

España sale mejor parada que sus vecinos en el Eurotrack de marzo elaborado por YouGov; lo hace, en parte, por una combinación de liderazgo, contexto internacional y una agenda doméstica cada vez más singular.
La encuesta dibuja un país donde Pedro Sánchez mejora, la vivienda sigue desbordando al resto de problemas y la desconfianza hacia Donald Trump y Benjamín Netanyahu encaja con un giro más amplio de la opinión pública europea hacia la Unión Europea como salvaguarda de un modelo propio en medio del caos internacional.
Uno de los datos más significativos del Eurotrack de marzo para España es el crecimiento de la aprobación del Gobierno, que pasa del 26% al 37%. Una subida de once puntos que destaca claramente dentro del conjunto de países abordados en el barómetro. La desaprobación, por su parte, baja del 64% al 54%, una mejora de diez puntos que sitúa a España en una posición notablemente menos mala que en la oleada anterior.
"El Gobierno español sale mejor parado que buena parte del resto del panel, como los de Reino Unido, Francia, Alemania e Italia"No es un giro aislado en términos absolutos, porque el 37% de aprobación sigue siendo una cifra modesta, pero, si se observa en términos relativos, el Gobierno español sale mejor parado que buena parte del resto del panel, como los de Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Incluso el Gobierno de Dinamarca, con un 38% de aprobación, retrocede ligeramente respecto al mes anterior.
La valoración personal de Pedro Sánchez confirma esa mejora. Su opinión favorable sube del 32% al 35% y la desfavorable baja del 66% al 61%, lo que dibuja un avance moderado pero real en su imagen pública. El movimiento coincide, además, con un posicionamiento internacional muy visible del presidente del Gobierno, especialmente en política exterior y en su rechazo a la guerra, un perfil que parece haberle dado aire en la opinión pública.
El contraste con el resto de líderes europeos es ilustrativo. Keir Starmer se mantiene en un nivel muy bajo de popularidad; Emmanuel Macron sigue atrapado en una fuerte mayoría de rechazo; Friedrich Merz mejora ligeramente; Giorgia Meloni permanece relativamente estable, en niveles similares a Sánchez, y Mette Frederiksen conserva los mejores registros del grupo. En este sentido, España destaca por ser el país donde el principal dirigente mejora en un contexto general poco favorable.
Si hay un consenso claro en la encuesta, es el rechazo a Donald Trump y Benjamín Netanyahu. En España, Trump obtiene un 14% de favorable y un 81% de desfavorable en la oleada de marzo, mientras que Netanyahu se queda en un 8% de favorable y un 63% de desfavorable. El dato español se inserta en un patrón europeo de fuerte desconfianza hacia ambos liderazgos.
La comparación internacional es útil porque muestra que el rechazo a Trump es muy alto en todos los países, con Dinamarca como caso especialmente extremo y España e Italia algo más permeables a una simpatía minoritaria
"El ''Eurotrack'' de marzo no revela afinidades nuevas con Estados Unidos o Israel, sino más bien una consolidación del rechazo"Con Netanyahu ocurre algo parecido: la valoración negativa domina ampliamente en toda Europa, y España no se separa de esta pauta general. En otras palabras, el Eurotrack de marzo no revela afinidades nuevas con EE. UU. o Israel, sino más bien una consolidación del rechazo.
La gran singularidad española sigue siendo la vivienda. Cuando se pregunta por los dos principales problemas del país, el 49% de los españoles menciona la vivienda, muy por encima de cualquier otro asunto y con una distancia desesperante respecto a los demás países del panel. Ninguna otra cuestión presenta un peso similar en la comparación europea.
Ese dato tiene una lectura política evidente: la vivienda es el problema que estructura gran parte de la percepción pública española en este momento. A cierta distancia aparecen la situación económica general y la sanidad, ambas en el 25%, mientras que la inmigración baja del 32% al 27% y pierde algo de centralidad respecto al barómetro de febrero. El resultado sugiere un desacople entre la agenda de la derecha radical y la jerarquía real de preocupaciones ciudadanas.
