Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

¿Qué pasa en EE. UU.? Anatomía del trumpismo como coalición populista

A pesar de las diversas interpretaciones sobre el fenómeno Trump, las evidencias más recientes dibujan a los afines al presidente estadounidense como una gran coalición con diversos intereses. Unidos por una percepción de crisis o el consentimiento de la degradación institucional, el 'Make America Great Again' consigue aglutinar a perfiles muy distintos que son arrastrados por un núcleo duro radical.

Agenda Pública Agenda Pública 26 de enero de 2026
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La gorra roja con el lema 'Make America Great Again' se ha convertido en el símbolo MAGA por excelencia. | Charles-McClintock Wilson / Zuma Press / ContactoPhoto
La gorra roja con el lema 'Make America Great Again' se ha convertido en el símbolo MAGA por excelencia. | Charles-McClintock Wilson / Zuma Press / ContactoPhoto
Durante años, el trumpismo se ha explicado a través del retrato de una América enfundada en gorras rojas, homogénea, enfurecida y atrapada en una lógica casi sectaria. Sin embargo, el informe Beyond MAGA, de More in Common, desmonta ese cliché. Lejos de ser un culto monolítico, el trumpismo es hoy una coalición electoral de masas, amplia y heterogénea, que reunió 77 millones de votos en 2024. Un bloque unido menos por una ideología cerrada que por un relato compartido de crisis nacional y por un clima emocional común (resentimiento contra las élites, miedo al declive moral y fascinación por el liderazgo fuerte), pero atravesado por tensiones internas que pueden marcar su evolución futura.

"En el trumpismo existe un núcleo radical, intensamente movilizado, que convive con periferias más moderadas las cuales, sin asumir plenamente sus posiciones más extremas, toleran al núcleo"
Esta arquitectura híbrida es la clave de la resiliencia del proyecto trumpista. Un núcleo radical, intensamente movilizado, convive con periferias más moderadas que, sin asumir plenamente sus posiciones más extremas, las toleran, las legitiman y acaban normalizándolas. El resultado no es una ruptura ni una radicalización súbita, sino una deriva gradual del sistema político, en la que los límites de lo aceptable se desplazan poco a poco sin que la coalición llegue a fracturarse.

Una coalición, no una secta

El informe desmonta uno de los reduccionismos más extendidos en el relato mediático sobre el trumpismo. Pese a haber construido la mayor coalición electoral contemporánea en Estados Unidos (63 millones de votos en 2016, 74 en 2020 y 77 en 2024), solo el 38% de los votantes de Trump considera que "ser MAGA" sea una parte importante de su identidad política. A partir de un amplio programa de investigación que combina más de 10.000 entrevistas a votantes de Trump realizadas entre 2025 y enero de 2026, More in Common identifica cuatro grandes segmentos dentro de esta coalición: los MAGA radicales (29%), los conservadores antiwoke (21%), los republicanos tradicionales (30%) y la derecha reticente (20%).

"La idea de crisis normaliza lo que es un estado constante de excepcionalidad. Incluso los sectores más moderados comparten el diagnóstico, aunque discrepen en las soluciones"
Desde el punto de vista analítico, esta diversidad no debilita al populismo trumpista, sino que constituye una de sus principales fortalezas. El 87% de sus votantes percibe que Estados Unidos atraviesa una
crisis total (fronteras abiertas, criminalidad, sinhogarismo), frente al 52% de la media nacional y apenas el 29% entre los votantes de Harris. Esta percepción generalizada de colapso activa un poderoso marco de "nosotros en peligro", que cohesiona a la coalición al tiempo que legitima la adopción de medidas excepcionales y reduce la resistencia a la erosión de los contrapesos democráticos.



Por tanto, esa crisis normaliza lo que es un estado constante de excepcionalidad. Incluso los sectores más moderados comparten el diagnóstico, aunque discrepen en las soluciones. La coincidencia explica por qué tienden a tolerar (y en ocasiones a justificar) el radicalismo del núcleo duro, siempre que se presente como respuesta necesaria a una amenaza percibida como existencial.

Un movimiento, diferentes facciones

La coalición trumpista revela un alto grado de radicalización que va del extremismo doctrinal al conservadurismo transaccional, con solapamientos suficientes para garantizar la cohesión interna. No se trata de compartimentos estancos, sino de posiciones interconectadas que permiten que el proyecto avance sin romperse.



MAGA radicales. Constituyen el núcleo ideológico y emocional del trumpismo. Profundamente religiosos, interpretan la política como una batalla moral entre el bien y el mal: el 74% considera que apoyar a Trump forma parte de "vivir su fe" y el 94% cree que Dios lo protegió en el atentado de 2024. Son el segmento más dispuesto a respaldar rupturas explícitas del orden constitucional, como un tercer mandato (69%) o campos de detención (73%), y el que concibe a la izquierda como una amenaza existencial. Su función es la de vanguardia movilizadora, empujando los límites del discurso y de lo políticamente aceptable, en un papel comparable al de los movimientos identitarios en la extrema derecha europea.

Conservadores antiwoke. De perfil socioeconómico más acomodado y altamente politizado, canalizan su radicalismo a través de la guerra cultural. Perciben "lo woke" como una infiltración sistemática en educación, medios e instituciones (96% lo considera un problema grave). Menos teológicos que los MAGA radicales, actúan como intelectuales orgánicos del trumpismo, articulando un marco discursivo coherente, amplificando el conflicto cultural y sirviendo de puente entre el núcleo radical y las élites económicas y mediáticas.

