Martes, 22 de septiembre de 2026
MOMENTO ESPAÑA

Las elecciones ya no se ganan en el centro

Para Eduardo Bayón, España no parece haberse desplazado en bloque hacia la izquierda o la derecha, pero sí haberse tensado. El analista político explica cómo se mantiene casi estable la media ideológica mientras crecen los extremos y se estrecha la franja intermedia. Ese cambio, a su juicio, altera la competición electoral: "El PSOE gana profundidad, pero pierde anchura", mientras el PP disputa con Vox un electorado cada vez más concentrado en la derecha.

Eduardo Bayón Eduardo Bayón 22 de septiembre de 2026
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El Congreso de los Diputados durante la sesión de control tras el estallido de la crisis de Ceuta. | Gabriel Luengas / Europa Press
El Congreso de los Diputados durante la sesión de control tras el estallido de la crisis de Ceuta. | Gabriel Luengas / Europa Press
Durante las últimas cuatro décadas, la política española ha pivotado sobre la idea de que las elecciones se ganaban en el centro y que PSOE y PP alcanzaban el gobierno gracias al electorado ambivalente entre ambos y la movilización del electorado menos politizado que participaba en la contienda electoral. Así, quien conquistaba al votante "moderado" gobernaba, y los dos grandes partidos se desplazaban hacia allí en campaña por pura aritmética.

Los datos del barómetro del CIS de septiembre de 2026 —el primero con estimación de voto tras la crisis de Ceuta— indican que esa regla ha dejado de funcionar. No porque el centro se haya vaciado, que no lo ha hecho, sino porque ha dejado de ser el terreno donde se compite. En este sentido, se puede afirmar que el centro sigue ahí, casi igual de poblado que en 2023. Ahora bien, lo que ha desaparecido es la competición por él: hoy el PSOE pelea dentro de la izquierda y el PP dentro de la derecha con un Vox que ha ensanchado su base electoral.

Comparado con el postelectoral de las generales de 2023, el último barómetro es el retrato de un país que no ha cambiado de lado, pero sí de temperatura. Siete puntos y medio porcentuales del electorado se han desplazado desde las posiciones templadas hacia los dos extremos de la escala, mientras el peso agregado de la izquierda y de la derecha permanece intacto. En otras palabras, no es que haya cruces de la frontera de los bloques, sino que mucha gente se ha alejado de ella.

"Lo que ha desaparecido es la competición por él: hoy el PSOE pelea dentro de la izquierda y el PP dentro de la derecha con un Vox que ha ensanchado su base electoral"
La consecuencia directa de que el electorado pase a concentrarse en las puntas es que disputar el centro deja de ser rentable y consolidar el flanco propio pasa a serlo. Por eso dentro de cada bloque se libra hoy una batalla distinta —el PSOE acapara el descabezado espacio a su izquierda y el PP defiende su espacio ante la amenaza de Vox— mientras la competición entre bloques, que era la que decidía elecciones, casi ha desaparecido.

El país se ha tensado

En septiembre de 2023, el 18,4% de los entrevistados se situaba en uno de los dos extremos de la escala ideológica. Tres años después, ese porcentaje ha ascendido hasta el 25,8% —el punto uno pasa del 12,6% al 17,7%; el diez, del 5,8% al 8,1%—. En cambio, la franja central (que va del cuatro al siete) cae del 48,8% al 42,7%. Ahora bien, esto tiene una segunda parte: la autoubicación ideológica del cinco apenas se mueve, del 21,4% al 20,5%, y la media ideológica del país permanece prácticamente estable, de 4,67 a 4,61, una diferencia sin significación estadística.
 

No hay giro a la izquierda ni a la derecha: hay una migración. Lo que se ha reducido es el tres, el cuatro y el seis, es decir, las posiciones de quienes se sienten de un lado pero sin estridencia. Es el perfil exacto de la polarización ideológica. Las preferencias de fondo siguen siendo las mismas, pero con el añadido de una mayor intensidad al declararse de los suyos.

Primera batalla: el PSOE contra su izquierda

A día de hoy, es una batalla decidida de la que el CIS solo certifica el resultado. El Partido Socialista aparece como hegemónico en el tramo que va del uno al tres de la escala. Conserva lo que tenía, en torno al 45%, mientras el espacio a su izquierda se desploma: donde Sumar y Podemos sumaban el 28% en 2023, hoy solo alcanzan el 18%. De esta forma, el barómetro confirma tres años de descomposición del espacio de la izquierda española, que a día de hoy sigue sin liderazgo tras la renuncia de Yolanda Díaz en febrero a encabezar la candidatura de 2027. A ello se suma la ausencia de una marca definida y de un relato propio que lo distinga del Gobierno del que forma parte.
 

Por otro lado, en la posición cuatro el voto socialista desciende diez puntos y los indecisos casi se duplican, mientras que en la autoubicación de centro (cinco) se reduce a la mitad. Así, el PSOE gana profundidad, pero pierde anchura. Casi la mitad de sus votantes se sitúa ya en las dos casillas más a la izquierda, cuando en 2023 eran menos de un tercio.

"Conserva lo que tenía, en torno al 45%, mientras el espacio a su izquierda se desploma: donde Sumar y Podemos sumaban el 28% en 2023, hoy solo alcanzan el 18%"
En este punto se hace necesario matizar que la autoubicación no es un rasgo fijo. Parte del engrosamiento de votantes del punto uno puede deberse a socialistas que antes se decían de centroizquierda y hoy se definen sin matices ante el contexto cultural y político que atraviesa el país. En definitiva, no es solo que el PSOE atraiga a la izquierda; es que la izquierda que lo vota se describe a sí misma de otra manera.

