Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

Nick Fuentes y los nuevos radicales de EE. UU.: supremacistas, antisemitas y ahora anti-Trump

Desde el antisemitismo y el supremacismo racial, le han dado la espalda a Donald Trump, a quien acusan de proteger más los intereses de Israel que los del "pueblo americano". Así son los 'groypers', un 'ciberejército' que representa una de las grietas más grandes dentro del movimiento MAGA. El periodista Mauricio Hdez. Cervantes ahonda en el fenómeno y se pregunta: "¿Cuál será el impacto de esta escisión del conservadurismo en la segunda mitad del segundo mandato de Trump?".

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 20 de mayo de 2026
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El  | Dominic Gwinn / Zuma Press / Europa Press
El | Dominic Gwinn / Zuma Press / Europa Press
Napoleón Bonaparte fue autor de citas memorables; varias de ellas pasaron a la historia. Otras no. Pero una de las que sí lo lograron es: "Cuando un rey ve que su pueblo está a punto de rebelarse contra él, inicia una guerra contra otro país". No hace falta explicación alguna sobre la importancia de la cita en el contexto geopolítico actual. Lo que sí merece una reflexión es la "rebelión" interna que vive el tambaleante imperio de Trump.

Todo comienza con un nombre: Nick Fuentes. Este muchacho, que aprendió a usar el streaming como púlpito, lo mismo que tantos otros, ha sabido (y muy bien) convertir la rabia en espectáculo. Su discurso no es otro que el de la vieja retórica supremacista mezclada con la estética digital de los nuevos radicales: memes, directos en redes sociales, provocaciones calculadas. Honestamente, no ha inventado algo nuevo, pero sí que ha sabido condensar el malestar que se multiplica en los márgenes del Partido Republicano (y del movimiento MAGA), donde el odio encuentra siempre nuevas formas de disfrazarse de identidad.

Ahora, antes de continuar, veamos brevísimamente cómo fue que la "marea populista" de Trump pasó de arrasar en las urnas a agrietarse de cara a las elecciones midterm. En 2024, siendo aún candidato y dos meses después de ser condenado judicialmente, fue víctima de un atentado (el que le rozó la oreja) que encendió varias alarmas sobre la veracidad de lo ocurrido. A pesar de aquella mácula judicial, el movimiento MAGA y los sectores más conservadores de EE. UU. lo apoyaron electoralmente y, tras una elección arrasadora, firmaron su vuelta a la presidencia. Una vez que asumió el cargo (por segunda ocasión), Trump no dudó en mostrar al mundo su lado más bravucón, pendenciero y desafiante: comenzó una guerra arancelaria con todos aquellos a los que calificó de enemigos o de rivales comerciales: China, México y la Unión Europea, principalmente. Después fue a peor. Sus ímpetus bélicos no quedaron saciados y redefinió las alianzas geopolíticas de su Administración (con Israel y Argentina, principalmente). Y comenzó así, con su expansionismo voraz: primero, con el desplante a Groenlandia; luego, las amenazas de intervención militar en México; no mucho más tarde llegó la invasión de Venezuela, y, mientras las ruinas de Caracas aún seguían humeando, cayó la guerra en Irán. ¿Y la arrasadora popularidad del líder que iba a llevar a "su pueblo" hacia la gloria nuevamente? Dividida, erosionada; altos mandos con renuncias sobre la mesa y opiniones internas tan divididas como lacerantes. Así las cosas, en poco menos de dos años.

"Ha quedado expuesto a todas luces que la guerra en Irán era más un compromiso de Trump con Israel que una cuestión de seguridad e interés estadounidenses"
Aunado a lo anterior, el talón de Aquiles de Trump es (y sigue siendo), sin duda alguna, el caso Epstein. Desde que esa cloaca se destapó (y de la que solo se ha visto la punta del iceberg) a principios de año, el movimiento MAGA no ha parado de agrietarse. Ya hemos ahondado aquí sobre el impacto de ese escándalo en la geopolítica, pero ahora, parece ser, es el tema que más ha hecho mella en la popularidad del presidente estadounidense: una vez reveladas esas piezas, ha quedado expuesto a todas luces que la guerra en Irán era más un compromiso de Trump con Israel que una cuestión de seguridad e interés estadounidenses.

Y es justo eso lo que nos lleva a este artículo. Hay dos cuestiones que los detractores internos de Trump le reclaman: haberse vendido a los intereses extranjeros (principalmente, a Israel); y, debido a lo anterior, sostener una guerra que ya le cuesta a su país alrededor de 30.000 millones de dólares.

