El resultado más revelador de las elecciones parlamentarias rusas será el de un partido que no figura en la papeleta. El 18 de septiembre, Rusia inició tres días de votación para elegir una nueva Duma Estatal.
El ganador ya se conoce. Lo que sigue sin saberse es cuánta presión y cuánto fraude electoral necesitará el Kremlin para obtener la cifra que quiere Vladímir Putin, y
con qué rapidez esa cifra se presentará como prueba de que los rusos apoyan prolongar la guerra.
Durante doce días de este verano, los ciudadanos dispusieron de
una vía legal y de ámbito nacional para expresar lo contrario. La Comisión Electoral Central registró la lista de Yábloko el 29 de julio.
Yábloko es un partido de oposición integrado en el sistema que lleva mucho tiempo intentando
sobrevivir dentro de los límites fijados por el Kremlin, pero su campaña de 2026 se distinguía por una propuesta que ninguna otra lista nacional tenía permitido defender: un alto el fuego y la paz.
El 10 de agosto, el Tribunal Supremo excluyó la lista de las elecciones. Rechazó el recurso el 17 de agosto y, al día siguiente, la comisión
retiró formalmente la lista de Yábloko de las papeletas.
La secuencia fue algo más que
una purga judicial rutinaria. Se convirtió en un breve experimento político al que el
Kremlin le puso fin cuando el resultado empezó a ser políticamente peligroso.
Doce días que dejaron al descubierto el miedo
El terreno político se había despejado de antemano.
Doce miembros de Yábloko afrontaban procesos penales por motivos políticos, ocho estaban en prisión y doce figuras destacadas habían sido declaradas "agentes extranjeros" e inhabilitadas para presentarse a las elecciones.
El Kremlin parecía dar por hecho que un Yábloko debilitado demostraría lo marginal que era el rechazo a la guerra. En cambio, el partido se convirtió en un punto de encuentro para quienes se oponían a ella.
"Doce miembros de Yábloko afrontaban procesos penales por motivos políticos, ocho estaban en prisión y doce figuras destacadas habían sido declaradas «agentes extranjeros»"
Las encuestas de FOM mostraban que
el apoyo a Yábloko había pasado del 1% el 19 de julio al 4% el 9 de agosto. Las opiniones favorables al partido habían aumentado del 2% al 7% en seis meses. El partido informó de que había recibido 8.000 solicitudes de afiliación —el doble de su número de afiliados—, mientras se formaban concentraciones espontáneas ante el Tribunal Supremo.
Unas noventa personas fueron detenidas el 17 de agosto.
Según
fuentes de EK Stratcom con acceso a encuestas internas de la Administración Presidencial, estas situaban
el apoyo a Yábloko en torno al 10% en el conjunto del país y hasta en el 20% en Moscú. La posterior encuesta de ExtremeScan mostró hasta dónde llegaba el respaldo a la única candidatura nacional favorable a la paz.
Los resultados provisionales de
una encuesta de ExtremeScan realizada a 800 adultos entre el 4 y el 10 de septiembre mostraron que el 18% afirmaba que probablemente votaría a Yábloko si pudiera presentarse. En la estimación de voto de la encuesta para quienes ya habían decidido a qué partido votar, Yábloko obtenía el 24,6% y Rusia Unida, el 31,8%.
Las cifras revelan un electorado que la campaña oficial pretendía borrar de la papeleta.
La purga continuó después de que desapareciera la lista del partido. En septiembre,
Novaya Gazeta Europe informó de que también habían sido excluidos 34 de los 137 candidatos de Yábloko en circunscripciones uninominales.
El error del Kremlin no fue simplemente permitir que Yábloko figurara en la papeleta, aunque fuera por poco tiempo. Durante doce días, permitió que la sociedad rusa se reconociera a sí misma.
"Los resultados provisionales de una encuesta de ExtremeScan mostraron que el 18% afirmaba que probablemente votaría a Yábloko si pudiera presentarse"
La demanda que reveló aquel episodio va más allá del apoyo a un partido. En agosto,
según el Centro Levada, el 59% era partidario de las negociaciones de paz y el 31%, de continuar las operaciones militares. El apoyo a las negociaciones había descendido desde el máximo del 67% alcanzado en febrero, pero seguía siendo claramente mayoritario.
Una encuesta anterior de ExtremeScan planteaba de forma más directa
el coste de la guerra:
el 56% prefería detener las hostilidades, mientras que solo el 21% aceptaba una nueva movilización. Como señalaron los investigadores, "el coste de la guerra divide más a los partidos que el apoyo a ella en abstracto".
En conjunto, estas encuestas muestran que
las negociaciones cuentan con un respaldo mayoritario, mientras que una nueva movilización no. La maquinaria electoral del Kremlin está reprimiendo una demanda que ya existe en la sociedad rusa.
Cómo fabricar una mayoría
Los objetivos del Kremlin han cambiado repetidamente.
En octubre de 2025, las autoridades buscaban una participación de al menos el 55% y un 55% de los votos para Rusia Unida.
