El primer discurso de Andy Burnham ante el congreso laborista como primer ministro británico, pronunciado este martes,
podría marcar un punto de inflexión. Fue una intervención de amplio alcance y gran carga emocional con la que trató de cambiar el rumbo de un Reino Unido que lleva años sin una dirección clara y también el de su Gobierno, que hasta hace poco
parecía abocado a perder frente al nacionalismo de derechas de Reform UK.
El discurso de Burnham combinó
una ambiciosa agenda de política nacional, una ruptura clara con el pragmatismo cauteloso de su predecesor,
Keir Starmer, y la voluntad de reabrir debates que el Partido Laborista había considerado políticamente intocables.
"El discurso de Burnham combinó una ambiciosa agenda de política nacional, una ruptura clara con el pragmatismo cauteloso de su predecesor, Keir Starmer"
Sin embargo, también dejó al descubierto
las limitaciones fiscales, políticas y electorales que afronta Burnham, así como la ausencia de una estrategia detallada para recuperar el crecimiento en una economía que sigue acusando una baja productividad y unas cuentas públicas muy ajustadas.
Cuidados, pensiones, reforma electoral y Europa
Burnham aprovechó el discurso para presentar una serie de reformas que
suponen un giro importante respecto a las posiciones recientes de los laboristas. La más ambiciosa es la creación de un Servicio Nacional de Cuidados. Sería universal, gratuito en el momento de recibir la atención e inspirado en los principios del Servicio Nacional de Salud británico (NHS). El objetivo no es otro que
evitar que el coste de los cuidados de larga duración obligue a las familias a vender su vivienda o agotar sus ahorros. Burnham lo vinculó directamente con su propia experiencia: la casa de su abuela tuvo que venderse para financiar su atención.
Huelga decir que
financiar un sistema de este calibre representa un enorme desafío. Burnham confirmó que el Partido Laborista eliminará a partir de 2030 la actual "triple garantía" de las pensiones. Esta regla, introducida en 2011, establece que la pensión pública británica aumenta cada año en función del mayor de estos tres valores: la inflación, la evolución de los salarios medios o el 2,5%. Burnham plantea sustituirla por una "doble garantía", según la cual
las pensiones subirían de acuerdo con la inflación o el 2,5%, mientras que la evolución de los salarios solo se tendría en cuenta cuando la pensión quedara por debajo del 30% del salario medio.
Los cálculos oficiales estiman que
este cambio podría ahorrar alrededor de 15.000 millones de libras anuales para 2040. Sin embargo, análisis independientes apuntan a que esa cantidad no bastaría para financiar un sistema universal de cuidados, lo que podría obligar al Partido Laborista a presentarse a las próximas elecciones prometiendo una subida de impuestos. Burnham sostuvo además que
un sistema de cuidados que funcione mejor reduciría la presión sobre el NHS y permitiría liberar recursos con el paso del tiempo, aunque varios centros de estudios advierten de que no conviene dar por hecho que esos ahorros serán elevados.
"El ahorro no bastaría para financiar un sistema universal de cuidados, lo que podría obligar al Partido Laborista a presentarse a las próximas elecciones prometiendo una subida de impuestos"
El primer ministro británico también confirmó que
la reforma electoral estará incluida en el próximo programa del Partido Laborista. Anunció una comisión nacional con representación de distintos partidos para plantear alternativas al actual sistema mayoritario uninominal a una vuelta. Burnham argumentó que
los gobiernos elegidos con menos del 30% de los votos carecen de legitimidad democrática. Fuentes oficiales aclararon posteriormente que no defiende un sistema puramente proporcional y que pretende conservar el vínculo entre los diputados y sus circunscripciones.
En relación con Europa,
Burnham fue más lejos que ningún líder laborista desde el referéndum del Brexit. Afirmó sin rodeos que "el Brexit ha hecho más daño que bien", al señalar su impacto negativo sobre el crecimiento económico y el incumplimiento de la promesa de recuperar el control de la inmigración.
Burnham se comprometió a aprovechar la próxima cumbre entre la Unión Europea y el Reino Unido para "exponer las distintas opciones" sobre la
relación a largo plazo del país con Europa.
Entre ellas mencionó fórmulas similares a las de Noruega, Suiza o Canadá, además de
la unión aduanera, el mercado único o incluso la posibilidad de revertir por completo el Brexit. El planteamiento supone
una ruptura clara con las líneas rojas de Starmer, aunque Burnham apenas concretó qué alternativa prefiere ni cómo pretende construir un consenso político en torno a ella.
"Burnham se comprometió a aprovechar la próxima cumbre entre la Unión Europea y el Reino Unido para "exponer las distintas opciones" sobre la relación a largo plazo del país con Europa"
Más allá de estas grandes reformas, Burnham prometió nuevos poderes para que las autoridades locales puedan obligar a los propietarios a mejorar las viviendas en malas condiciones, revertir la privatización de las compañías de agua impulsada por Margaret Thatcher en 1989 y aprobar medidas de apoyo a quienes compran su primera vivienda. En conjunto,
los compromisos apuntan a un intento amplio de ampliar el papel del Estado en la vivienda, los servicios públicos y las infraestructuras sociales.
