

"La ruta atlántica, con más de 1.500 kilómetros de travesía desde las costas mauritanas, es extremadamente sensible a los temporales de invierno"La primera es la que nadie quiere mencionar precisamente porque nadie puede atribuírsela: el tiempo. Un informe de Frontex que recoge los datos de detecciones en fronteras exteriores atribuye parte significativa del descenso a las graves condiciones meteorológicas que han afectado a las principales rutas en estos primeros meses del año. La ruta atlántica, con más de 1.500 kilómetros de travesía desde las costas mauritanas, es extremadamente sensible a los temporales de invierno. Este factor genera una estacionalidad natural en las llegadas que ningún acuerdo diplomático puede replicar, pero que tampoco puede atribuirse a ningún ministro.
"Los flujos que antes partían del Sáhara hacia el Atlántico están virando hacia el este argelino, hacia travesías más largas y menos monitorizadas"La tercera causa es la que menos atención recibe y, posiblemente, la más relevante para entender el fenómeno en su conjunto: el desplazamiento. Las personas no dejan de moverse porque Mauritania intensifique sus patrullas. Cambian de ruta. La nueva geografía del movimiento migratorio hacia España tiene un nuevo epicentro: el archipiélago balear. El año 2025 marcó el récord histórico absoluto en esta ruta, con más de 7.300 llegadas en patera que equivalen a un incremento del 24,5% respecto al año anterior. Caminando Fronteras, una organización que monitorea el derecho a la vida en las rutas migratorias, documenta cómo los flujos que antes partían del Sáhara hacia el Atlántico están virando hacia el este argelino, hacia travesías más largas, menos monitorizadas y con una cobertura de rescate sensiblemente inferior. "Si no lo hacen hacia Canarias, será hacia Baleares", sintetiza la directora del Observatorio de Migraciones de la UIB, Margalida Capellà.
"Durante el primer semestre de 2025, Mauritania expulsó a más de 28.000 personas hacia zonas remotas de la frontera con Malí y Senegal"Sin embargo, las estadísticas de muertes no son el único ángulo que merece atención. Lo que ocurre tierra adentro, lejos de las costas y de los radares mediáticos, plantea preguntas igualmente relevantes sobre el modelo. Durante el primer semestre de 2025, Mauritania expulsó a más de 28.000 personas hacia zonas remotas de la frontera con Malí y Senegal, donde la presencia de organismos humanitarios es limitada o inexistente. Organizaciones de derechos humanos han documentado estas prácticas y han señalado la tensión que generan con los estándares internacionales de protección. No se trata de cuestionar la legitimidad de los acuerdos de cooperación migratoria, sino de señalar que su eficacia no puede medirse únicamente por los flujos que contienen, sino también por las condiciones en las que lo hacen.
"Cuando abrió deliberadamente el paso en Ceuta para presionar a Madrid, Marruecos demostró que el control migratorio puede convertirse en una herramienta de política exterior"Mauritania conoce perfectamente el valor estratégico que tiene para Europa en este tablero, y sería ingenuo pensar que no lo va a utilizar. Marruecos ya demostró en 2021, cuando abrió deliberadamente el paso en Ceuta para presionar a Madrid, que el control migratorio puede convertirse en una herramienta de política exterior de efecto inmediato. El precedente existe, la lógica se repite y los incentivos siguen intactos. Que esta dependencia figure en los análisis de riesgo no significa que haya derivado todavía en una respuesta política a la altura. Europa sabe que es vulnerable en este flanco y, sin embargo, lleva años financiando exactamente esa vulnerabilidad.
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