En marzo, el objetivo de participación había bajado al 50%. En julio, el objetivo para Rusia Unida en las regiones con un nivel de apoyo medio
había descendido al 45%. Entonces, a principios de septiembre,
la tendencia se invirtió de repente: un 47% en las regiones con un apoyo medio, entre un 52% y un 53% en aquellas con mayor movilización electoral
y más del 50% en el conjunto del país.
El giro
no respondió a ningún aumento comparable del apoyo en los sondeos independientes. Se produjo después de que
Putin se implicara personalmente en la campaña, en su primera intervención directa en favor de Rusia Unida desde 2007. Una de las fuentes de
Meduza resumió la nueva consigna: "El presidente ha arrimado el hombro; trabajamos para él". Una vez que Putin respaldó al partido con su autoridad personal, a los responsables electorales ya no se les permitía conformarse con unas cifras meramente verosímiles. Tenían que presentar cifras dignas del presidente.
"Una vez que Putin respaldó al partido con su autoridad personal, a los responsables electorales ya no se les permitía conformarse con unas cifras meramente verosímiles"
Las previsiones finales de las entidades afines al poder sitúan a Rusia Unida entre el 47% y el 53%. La
encuesta de ExtremeScan de septiembre le otorgaba
un 35,6% entre los votantes que mencionaron un partido y un 23,9% entre el conjunto de los encuestados. La distancia entre unas cifras y otras es evidente. En esa misma encuesta independiente, solo el 30,8% esperaba que las elecciones nacionales fueran limpias; el 32,7% esperaba que el resultado se alterara de forma significativa.
El 49% afirmaba que la Duma no tiene capacidad real para discrepar del presidente en cuestiones importantes.
Las fuentes de
Meduza —entre ellas, dos vicegobernadores, consultores políticos que trabajan con las autoridades regionales y una fuente cercana a la Administración Presidencial— señalaron que
unos objetivos más altos exigirían intensificar la "movilización administrativa y laboral" de los empleados públicos y los trabajadores de las empresas estatales, junto con un fraude electoral más directo, denominado eufemísticamente "corrección". A los mandos intermedios designados como "movilizadores" o "jefes de brigada" se les encarga garantizar que determinados grupos de empleados acudan a votar. Al mismo tiempo, la campaña sigue siendo deliberadamente gris, para que los votantes descontentos apenas encuentren motivos para acudir a las urnas.
El método es sencillo: movilizar a los votantes dependientes del poder y desalentar la participación voluntaria.
"El método es sencillo: movilizar a los votantes dependientes del poder y desalentar la participación voluntaria"
Nuestro propio trabajo en Rusia, en un entorno informativo sometido a censura, desmonta otra parte del relato oficial:
la afirmación de que los argumentos contra la guerra no encuentran público. Entre febrero y agosto,
la campaña Reset de EK Stratcom registró 224,4 millones de visualizaciones y 13,9 millones de reacciones en distintos formatos.
Los argumentos sobre la paz, los precios, la censura y la responsabilidad política siguen abriéndose paso en Rusia.
Lo que Europa debe rechazar
El 16 de septiembre,
Putin presentó la votación como una demostración de unidad y de apoyo a los soldados rusos. Ya había afirmado que
el resultado debía confirmar "la resiliencia del Estado, la madurez del sistema político y su capacidad para resistir cualquier amenaza externa, chantaje o agresión".
No es la retórica habitual de una campaña electoral. El Kremlin necesita una imagen de cohesión que pueda mostrarse dentro y fuera del país como aval político para lo que venga después.
"El Kremlin necesita una imagen de cohesión que pueda mostrarse dentro y fuera del país como aval político para lo que venga después"
Tras esta votación,
el siguiente ciclo electoral de ámbito nacional tendrá lugar en 2030-2031.
La opinión pública pesará menos en los cálculos del Kremlin, mientras que la mayoría fabricada podrá invocarse para justificar una mayor represión, nuevas movilizaciones o una escalada
más allá de Ucrania.
El Kremlin ya está preparando los argumentos para justificar esas decisiones ante la población.
Los gobiernos, los analistas y los medios europeos
nunca deberían reproducir el porcentaje anunciado para Rusia Unida sin explicar cómo se excluyó la única lista nacional favorable a la paz, cómo se ejercieron las presiones en el trabajo y hasta qué punto diferían los resultados de los sondeos independientes. Interpretar el silencio bajo la represión como consentimiento es una muestra de pereza analítica.
Presentar un resultado fabricado como la libre expresión de la sociedad rusa es peor: convierte la coacción interna del Kremlin en legitimidad internacional.
"Presentar un resultado fabricado como la libre expresión de la sociedad rusa es peor: convierte la coacción interna del Kremlin en legitimidad internacional"
Cuando termine la votación el 20 de septiembre,
el Kremlin dirá que Rusia ha hablado. Pero la paz fue eliminada antes de que el país pudiera responder.
La pregunta es si Europa aceptará la cifra fabricada como prueba de que nunca se quiso la paz.
El Kremlin puede fabricar un 50%.
Europa no debe llamar a eso consentimiento.