La
autonomía tecnológica europea tiene límites. Europa depende de terceros en ámbitos como la nube o la inteligencia artificial, pero conserva posiciones de liderazgo en tecnologías esenciales para la economía y la seguridad. Para Juan Olivera, presidente de Ericsson España, la respuesta pasa por reforzar esas capacidades y decidir qué dependencias puede asumir el continente.
"Lo que tenemos que generar son dependencias controladas", sostiene. En ese debate sitúa también la regulación de los proveedores considerados de alto riesgo y
la necesidad de que Europa proteja sus activos estratégicos y a sus propias empresas.
En nuestra conversación, Olivera recorre también el estado de las telecomunicaciones europeas, la inversión en I+D, el papel de España dentro de Ericsson y la evolución hacia el 6G. El máximo responsable de la compañía en España admite que
"el 5G no ha colmado las expectativas que había depositadas en él", al tiempo que defiende que las redes forman parte de la seguridad de un país. También recuerda que
"sin comunicaciones no hay nada". A su juicio, España ocupa una posición relevante por su talento y sus capacidades de investigación:
"Ya no es un país barato y no estamos aquí por costes", explica.
Juan Olivera conversa con Marc López Plana en las oficinas de Ericsson en Madrid. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Es posible tener soberanía digital europea sin empresas europeas capaces de controlar la infraestructura física sobre la que funciona o funcionará la inteligencia artificial?
El
stack tecnológico es muy amplio. Cuando hablamos de infraestructura tecnológica y soberanía, creo que todavía vivimos en un mundo globalizado donde, afortunadamente, siguen existiendo dependencias estratégicas. Europa las tiene, pero también las tiene Estados Unidos. Esa es la realidad.
Cuando se analiza un
stack tecnológico y se observa la capa de nube, la de inteligencia artificial o la de conectividad —que es transversal al resto—, la conectividad es europea. En Estados Unidos no existen proveedores estadounidenses en ese ámbito.
Europa no puede ser completamente autónoma. Pero, en realidad, ningún actor puede serlo. Creo que tenemos que entender la soberanía de otra manera. Quizá hablar de soberanía sea llevarlo demasiado lejos. Europa tiene que apostar fuerte por las tecnologías en las que hoy es líder y no dejarlas de lado, e invertir decididamente allí donde considera que tener dependencias puede generar determinados riesgos.
Se está avanzando en esa dirección. Podemos discutir si se está haciendo bien, pero existen iniciativas concretas como IRIS², en el ámbito de los satélites.
"Europa tiene que apostar fuerte por las tecnologías en las que hoy es líder y no dejarlas de lado"
¿Vamos a tener modelos absolutamente europeos? No. Soy optimista y creo que este contexto geopolítico no va a durar siempre. En algún momento se volverá al multilateralismo y quizá las cosas se flexibilicen. Son ciclos largos. Pero no concibo un mundo aislado: la tecnología es global.
Europa es un mercado de 450 millones de personas. Nadie puede renunciar a eso, ni los estadounidenses ni los chinos. Lo que tenemos que generar son dependencias controladas.
Está claro que la situación geopolítica actual no es la de hace diez años. No sabemos cómo va a evolucionar, pero tenemos que estar preparados. Hay que reforzar aquello en lo que somos líderes e invertir, con un plan estratégico, allí donde pensamos que tener dependencias puede generar riesgos. IRIS² es un ejemplo.
Ha hablado de invertir allí donde tener dependencias pueda generar riesgos. ¿Dónde considera que existe un mayor riesgo y dónde debería invertir más Europa?
Creo que se están dando los pasos correctos. Lo vincularía con el Digital Networks Act y con el
Cybersecurity Act. Ambos tienen sentido y son el resultado de una reflexión de los últimos años, desde el
informe Draghi y el informe Letta, que llegó un poco antes.
La conclusión es que en Europa hay que ganar escala. Hablamos de tecnología y telecomunicaciones, pero también de finanzas o energía. Todas estas cuestiones son relevantes.
