Viernes, 31 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

El Partido Demócrata se rompe por dentro mientras Trump espera las 'midterms'

Las elecciones de medio término en Estados Unidos se celebrarán dentro de tres meses. Y, ante esa premura, el Partido Demócrata exhibe grietas internas que ponen bajo serio cuestionamiento la narrativa de su unidad política, así como su futuro como oposición durante la segunda mitad del gobierno de Donald Trump. "Si los demócratas no logran rearmar su proyecto político en la unidad, en las elecciones de noviembre, se puede esperar cualquier resultado", opina el periodista Mauricio Hdez. Cervantes.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 31 de julio de 2026
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El alcalde Nueva York, Zohran Mamdani, junto al histórico miembro del Partido Demócrata y senador Bernie Sanders. | Victor M. Matos / Zuma Press / Europa Press
El alcalde Nueva York, Zohran Mamdani, junto al histórico miembro del Partido Demócrata y senador Bernie Sanders. | Victor M. Matos / Zuma Press / Europa Press
La historia de la izquierda y de los movimientos progresistas es también la historia de sus fracturas. Desde la Comuna de París en 1871, cuando los revolucionarios se devoraron entre sí antes de que los cañones de Versalles terminaran el trabajo, hasta las disputas internas que pulverizaron al Frente Popular español en plena Guerra Civil, el progresismo ha demostrado una capacidad inusual para el canibalismo. Los enemigos externos siempre han dado la cara, pero las heridas más profundas se han abierto desde dentro: luchas por la pureza ideológica, disputas de liderazgo, traiciones disfrazadas de principios. Hablamos, en términos claros, de una pulsión autodestructiva que reaparece hoy en el Partido Demócrata de Estados Unidos. Y lo hace justo cuando más necesita cohesión.

Estamos a tres meses de las elecciones de medio mandato y el partido azul llega con una herida abierta: la disidencia entre moderados y progresistas se ha convertido en un campo de batalla que amenaza la fuerza de la formación de cara a la convocatoria a las urnas en noviembre, clave tanto para su futuro como para el de su país. Las primarias recientes mostraron un mapa fragmentado: victorias progresistas en Nueva Jersey, resistencias moderadas en Iowa y un pulso abierto en California. Pareciera que cada estado cuenta una narrativa distinta de lo que significa ser demócrata, y esa diversidad, lejos de fortalecer al partido, lo erosiona, lo condena.

"Una pulsión autodestructiva que reaparece hoy en el Partido Demócrata de Estados Unidos. Y lo hace justo cuando más necesita cohesión"
El discurso oficial intenta proyectar unidad frente a la amenaza del avance republicano, pero los hechos ponen esa narrativa bajo la lupa. Senadores de algunos estados clave respaldan candidaturas alternativas, mientras que figuras vinculadas a los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) —organización a la que pertenece Zohran Mamdani, alcalde de la ciudad de Nueva York— desplazan a congresistas en funciones. El liderazgo de Chuck Schumer —senador por el estado de Nueva York y reconocida figura demócrata— se ve cuestionado, como si estuviese atrapado entre las posturas más conciliadoras y quienes exigen seguir, a pies juntillas, una agenda más radical. En pocas palabras, el Partido Demócrata habla de unidad, pero actúa como si la desconfianza interna fuera el idioma común.

¿El resultado de estas grietas internas? Un partido que se mira en el espejo y, en el reflejo, descubre fisuras profundas: una estrategia electoral incierta, una agenda fragmentada y una narrativa cada vez más debilitada. Entonces aparece la pregunta obligada: ¿el Partido Demócrata podrá recomponer su identidad antes de que las urnas confirmen lo que hoy es evidente, es decir, que la fractura interna es su mayor enemigo? En política, la percepción suele ser más letal que la realidad y, desafortunadamente, hoy, para esa formación, la percepción dominante es la de un partido agrietado.