Por lo pronto, en noviembre se celebrarán las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. ¿Cuál será el impacto de esta escisión en las filas internas del movimiento MAGA (y en las del Partido Republicano) en la segunda mitad del segundo mandato de Trump? Noviembre está a la vuelta de la esquina, y no hay plazo que no se cumpla.

Un ejército digital ultraderechista al que Trump ya no le sirve

Un dato importante: Nick Fuentes, uno de los rostros más visibles de quienes han dado la espalda al líder estadounidense, tiene solo veintisiete años. Cabe destacar que, por el lado paterno, tiene ascendencia mexicana y, por el materno, italiana e irlandesa. Es decir, tres herencias culturales fuertemente arraigadas en el catolicismo. Estudió Ciencia Política y Relaciones Internacionales en Boston, pero nunca se tituló.

Su carrera mediática comenzó en 2017 (siendo aún menor de edad en su país), en un mitin supremacista llamado Unite the Right ("Unir a la derecha"), y, ese mismo año, comenzó a transmitir en directo su programa America First ("América primero"), en el que, con una intención furibunda, difundió ideas ultranacionalistas y conspirativas. En pocas palabras, como todo hijo de su generación, su voz encontró un escaparate perfecto en la ecúmene digital, mucho más que en las tradicionales tribunas políticas o las sedes de partido.

Una de las voces que mejor ha contado este fenómeno, desde dentro, es Antonia Hitchens, en un artículo titulado No enemies to the Right, publicado en The New Yorker. La reportera de la prestigiosa revista describe cómo Fuentes y sus groypers encarnan una paradoja dentro de la derecha estadounidense: se presentan como los más radicales, los más puros, pero, al mismo tiempo, rechazan a Trump, el líder que parecía haberles abierto las puertas a la antesala del poder. Uno de los puntos más destacables en esa pieza es que estos grupos se alimentan de la idea de que cualquier compromiso político es sinónimo de traición, además de que la única forma de mantener la identidad (nacional, política, cultural, racial, etcétera) es a través de la confrontación constante.

"Los 'groypers' no quieren negociar ni gobernar; quieren exhibir su radicalidad, demostrar que son más «auténticos» que el trumpismo"
El rechazo a Trump (y a su improvisada forma de hacer política), como bien lo observa Hitchens, no es un detalle menor: esa es precisamente la marca entre quienes buscan poder y quienes tienen como objetivo armar una guerra cultural. Los groypers no quieren negociar ni gobernar; quieren exhibir su radicalidad, demostrar que son más "auténticos" que el trumpismo y que no se dejan domesticar por la lógica electoral populista (claro, la que controla a las clases socioeconómicas menos favorecidas y de generaciones anteriores). Y, en ese sentido, Fuentes se ha convertido en un símbolo de la pureza ideológica que pretende imponer; aunque, en realidad, esa supuesta pureza no sea más que un callejón sin salida.

Ahora bien, al margen del discurso y de las palabras que se lleva el viento, lo que Hitchens subraya es que este nuevo radicalismo no es medible con base en parámetros políticos o de partidos, sino en gestos provocadores y en la capacidad de reclutar seguidores en espacios digitales. Sucede como si la supremacía blanca y el antisemitismo se reciclaran en transmisiones en directo, como si lo que sucede en los foros más oscuros de las profundidades digitales fuese tan real como lo que sucede en las urnas, y como si los memes y la manipulación de contenidos en las redes sociales sustituyeran a las normas y los estatutos de los partidos e instituciones. En pocas palabras, se trata de un radicalismo más performativo que políticamente formal, que se sostiene, básicamente, en la visibilidad y en la indignación que se esparce (siempre) como una pandemia.

De esta manera, el análisis de Hitchens nos muestra cómo es que Nick Fuentes, más que un líder, funciona como un síntoma: es el rostro (siempre necesario) de un ecosistema que se nutre del resentimiento y que se expande en los márgenes de la política estadounidense. Los nuevos radicales no buscan un futuro político (definido en estatutos, normas, instituciones); su objetivo es vivir un presente construido y alimentado en y desde la confrontación. El punto clave aquí es que, como la autora bien lo señala, en ese presente, Trump ya no les sirve. Ellos, dicho de esta manera, se mueven mucho mejor en el vacío y en el caos que bajo las ambiguas pautas de un líder que siempre termina negociando (y, no pocas veces, con Israel, nación a la que desprecian constantemente).
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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