El 20 de enero de 2025, Donald Trump tomaba posesión por segunda vez como presidente de los EE. UU. ante los
consejeros delegados de las principales empresas tecnológicas. En primera línea de invitados estaban
Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sundar Pichai, Tim Cook y Elon Musk. La presencia en el acto oficial había tenido un precio y tenía como objetivo recordar la inversión realizada.
La financiación predominantemente privada de la política estadounidense da lugar a estas situaciones que resultan ajenas a la filosofía electoral europea.
"Las reglas del apoyo financiero a los candidatos políticos en EE. UU. tienen como pilar constitucional la libertad de expresión, con el dinero como altavoz"
Las reglas del apoyo financiero a los candidatos políticos en EE. UU. tienen como pilar constitucional
la libertad de expresión, con el dinero como altavoz. Existen distintas modalidades de apoyo económico a los partidos, con restricciones para evitar la captura financiera de la política, pero que pueden ser esquivadas. Así, por ejemplo,
las aportaciones públicas directas de un individuo a un candidato no pueden superar los 7.000 dólares, pero los límites económicos desaparecen en las contribuciones personales a los supercomités de acción política (conocidos como
super PAC).
Millones de dólares pueden ser donados legalmente por alguien a estas entidades, que pueden hacer campaña a favor de uno o varios candidatos sin coordinar —teóricamente— estrategias con ellos. También existe la posibilidad de hacer aportaciones sin límite a través de ciertas organizaciones sin ánimo de lucro que no tienen obligación de revelar sus donantes (
dark money).
Cómo financia Silicon Valley la política de EE. UU.
Las grandes tecnológicas hicieron un uso intensivo de
la libertad de expresión (financiera) en el ciclo electoral de 2024, como atestigua la información recopilada por Open Secrets. Solo las donaciones públicas a la coalición MAGA de Elon Musk
rozaron los 600 millones de dólares —290,42 millones de dólares a título individual y 286,26 millones desde su empresa SpaceX—, un 13% de los más de 4.380 millones en aportaciones privadas registradas públicamente durante ese periodo. Otros reconocidos inversores en las grandes tecnológicas, como
Marc Andreessen y Jeffrey y Janine Yass, realizaron contribuciones al Partido Republicano por valor de más de 150 millones de dólares. También hubo aportaciones a candidatos liberales
desde Silicon Valley. Por ejemplo,
Meta donó a los super PAC de esta orientación 113.400 dólares y Google les aportó 411.234 dólares.
Las contribuciones de las grandes tecnológicas en el periodo electoral —junto con las que están ocultas tras organizaciones sin ánimo de lucro—
son potenciales explicaciones de algunas decisiones e iniciativas recientes de la clase política en EE. UU. Por ejemplo, la Administración Trump ha introducido
la desregulación digital internacional como uno de los elementos centrales en los
acuerdos de comercio y ha aprobado una
orden ejecutiva para promover globalmente la pila tecnológica de la IA estadounidense. En el pasado,
los ejecutivos del presidente Obama también fueron especialmente combativos ante la aprobación de regulaciones sobre tratamiento de datos personales en Europa y otras áreas económicas.
La ley de la IA y las 'midterms' como campo de batalla
La siguiente frontera para las grandes tecnológicas es
obtener la implantación de una legislación favorable a la IA que proteja sus inversiones. Los desembolsos corporativos alrededor de esta tecnología están desbordando todas las previsiones,
alcanzando los 285.880 millones de dólares solo en EE. UU. en 2025. Se espera que la capitalización de OpenAI y Anthropic tras su próxima salida a bolsa esté próxima al billón de dólares.
La Administración Trump ha presentado al Congreso la propuesta de un marco regulatorio amigable para la industria de la IA. El pilar central es la primacía federal legislativa frente a los estados, con un enfoque de intervención reducida que incluye
la exoneración de responsabilidad a los desarrolladores por el uso que terceros hagan de sus modelos.
"El objetivo de las grandes tecnológicas de alcanzar una legislación favorable a sus intereses se enfrenta a una élite política dividida"
El objetivo de las grandes tecnológicas de alcanzar una legislación favorable a sus intereses
se enfrenta a una élite política dividida. En las filas del Partido Demócrata,
Bernie Sanders y otros políticos se han pronunciado por una moratoria del despliegue de centros de datos. Mientras, dentro del
movimiento MAGA existen diferencias sobre la regulación de la IA entre
el sector más populista y el grupo de aceleracionistas tecnológicos. El posicionamiento de los miembros de los grupos políticos es tan solo un reflejo de
la preocupación de los votantes por la implantación de la IA. Entre las comunidades con mayor número de centros de datos, existe una
oposición creciente a nuevos proyectos de infraestructuras digitales. Es patente también la inquietud por la eliminación de puestos de trabajo debido a
la creciente automatización de tareas en todo tipo de empleos.
En este entorno,
las elecciones al Congreso de EE. UU. de medio término en noviembre de 2026 se configuran como clave para el negocio de la IA. Estarán en juego
los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado. La maquinaria electoral de las grandes tecnológicas se ha puesto en marcha con la creación del
super PAC "Leading the Future" (LTF). Entre los patrocinadores del grupo se encuentran
Andreessen Horowitz, Greg Brockman (cofundador de OpenAI), Joe Lonsdale (cofundador de Palantir) y la empresa Perplexity. El comité
ha recaudado ya más de 140 millones de dólares con el objetivo de "impulsar una agenda positiva y con visión de futuro para la innovación en IA en Washington D. C. y en todos los estados mediante la identificación, el mantenimiento y el crecimiento de candidatos favorables a esta tecnología a nivel estatal y federal".
"Tras la captura política del Ejecutivo estadounidense, la industria de la IA busca orientar al legislativo hacia sus posiciones"
Tras la captura política del Ejecutivo estadounidense, la industria de la IA busca orientar al legislativo hacia sus posiciones. Necesita para ello introducir en el Congreso políticos favorables a sus tesis de ambos partidos, por lo que
ha contratado como líderes a
sendos estrategas asociados a cada uno de ellos. Se busca la aprobación de una legislación de IA que active
un efecto Washington que desplace globalmente el efecto Bruselas, sustituyendo el enfoque europeo precautorio en el uso de la IA por la autorregulación de las empresas. El candado final es
el presidente Trump, que ha de ratificar la norma que emane del Congreso y que espera que su propuesta se convierta en "una legislación que el presidente pueda firmar".
LTF no será el único
super PAC que entre en juego a favor de la industria de la IA en el ciclo electoral de 2026; tampoco será el único instrumento. La noche del 3 de noviembre de 2026,
el triunfo de los tecnoligarcas no dependerá de una victoria republicana o demócrata. La constatación del éxito o fracaso de la industria de las plataformas habrá de hacerse
contando el número de candidatos y candidatas que resulten electos con fondos de las grandes tecnológicas.