Martes, 28 de julio de 2026
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Del 'burden sharing' al 'burden shifting': qué esperar de la cumbre de la OTAN

Los líderes de la OTAN celebran un encuentro marcado por las nuevas responsabilidades de los miembros europeos de la Alianza un año después de la 'revolución' económica de La Haya. El corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón sostiene que España llega a Ankara con dos objetivos: blindar en el comunicado final una "Alianza con una visión también hacia el sur" y esquivar los ataques de Trump por no elevar el gasto en defensa al 5% del PIB.

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 6 de julio de 2026
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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, visitó a Donald Trump en la Casa Blanca durante el mes de junio. | Casa Blanca / Daniel Torok
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, visitó a Donald Trump en la Casa Blanca durante el mes de junio. | Casa Blanca / Daniel Torok
Este martes y miércoles se reúnen en Ankara (Turquía) los líderes de la OTAN bajo la siempre alargada sombra de Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Los aliados esperan salir de la reunión con el menor número de reproches posible y con la organización a salvo. Las cumbres se han convertido en un puro ejercicio de contención de daños. Esta, en todo caso, es una pura continuación de la reunión que los líderes celebraron en La Haya el año pasado, en la que, con la excepción de España, todos los miembros se comprometieron a aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB. El Gobierno español sigue defendiendo que será capaz de cumplir con su compromiso de capacidades con el actual 2,1% del PIB destinado a estos fines, mientras otros aliados empiezan a encontrar problemas fiscales para cumplir con las expectativas marcadas hace un año.

En todo caso, la evolución de la OTAN desde 2024 hasta este 2026 se puede seguir a través de dos términos ingleses: burden sharing, es decir, reparto de la carga, y burden shifting, que se traduce como traslado del peso. En La Haya todo consistió en un nuevo reparto de la carga económica, con los aliados europeos teniendo que comprometerse a una inversión mucho mayor en defensa para equilibrar las finanzas de la Alianza y evitar que dependa tanto del dinero estadounidense. Según datos estadounidenses, los aliados europeos han comprometido inversiones de 120.000 millones de euros en el último año, la mitad en equipamiento norteamericano.

El siguiente paso era el lógico: que ese cambio en el peso de quién paga qué en la OTAN se tradujera en un cambio en quién hace qué. El burden shifting, el nuevo reparto de responsabilidades. Es lo que el Pentágono ha venido a calificar como la "OTAN 3.0", una Alianza en la que los miembros europeos y Canadá se encargan de la defensa convencional del espacio euroatlántico, mientras que EE. UU. mantiene su compromiso con el elemento central de su participación en la OTAN, que es la disuasión nuclear.

"La OTAN 3.0 es una Alianza en la que los miembros europeos y Canadá se encargan de la defensa convencional del espacio euroatlántico"
Esa transición era esperada dentro y fuera de la Alianza, y ya está ocurriendo. Pero está siendo incluso más rápida de lo esperado. Tanto a nivel de personal como en materia de capacidades. En el primer punto, EE. UU. ha cedido el liderazgo del Centro de Mando Conjunto de Norfolk (Virginia, Estados Unidos) y de Nápoles (Italia). El Centro de Mando Conjunto de Brunssum (Países Bajos) ya se encontraba liderado por un europeo. Sin embargo, los estadounidenses no han abandonado otras posiciones clave de liderazgo, como el mando de las fuerzas aéreas (AIRCOM) o terrestres (LANDCOM). Por supuesto, la pieza clave es el comandante supremo aliado en Europa (SACEUR). El termómetro que todo el mundo mira de cerca y que sí que representaría una demostración tangible de pérdida definitiva de interés estadounidense por la Alianza sería una renuncia temprana al puesto de SACEUR, algo que no ha pasado.


En cuestión de capacidades, que viene a ser el inventario de material militar disponible para la defensa de la OTAN, EE. UU. también ha procedido a un reajuste en el llamado "Modelo de Fuerza" de la Alianza, retirando capacidades que irán dirigidas a otras prioridades, mientras los socios europeos y Canadá cubren esas necesidades. Está siendo, aseguran todas las fuentes consultadas, un proceso coordinado y en el que Washington está siendo leal con sus socios europeos.

"EE. UU. también ha procedido a un reajuste en el llamado «Modelo de Fuerza» de la Alianza, retirando capacidades que irán dirigidas a otras prioridades"
La cumbre de Ankara viene a sellar políticamente este proceso que ya está ocurriendo. Aunque ese sea el tema central, hay otras cuestiones sobre la mesa que no son menores, como, por ejemplo, el reparto de la carga entre el resto de aliados en su respaldo a Ucrania después de que EE. UU. haya dejado de donar material militar a Kiev desde 2025. Los aliados nórdicos y del este quieren un reparto más justo de la carga, aunque los intentos de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, por dar con un mecanismo que garantice un mejor reparto de las contribuciones a Ucrania han fracasado por el momento con una fuerte oposición de los socios occidentales y del sur.

Ataques y amenazas

Pero una cosa es el día a día de la Alianza, que sigue funcionando bien, y otra es el ámbito político. Toda la cumbre estará cubierta por la amenaza de las recriminaciones de Trump. La delegación estadounidense en la OTAN ya ha dejado claro que el presidente se siente "decepcionado" por lo que considera una falta de apoyo de sus aliados europeos durante la operación Epic Fury contra Irán, algo que el inquilino de la Casa Blanca ya ha dicho públicamente, señalando a todos los aliados históricos, como el Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y, por supuesto, España.

"La delegación estadounidense en la OTAN ya ha dejado claro que el presidente se siente «decepcionado» por lo que considera una falta de apoyo de sus aliados europeos"
Nada borra el daño que Trump y algunos miembros de su Administración, como Pete Hegseth, secretario del Departamento de Defensa, están haciendo a la confianza entre aliados. Todo ello a pesar de que otros, por debajo de esa capa, en niveles técnicos, o incluso Elbridge Colby, subsecretario de Defensa, hayan presentado un discurso menos confrontacional. La amenaza contra Dinamarca para hacerse con Groenlandia no se ha olvidado, ni tampoco las declaraciones todavía recientes en las que Trump barajaba como posibilidad sacar a EE. UU. de la OTAN, a pesar de que esa decisión tiene una serie de salvaguardias que la harían muy difícil de ejecutar. Pero el objetivo de la Alianza ahora, como ya ocurrió en el primer mandato de Trump, es resistir, sobrevivir. Y mientras tanto, adaptar el bloque militar a una realidad que se conocía desde hace décadas: la necesidad de una OTAN más europea.


Para el Gobierno español, la cumbre consiste en dos cuestiones fundamentales. Una es que en el comunicado final quede bien reflejada su idea de una Alianza con una visión también hacia el sur, y la otra es esquivar en la medida de lo posible los ataques directos por parte de Trump, que no perdona que Madrid no se haya comprometido a aumentar su gasto en defensa hasta el 5% y que tampoco haya cooperado en las operaciones norteamericanas contra Irán.
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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