Domingo, 16 de agosto de 2026
REGULACIÓN DIGITAL EUROPEA

Regular para competir: cómo Europa quiere construir su futuro digital

Europa ha empezado a tocar el poder real de las grandes plataformas. Mara Balestrini, Laia Serrano i Sorroca y Dario Arjomandi, de EsadeGeo, analizan el alcance del Reglamento de Mercados Digitales, una norma que "busca limitar el poder de mercado de las grandes corporaciones tecnológicas" y abrir un espacio propio frente a los ecosistemas digitales de Estados Unidos y China. Para profundizar en ello, recopilan diez recomendaciones para mejorar y reforzar la normativa europea.

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El Reglamento de Mercados Digitales se ha convertido en una de las principales herramientas europeas para ordenar el poder de las grandes plataformas tecnológicas. | Pexels / Marco
El Reglamento de Mercados Digitales se ha convertido en una de las principales herramientas europeas para ordenar el poder de las grandes plataformas tecnológicas. | Pexels / Marco
En los últimos meses, millones de europeos han empezado a notar cambios aparentemente pequeños en las aplicaciones que utilizan cada día. Algunos usuarios de WhatsApp pronto podrán intercambiar mensajes con personas que utilizan otros servicios de mensajería. Otros, al configurar un nuevo teléfono en Android o iOS, se han encontrado con pantallas que les invitan a elegir navegador o motor de búsqueda predeterminado. Quienes utilizan dispositivos Apple en Europa han descubierto que ahora pueden eliminar aplicaciones antes obligatorias, como Safari, y establecer alternativas para navegar, enviar mensajes o gestionar contraseñas. Estos cambios no son decisiones aisladas de las empresas tecnológicas, sino algunos de los primeros efectos visibles del Reglamento de Mercados Digitales (Digital Markets Act o DMA, por sus siglas en inglés).

El DMA es, junto al Reglamento de Servicios Digitales, una de las normas más relevantes de la Unión Europea en materia digital. En vigor desde 2022 y aplicable desde mayo de 2023, busca limitar el poder de mercado de las grandes corporaciones tecnológicas o "guardianes de acceso", la mayoría de origen extracomunitario, facilitar el acceso a los mercados digitales a las empresas pequeñas y emergentes y ofrecer mejores precios y servicios a los consumidores. La norma ha provocado controversia, especialmente en Estados Unidos, donde se interpreta como un riesgo para las operaciones de sus empresas digitales, muchas de ellas afectadas por la regulación.

El DMA designa como "guardianes de acceso" a aquellas empresas que provean un servicio básico de plataforma (por ejemplo, servicios de mensajería o redes sociales) en al menos tres Estados miembros de la UE y que, además, queden por encima de determinados umbrales relativos al volumen de negocio y al número de usuarios. Actualmente, siete empresas cumplen estas condiciones, de las cuales cinco son originarias de Estados Unidos (Alphabet, Amazon, Apple, Meta y Microsoft). Las dos restantes son Booking y ByteDance (propietaria de TikTok, de origen chino).

"El DMA busca limitar el poder de mercado de las grandes corporaciones tecnológicas o «guardianes de acceso», la mayoría de origen extracomunitario"
Los guardianes de acceso tienen que cumplir con ciertas obligaciones y prohibiciones. Entre ellas destacan la obligación de apertura e interoperabilidad de las plataformas para permitir que otros servicios complementarios o competidores puedan interactuar e integrarse en el mercado con libertad de acceso, y la prohibición de favorecer sus propios servicios, dejando escoger al consumidor entre todas las opciones existentes en condiciones de equidad. La falta de cumplimiento de la normativa puede conllevar la imposición de sanciones económicas como las ya aplicadas a Apple y Meta en 2025 (de 500 millones y 200 millones de euros, respectivamente).


Ahora, después de tres años de aplicación y en un contexto de inestabilidad geopolítica, la Comisión Europea ha llevado a cabo un proceso de revisión de sus efectos en el mercado. EsadeGeo ha publicado un policy brief que identifica las tensiones derivadas de la normativa y formula algunas recomendaciones para fortalecerla y mejorar su efectividad, que están estructuradas en torno a tres ejes: la competencia, la innovación y la seguridad.

El impacto del DMA en la competencia

El DMA introduce un planteamiento novedoso al tener una naturaleza preventiva (o ex ante). Por tanto, el DMA se aplica con independencia de que se haya identificado o no una situación anticompetitiva o un abuso de la posición dominante. Ello se debe a que su objetivo no es evitar conductas anticompetitivas, sino garantizar la "disputabilidad" y la "equidad" de los mercados digitales.