Emoción, ideología y unidad nacional
El estilo del discurso
resultó incluso más llamativo que su contenido político. De manera poco habitual en la política británica, Burnham pronunció una intervención personal y emotiva. Se detuvo varias veces al hablar de
la reciente muerte de su padre, que padecía demencia, y de los trabajadores que lo cuidaron.
También recurrió a recuerdos de su infancia y de su historia familiar para explicar el origen de sus convicciones políticas,
estableciendo un vínculo directo entre su experiencia personal y las políticas públicas. Este grado de exposición emocional, muy poco frecuente en los discursos políticos británicos, supone también una clara ruptura con el estilo seco y tecnocrático de Starmer.
El primer ministro enmarcó además
su programa en términos ideológicos. Habló de romper con "las ideas equivocadas de los últimos cuarenta años", criticó las privatizaciones por haber privado al país de parte de su "patrimonio común" y marcó una clara distancia con la derecha en la defensa de la propiedad pública. Evitó, sin embargo, los ataques directos contra sus adversarios y
optó por presentar una visión política y moral más amplia.
También hubo espacio para hacer varias referencias a la unidad nacional. Burnham presentó su programa como
una propuesta capaz de "mantener unido al país" y de "permitirnos volver a levantarnos", en respuesta a las presiones nacionalistas en Escocia y Gales.
"Este grado de exposición emocional supone también una clara ruptura con el estilo seco y tecnocrático de Starmer"
El primer ministro también reivindicó
la necesidad de asumir riesgos políticos. Reconoció que muchas de sus reformas serán difíciles y que "puede pagar un precio político" por ellas, pero insistió en que alguien tenía que "arrancar la tirita de una vez". Esta disposición a aceptar costes políticos
contrasta con el gradualismo más prudente de Starmer.
La estrategia de crecimiento que falta
Pese a su ambición, el discurso dejó un vacío importante:
el exalcalde del Gran Mánchester no presentó un plan detallado sobre cómo pretende su Gobierno reactivar el crecimiento económico, la innovación y la productividad. Describió el Brexit como un "freno de mano al crecimiento" y defendió que redefinir la relación del Reino Unido con Europa es esencial para garantizar la prosperidad a largo plazo. Pero no ofreció una estrategia inmediata para ganar margen presupuestario en un momento de encarecimiento de la financiación y estrechez de las cuentas públicas.
"No ofreció una estrategia inmediata para ganar margen presupuestario en un momento de encarecimiento de la financiación y estrechez de las cuentas públicas"
El Servicio Nacional de Cuidados, la reforma electoral y las medidas sobre el agua son reformas estructurales, pero
ninguna de ellas está pensada para impulsar el crecimiento. Sí es cierto que la modificación de la triple garantía de las pensiones libera recursos, pero no amplía la base fiscal. Burnham prometió aliviar el impacto del coste de la vida, pero
no explicó de dónde saldrá la inversión necesaria para sostener sus ambiciones a largo plazo.
Varios ministros ya han advertido de que
"la gente tiene que empezar a notar beneficios reales el año que viene" y de que la impaciencia de la ciudadanía podría crecer más deprisa que la capacidad del Gobierno para ofrecer resultados. La tensión entre unas reformas profundas a largo plazo y la ausencia de una estrategia de crecimiento a corto plazo
probablemente se convierta en uno de los principales desafíos del mandato de Burnham.
Una recuperación todavía precaria
Desde que Burnham se convirtió en primer ministro en julio,
el Partido Laborista ha recuperado apoyo y la ciudadanía británica ha reaccionado de forma bastante positiva a su
nuevo estilo de liderazgo y a las ideas que ha ido introduciendo progresivamente en el debate político.
La última estimación de More in Common muestra que, al final del mandato de Starmer, el Partido Laborista obtendría apenas 110 escaños. Con Burnham,
la proyección asciende ahora a 250, lo que lo situaría como primera fuerza parlamentaria, aunque todavía a 76 escaños de la mayoría. Reform UK ha retrocedido con fuerza respecto a su máximo del verano:
ha pasado de una proyección de 293 escaños en julio a 147. Los conservadores, por su parte, se han estabilizado en 125.
El mapa electoral está muy fragmentado. Casi la mitad de las circunscripciones se decidirían por menos de cinco puntos porcentuales, por lo que
pequeños movimientos en el voto podrían alterar de forma considerable el equilibrio de fuerzas. La estimación de voto sitúa al Partido Laborista en el 26%, frente al 24% de Reform UK y el 22% de los conservadores. Los últimos sondeos muestran además que
el apoyo al partido gobernante está ahora menos concentrado en Londres desde la llegada de Burnham a Downing Street, con avances en el noreste y el noroeste de Inglaterra y en Gales.
"Casi la mitad de las circunscripciones se decidirían por menos de cinco puntos porcentuales; pequeños movimientos en el voto podrían alterar el equilibrio de fuerzas"
Burnham ha estabilizado al Partido Laborista y
lo ha devuelto a la primera posición en las proyecciones, pero el escenario electoral sigue siendo muy volátil. Su decisión de descartar unas elecciones anticipadas refleja esos riesgos y también la sensación de que
necesita más tiempo para convencer a la ciudadanía británica de los profundos cambios que ha empezado a plantear.