Pero la fractura demócrata va más allá del terreno electoral. La herida es más profunda. Es arriesgado decir que ese partido es "de izquierda", pero, para fines contextuales y comparativos con otras regiones del mapa geopolítico, si nos permitiéramos esa libertad, veríamos que es como si estuviera condenado a debatirse entre el pragmatismo y la pureza, entre la urgencia de ganar elecciones y la necesidad de sostener un discurso común. Y es justo esa tensión —que parece convertirse en una herida interna y que, en otros momentos de la historia, no tardó en convertirse en hemorragia y terminó en derrotas catastróficas— la que se asoma hoy y amenaza con repetirse. El futuro demócrata, en pocas palabras, está en disputa, y lo que se juega no es únicamente el control del Congreso, sino la posibilidad de que siga siendo una fuerza reconocible y capaz de gobernar en la unidad.

"En política, la percepción suele ser más letal que la realidad y, desafortunadamente, hoy, para esa formación, la percepción dominante es la de un partido agrietado"
Entonces, ¿cuál es el escenario de cara a las elecciones de medio mandato? Básicamente, esas elecciones funcionarán como un laboratorio de identidades: moderados frente a impetuosos que exigen transformaciones urgentes. ¿Y el riesgo? El riesgo es que, mientras destinan fuerzas a esa batalla, el adversario republicano pueda avanzar con más tranquilidad. La historia, como lo hemos dicho ya, lo ha demostrado muchas veces. La política nos lo ha enseñado tantas otras veces: los enemigos del progresismo suelen estar dentro de las propias filas.

Un panorama electoral empantanado ante las elecciones de medio mandato

Las elecciones de medio mandato serán el 3 de noviembre. Y, a estas alturas, no hay predicciones claras sobre cómo se recompondrá el mapa del Congreso. ¿Por qué? Hay dos razones principales: la primera es que el horizonte, según el medio, se decanta por el partido de su simpatía; la segunda es que, con base en las elecciones presidenciales pasadas, teniendo a Donald Trump en el panorama, todo puede cambiar de un momento a otro.

Las encuestas publicadas en medios cercanos a los demócratas dibujan un horizonte optimista, como era de esperarse. Emerson College —una universidad privada de Boston, cultural y políticamente más cercana al Partido Demócrata— sitúa al partido azul en el 53% de intención de voto en la papeleta genérica, frente al 42% del republicano. En este caso, la ventaja demócrata se debe en buena medida al voto de las mujeres, de acuerdo con el estudio. Mientras tanto, The Hill y Decision Desk HQ —un medio de comunicación y una consultora de análisis electoral, respectivamente— afinan la cifra: entre cuatro y seis puntos de ventaja para los demócratas, con buenas posibilidades de recuperar la Cámara de Representantes —224 escaños azules frente a 211 rojos—, aunque el Senado seguiría inclinado hacia el GOP —Grand Old Party, como se conoce popularmente al Partido Republicano—. Finalmente, Morning Consult —una empresa de encuestas y opinión pública— muestra un 45% frente a un 42%.

Por otra parte, otros análisis matizan las ventajas mostradas. El think tank no partidista Pew Research, a pesar de conceder seis puntos de diferencia, insiste en que hay un 20% de votantes que siguen indecisos: eso, en un país como Estados Unidos, es un espacio enorme y abierto para cambiar cualquier pronóstico en el último momento. Además, Brookings Institution —uno de los think tanks más influyentes en materia de políticas públicas— sostiene que la aprobación de Trump ronda el 40% y que, aunque los demócratas aparecen, por primera vez desde 2010, como la opción más confiable en materia económica, el Senado sigue siendo un terreno difícil en el que revertir la tendencia. Por último, la red de medios USA Today Network advierte que, aunque muchos de los mapas del voto general muestran ciertas ventajas para el voto demócrata, el nivel de indecisión o indiferencia sigue siendo alto y eso, como también señala Pew Research, impide realizar predicciones claras ante las elecciones de medio mandato.