Aunque es innovador, este planteamiento plantea algunas dificultades. La principal es que no es posible valorar si los objetivos de la legislación se están cumpliendo, dado que no existen indicadores que permitan medir de manera cuantitativa y sistemática la "disputabilidad" y la "equidad". Eso se debe a que ni la Comisión Europea ni los guardianes de acceso publican datos que permitan llevar a cabo estos análisis.

"No es posible valorar si los objetivos de la legislación se están cumpliendo, dado que no existen indicadores que permitan medirlos"
Existe también el riesgo de que haya divergencias en la interpretación de la norma, ya que los tribunales de cada Estado miembro son competentes respecto a disputas que conciernen al DMA. Asimismo, y a pesar de que la Comisión Europea es el órgano que vela por la implementación de la norma, las autoridades nacionales de competencia de cada Estado miembro tienen capacidad para investigar y hacer seguimiento de posibles casos de infracción del DMA, lo que aumenta el riesgo de fragmentación interpretativa si no existen mecanismos de coordinación entre las distintas instituciones.

El impacto del DMA en la innovación

Uno de los objetivos del reglamento es tener mercados más abiertos para incentivar la innovación tecnológica en empresas y startups europeas. Para ello, las obligaciones de interoperabilidad, acceso a datos de clientes y prohibición de autopreferencia buscan facilitar que nuevos competidores y servicios complementarios se integren en plataformas principales, compitan en precio y prestaciones, se diferencien y atraigan nuevos segmentos de mercado. Competir les permitiría escalar su tamaño, acceder al capital e incrementar gradualmente su capacidad de innovación. La Comisión Europea (Startup and Scaleup Scoreboard) estimaba en 2025 un incremento del 13,5% en el rendimiento de las startups respecto a 2020. Sin embargo, la valoración de este segmento en la UE sigue siendo un 80% inferior a la de Estados Unidos y un 40% inferior a la de China.

"Las 'startups', los desarrolladores y las pymes europeas pueden ser las grandes beneficiarias del DMA"
No obstante, esta dinámica presenta riesgos. La obligación de abrir funcionalidades puede reducir los incentivos de innovación de los guardianes de acceso y disuadir inversiones intensivas en capital o proyectos de alto riesgo y envergadura. Además, los guardianes de acceso pueden retrasar nuevas funciones, productos o servicios en Europa por las dificultades técnicas del cumplimiento normativo o por el riesgo de liberar su propiedad intelectual sin contraprestación económica. Por ejemplo, Apple ha anunciado retrasos en Siri con IA y Meta retrasó el lanzamiento de Threads en la UE, y ambas compañías lo atribuyeron al DMA. Las startups, los desarrolladores y las pymes europeas pueden ser las grandes beneficiarias del DMA, pero también están absorbiendo los costes indirectos de la incertidumbre regulatoria y de garantizar la seguridad de sus servicios operando en un sistema abierto. Cada vez que una gran plataforma aplica la norma, tienen que adaptarse a la novedad que ello conlleva.

El impacto del DMA en la seguridad, privacidad y experiencia de usuario

Si bien las obligaciones que impone la regulación pueden contribuir a la mejora de los mercados digitales, el cumplimiento no siempre es tarea fácil.

Por un lado, permitir la interoperabilidad entre servicios (por ejemplo, que un mensaje enviado a través de WhatsApp llegue a un usuario de Signal) entraña una gran complejidad desde el punto de vista técnico y requiere tiempo. Por otro lado, hacer que esta interoperabilidad sea segura para el usuario, la integridad de sus dispositivos y de sus datos resulta aún más difícil. Además, el DMA convive con otras normativas europeas, tales como el Reglamento de Ciberseguridad o el Reglamento General de Protección de Datos, cuyas obligaciones no siempre son compatibles con el DMA y requieren una interpretación conjunta.

La interoperabilidad no es tarea imposible, pero requiere tiempo, recursos y claridad normativa. Asimismo, no es una condición binaria, sino gradual y adaptable en función del contexto y teniendo en cuenta la perspectiva del usuario.

"La experiencia de usuario se convierte en un indicador central para evaluar si los objetivos regulatorios se traducen efectivamente en resultados reales"
El éxito del DMA debería medirse, en última instancia, no solo por el grado de interoperabilidad alcanzado, sino también por si los usuarios experimentan una mayor agencia, transparencia y control en sus interacciones digitales cotidianas. En este sentido, la experiencia de usuario se convierte en un indicador central para evaluar si los objetivos regulatorios se traducen efectivamente en resultados reales para las personas.

