El debate sobre la crisis comercial transatlántica enfrenta,
grosso modo, a dos corrientes de pensamiento en Bruselas:
los que creen que hay que priorizar un acuerdo, aunque este no sea óptimo, porque garantiza la estabilidad, un sector que ha dominado claramente el debate desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, y los que consideran que
ningún pacto puede ofrecer esa certidumbre con la actual administración estadounidense y que la única manera de lograr algún tipo de equilibrio es a través de la demostración de fuerza. Lo más complejo de la cuestión es que
ambas posiciones se ven reforzadas por exactamente los mismos acontecimientos.
Cuando la semana pasada Trump, presidente de Estados Unidos, anunció nuevos aranceles del 25% a los vehículos europeos con la esperanza de aumentar la presión sobre los socios europeos, además de castigar a
Friedrich Merz, canciller alemán, por mostrarse crítico con su operación contra Irán,
los dos lados se sintieron legitimados. Los primeros consideraron probado que, hasta que no se haya cerrado por completo el acuerdo comercial,
la UE seguiría sujeta a este tipo de amenazas, mientras que los segundos consideraban que sus posiciones quedaban apuntaladas, porque ningún acuerdo, al menos no sin muchas cláusulas de seguridad, puede garantizar el cese de las amenazas.
"La UE elimina gravámenes comerciales contra bienes estadounidenses a cambio el nivel de aranceles a los productos europeos representa un techo que Washington se compromete a no superar"
Este miércoles era una cita clave:
estaba previsto que los negociadores del Consejo —que representa a los Estados miembros—, de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo se reunieran para intentar, si no cerrar un pacto respecto al conocido como acuerdo de Turnberry, al menos sí acercar posturas y dejarlo casi listo para rematar. El texto establece, en líneas generales,
aranceles del 15% a las exportaciones europeas, mientras la UE elimina gravámenes comerciales contra los bienes industriales estadounidenses. A cambio, ese nivel de aranceles a los productos europeos representa un techo que Washington se compromete a no superar.
La reunión, conocida en el argot comunitario como "trílogo",
terminó tras muchas horas sin acuerdo. El siguiente encuentro está previsto para el próximo 19 de mayo. El Parlamento Europeo está, por el momento, soportando la presión de la Comisión Europea, de Berlín y de otras capitales para cerrar un acuerdo rápido,
en gran medida gracias a que hay otras delegaciones dentro del Consejo que también consideran que hace falta tiempo y quieren evitar precipitarse.
El acuerdo se justificó en su momento como
un delicado equilibrio entre realismo geopolítico, confianza —inexistente entre la UE y EE. UU. en materia comercial en estos momentos—, predictibilidad y ventaja competitiva. En esos términos ha estado leyendo la Unión este pacto cerrado en julio entre Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Trump, mientras este jugaba al golf en Escocia.
El acuerdo fue considerado por muchos, especialmente en la Eurocámara, como una humillación.
"La UE pagaba un peaje arancelario a cambio de que Washington se mantuviera comprometido con el vínculo transatlántico"
El equipo de Von der Leyen se esforzó en explicar el acuerdo a través de esas coordenadas. Pero
los pilares sobre los que construyó su posición han ido debilitándose o derrumbándose. El primer mensaje que lanzó su entorno fue que se trataba de una concesión económica en clave geopolítica. La UE pagaba un peaje arancelario a cambio de que Washington se mantuviera comprometido con el vínculo transatlántico y que respaldara a Ucrania frente a Rusia. Desde entonces,
la administración estadounidense ha tratado de forzar a Kiev a aceptar un plan de paz dictado desde Moscú y Trump ha amenazado con sacar a EE. UU. de la OTAN por la falta de respaldo de los socios transatlánticos a su operación contra Irán, de la que no informó a la Alianza Atlántica. Sin mencionar el hecho de que jugueteó con la amenaza del uso de la fuerza militar para tomar parte del territorio de un aliado como es Dinamarca.
La confianza y la predictibilidad se han seguido minando desde agosto de 2025 con incidentes como el de Groenlandia, pero también con
amenazas periódicas de aumento de aranceles contra distintos Estados miembros de la Unión Europea por cuestiones políticas. Respecto a la ventaja comparativa, es cierto que el acuerdo permite a la UE niveles de gravámenes comerciales equivalentes a los de Japón o Corea del Sur, y algo peores que los del Reino Unido (10%), que no cuenta con un superávit comercial en bienes, como sí tienen los socios europeos. Pero la clave de esta cuestión es que, para que ese argumento se mantenga,
la Comisión Europea tiene que ser muy exigente a la hora de lograr que se respete el techo acordado en Turnberry del 15%. Y aunque Maroš Šefčovič, comisario de Comercio, señala que Washington promete cumplir con esas condiciones, no hay pruebas de que la Casa Blanca esté ajustándose a su palabra dada.
"Bernd Lange defiende una cláusula de activación, que evita que la UE tenga que cumplir con su parte hasta que EE. UU. esté haciendo lo propio"
Bernd Lange, eurodiputado socialista alemán, presidente de la comisión parlamentaria de Comercio y negociador por parte de la Eurocámara, acudió al encuentro del miércoles
más convencido de lo que ya estaba de que Trump es impredecible y de que la UE debe protegerse. Por eso, defendió las tres cláusulas principales que los eurodiputados introdujeron en el texto a través de enmiendas. La primera, una cláusula de activación, que evita que la UE tenga que cumplir con su parte hasta que EE. UU. esté haciendo lo propio; la segunda, una cláusula de expiración, que establece que el acuerdo caducará en marzo de 2028, salvo que se adopte una nueva legislación que lo prorrogue; y
una cláusula de salvaguardia para que la Comisión evalúe si EE. UU. está cumpliendo con sus compromisos y suspenda las ventajas comerciales a Washington en caso de violación de los términos del acuerdo.
El encuentro ha permitido acercar algunas posturas, pero
agranda la distancia entre los dos "bandos" en la cuestión principal. Šefčovič y los países más expuestos al caos comercial consideran que este aplazamiento del acuerdo puede provocar que Washington termine de perder la paciencia y avance con aranceles adicionales. Una demostración definitiva de que no tener en pie el acuerdo de Turnberry
genera caos comercial. Para Lange y algunos otros Estados miembros, si eso ocurre, será la demostración definitiva de que
no se puede confiar en la palabra de la administración estadounidense. Mismo acontecimiento, lecturas radicalmente opuestas. Y de ello debe surgir un consenso europeo.