Martes, 28 de julio de 2026
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Qué esperar de 2026: las claves de nuestras Firmas Top

La lucha por la hegemonía mundial, el desarrollo de la inteligencia artificial o el fin de los fondos Next Generation. A juicio de cinco nuestras Firmas Top, estos son algunos de los principales desafíos que se desarrollarán en 2026. Desde una visión, europea española o estadounidense, Eva Valle, Jeremy Cliffe, J. P. Carroll, Belén Carreño y Santiago Fernández Muñoz analizan qué desafíos deparará este año.

Agenda Pública Agenda Pública 5 de enero de 2026
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Nuestras Firmas Top. | Agenda Pública
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Aunque a menudo se suele entender como una fecha más, lo cierto es que la política y la economía entienden perfectamente lo que es un cambio de año. Enero da comienzo al año 2026 y con él llegan nuevos horizontes que pueden marcar la dirección que tomen España, la Unión Europea o potencias hegemónicas como China o Estados Unidos. 

Hemos preguntado a nuestras Firmas Top qué esperan del año que ya ha arrancado desde sus disciplinas. Para Jeremy Cliffe, este es "un año de transición", pero de gran importancia. Para Belén Carreño, 2026 es un año "de máxima incertidumbre". Así, entre el cambio y las dudas, nuestras firmas dibujan las principales curvas que, más tarde o más temprano, se encontrarán deberán los líderes políticos mundiales.

¿Una Unión Europea unificada en su agenda?
 


Eva Valle. Economista y exdirectora de la Oficina Económica del presidente del Gobierno
Empezando por el acuerdo de paz en Ucrania, existe una probabilidad elevada de que se produzca en la primera mitad de 2026 y, en ese caso, mostrará la fuerza relativa en la escena global de Estados Unidos frente a la Unión Europea y de esta frente a Rusia. En paralelo, el aumento de la tensión de Estados Unidos con la Unión Europea es previsible que continúe creciendo tanto en intensidad como en alcance, como ya se ha visto a finales de 2025. Ante esto, la pregunta es si la Unión Europea será capaz de actuar de forma unificada, abarcando, de forma coordinada, todos los ámbitos estratégicos de su agenda europea y ejerciendo así el poder derivado de su tamaño y relevancia global.

Por otro lado, el riesgo de sobrevaloración de la bolsa en 2026 será sobre todo en Estados Unidos, donde la concentración del mercado en torno a un puñado de empresas tecnológicas es elevada: ¿será el incremento de la productividad asociado a la inteligencia artificial en el corto plazo suficiente para justificar estas subidas o se producirá una corrección? A esto se suman posibles tensiones en los mercados cambiarios, derivadas de la no corrección de los desequilibrios comerciales y fiscales de Estados Unidos, cuando la política arancelaria de Trump no de los resultados esperados, con atención a quién será la nueva cabeza de la Fed. Mientras tanto, el crecimiento en la Eurozona continuará siendo débil y con riesgos en sus dos grandes economías: la situación fiscal en Francia es muy delicada y Alemania sigue sin encontrar su motor de crecimiento, y en ambos casos la situación política no es proclive a la toma de las decisiones necesarias para revertir la situación, en Francia por la inestabilidad parlamentaria y en Alemania por una coalición fruto de la necesidad, pero sin un programa reformista suficiente. En este contexto, el giro de los electorados hacia opciones más euroescépticas, más críticas con la inmigración, más proteccionistas puede dificultar la toma de decisiones de forma unificada en Europa en defensa de sus intereses y la puesta en marcha de políticas de reforma necesarias frente a opciones de cierre de mercados y crítica al comercio internacional. Por último, el ritmo de la agenda climática en Europa determinará su capacidad de competir y de definir su verdadera independencia energética en un entorno cambiante.
La agenda de la derecha radical, China y Estados Unidos
 


Jeremy Cliffe. Director editorial del European Council of Foreign Relations
Tras el impacto inicial del segundo mandato de Trump en 2025 y antes del crucial año político de 2027, los próximos doce meses podrían ser un año de transición. Sin embargo, tres tendencias europeas concretas, fundamentales para el resto de la década de 2020 y más allá, se aclararán a lo largo de 2026.

