Martes, 28 de julio de 2026
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Un año de la rendición de Turnberry: ¿el mejor peor acuerdo posible entre la UE y EE. UU.?

El acuerdo comercial de hace un año, visto como humillante por muchos en Bruselas, sigue sin ofrecer la estabilidad prometida, aunque la Comisión Europea sigue respaldándolo firmemente. "El precio a pagar es altísimo. Eso también ejerce presión sobre el techo del Ejecutivo comunitario, y no sobre el de la Casa Blanca o el del Departamento de Comercio", asegura el corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón.

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 27 de julio de 2026
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Los acuerdos de Turnberry reunieron el pasado 27 de julio a Ursula von der Leyen y Donald Trump en Escocia. | Casa Blanca / Daniel Torok
Los acuerdos de Turnberry reunieron el pasado 27 de julio a Ursula von der Leyen y Donald Trump en Escocia. | Casa Blanca / Daniel Torok
Un año después del acuerdo comercial de Turnberry, por el que la Comisión Europea aceptó la imposición de aranceles generales por parte de EE. UU. de hasta el 15%, reduciendo también los gravámenes comerciales europeos a los bienes industriales americanos, el Ejecutivo comunitario sigue defendiendo que ese fue el mejor acuerdo posible de todos los malos que podía haber sobre la mesa. La realidad es que, cuando se cumple el primer aniversario de ese pacto cerrado por Ursula von der Leyen y Donald Trump en un campo de golf propiedad del presidente estadounidense en Escocia, la Unión Europea ha obtenido mucha menos predictibilidad de la deseada.

La Comisión ha pasado los últimos días de la semana pasada esperando la prórroga de los aranceles generales por parte de la Administración americana, que expiraban el pasado viernes. Los portavoces comunitarios han insistido en los últimos días en que tenían el compromiso verbal de la Administración Trump de que los aranceles cumplirían con ese principio básico acordado en Turnberry de un techo del 15%. Pero la realidad es que un año después del pacto, y aunque Bruselas insiste en que ha permitido un marco de estabilidad que de hecho ha permitido que aumenten ligeramente las exportaciones europeas al mercado estadounidense, la Comisión no tiene una garantía firme de que la Casa Blanca vaya a respetar un acuerdo que ya ha sido ratificado por el lado de la Unión Europea, pero no por el lado de EE. UU.

El ruido de sables que rodeó la decisión de este pasado jueves de anunciar la multa de 890 millones de euros a Google por el incumplimiento de varios elementos de la Ley de Mercados Digitales (DMA) es solamente un ejemplo más de la desconfianza que sigue existiendo sobre cómo Trump va a reaccionar ante medidas como la imposición de sanciones por no cumplir con reglamentos europeos.

"La Comisión no tiene una garantía firme de que la Casa Blanca vaya a respetar un acuerdo que ya ha sido ratificado por el lado de la Unión Europea, pero no por el lado de EE. UU."
La Comisión Europea también ha agachado la cabeza y aceptado que EE. UU. vaya a imponer nuevos aranceles a las exportaciones de todo el mundo hacia el mercado estadounidense bajo el argumento de que sus socios comerciales no están haciendo lo suficiente para luchar contra el trabajo forzoso. "No estamos de acuerdo con las conclusiones sobre el trabajo forzoso, y así se lo hemos dejado muy claro a nuestros homólogos de Estados Unidos", señaló la semana pasada una fuente comunitaria que, sin embargo, dejó claro que Bruselas evitaría el choque siempre y cuando los nuevos aranceles respeten el techo del 15% acordado en Turnberry. Además, el Ejecutivo comunitario está teniendo que seguir con atención otra investigación por parte de las autoridades americanas, que acusan al sector farmacéutico alemán de estar imponiendo a los consumidores estadounidenses precios artificialmente altos.

El acuerdo se basó en tres pilares. El primero es que era una forma de garantizar el apoyo de EE. UU. a Ucrania frente a Rusia, un argumento que poco a poco ha ido disipándose. El segundo fue que un arancel del 15% era comparativamente más bajo que aquellos a los que se enfrentaban los competidores de la Unión Europea. Y, por último, que el acuerdo, por malo que pudiera parecer, daba a las empresas europeas un marco de estabilidad.

Un año después, el argumento de la estabilidad se ha esfumado. La estabilidad es, en el mejor de los casos, relativa: la Comisión argumenta en público que hoy la situación es mucho más estable de lo que habría sido sin el pacto de Turnberry, pero eso no significa que se haya conseguido dicho objetivo. El acuerdo sigue basándose, por el lado americano, en promesas, mientras el Tribunal Supremo ha demostrado que el andamiaje legal que había usado la Casa Blanca era muy frágil. Trump, por su parte, no ha cesado en sus amenazas: ha atacado a varios Estados miembros por separado, y también anunció aranceles, aunque luego no se impusieron, contra los países que quisieron respaldar a Dinamarca cuando el presidente de los EE. UU. llegó a coquetear con la idea de hacer uso de la fuerza para hacerse con Groenlandia.

"El acuerdo sigue basándose, por el lado americano, en promesas, mientras el Tribunal Supremo ha demostrado que el andamiaje legal que había usado la Casa Blanca era muy frágil"
El único argumento que se sostiene es el valor del techo del 15%. Y a los dos lados del Atlántico hay dudas sobre cuánto tiempo va a resistir. Más allá de investigaciones como la lanzada contra Alemania, Washington ha apuntado a los Estados miembros que cuenten con impuestos digitales. Matthias Jorgensen, director general adjunto de Comercio en la dirección general del ramo, ha admitido durante una audiencia con eurodiputados que la relación con EE. UU. "seguirá siendo volátil".

La Comisión Europea tiene herramientas, dentro del acuerdo de Turnberry, para responder en caso de que EE. UU. rompa sus compromisos adquiridos. Pero el precio a pagar es altísimo. Eso también ejerce presión sobre el techo del Ejecutivo comunitario, y no sobre el de la Casa Blanca o el del Departamento de Comercio, que tienen muchos incentivos para comprobar los límites del acuerdo con la UE y testar hasta qué punto está la Comisión dispuesta a defender el pacto.

Sabiendo que la situación es inestable, como admite Jorgensen, y que EE. UU. no es un socio fiable en estos momentos, por mucho que se haya defendido que Turnberry lo convierte en uno, la Comisión Europea también trata de mover ficha y tener algo de iniciativa para obtener alguna victoria. Recientemente, el Departamento de Comercio ha enviado a Washington una lista de bienes cuyas exportaciones, valoradas en unos 115.000 millones de euros, podrían recibir una reducción de aranceles por parte de EE. UU., una lista que fuentes comunitarias explican que está equilibrada con el objetivo de que todos los Estados miembros reciban parte del impacto positivo de un potencial acuerdo al respecto.
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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