

"La OTAN 3.0 es una Alianza en la que los miembros europeos y Canadá se encargan de la defensa convencional del espacio euroatlántico"Esa transición era esperada dentro y fuera de la Alianza, y ya está ocurriendo. Pero está siendo incluso más rápida de lo esperado. Tanto a nivel de personal como en materia de capacidades. En el primer punto, EE. UU. ha cedido el liderazgo del Centro de Mando Conjunto de Norfolk (Virginia, Estados Unidos) y de Nápoles (Italia). El Centro de Mando Conjunto de Brunssum (Países Bajos) ya se encontraba liderado por un europeo. Sin embargo, los estadounidenses no han abandonado otras posiciones clave de liderazgo, como el mando de las fuerzas aéreas (AIRCOM) o terrestres (LANDCOM). Por supuesto, la pieza clave es el comandante supremo aliado en Europa (SACEUR). El termómetro que todo el mundo mira de cerca y que sí que representaría una demostración tangible de pérdida definitiva de interés estadounidense por la Alianza sería una renuncia temprana al puesto de SACEUR, algo que no ha pasado.
"EE. UU. también ha procedido a un reajuste en el llamado «Modelo de Fuerza» de la Alianza, retirando capacidades que irán dirigidas a otras prioridades"La cumbre de Ankara viene a sellar políticamente este proceso que ya está ocurriendo. Aunque ese sea el tema central, hay otras cuestiones sobre la mesa que no son menores, como, por ejemplo, el reparto de la carga entre el resto de aliados en su respaldo a Ucrania después de que EE. UU. haya dejado de donar material militar a Kiev desde 2025. Los aliados nórdicos y del este quieren un reparto más justo de la carga, aunque los intentos de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, por dar con un mecanismo que garantice un mejor reparto de las contribuciones a Ucrania han fracasado por el momento con una fuerte oposición de los socios occidentales y del sur.
"La delegación estadounidense en la OTAN ya ha dejado claro que el presidente se siente «decepcionado» por lo que considera una falta de apoyo de sus aliados europeos"Nada borra el daño que Trump y algunos miembros de su Administración, como Pete Hegseth, secretario del Departamento de Defensa, están haciendo a la confianza entre aliados. Todo ello a pesar de que otros, por debajo de esa capa, en niveles técnicos, o incluso Elbridge Colby, subsecretario de Defensa, hayan presentado un discurso menos confrontacional. La amenaza contra Dinamarca para hacerse con Groenlandia no se ha olvidado, ni tampoco las declaraciones todavía recientes en las que Trump barajaba como posibilidad sacar a EE. UU. de la OTAN, a pesar de que esa decisión tiene una serie de salvaguardias que la harían muy difícil de ejecutar. Pero el objetivo de la Alianza ahora, como ya ocurrió en el primer mandato de Trump, es resistir, sobrevivir. Y mientras tanto, adaptar el bloque militar a una realidad que se conocía desde hace décadas: la necesidad de una OTAN más europea.
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