Hace menos de un mes, Donald Trump y Ursula von der Leyen celebraban el que consideraron el "acuerdo más grande de la historia" para evitar una guerra comercial entre EE. UU. y la UE. Pero, a una semana del inicio del nuevo curso político, esto parece hoy más un sueño de una noche de verano que una realidad.
Esta semana
Trump ha amenazado con nuevos aranceles a los países que regulen o graven al sector digital.
En un mensaje en su red social Truth, el presidente de Estados Unidos acusó a Europa de discriminar a las tecnológicas norteamericanas con normativas como la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés) y la Ley de Mercados Digitales (DMA), y advirtió que impondrá represalias si no se retiran. Si bien es cierto que no mencionó directamente a la Unión Europea, está claro que es a quien Trump tenía en mente cuando publicó el mensaje en sus redes. Ni Von der Leyen ni la vicepresidenta y comisaria en Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, Henna Virkkunen, se han pronunciado al respecto optando por una no escalada verbal.
Esto ocurre, además, unos días después de que
Reuters informara de que la Casa Blanca está considerando sanciones contra funcionarios de la Unión Europea y nacionales responsables de la implementación de la Ley de Servicios Digitales.
"Esta situación no hace sino agravar las críticas a la Unión Europea ante su pasividad frente a los chantajes y la altanería del presidente norteamericano"
Esta situación no hace sino agravar las críticas a la Unión Europea ante su pasividad frente a los chantajes y la altanería del presidente norteamericano y sus "amigos"
tecno-oligarcas. Y es que lo ocurrido esta semana
va mucho más allá de la ya de por sí gravísima amenaza a la aplicación de la legislación europea en materia digital, poniendo en el punto de mira la autonomía y soberanía de la UE frente al presidente
MAGA.
Algo está claro: la "estabilidad y previsibilidad" en los aranceles de EE. UU. reivindicadas por Von der Leyen con motivo de la declaración conjunta de hace menos de un mes ya se han desvanecido.
Así, en los últimos meses no paran de sucederse episodios en los que se refleja de forma evidente las dos casi antagónicas maneras de hacer política de la administración de Donald Trump en EE. UU. y la UE. Mientras en los EE. UU. se galvaniza un estilo masculinizado y superficial del grito y el tuit en letras mayúsculas
, en Europa se sigue con rigurosidad y compromiso, pero sobre todo con abrumador sigilo, el curso de las negociaciones arancelarias con el gigante americano.
Pero, aunque resulta evidente que la Unión Europea no comparte ni el fondo ni la forma de la política de la administración Trump,
esta parece verse abocada —casi podríamos decir forzada— a tener que hablar su lenguaje del poder, adaptarse en cierta manera a sus formas, para hacerse defender eficazmente los intereses de las europeas y europeos. Como afirmó Mario Draghi en su reciente discurso de Rímini: "Para afrontar los desafíos de hoy, la Unión Europea debe transformarse de espectadora —o a lo sumo coprotagonista— en protagonista".
Esta incomprensión casi fundamental se refleja igualmente en el ámbito de la regulación del espacio digital. Como ocurre con la regulación de los océanos,
la red es un territorio sin límites físicos donde la información y los servicios circulan de forma global, lo cual requiere un esfuerzo de superación de la perspectiva nacional para superar la fragmentación y falta de cohesión legislativa.
La Unión Europea demostró su fuerza y ambición para regular este gran reto en la anterior legislatura, aprobando tres leyes pioneras en el mundo: la DSA, la DMA y Ley sobre la Inteligencia Artificial (
AI Act). Cualquiera de estos textos legislativos
pone el foco en la responsabilidad de las grandes empresas tecnológicas a la hora de compartir contenidos que pueden ser dañinos para sus consumidores, especialmente aquellos más vulnerables como es el caso de los menores.
"Este mandato, el objetivo era claro: asegurar una implementación eficaz y rigurosa de estas leyes digitales. En este sentido, la Comisión Europea ha abierto ya hasta cinco investigaciones de grandes plataformas en línea"
Este mandato, el objetivo era claro:
asegurar una implementación eficaz y rigurosa de estas leyes digitales. En este sentido, la Comisión Europea ha abierto ya —en el marco de la aplicación de la DSA— hasta cinco investigaciones de grandes plataformas en línea (entre las que se encuentran X, Meta, Apple o Shein) y tres investigaciones (Alphabet, Apple y Meta) en el marco de la aplicación de la DMA. Desde el Parlamento Europeo no hemos desaprovechado ocasión para reiterar a la Comisión la importancia de
concluir cuanto antes estas investigaciones, dado que algunas llevan abiertas casi dos años.
Por el momento, se han adoptado únicamente dos multas a Apple y a Meta por su incumplimiento de la Ley de Mercados Digitales, que corresponde a la cartera de la vicepresidenta Teresa Ribera.
El pasado julio, la misma vicepresidenta Ribera reafirmaba en su respuesta a una pregunta escrita que le envié sobre esta cuestión que "la legislación y el marco regulador de la UE siguen siendo innegociables. La Comisión seguirá protegiendo la autonomía normativa de la UE" en el marco de las negociaciones con Estados Unidos. Y en este mismo sentido, se pronunció también una de las principales negociadoras del acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos:
"La DSA y la DMA están completamente fuera de toda negociación o concesión ante Estados Unidos".
Las leyes digitales de la UE y la protección de los consumidores —especialmente los más vulnerables, como los menores— no pueden ser moneda de cambio para servir a la agenda política de Donald Trump y de las grandes tecnológicas. Europa debe imponerse defendiendo sus valores fundacionales y su fortaleza económica y no dar pie a interpretaciones serviles tras los últimos episodios de este verano. Para esto, el compromiso de la Comisión Europea y de su presidenta es fundamental para asegurar que el cumplimiento de las leyes digitales no se acoge a ninguna excepción y queda, por lo tanto, completamente excluido de las actuales negociaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos. Desde el Parlamento Europeo, estaremos vigilantes.