Desde el pasado 1 de octubre de 2025 a medianoche, el Gobierno federal de los Estados Unidos está cerrado, fruto de una
disputa entre republicanos y demócratas en relación con el presupuesto del año fiscal 2026 y la financiación de las distintas agencias gubernamentales para ese periodo, que empieza precisamente el 1 de octubre.
Aunque los republicanos controlan la presidencia y las dos cámaras legislativas, los demócratas disponen —por el momento— de una minoría de bloqueo en el Senado, puesto que se necesitan sesenta votos allí para reabrir el Gobierno, y actualmente los republicanos solo disponen de 52 de los 53 propios (Rand Paul, el senador de Kentucky, es siempre un verso suelto en estas cuestiones).
A estos, se añadirían tres demócratas, según se ha visto en las diversas votaciones que se han ido produciendo en los últimos días.
Razones para el bloqueo del Partido Demócrata
¿Por qué están los demócratas bloqueando la reapertura del Gobierno? Por una mezcla de motivos entre razonables y partidistas. En el primer grupo hallamos el uso del cierre del Gobierno como un mecanismo para forzar a los republicanos a negociar el fin de los subsidios gubernamentales a seguros médicos privados, que de no prorrogarse expirarán el 31 de diciembre. Este hecho provocaría que las primas se disparen, expulsando a millones de estadounidenses del mercado, dejándolos sin seguro, y golpeando así el gran logro de la presidencia de Barack Obama, el Obamacare, que amplió en varias decenas de millones el número de estadounidenses asegurados.
"Los líderes demócratas en la Cámara de Representantes y en el Senado precisan mostrar espíritu de lucha frente a los republicanos"
En el segundo grupo hallamos el hecho de que los líderes demócratas en la Cámara de Representantes y en el Senado precisan mostrar espíritu de lucha frente a los republicanos. En marzo de este año la financiación del Gobierno federal estaba a punto de expirar, pero los demócratas —particularmente en el Senado— acabaron votando a favor de una extensión de la misma hasta septiembre. Este hecho provocó auténticos aullidos de furia entre las bases del partido y puso en peligro, en particular, la posición de Chuck Schumer. Schumer es el líder de la minoría demócrata en el Senado, el cual tendrá que presentar a la reelección en 2028. Contra él, diversos demócratas del ala izquierda del partido están animando a la congresista Alexandria Ocasio-Cortez a que se presente en las primarias.
El neoyorquino debe tener encuestas que muestran a las claras el riesgo en el que se encuentra, motivo por el cual su actitud en esta ocasión está siendo mucho menos contemporizadora que en el pasado mes de marzo.
El principal problema al que se enfrentan los demócratas es que, como consecuencia del cierre del Gobierno, unos 900.000 funcionarios han sido enviados a su casa. Además, otros 700.000 continúan trabajando obligatoriamente —sin paga en ambos casos—, y desde el 15 de octubre los funcionarios militares se unirán a estos funcionarios civiles, aunque Trump ha desviado —de manera completamente ilegal— fondos para que los de la rama militar continúen cobrando su sueldo.
Las encuestas muestran que, por el momento, el público reparte las culpas equitativamente entre republicanos y demócratas. En el pasado, durante otros cierres gubernamentales el partido que los provocaba —casi siempre los republicanos— era culpado de inmediato por el cierre. No obstante, en este caso el tiempo corre en contra de los demócratas.
Atrapados entre una opinión pública general que más tarde o más temprano exigirá el restablecimiento de los servicios públicos en toda su extensión, los demócratas deberán hacer frente a unos funcionarios civiles que exigirán poder cobrar su salario y a unas bases enfurecidas que quieren pelea contra Trump y los suyos.
Su posición no es envidiable.
Hasta el momento están siendo ayudados por una disciplina intrapartidaria sólida —una unidad de discurso rara entre ellos—, y por la característica indisciplina verbal de Trump y de los republicanos, a los que, además, tener el Gobierno cerrado es algo que no les suele preocupar mucho, porque en definitiva esta no deja de ser una forma de debilitar a los funcionarios. Como se vio durante los meses en que Musk dirigió sus miras contra las agencias del Gobierno: este punto
forma parte de la estrategia del GOP.
"El tiempo corre en contra de los demócratas y tarde o temprano tendrán que hallar algún mecanismo que les permita salir airosos"
Pero, como digo, el tiempo corre en su contra y tarde o temprano tendrán que hallar algún mecanismo que les permita salir airosos. La prórroga de los subsidios del Obamacare es, en ese sentido, la mejor apuesta demócrata, y al tratarse la expiración de dichos subsidios de una cuestión enormemente impopular, incluso entre los republicanos, es posible que los demócratas consigan un compromiso republicano para la prórroga. Dicha prórroga, por cierto, le creará a su vez un dolor de cabeza al presidente de la Cámara, Mike Johnson, porque muchos de sus congresistas se oponen dicha prórroga. Volviendo a los demócratas, parece complicado que ese compromiso con el Obamacare vaya a ser suficiente para calmar a sus bases, y está por ver si estas considerarán cualquier pacto como una rendición.
La realidad es que ya hay tres senadores demócratas votando a favor de reabrir el Gobierno en cada ocasión en que se plantea la cuestión, y con que cinco más se les unan —y hay muchos senadores demócratas en Estados ganados por Trump en 2024— los demócratas perderán cualquier capacidad de bloqueo para mantener el Gobierno cerrado. Razón de más para intentar alcanzar algún tipo de acuerdo cuanto antes.