La conectividad es transversal y fundamental, porque sin conectividad no hay nada.
La conectividad es un
activo estratégico. Hablo de ella porque en Ericsson nos dedicamos a la conectividad; a otros les corresponderá hablar de la nube. Hoy la conectividad es la columna vertebral de la sociedad, de las empresas, de los servicios, de las administraciones públicas y de la defensa nacional. Es todo. Y existe consenso en que se trata de un activo estratégico que hay que proteger.
Además, es un ámbito en el que existen proveedores europeos. Nosotros estamos aquí y somos líderes a escala mundial. Si los europeos no protegemos lo nuestro, ¿quién lo va a proteger?
Eso no significa cerrar las puertas ni aspirar a una autonomía completa. Ese no es el planteamiento. Desde Ericsson defendemos que existe un actor europeo, que lleva 104 años en España y este año cumple 150 años en el mundo, y que es líder.
Es una tecnología clave. ¿Podemos ser autónomos en inteligencia artificial o en modelos de lenguaje? Actualmente, no. ¿Podemos ser autónomos en tecnología de nube? Tampoco. Pero allí donde podemos serlo tenemos que reforzarnos.
Donde no podemos ser autónomos, tenemos que invertir. No para alcanzar una autonomía completa, sino para mantener dependencias controladas. Eso exige un plan estratégico a largo plazo. Desde Europa se está avanzando en esa dirección.
Hoy, cuando hablamos de competitividad, desde mi punto de vista tenemos que hablar de ecosistema. Esto no va a funcionar si no se genera un ecosistema.
"La conectividad es la columna vertebral de la sociedad, de las empresas, de los servicios, de las administraciones públicas y de la defensa nacional"
Eso significa que todos deben avanzar en la misma dirección: las administraciones públicas, donde debe producirse un proceso de simplificación administrativa tanto en España y las comunidades autónomas como en Europa; las empresas emergentes; y la financiación.
He leído recientemente un informe que señalaba que en 2025 se habían creado 27.000 empresas emergentes en Europa. El problema es que después se marchan.
Se marchan por la complejidad y por la dificultad para acceder a la escala que permitiría un
mercado europeo integrado. En Europa tenemos veintisiete regulaciones y, cuando se desciende al siguiente nivel administrativo, en nuestro caso aparecen también las diecisiete comunidades autónomas.
A eso se añade la falta de financiación. Por eso muchas empresas se marchan a Estados Unidos. Necesitamos que todo el ecosistema esté alineado. La energía también forma parte de ese ecosistema.
Silicon Valley no produce lo que produce únicamente porque haya buenas ideas, sino porque existe un ecosistema que funciona. Eso es lo que tiene que ocurrir también a escala nacional.
Juan Olivera defiende una regulación europea común para proteger las infraestructuras estratégicas y reducir riesgos. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Hemos hablado de Estados Unidos, pero todavía no ha mencionado China. ¿Europa está protegiendo suficientemente a sus empresas frente a la entrada de compañías chinas, tecnológicamente avanzadas y muy fuertes en este ámbito?
No voy a hablar de nacionalidades en particular. Desde 2019-2020 existe la recomendación del 5G Toolbox. No me corresponde señalar nacionalidades. Hay una evaluación de la Comisión Europea y después de cada gobierno para determinar qué proveedores son considerados de alto riesgo.
En función de eso se toman decisiones. Hay países que las han tomado, países que lo han hecho a medias y otros que no las han tomado. Ahora está el Cybersecurity Act, con el que se pretende adoptar una decisión a escala europea.
Desde nuestro punto de vista tiene sentido. Primero, porque hablamos de proteger un activo estratégico de los ciudadanos europeos, de nuestra forma de vida, de nuestros valores como sociedad, del negocio y de la seguridad nacional.
También tiene sentido porque, si estamos pidiendo escala, necesitamos una regulación común y no veintisiete distintas. No se puede considerar que un proveedor no supone un determinado riesgo en un país y que, al cruzar la frontera, la situación sea distinta. Para contar con un mercado capaz de escalar, necesitamos una regulación común.