La derecha radical europea elaborará sus recetas para gobernar. Su crecimiento ha sido un proceso de evolución interna; la creciente proximidad y el contacto con el poder la han obligado a desarrollar sus ideas sobre el Estado, la política interior y exterior y las normas democráticas. El año 2026 nos dirá mucho sobre ese proceso. La Alternativa para Alemania (AfD) podría ganar el control de su primer gobierno estatal en Alemania. En Francia, se cristalizará la plataforma presidencial del Rassemblement National para 2027. Las elecciones en Hungría podrían mostrar hasta qué punto estos partidos pueden doblegar un sistema democrático antes de que se rompa. Las apuestas de la Administración Trump por fortalecerlos podrían desempeñar un papel importante.


Se perfilará el futuro fiscal de Europa. No hay mejor explicación para el annus horribilis que vivió Europa en 2025 que su incapacidad a largo plazo para invertir más y de forma más coordinada. El año 2026 nos dirá mucho sobre si eso podría cambiar. La expansión fiscal de Alemania cobrará impulso, junto con (esperemos) su efecto de contagio al sector privado. Comenzará el innovador plan de préstamos de la UE para Ucrania. El programa NextGenerationEU llegará a su fin. Se alcanzarán acuerdos y coaliciones decisivos sobre el próximo presupuesto de la UE, incluyendo su forma y tamaño.

Europa intentará tejar alianzas en el espacio global intermedio entre Estados Unidos y China. La única vía para una Europa acorralada por Washington y Pekín es cooperar con ambos cuando sea prudente, reforzar sus propias defensas coercitivas y profundizar sus conexiones con otras potencias que también se ven presionadas por las dos potencias. En cuanto a este tercer punto, los próximos meses también serán aleccionadores: conversaciones cruciales sobre acuerdos comerciales con Mercosur y la India; la aplicación del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) y el Pacto por el Mediterráneo; y nuevos vínculos con socios de Asia oriental, como la participación de Japón en la iniciativa de investigación Horizonte Europa. La capacidad de Europa para tejer estos avances en una red más densa de cooperación entre potencias medias ayudará a determinar su relevancia en un orden multipolar.
La Casa Blanca apunta a las elecciones, América Latina y Europa
 

J. P. Carroll. Investigador principal de Seguridad Nacional y Gobernanza Inclusiva del Centro Rainey de Políticas Públicas
El año 2026 estará lleno de retos, oportunidades y preguntas sin respuesta en la escena internacional. Desde Washington D. C., estas son las tres cosas a las que prestaré especial atención:

Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. Aunque estas elecciones están bastante lejos, en noviembre de 2026, la campaña ya está en marcha y muchos candidatos ya compiten en las primarias antes de las campañas electorales generales que comenzarán en primavera. Los resultados de estas primarias nos darán mucha información sobre la dirección futura de los partidos republicano y demócrata en lo que respecta a lo que entusiasma a sus votantes, de cara a las elecciones primarias presidenciales de 2028. Además, cualquiera que sea el partido que salga victorioso en las elecciones de mitad de mandato, tendrá un gran impacto en la agenda del presidente Trump. Si los republicanos mantienen el control del Congreso de los Estados Unidos, la agenda del presidente Trump continuará, mientras que si los demócratas ganan una o ambas cámaras, la agenda de Trump se enfrentará a vientos en contra y es probable que haya más enfrentamientos entre la Administración y un Congreso controlado por el Partido Demócrata.

El actual momento de las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Aunque no está claro cómo evolucionarán las cosas en Venezuela, será interesante ver qué efecto dominó puede tener en las relaciones de Estados Unidos con América Latina en general. Además, Brasil, Colombia, Costa Rica, Haití y Perú celebrarán elecciones en 2026. Por otra parte, Chile acaba de elegir un nuevo presidente —y será interesante ver cómo se llevan él y el presidente Trump— y aún está por ver qué pasará con los resultados de las recientes elecciones en Honduras, ya que el recuento aún no ha finalizado. Del reciente documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional se desprende claramente que el hemisferio occidental es una prioridad importante para la Administración Trump, algo que subraya la larga experiencia del secretario de Estado Marco Rubio en la región desde su etapa en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. También conviene considerar si, como consecuencia de las tensiones actuales en torno a Venezuela, algunos países de la región se alejarán de Estados Unidos y se volverán hacia China en busca de un mayor comercio y de inversión extranjera directa.