Hay, además, dos señales ligadas al contexto exterior que sí ganan presencia. La amenaza del terrorismo o de una agresión internacional sube del 2% al 6%, y la cuestión del suministro energético pasa del 1% al 10%, como consecuencia directa de la guerra en Irán.
La pregunta sobre un hipotético referéndum de pertenencia a la Unión Europea refuerza la pauta general de la encuesta. En España, el 70% votaría por permanecer en la UE, mientras que solo el 10% optaría por salir. Es una subida relevante respecto a la oleada anterior, en la que el apoyo a la permanencia era del 67%.
La tendencia general en los seis países es hacia una reafirmación europeísta, aunque con matices nacionales. Dinamarca mantiene niveles muy altos de apoyo, Reino Unido muestra una inclinación clara a reincorporarse, Italia mejora ligeramente, Alemania baja de forma moderada y Francia permanece estancada en un nivel más bajo que el resto. El dato de fondo es que la pertenencia a la UE gana valor cuando el entorno internacional se vuelve más incierto.
En el caso español, esa evolución tiene un matiz particular. El europeísmo siempre ha sido alto, vinculado especialmente a la idea de progreso tras la Transición y la modernización del país. La cuestión es que ahora parece adquirir una dimensión más funcional y menos aspiracional: no solo como identidad, sino como protección política y estratégica.
La evaluación de la gestión gubernamental dibuja un mapa de contrastes. España mejora en defensa, donde la valoración positiva sube del 33% al 38% y la negativa baja del 53% al 50%. También hay pequeñas mejoras en inmigración y medio ambiente, mientras que sanidad se mantiene estable.
"La percepción del Gobierno puede mejorar cuando el foco se desplaza a asuntos internacionales, pero sigue muy penalizada cuando la encuesta entra en la gestión doméstica"En cambio, los grandes problemas domésticos siguen suspendiendo con claridad. La economía obtiene un 28% de valoración positiva frente a un 66% de negativa; fiscalidad se queda en 22% positiva y 71% negativa; desempleo en 29% y 64%, y educación en 31% y 63%. El patrón es bastante claro: la percepción del Gobierno puede mejorar cuando el foco se desplaza a asuntos internacionales, pero sigue muy penalizada cuando la encuesta entra en la gestión doméstica.
Las preguntas sobre el bolsillo y la economía cierran la encuesta con un tono pesimista. En España, el 17% cree que la situación financiera de su hogar mejorará en los próximos doce meses, frente a un 35% que cree que empeorará. En la economía nacional, el balance es todavía peor: solo el 13% espera una mejora, mientras que el 55% anticipa un deterioro.
"El 19% cree que la economía ha mejorado en el último año, frente al 56% que piensa que ha empeorado"El dato importante es tanto el nivel de pesimismo como su velocidad. En febrero, el porcentaje de españoles que esperaba un empeoramiento de la economía nacional era sensiblemente menor; en marzo aumenta diez puntos. Eso sugiere una sensibilidad creciente al entorno internacional y a la percepción de fragilidad económica. Aunque España no es el país más pesimista del panel, sí aparece claramente atrapada en una lógica de incertidumbre.
La primera es que Sánchez mejora. Su subida en aprobación y en valoración personal es real, pero todavía insuficiente para hablar de un cambio de ciclo. La mejora parece asentarse más en la reducción del rechazo que en la aparición de una base nueva de apoyo.
La segunda es que la agenda española sigue siendo extraordinariamente particular. La vivienda domina sin competencia, la inmigración pierde relevancia y la energía entra con fuerza en la conversación pública. Eso convierte a España en un caso singular dentro del panel europeo.
La tercera es que Europa gana valor cuando el exterior se vuelve más inestable. El avance del europeísmo español y el rechazo a Trump y Netanyahu apuntan a una ciudadanía que mira a la UE como un espacio de protección frente a la incertidumbre. No es una adhesión sentimental: es una respuesta política a un entorno más hostil.
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