La regulación de ciberseguridad en los activos tecnológicos es muy importante. A nosotros nos parece que tiene mucho sentido, pero no nos corresponde decir quién sí y quién no.
Además, pensamos que Europa tiene la obligación de defender a las empresas europeas, igual que España defiende a las españolas, Francia a las francesas y China y Estados Unidos a sus empresas. No estamos diciendo nada extraño.
"No se puede considerar que un proveedor no supone un determinado riesgo en un país y que, al cruzar la frontera, la situación sea distinta"
Hay países europeos que ya han tomado decisiones de este tipo. Y existen países donde la tecnología procedente de determinados mercados no está presente desde hace muchos años sin que eso haya supuesto un retraso. Ocurre en Estados Unidos, Japón o Corea.
No se trata de ir contra nadie. Se trata de preguntarnos qué queremos como sociedad europea y bajo qué valores queremos que operen estas tecnologías. Nuestros valores, los que elegimos los ciudadanos europeos.
Vuelvo a lo que decía al principio: donde no existen alternativas hay dependencias, al menos temporalmente. Los ciclos de inversión son largos. Pero, donde existen alternativas, ¿por qué depender de terceros si no es necesario y se trata de un activo estratégico? Me parece bastante obvio.
Aquí aparece también una cuestión relacionada con el precio. Para alcanzar una mayor autonomía estratégica, aunque siga habiendo dependencias, ¿tenemos que aceptar los europeos pagar más por determinados productos tecnológicos porque otros proveedores pueden ofrecerlos más baratos?
No creo que haya que pagar más. No es lo que nosotros vemos.
En los países donde ya se han tomado decisiones respecto a determinadas tecnologías o proveedores de alto riesgo, no ha habido un impacto negativo sobre los consumidores.
Cuando hablamos de tecnología móvil no estamos diciendo: "Este proveedor es malo y vamos a quitarlo todo mañana". No estamos hablando de eso. Existe un proceso de decisión y una evaluación de los activos existentes. Entendemos que puede haber determinado impacto, pero el ciclo de vida de una red móvil puede ser de seis, siete u ocho años.
Cuando haya que tomar determinadas decisiones, habrá un periodo de adaptación. No veo por qué eso tiene que traducirse en un impacto sobre los consumidores. Nosotros operamos en 180 países y tenemos experiencia en todos esos mercados. Vemos los precios y no observamos ese efecto.
Olivera aborda el coste y los plazos de reducir dependencias de proveedores considerados de alto riesgo. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Ericsson cuenta con dos centros de I+D en España, en Madrid y Málaga, con alrededor de mil personas. ¿Qué capacidad tiene Europa para innovar frente a los otros dos grandes polos tecnológicos, China y Estados Unidos?
Como país, la innovación es fundamental. Hay estadísticas que, si recuerdo bien las cifras —hablo de memoria—, sitúan el peso de la I+D en España en torno al 1,5% del PIB, con un objetivo de llegar al 3%. Además, una parte muy importante de la financiación sigue siendo pública. La financiación privada debería representar dos tercios y hoy, si no recuerdo mal, supone alrededor de un tercio. Hay mucho por hacer.
Nuestra experiencia es que el centro de I+D de Madrid, que es el más grande, lleva casi cuarenta años funcionando. Aquí se desarrollan soluciones de núcleo de red que se venden en todo el mundo. Se hacen en este edificio. Y aquí se registran más patentes por empleado que en ningún otro país del mundo dentro de Ericsson.
¿Dentro de Ericsson?
Sí. Un centro de I+D como este es un activo que todos los países quieren atraer. Podemos traer aquí a nuestros clientes y, cuando hablamos con el Gobierno, abordamos todas estas cuestiones.
Necesitamos una regulación que favorezca este tipo de inversiones. Podemos discutir si la actual es suficiente o no. Estamos hablando con el Gobierno y trasladamos cuestiones que nos ayudarían: normas más claras o que no haya discrepancias entre el Ministerio de Ciencia y el Ministerio de Hacienda sobre qué se considera I+D.