Las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea seguirán estando determinadas por los aranceles estadounidenses y su impacto en la economía mundial. Queda por ver si, a largo plazo, esto afectará a las relaciones comerciales transatlánticas. Además, veremos si las empresas europeas empiezan a buscar en China oportunidades de expansión e inversión en lugar de en Estados Unidos, debido a las continuas tensiones en materia de política comercial entre ambos bloques.
Año de incertidumbre económica
 

Belén Carreño. Periodista económica
Si en 2025 la palabra de moda fue incertidumbre, en 2026 el concepto será máxima incertidumbre. Los dos elementos que más están impactando en la economía mundial siguen siendo impredecibles. Por un lado, la errática política comercial de Donald Trump. Aún está pendiente que se dictamine la legalidad de los aranceles, y una vez que esto suceda se producirán los movimientos de precios que los importadores y fabricantes de coches llevan retrasando hasta saber de la permanencia de los recargos. La proximidad de las elecciones de medio término también puede disparar la creatividad del magnate, y con él, lo peor puede estar todavía por llegar.


El segundo factor es la burbuja o no de la inversión en inteligencia artificial. Cada vez son más voces las que hablan de una exuberancia irracional —y ahora digital— como la que advertía Alan Greenspan el gobernador de la Fed en su famoso discurso de 1996. Pero también hay quien espera que la IA de ese golpe inesperado en el que se puedan realmente hacer cosas fantásticas y eche a volar la productividad. Aunque esto ocurriera en 2026 —hay quien lo sitúa a un plazo de dos o tres años vista— lo hará acompañado de una importante bolsa de perdedores detrás, que la Administración tiene que estar ya pensando cómo atender.

Para España, y la UE, es el año en el que finaliza el programa de los fondos de recuperación europeos, uno de los más ambiciosos en la historia del bloque. Habrá que hacer balance y lecciones aprendidas. Mientras, la crisis de la vivienda que azota varias capitales del continente seguirá su camino, aunque el próximo año puede ser el pico de los precios.
Cincuenta millones de personas y un desafío presupuestario
 

Santiago Fernández. Exresponsable del Plan de Recuperación en Presidencia de Gobierno
La España de los cincuenta millones de habitantes y los cien millones de turistas. España superará en 2026 los cincuenta millones de habitantes, diez millones más que a comienzos de siglo y 3,5 por encima del nivel registrado en 2020. El fuerte aumento poblacional previsiblemente se mantendrá el próximo año, consolidando la singularidad demográfica española en el contexto europeo, con tasas de crecimiento claramente superiores a las de los principales Estados miembros.

A esta cifra se suma otra igualmente simbólica: todo apunta a que en
2026 recibiremos más de cien millones de turistas, lo que reforzará nuestra posición como principal potencia turística mundial. Se prevé la continuidad del crecimiento del sector, aunque a un ritmo más moderado que el observado en años precedentes.

Ambas cifras dibujan un país en fuerte crecimiento, pero con profundos retos para hacer frente a sus consecuencias. Es urgente desplegar políticas públicas ambiciosas, especialmente en materia de vivienda, para dar respuesta a la fuerte creación de hogares de los últimos años que continuará en el 2026. También es crítica la necesidad de abordar la concentración de la actividad turística en determinadas ciudades y espacios del litoral.

España después de los fondos Next Generation. Todos los hitos y objetivos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia deberán estar completados antes del 31 de agosto de 2026. Tras cinco años de una inyección extraordinaria de fondos europeos, el cierre formal del Plan no implicará el fin de sus efectos, ya que durante los próximos años continuarán ejecutándose un número muy relevante de proyectos financiados con el Next Gen. No obstante, el escenario posterior a agosto del 2026 enfrenta el desafío de garantizar la continuidad de los proyectos iniciados sin financiación europea y dar continuidad al esfuerzo inversor, especialmente en innovación.

La etapa final del Plan coincide, además, con el cierre de la negociación del nuevo Marco Financiero Plurianual, cuyo último borrador propone la elaboración de Planes de colaboración nacional y regional que ordenen las prioridades de gasto comunitario con un enfoque en parte similar al actual Plan de Recuperación. La orientación hacia las reformas estructurales y la alineación del gasto con las prioridades europeas supone un cambio profundo en la tradicional gestión de los fondos. La negociación final del documento determinará el nivel de centralización y el alcance de los cambios en la política de cohesión, un proceso no exento de contradicciones, en las que las inercias administrativas, como ya se ha evidenciado con los fondos Next Generation, serán factores determinantes para su desenlace.
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