"Las encuestas funcionan como un caleidoscopio: las imágenes devueltas dependen del ángulo desde el que se miren"
De esta forma, las encuestas funcionan como un caleidoscopio: las imágenes devueltas dependen del ángulo desde el que se miren. Y, en medio de estas narrativas contrapuestas, donde, independientemente de las cifras y los porcentajes, lo más importante es que aún hay un alto grado de incertidumbre, votos indecisos y cierta apatía en distintas localidades, ninguna predicción deja satisfecha a ninguna de las dos posturas. Lo único cierto, por el momento, es que las fracturas internas del Partido Demócrata son la pierna coja de un proyecto que, en teoría, lo tendría todo para llegar con una relativa —pero segura— ventaja a unas elecciones que están a la vuelta de la esquina.

¿Es Trump realmente tan impopular?

En lo que va de 2026, la popularidad del presidente estadounidense se ha desplomado. Desde el inicio del año, dos tormentas han puesto en jaque su figura: los archivos de Epstein y la guerra en Irán.

El gran escándalo que explotó tras la publicación de archivos hasta entonces clasificados relacionados con la red internacional de explotación sexual y favores políticos asociados a Jeffrey Epstein fue la primera de ellas. Eso reabrió viejas sospechas sobre la opacidad de sus vínculos y sus conexiones con las altas esferas del poder mundial. Pero, poco después de que esa polémica inundara los titulares de las cabeceras de todo el planeta, llegó la segunda tormenta: la guerra en Irán. En Agenda Pública hemos abordado y analizado ese tema en profundidad, y hemos destacado que ha sido, ante todo, una intervención militar que le ha costado a Estados Unidos, a día de hoy, entre 37,5 y 38,4 mil millones de dólares —según las estimaciones del propio Pentágono y de centros de análisis como MilitarySpend.org—, además de sus efectos indirectos sobre la inflación, el desempleo y el descontento generalizado en ciudades como Los Ángeles o Nueva York. Sondeos como el de The Economist/YouGov o el de la cadena CNN sitúan su popularidad en mínimos históricos: entre el 34% y el 35% de aprobación; es decir, cerca del 60% de los estadounidenses no aprueba su gestión este año.

"Los números de las encuestas no se reflejaron en absoluto en el resultado final"
Con base en lo anterior, tendríamos el retrato de un presidente que, en lugar de consolidar su poder, lo pierde a manos de sus propios errores. Pero ahí no acaba este fenómeno. Si recordamos cómo fue la popularidad de Donald Trump en la recta final de las elecciones presidenciales de 2024, veremos que los números de las encuestas no se reflejaron en absoluto en el resultado final. Durante los meses anteriores a las elecciones, Kamala Harris y Trump vivieron una contienda apretada y, durante no pocas semanas, la candidata demócrata tuvo una ventaja significativa. No obstante, nada de eso se vio en el conteo final, en el que gran parte del mapa electoral se pintó de rojo —gracias a los swing states, o estados bisagra—, salvo en estados clave para la formación azul, como California y Nueva York.

¿A qué nos lleva esto? A recordar que, tras aquellas elecciones, se dio a conocer un dato que puso en serio cuestionamiento el peso del dinero privado en la democracia estadounidense: Elon Musk fue el mayor donante individual del ciclo electoral de 2024 y gastó al menos 288 millones de dólares para ayudar a elegir a Donald Trump y a otros candidatos republicanos. Aquella inyección de capital y apoyo mediático generó inmediatamente controversia por el peso de un solo donante en la campaña, sobre todo en lo que respecta a los estados inicialmente indecisos.

Finalmente, teniendo en cuenta las grietas internas del Partido Demócrata y la incertidumbre que rodea las campañas políticas de Donald Trump, si los demócratas no logran rearmar su proyecto político desde la unidad, en las elecciones de noviembre se puede esperar cualquier resultado.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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