Tenemos conversaciones en las que trasladamos nuestros problemas y creo que nos escuchan; de hecho, me consta que lo hacen.
Lo hacemos aquí porque hay talento. España ya no es un país barato y no estamos aquí por costes. El coste por hora no es el que existía hace cuarenta años; eso ha cambiado mucho.
Estamos aquí porque hay talento y porque el número de patentes que se producen en España y su relevancia nos dan un peso importante dentro del universo Ericsson.
Volvemos al ecosistema del que hablaba antes. Necesitamos una regulación que nos permita crecer y necesitamos que Europa también nos ayude.
Cuando se observa cómo actúan China y Estados Unidos respecto a sus empresas, me parece —y aquí hablo de Ericsson, pero podría hablar del resto de empresas europeas— que en Europa no ocurre lo mismo. Europa debería proteger a sus empresas, porque empleamos a mucha gente.
"Cuando se observa cómo actúan China y Estados Unidos respecto a sus empresas, me parece que en Europa no ocurre lo mismo"
Vivimos en un mundo en el que, a ambos lados, tienen muy claro que hay que proteger a las empresas que generan empleo y que constituyen activos estratégicos. Esas son algunas de nuestras peticiones.
El centro de I+D de España es un referente dentro del mundo de Ericsson y España también lo es. No tengo el dato, pero estoy seguro de que no existen tantas empresas extranjeras que lleven cien años haciendo I+D o invirtiendo en innovación en España.
El presidente de Ericsson España destaca el peso del talento y la I+D en la posición de la compañía en España. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Qué supone el reto del 6G para Ericsson y qué puede suponer para el mundo?
No quiero hablar demasiado de 6G. Le explico por qué: todavía estamos hablando de 5G. Creo que existe cierto consenso, y nosotros también lo percibimos, en que el 5G no ha colmado las expectativas que había depositadas en él, o al menos todavía no lo ha hecho. Todavía nos queda mucho por hacer.
La misma arquitectura evoluciona ahora hacia 5G Advanced, que incorpora capacidades más avanzadas basadas en inteligencia artificial, eficiencia energética y otras mejoras. Después de todo eso llegará el 6G, pero no será inmediato. Todavía se está trabajando en el estándar. Estamos haciendo pruebas sobre la banda de 6 GHz y aún no existe un acuerdo definitivo.
¿Cómo imaginamos nosotros el 6G? Como una arquitectura nativa en inteligencia artificial. El 5G no nació así, aunque se está adaptando.
Nosotros hablamos de un "tejido inteligente": se integran la conectividad —5G Advanced y, más adelante, 6G—, la capa de nube y la capa de inteligencia artificial, todas trabajando conjuntamente para diferentes aplicaciones y usos de la IA en tiempo real y permitiendo diferenciar servicios.
Todavía queda mucho camino con el 5G. Se está hablando de pruebas de concepto quizá hacia 2029 y de espectro disponible para subastas hacia 2030. Faltan varios años, y seis años en tecnología son muchísimo tiempo. Estos ciclos duran aproximadamente una década.
¿Las redes de telecomunicaciones deberían estar protegidas y ser consideradas instrumentos de seguridad de un país?
Totalmente. Cuando hablamos de seguridad no estoy pensando únicamente en un tanque en la frontera. Estamos hablando también de ciberseguridad.
Las redes móviles sustentan la conectividad de las redes energéticas que nos suministran electricidad y también la de los hospitales. Si todo eso se cae, estamos ante un ataque entendido en términos del siglo XXI.
"Las redes móviles sustentan la conectividad de las redes energéticas que nos suministran electricidad y también la de los hospitales"
Las redes públicas que utilizamos son la base de toda la conectividad. Los gobiernos lo entienden. Desde el apagón que sufrió la península ibérica, en España se ha planteado un proyecto sobre resiliencia de las redes que aborda, entre otras cuestiones, su autonomía durante determinadas horas. Existe consenso en que la red tiene que ser resiliente y no puede caerse. La razón es que sostiene servicios básicos.