Republicanos tradicionales. Representan el conservadurismo tradicional del GOP. Están menos movilizados emocionalmente y valoran a Trump de forma instrumental, como ejecutor eficaz de políticas clásicas (control fronterizo, economía, estabilidad cultural). Funcionan como anclaje de respetabilidad institucional: aunque muestran mayor reticencia ante algunos excesos (menor apoyo a deportaciones sin garantías), su respaldo es clave para que el trumpismo no sea percibido únicamente como una expresión marginal de la derecha radical.

Derecha reticente. Es el segmento más frágil y el principal punto de vulnerabilidad de la coalición. Se trata de votantes transaccionales, con mayor apego al bipartidismo y al respeto constitucional, solo el 41% mantiene plena confianza en su voto. Su lealtad responde más al rechazo a los demócratas que a una adhesión ideológica profunda, lo que los convierte en el grupo más propenso a desertar ante una crisis económica sostenida o una radicalización institucional excesiva.

"Estos cuatro grandes grupos explican la resiliencia del trumpismo: los extremos activan y empujan, los sectores intermedios legitiman y normalizan, y el elemento cohesivo es Trump como figura totémica"
Estos cuatro grandes grupos explican la resiliencia del trumpismo: los extremos activan y empujan, los sectores intermedios legitiman y normalizan, y el elemento cohesivo es Trump como figura totémica, identificado como principal referente político por el 73% de sus votantes. La fuerza del proyecto no reside en la homogeneidad, sino en su capacidad para integrar radicalidad y moderación dentro de un mismo marco de crisis compartida.

Populismo de derecha radical en acción

El informe muestra el populismo de derecha radical como una lógica moral: un "pueblo auténtico" enfrentado a élites progresistas y a minorías percibidas como favorecidas, articulado en torno a un líder carismático que se presenta como encarnación directa de la voluntad popular, incluso por encima de las instituciones.

Este marco tiene consecuencias claras. Un 55% de los votantes de Trump justifica que el presidente "ponga a prueba los límites constitucionales" porque la política ordinaria "ya no funciona", y alrededor del 40% respaldaría la usurpación de competencias del Congreso o la desobediencia al Tribunal Supremo en situaciones definidas como de "emergencia". La inmigración ilustra bien esta lógica: no es xenofobia indiscriminada (la calidez hacia inmigrantes legales es similar a la media nacional. Más bien, se trata de un nativismo selectivo que legitima políticas iliberales bajo una retórica patriótica de protección nacional.

"Entre los votantes jóvenes emerge un «nuevo tradicionalismo» marcado por la aceptación de jerarquías de género (26%), la reivindicación de «más masculinidad» y una tolerancia a ignorar al Tribunal Supremo"
La novedad más inquietante es generacional. Entre los votantes jóvenes emerge un "nuevo tradicionalismo" marcado por la aceptación de jerarquías de género (26%), la reivindicación de "más masculinidad" (49%) y una preocupante tolerancia a ignorar al Tribunal Supremo (casi el 50%). No es una nostalgia
boomer ni un residuo del conservadurismo clásico, sino una contracultura autoritaria juvenil, antisistema y radicalizada desde abajo, que introduce un factor de inestabilidad adicional en el horizonte democrático.

Lo woke y la restauración moral

La guerra antiwoke funciona como el principal pegamento simbólico de la coalición trumpista. El 79% de sus votantes la percibe como un problema grave, frente a una preocupación sensiblemente menor entre el electorado demócrata. Para los MAGA radicales se trata de una cruzada moral; para los conservadores antiwoke, de una reconquista cultural; y para los sectores más moderados, de una defensa del orden social frente a lo que perciben como desbordamientos progresistas. El resultado es una moralización de la política: el 82% prefiere que "su lado gane completamente" antes que apostar por la unidad nacional.

Esta situación transforma la política en un proyecto de restauración moral. El ejercicio del poder deja de justificarse por su eficacia o legalidad y pasa a presentarse como una forma de purificación: una América que debe ser "recuperada", corregida y reordenada conforme a una jerarquía moral previa. Es en esta lógica donde el populismo autoritario encuentra su mayor capacidad de arraigo.

Implicaciones para la democracia

El trumpismo no es una anomalía pasajera ni un episodio coyuntural. Mientras logre combinar eficacia económica percibida, dureza migratoria y guerra cultural, la coalición tiene capacidad para sostenerse en el tiempo. Sin embargo, su lógica interna (crisis permanente más liderazgo fuerte) entraña riesgos estructurales para la democracia liberal: una proporción significativa de sus votantes acepta la erosión de los contrapesos institucionales, y las generaciones más jóvenes no solo no corrigen esta deriva, sino que tienden a amplificarla.

"Para la oposición política, la principal grieta se encuentra en la derecha reticente, sensible a los resultados económicos y a los límites constitucionales"
Para la oposición política, la principal grieta se encuentra en la derecha reticente, sensible a los resultados económicos y a los límites constitucionales; para los analistas, la incógnita clave es si el gradiente actual de radicalización terminará homogeneizándose bajo presión (crisis económica, atentados, conflictos internacionales) o si mantendrá sus equilibrios internos. Las evidencias invitan a abandonar definitivamente el cliché del "MAGA monolítico" y a comprender una derecha populista compleja, con dinámicas internas que ofrecen lecciones directas para Europa.


El futuro del trumpismo dependerá, en última instancia, de si esta coalición logra canalizar la percepción de crisis hacia reformas dentro del marco constitucional o si opta por rupturas abiertas con el orden democrático. En esa disyuntiva (más que en las elecciones concretas) se juega hoy el verdadero campo de batalla democrático.
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