

Nunca esperes gratitud de los votantes. Winston Churchill aprendió esa amarga lección cuando en 1945 perdió por amplia diferencia las elecciones generales británicas (a pesar de haber sido el inspirador de la victoria de Occidente contra los nazis). Ahora la primera ministra danesa Mette Frederiksen (una de las pocas líderes mundiales que plantó cara al presidente estadounidense Donald Trump) ha visto la derrota de su partido y de su coalición de gobierno, aunque todavía puede volver a ocupar el cargo con una coalición nueva.
En momentos en que muchos países europeos luchan por enfrentar el desafío de partidos populistas y nacionalistas, Dinamarca, bajo el Gobierno de Frederiksen, parecía una excepción. Tras las elecciones de 2022, se formó un gobierno mayoritario mediante la unión de las fuerzas de centro. Los dos rivales tradicionales de la política danesa (los socialdemócratas y el partido liberal "Venstre", cuyo nombre significa "izquierda", aunque en realidad se sitúa a la derecha) se unieron al nuevo partido Moderados, liderado por el ex primer ministro escindido de Venstre Lars Løkke Rasmussen, para formar una mayoría parlamentaria duradera.
Fue un gobierno único en la historia política danesa. Dinamarca tiene una larga tradición de gobiernos en minoría. De hecho, nunca antes en tiempos de paz se había dado que un gobierno danés compuesto por partidos de ambos lados del espectro político cumpliera todo su mandato. De modo que este logro de Frederiksen fue en sí mismo notable.
Pero, como se dice en la profesión médica, la operación fue un éxito, pero el paciente murió.
El experimento de una variante de lo que los franceses llaman "cohabitación" terminó rechazado, a pesar del amplio consenso en que el gobierno dio estabilidad, aumentó el gasto en defensa hasta el 3,5% del PIB (sin subir ni un solo impuesto ni recortar el gasto público en otras áreas) y mantuvo a Dinamarca como uno de los aliados más fiables de Ucrania.
"Pese a la estabilidad, el aumento del gasto en defensa y la firmeza ante Trump, los votantes dieron la espalda a Frederiksen"Otro logro fue la firme gestión del profundo abismo abierto con los Estados Unidos tras las presiones de Trump sobre Groenlandia. Y aunque el gobierno nació en un contexto de sensación de crisis tras la invasión rusa de Ucrania, gozó de un entorno económico muy propicio, con un boom de crecimiento que permitió un aumento casi histórico del margen fiscal.
Sin embargo, pese al amplio consenso parlamentario logrado por el gobierno en materia de defensa, su manejo de graves desafíos en política exterior y el dinamismo económico de su mandato, los votantes dieron la espalda a Frederiksen, al ministro de Asuntos Exteriores Lars Løkke Rasmussen y al ministro de Defensa Troels Lund Poulsen. Han trasladado su apoyo en dirección a fuerzas contrarias a la inmigración, como el Partido Popular Danés en el lado derecho del espectro, así como hacia el Partido Popular Socialista en la izquierda.
Una posible razón de la pérdida de apoyo de los votantes fue la decisión del gobierno en 2023 de reforzar las finanzas públicas derogando el feriado del Gran Día de la Oración. Esta decisión, aparentemente menor (sobre todo si se la compara con la guerra en Ucrania y la actitud firme ante Trump), generó, sin embargo, fuerte rechazo, sobre todo de los sindicatos.
Una característica llamativa de la campaña electoral fue que cuestiones como el bienestar animal en la producción porcina y la protección del agua potable se impusieron a los temores por la crisis actual del petróleo o la seguridad mundial. La inmigración también sigue siendo un tema muy divisivo, y es posible que en los próximos años evolucione hacia un debate más amplio sobre los trabajadores migrantes, que hoy representan alrededor del 10% del empleo total.
Otro momento decisivo de la campaña fue el debate sobre la propuesta socialdemócrata de introducir un impuesto del 0,5% a patrimonios superiores a 25 millones de coronas (3,9 millones de dólares). Frederiksen esperaba que la propuesta (con la que se financiaría una ambiciosa reforma para limitar a catorce alumnos el tamaño de clase en los primeros cursos) generara apoyo a la coalición; en vez de eso, provocó un fuerte rechazo empresarial. El resultado electoral implica que Dinamarca no aprobará un impuesto al patrimonio.
Aun así, con una economía sólida y un muy desarrollado estado de bienestar, se podía esperar que Dinamarca evitara la polarización política y la fragmentación que se observan en otros lugares. Pero ningún partido obtuvo más del 22% de los votos, y los doce partidos que se presentaron a las elecciones tendrán representación en el Parlamento danés (que nunca estuvo tan fragmentado).
Aunque los socialdemócratas de Frederiksen todavía son el primer partido, los liberales han quedado detrás del Partido Popular Socialista y están bajo presión creciente de otras fuerzas de derecha como la Alianza Liberal. Este cambio en las afinidades partidarias puede ser reflejo del creciente ordenamiento de los votantes daneses en torno a temas más que ideologías. A algunos los preocupa ante todo la difícil situación de las áreas rurales; otros ponen el énfasis en la inmigración, el entorno empresarial, la política climática o el bienestar animal. Igual que en muchos otros países, los partidos han perdido enormes cantidades de afiliados en el último medio siglo y ahora dependen en gran medida de la financiación estatal.
"Tal vez el mayor riesgo para Dinamarca no sea Trump ni el Kremlin, sino un regreso a la inestabilidad de los años setenta"Cualesquiera sean sus causas, la polarización y la fragmentación amenazan la estabilidad política y dificultan cada vez más a los partidos la formación de gobiernos estables y eficaces. Es el principal problema para Frederiksen, que todavía es la figura con más posibilidades de liderar el próximo gobierno. El desafío de gobernar será particularmente complejo para ella. Tiene un compromiso con mantener una postura firme en materia de inmigración y al mismo tiempo posicionarse como una estadista paneuropea con una política exterior decidida y dispuesta a impulsar la reforma económica de la Unión Europea, cuestiones en las que suele estar más cerca de los partidos de derecha que de los de izquierda. Tal vez el mayor riesgo que enfrenta Dinamarca no sea Trump ni el Kremlin, sino un regreso a la inestabilidad de los años setenta, caracterizada por elecciones frecuentes (más o menos cada dos años) y mal desempeño económico. Felizmente, la sólida tradición danesa de cooperación y el amplio consenso parlamentario en cuestiones importantes dan motivos para confiar en que el país pueda manejar su creciente fragmentación política. Muchos de los colegas europeos de Frederiksen verían con agrado su permanencia en el cargo.
Traducción de Esteban Flamini
© Project Syndicate, 2026.

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