Además, pensamos que redes como las de la policía o el Ejército evolucionarán desde sistemas actuales como TETRA o Tetrapol hacia redes 4G y 5G. Podrán utilizar parte de la infraestructura pública y disponer también de infraestructura propia.
Cuando hablamos del aumento de la inversión en defensa y de cumplir determinados objetivos de gasto, una parte de todo eso está también en las infraestructuras de comunicaciones. Sin comunicaciones no hay nada. Ucrania nos ha mostrado hasta qué punto son fundamentales y lo van a ser cada vez más.
Olivera y López Plana conversan sobre el 5G, el futuro 6G y el papel de las redes en la seguridad nacional. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Y por qué es importante que esa decisión quede clara?
Porque mientras la norma no esté clara también se frena la inversión. Antes de invertir es necesario saber cuáles son las reglas.
Cuando estén claras, hay que fomentar la inversión y apoyarse en la escala que ya tenemos. Ahí están el espectro y todo lo relacionado con el Digital Networks Act: que el espectro sea accesible y tenga duración suficiente, o el debate sobre la consolidación de los grandes operadores. En España ya hemos visto una fusión y también estamos viendo movimientos en Francia.
Se está avanzando, aunque poco a poco.
Europa tiene que ser capaz de operar sobre la escala que ya posee. Es el segundo gran mercado integrado del mundo. En Estados Unidos existen tres grandes operadores. Esa escala es importante porque les da capacidad para invertir.
Para un operador pequeño, el precio de la tecnología pesa mucho más. Un operador con escala tiene capacidad para invertir, ofrecer servicios innovadores y mantener actualizada la red.
Más allá del interés empresarial, ¿cómo se puede trasladar mejor al debate público la importancia de las cuestiones de las que estamos hablando?
No diría que hemos fracasado, pero no hemos sabido comunicar bien a la sociedad la importancia de esas redes invisibles que son la base de la economía y de la sociedad. Hablo del sector en general. La gente da por hecho que dispone de conectividad. Pero la tecnología es compleja y cuesta dinero. En I+D y en tecnología hay que trabajar cada día. Todo avanza muy rápido. Quizá tampoco hemos sabido explicar suficientemente la importancia de la infraestructura.
Desde el apagón se habla algo más de ello. De repente deja de funcionar el móvil: si no hay electricidad, tampoco funciona la red. La gente no siempre es consciente de todas esas dependencias.
Pasa también con la inteligencia artificial. Existe mucho desconocimiento. Hace cinco años todo el mundo hablaba del metaverso y ahora casi se nos ha olvidado. Se hablaba incluso de comprar islas o de irse de vacaciones al metaverso.
Nosotros sí hemos entrado en la inteligencia artificial, pero no en el metaverso.
Otros compañeros del sector utilizan el concepto de "infraestructura invisible", y creo que es acertado. Es fundamental. Tenemos que hacer un uso responsable de ella, controlarla y protegerla, porque nuestras vidas pasan por esas infraestructuras.
No hablo únicamente de las conversaciones con nuestros amigos o nuestra familia. Hablo de las empresas, de los datos y de la importancia que tienen esos datos.
Todas estas cuestiones tienen que estar encima de la mesa. Si no se confía en la infraestructura, tampoco se puede confiar en la inteligencia artificial que funciona sobre ella.
Marc López Plana y Juan Olivera, en las oficinas de Ericsson en Madrid, al término de la conversación. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
La respuesta podría ser: "No sé quién está detrás".
No se sabe. Puede haberse verificado técnicamente que la infraestructura del proveedor A no tiene ninguna puerta trasera, pero después hay que preguntarse: ¿quién la controla?, ¿a quién pertenece?, ¿quién es su dueño y qué capacidad puede tener mañana sobre ella? Eso también hay que verificarlo.
Tradicionalmente hemos hablado de dos capas de seguridad: la del producto y la de los servicios. Ahora añadimos una tercera capa, la de la gobernanza: quién controla todo esto. Eso es clave.
Muchas gracias.
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