El DMA en el contexto geopolítico actual

Pese a que el Reglamento de Mercados Digitales tiene dos grandes objetivos (generar mayor "disputabilidad" y "equidad"), la razón de ser de esta norma no se puede entender sin tener en cuenta el actual contexto geopolítico. El DMA busca sentar las bases para una mayor capacidad de innovación europea y una menor dependencia de los grandes ecosistemas tecnológicos estadounidenses y chinos. Bajo esta lógica, la regulación es un instrumento estratégico para avanzar hacia una mayor soberanía tecnológica europea y reforzar la posición de la Unión en la economía digital global. Un ejemplo reciente de este impulso es la obligación, en las instituciones comunitarias, de sustituir motores de búsqueda extranjeros por motores de búsqueda europeos como Qwant (de origen francés), en aras de la protección de datos y la soberanía digital.

El reto del DMA se encuentra, por tanto, en adecuar el alcance y la aplicación de sus obligaciones para encontrar un equilibrio entre todos los factores (competencia, innovación, seguridad, soberanía). Las recomendaciones del policy brief de EsadeGeo destacan el desarrollo de indicadores de "disputabilidad" y "equidad" para medir el impacto real del reglamento, complementar el reglamento con instrumentos de financiación que permitan el escalado de proyectos innovadores en Europa y el establecimiento de estándares mínimos de seguridad en las obligaciones de interoperabilidad. Estas medidas podrían contribuir a reforzar la eficacia del DMA y su contribución a la soberanía tecnológica europea.
  • Desarrollar indicadores de "disputabilidad" y "equidad". La aplicación del DMA debería medir resultados reales de mercado, no solo cumplimiento formal. Indicadores como nuevas entradas en servicios de plataforma alternativos, cambios de proveedor o acceso a API ayudarían a evaluar su impacto efectivo.
 
  • Reducir el ciclo de revisión del DMA de tres a dos años. Un ciclo de dos años permitiría corregir antes efectos no deseados sobre la competencia, la innovación o la competitividad.
 
  • Formalizar un canal de diálogo entre reguladores y guardianes de acceso. Un diálogo regular entre la Comisión y los guardianes de acceso facilitaría detectar antes problemas de implementación. También podría reducir litigios, aumentar la transparencia y mejorar la aplicación práctica del DMA.
 
  • Calibrar las obligaciones del DMA según el riesgo de innovación y la madurez sectorial. No todos los servicios digitales presentan los mismos riesgos ni el mismo grado de madurez. Las obligaciones deberían ser más estrictas en mercados dominados y más flexibles en tecnologías emergentes.
 
  • Proteger los derechos de propiedad intelectual dentro de las obligaciones de interoperabilidad. Un marco equilibrado debería distinguir entre capas funcionales abiertas y elementos esenciales protegidos por propiedad intelectual.
 
  • Introducir espacios de innovación para experimentar con el cumplimiento del DMA. La Comisión podría crear entornos experimentales voluntarios para probar soluciones compatibles con el DMA.
 
  • Alinear el DMA con la política económica y los instrumentos financieros de la UE es una condición necesaria para alinear las estrategias de los distintos actores del mercado y aprovechar los efectos de la norma.
 
  • Establecer estándares mínimos de seguridad como condición para la interoperabilidad. La interoperabilidad no debería ser incondicional, sino depender del cumplimiento de requisitos técnicos de seguridad.
 
  • Definir y aplicar una interoperabilidad efectiva, no solo formal. La Comisión debería evaluarla con indicadores de su fluidez, facilidad de cambio o equivalencia de funciones.
 
  • Resolver la incoherencia regulatoria sobre consentimiento y gobernanza de datos. Las diferencias entre el DMA, el RGPD y el Reglamento de Servicios Digitales sobre el consentimiento generan inseguridad jurídica. Reglas claras de prioridad y mayor coordinación entre autoridades permitirían una aplicación más coherente.
Mara Balestrini
Mara Balestrini
'Senior fellow' de EsadeGeo
Es doctora en Ciencias Computacionales y profesora asistente en EsadeGeo, donde también ejerce labores de investigadora como 'senior fellow'. Cuenta con más de quince años de experiencia en el sector de la transformación digital, en los que ha sido asesora del Ministerio de Economía y Transformación Digital o la Comisión Europea, entre otras.
Laia Serrano i Sorroca
Laia Serrano i Sorroca
Asistente de investigación en EsadeGeo
Dario Arjomandi
Dario Arjomandi
Investigador en EsadeGeo y el Global Governance Forum
Dario Arjomandi Rabbani es investigador de EsadeGeo y del Global Governance Forum, donde trabaja en temas como reforma de las instituciones internacionales, política económica europea y desarrollo. Ha trabajado en el Parlamento Europeo y colaborado con el Cercle d’Economia y con Equipo Europa.
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