Segunda batalla: el PP contra Vox

La pugna entre PP y Vox sigue abierta en un momento en el que la inmigración vuelve a ocupar la agenda política y mediática y los de Santiago Abascal han recuperado el pulso electoral que les vuelve a colocar en una fase expansiva.

La radiografía que hace el CIS muestra cómo en el centro el PP sigue donde estaba en 2023, en torno al 26% del voto directo en la posición cinco, con una autoubicación media de su electorado que apenas sufre variaciones. Lo que sí está perdiendo el PP en beneficio de Vox se concentra en su propio flanco derecho. En la posición siete, los populares caen ocho puntos; en la ocho pierden trece y en el extremo de la escala se dejan dieciocho. En contraposición, Vox recorre el camino inverso y en el diez pasa de captar a tres de cada diez votantes a captar a uno de cada dos. La competición entre ambos no se libra en el centro —aunque Vox aparezca por delante del PSOE en la posición cinco en intención directa de voto—, sino entre el siete y el diez.
 

Eso confirma la falta de resultados de la estrategia del PP, ya que endurecer el discurso para taponar al competidor por su derecha no está funcionando. El PP no ensancha su base electoral en una derecha en la que sigue asumiendo el marco de Vox. Y cada vez que lo asume, contribuye a potenciar a Vox. Es el mecanismo que, por ejemplo, también ha operado todo agosto con Ceuta. Cuando Alberto Núñez Feijóo habla de invasión, no le disputa el marco y el espacio electoral a Abascal, se lo confirma.

"La competición entre ambos no se libra en el centro —aunque Vox aparezca por delante del PSOE en la posición cinco en intención directa de voto—, sino entre el siete y el diez"
Por su parte, el electorado de Vox crece en el extremo, como era previsible, pero también crece entre quienes se declaran de centro. Lo que adelgaza es la franja intermedia. Es un electorado bimodal: un núcleo duro cada vez mayor y una segunda bolsa de votantes que se sitúan en el cinco, autoubicación en la que también tienden a colocarse quienes se consideran apolíticos por rechazo generalizado hacia los políticos. Se intuye así que Vox no está creciendo en el centro por moderación, sino porque el cinco de la escala del CIS se ha llenado de enfado.

El sorpaso que no es tal

El titular que ha circulado esta semana —"Vox adelanta al PSOE en el centro"— depende por completo del indicador que se mire. En voto directo es cierto: 11,9% frente a 9%. En voto más simpatía, empatan. Y, por último, en cercanía ideológica, cuando se pregunta qué partido está más próximo a las propias ideas, el PSOE sigue claramente por delante: 15% frente a 11,8%.
 

Existe también otra lectura. Los votantes de la autoubicación cinco que se decantaban por los socialistas no se han convertido, se han callado. Cuatro de cada diez votantes situados en el cinco no mencionan ningún partido cuando se les pregunta a quién votarían. El PSOE conserva la afinidad, pero está perdiendo la capacidad de convertirla en voto en este espectro ideológico. En cambio, Vox tiene menos afinidad y la moviliza mejor.

"El PSOE conserva la afinidad, pero está perdiendo la capacidad de convertirla en voto en este espectro ideológico. En cambio, Vox tiene menos afinidad y la moviliza mejor"
Es el mismo diagnóstico que se viene repitiendo este año. El problema socialista no es de preferencia, es de intensidad: su voto no se ha marchado con el adversario, se ha sentado en el sofá de su casa mostrando pereza para ir a votar. Eso significa dos cosas: la primera, que es recuperable, y la segunda, que solo se recupera movilizando.

Para qué sirve hoy ganar el centro

El centro sigue siendo el electorado más volátil. Siete de cada diez votantes situados en el 5 dicen decidir su voto según lo que les convenza en cada momento; en el extremo izquierdo, solo uno de cada tres. En 2023 el PP ganó el centro con holgura, fue primera fuerza en las elecciones y no gobernó. El centro puede influir notablemente en quién queda primero, pero los bloques deciden quién gobierna.

"El centro puede influir notablemente en quién queda primero, pero los bloques deciden quién gobierna"
Un país así todavía puede dar victorias en el centro, pero ya no por conquista: el centro no se gana quitándoselo al adversario, porque apenas queda nadie dispuesto a cruzar. Se gana movilizando a quien no se identifica con nadie. Esa es una competición por la intensidad, no por la posición. Lo que ya no da el centro son gobiernos.

Queda también la pregunta de fondo: ¿fue 2019 la anomalía o el anticipo? Los datos de 2026 apuntan a un sistema donde se compite más por la intensidad y no tanto por la posición. No hay más ciudadanos de izquierdas o de derechas que hace tres años, pero sí muchos más dispuestos a declararlo sin matices, autoubicándose en posiciones más duras.
Eduardo Bayón
Eduardo Bayón
Analista político y consultor en comunicación pública
Autor del libro 'Lucha de tribus' (La Esfera de los Libros, 2024), en el que analiza las dinámicas identitarias y emocionales del debate político contemporáneo. Colabora habitualmente en medios de comunicación y es docente en programas de posgrado en comunicación política y asuntos públicos.
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