En las últimas semanas han proliferado las informaciones alrededor de la amenaza de un posible ataque por parte de Rusia contra uno o varios miembros de la Alianza Atlántica.
Las informaciones han generado un altísimo nivel de alarma. Los analistas y observadores han seguido con atención la frenética actividad en algunas capitales europeas, como París, donde
el Elíseo convocó una reunión de los líderes de los grupos políticos con los servicios de inteligencia para discutir la situación actual.
La inteligencia danesa también ha emitido un informe que ha dado lugar a numerosos titulares sobre la amenaza identificada por Copenhague de una agresión rusa en el futuro cercano. A nivel de opinión pública, está empezando a cuajar una sensación bastante parecida al pánico. Que es justo lo que Rusia busca.
"A nivel de opinión pública, está empezando a cuajar una sensación bastante parecida al pánico. Que es justo lo que Rusia busca"
Hay un creciente consenso en que
este verano Vladimir Putin, presidente ruso, ha decidido escalar la guerra que lanzó en febrero de 2022. La reciente visita a Moscú de John Ratcliffe, director de la CIA, la primera visita de este tipo desde los meses previos al inicio del conflicto, hizo también sonar las alarmas. Desde entonces todo se ha acelerado mucho. Las actividades con drones y las violaciones del espacio aéreo de la OTAN han vuelto a los titulares, así como posibles ataques rusos. Este jueves,
El Mundo publicó que la CIA habría advertido de posibles ataques con uso de drones contra España, Francia e Italia.
El escenario de una invasión a gran escala de un Estado miembro de la UE o de la OTAN parece completamente descartado, con Moscú totalmente implicada en Ucrania, pero los analistas sí apuntan al riesgo en aumento de una posible incursión limitada o a un aumento sustancial de
los ataques híbridos.
Si Rusia está sufriendo sangre, sudor y lágrimas para ganar cada kilómetro cuadrado en Ucrania, ¿por qué iba Moscú a decidir redoblar su apuesta? Precisamente por eso mismo. Kiev está pudiendo resistir con un respaldo enorme por parte de sus socios occidentales. Y ese es el objetivo de las amenazas por parte del Kremlin.
En el discurso público ruso lleva tiempo señalándose que
el objetivo de Ucrania es arrastrar al resto de Europa a un conflicto directo contra Rusia. Es una idea que los satélites rusos en la UE, a través de líderes políticos y opinadores, llevan lanzando desde el inicio de la guerra:
armar a Ucrania equivale, de una forma u otra, a formar parte del conflicto.
Pero ese intento no ha calado. Incluso en países como España, con un Gobierno de izquierdas con un electorado tradicionalmente reacio a cualquier discurso relacionado con la guerra,
los partidos que han defendido abandonar a Ucrania no han logrado que su iniciativa cuaje, aunque el país no ocupe un puesto destacado en términos de porcentaje del producto interior bruto (PIB) destinado a la asistencia a Ucrania. A nivel global, la ayuda a Kiev no solamente no ha desaparecido o disminuido, sino que desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, cortando con ello las donaciones al ejército ucraniano,
han sido los aliados europeos, especialmente los nórdicos y del este, los que han abierto de par en par la billetera.
"Kiev está pudiendo resistir con un respaldo enorme por parte de sus socios occidentales. Y ese es el objetivo de las amenazas por parte del Kremlin"
Las amenazas de Rusia solamente buscan hacer más real lo que hasta ahora era un truco narrativo.
La idea es sembrar el pánico y lograr que la opinión pública europea se vuelva hostil a seguir prestando ayuda a Ucrania. Aunque estos actos de sabotaje y agresiones híbridas son todavía poco visibles para muchos ciudadanos, los analistas coinciden en señalar que
un incremento de las actividades por parte de Moscú puede llevar a ataques más duros contra las infraestructuras enfocadas en mantener el apoyo a Ucrania, así como a hacer más visibles para los ciudadanos las agresiones de Rusia para debilitar el respaldo público a Kiev.
En muchas ocasiones, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha usado una fórmula que era difícil de plasmar en la realidad: "Europa no está en guerra, pero tampoco está en paz". Lo que se está viviendo es la plasmación práctica de esa teoría.
Todo lo que ocurre tiene más que ver con una guerra psicológica que con una guerra convencional por parte de Moscú. Pero
si el Kremlin logra imponerse en la guerra psicológica, eso sí tendrá efectos muy reales en la guerra convencional que se está viviendo en Ucrania. En un juego de nervios, el que parpadea pierde.
Estonia y Lituania, dos de los países más implicados en el respaldo a Kiev, que son también los dos más expuestos a cualquier agresión por parte de Moscú,
han dejado claro que no ven ninguna señal de que Rusia se esté preparando para atacar a la OTAN, por mucho que uno de los principales escenarios de riesgo sea una operación rusa
contra la ciudad fronteriza estonia de Narva. Tallin y Vilna, tan expuestas como están a un ataque ruso, tienen claro que
el pánico es enemigo de la preparación.
De hecho,
el pánico hace más probable un aumento de las agresiones por parte de Rusia, creyendo que Europa está mucho menos preparada de lo que realmente está para hacer frente a las actividades rusas. "Con el invierno acercándose, Europa necesita mantener su enfoque en apoyar a Ucrania y ser calmada y clara: Rusia no tiene nada que ganar atacando a la OTAN.
No deberíamos aumentar el riesgo de un cálculo erróneo en el Kremlin mediante un debate público presa del pánico", ha señalado en los últimos días
Kristi Raik, directora del International Centre for Defence and Security de Tallin.