio interno condiciona a día de hoy quién conserva el control de las instituciones y qué concesiones puede aceptar.

"No basta con que haya una votación, sino que esta tendría que celebrarse con garantías democráticas"
Una apertura electoral como la planteada para Venezuela impone costes muy concretos a quienes gobiernan. Aceptar una competición real implica para el statu quo asumir que pueden perder cargos, influencia y capacidad de decidir sobre los recursos públicos. Una negociación será más creíble si permite saber qué garantías pueden hacer asumible esa posibilidad y quién está en condiciones de hacerlas cumplir. La disposición de Caracas a recibir inversiones o recuperar interlocutores internacionales informa sobre sus prioridades y no está desvinculada de la cuestión democrática.

Una de las principales inversiones, si no la fundamental, es la del petróleo. El experto en energía Henry Jiménez Guanipa analizó la reforma venezolana de hidrocarburos, su relación con la flexibilización estadounidense y las oportunidades para compañías como Repsol. También señaló la necesidad de estabilidad institucional y seguridad jurídica. La reapertura económica puede favorecer reglas más previsibles, pero también generar ingresos para Caracas y oportunidades para sus socios. Si ese arreglo funciona para sus beneficiarios, queda abierta la cuestión de cuánto estarán dispuestos a arriesgarlo mediante una competición electoral.

"Si ese arreglo funciona para sus beneficiarios, queda abierta la cuestión de cuánto estarán dispuestos a arriesgarlo mediante una competición electoral"
Por su parte, el profesor de Democracia y Relaciones Internacionales Diego Lombardi advirtió en febrero de la fragilidad de una estabilidad apoyada en la amenaza exterior y en instituciones debilitadas. Su análisis planteaba un problema que sigue vigente: el crecimiento económico puede llegar antes que la reconstrucción institucional. Para que una mejora material contribuya también a democratizar el país, hacen falta acuerdos entre actores locales y una sociedad civil capaz de intervenir. La estabilidad y la prosperidad, por sí solas, no garantizan esa evolución.

Desde la oposición que actúa dentro de Venezuela, Stalin González ha situado el problema en las garantías. En su conversación con Agenda Pública vinculó una elección aceptada por todos a la construcción de instituciones confiables y destacó la renovación del Consejo Nacional Electoral como último paso en una transición democrática. La composición del árbitro, las condiciones para participar y la aceptación de los resultados permitirán comprobar cuánto poder están dispuestas a compartir las autoridades y qué margen efectivo obtiene la oposición.

La presión para fijar una fecha ya se ha concretado en una propuesta. El senador estadounidense Bernie Moreno ha planteado el 24 de julio de 2027 y María Corina Machado ha respaldado la iniciativa. Una fecha puede ayudar a coordinar las demandas y eleva los costes de posibles aplazamientos, pero solo ganará peso si se traduce en decisiones de las autoridades competentes y en preparativos que puedan comprobarse.

"Una fecha puede ayudar a coordinar las demandas, pero solo ganará peso si se traduce en decisiones de las autoridades competentes y en preparativos que puedan comprobarse"
Para Washington, la cuestión es cuánto está dispuesto a exigir a cambio de unas elecciones competitivas. La intervención que apartó a Maduro demostró capacidad para alterar las relaciones de poder en Venezuela. Si los acuerdos energéticos y la cooperación con Rodríguez satisfacen a la Casa Blanca, la oposición necesitará apoyos capaces de mantener la democratización como una de las condiciones de esa relación. Europa debería prepararse para desempeñar ese papel.

España tendría que impulsar una posición europea que vincule los avances diplomáticos a compromisos verificables. Eso implica concretar qué cambios permitirían flexibilizar las sanciones y qué asistencia podría facilitar unas elecciones con garantías, además de respaldar a quienes defienden sus derechos dentro del país. También exige mantener el contacto con las distintas corrientes opositoras. La posición europea ganaría credibilidad si todos sus interlocutores conocieran de antemano esas condiciones y comprobaran que se aplican de manera consistente.

En abril, cuestionamos la decisión de Machado de rechazar una reunión con Sánchez durante su visita a Madrid. Su causa necesitaba ampliar el respaldo institucional europeo y evitar quedar atrapada en la competición partidista española. El mismo criterio debe aplicarse ahora al Gobierno: el contacto con Rodríguez debería servir para defender unas condiciones en las que la oposición pueda competir libremente. La interlocución española tendrá más valor si contribuye a acercar posiciones entre venezolanos y a sostener una exigencia democrática compartida en Europa.

"La interlocución española tendrá más valor si contribuye a acercar posiciones entre venezolanos y a sostener una exigencia democrática compartida en Europa"
Agenda Futura seguirá algunos indicadores concretos: los cambios en la autoridad electoral, las posibilidades reales de presentar candidaturas, la inscripción de votantes, las condiciones para observar el proceso y la respuesta internacional ante avances o retrocesos. Una fecha anunciada será más creíble cuando esté acompañada por decisiones que permitan cumplirla. Esos cambios obligarán también a revisar los argumentos del pronóstico y sus probabilidades.

El saludo en Naciones Unidas deja una imagen de acceso diplomático. Su utilidad dependerá de si España consigue emplearlo para reclamar compromisos más concretos sobre el futuro de Venezuela. Dentro de quince meses, la medida seguirá siendo la misma: qué capacidad tienen los venezolanos para elegir a sus gobernantes y sustituirlos. Tanto la política de Madrid como la normalización internacional de Caracas deberían poder evaluarse con ese criterio.
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