Martes, 28 de julio de 2026
MIGRACIONES

Las llegadas irregulares a Canarias caen un 83%, pero el Mediterráneo no descansa

Aunque las llegadas de inmigración irregular a Canarias se desploman, el experto en seguridad Antonio Legaz detecta que, lejos de ser una buena noticia, el flujo migratorio real se desvía hacia travesías más letales. El Mediterráneo sufre su peor inicio de año, demostrando que "cuando el indicador político mejora, el indicador humanitario empeora". El aporte de Legaz revela que "menos llegadas a Canarias no significa menos personas en el mar", sino fallecidos que escapan a las estadísticas oficiales.

Antonio Legaz Antonio Legaz 17 de marzo de 2026
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El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska. | Alejandro Martínez Vélez / Europa Press / ContactoPhoto
El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska. | Alejandro Martínez Vélez / Europa Press / ContactoPhoto
Entre enero y febrero de 2026, las llegadas irregulares a las islas Canarias cayeron un 83% respecto al mismo periodo del año anterior. Las llegadas han pasado de más de 7.000 personas a apenas 1.215. Es un descenso sin precedentes recientes y el Gobierno lo presenta como prueba de que su política de acuerdos con países de origen y tránsito está funcionando. No hay motivo para descartar esa lectura, pero tampoco para aceptarla sin más preguntas. Los indicadores de frontera miden cuántos cruzan; no necesariamente lo que ocurre con quienes no cruzan, ni lo que sucede en las rutas que quedan fuera del foco.

España lleva años intentando resolver uno de los problemas políticos más complejos de su agenda interior: la llegada masiva de migrantes por la ruta atlántica occidental, esa línea invisible que une las costas de Mauritania, Senegal y el norte de África con las playas canarias. Es la ruta más larga y más peligrosa del mundo para llegar a Europa. En 2024, más de 46.000 personas la completaron. El pico era insostenible política, social y humanitariamente. Y ahora, de repente, los números se desploman. Por todo ello, es preciso preguntarse qué hay exactamente detrás de ese desplome.

Tres causas, un único titular

La realidad, como casi siempre, es más complicada que el comunicado de prensa. La caída del 83% no tiene una sola explicación; tiene al menos tres, que actúan de forma simultánea y que el debate político trata de forma completamente separada, como si fueran compartimentos.

"La ruta atlántica, con más de 1.500 kilómetros de travesía desde las costas mauritanas, es extremadamente sensible a los temporales de invierno"
La primera es la que nadie quiere mencionar precisamente porque nadie puede atribuírsela: el tiempo. Un informe de Frontex que recoge los datos de detecciones en fronteras exteriores atribuye parte significativa del descenso a las graves condiciones meteorológicas que han afectado a las principales rutas en estos primeros meses del año. La ruta atlántica, con más de 1.500 kilómetros de travesía desde las costas mauritanas, es extremadamente sensible a los temporales de invierno. Este factor genera una estacionalidad natural en las llegadas que ningún acuerdo diplomático puede replicar, pero que tampoco puede atribuirse a ningún ministro.


La segunda explicación sí tiene nombre, apellidos y partida presupuestaria: la externalización. Desde 2024, España ha construido una arquitectura diplomática de control migratorio con los países de origen y tránsito. El Gobierno de Sánchez firmó memorandos de entendimiento con Mauritania, Gambia y Senegal sobre migración circular, selección de trabajadores en origen y cooperación policial. En julio de 2025, el presidente viajó personalmente a Nuakchot para reforzar esa alianza estratégica. La Unión Europea, por su parte, destinó 210 millones de euros a financiar operaciones mauritanas de control fronterizo que, solo en el primer semestre del año anterior, interceptaron más de 13.500 embarcaciones. El resultado fue una caída del 59% en las llegadas desde Mauritania ya en 2025, el preámbulo del desplome actual. El mecanismo funciona. La pregunta es a qué precio.

"Los flujos que antes partían del Sáhara hacia el Atlántico están virando hacia el este argelino, hacia travesías más largas y menos monitorizadas"
La tercera causa es la que menos atención recibe y, posiblemente, la más relevante para entender el fenómeno en su conjunto: el desplazamiento. Las personas no dejan de moverse porque Mauritania intensifique sus patrullas. Cambian de ruta. La nueva geografía del movimiento migratorio hacia España tiene un nuevo epicentro: el archipiélago balear. El año 2025 marcó el récord histórico absoluto en esta ruta, con más de 7.300 llegadas en patera que equivalen a un incremento del 24,5% respecto al año anterior. Caminando Fronteras, una organización que monitorea el derecho a la vida en las rutas migratorias, documenta cómo los flujos que antes partían del Sáhara hacia el Atlántico están virando hacia el este argelino, hacia travesías más largas, menos monitorizadas y con una cobertura de rescate sensiblemente inferior. "Si no lo hacen hacia Canarias, será hacia Baleares", sintetiza la directora del Observatorio de Migraciones de la UIB, Margalida Capellà.

El Mediterráneo como espejo

Si hubiera un indicador que actuase como contralectura del éxito, ese sería la cifra de muertos en el intento. El Mediterráneo vive en 2026 el arranque de año más mortífero desde que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) lleva registros: más de 768 personas han muerto o desaparecido desde enero, una cifra que ya a finales de febrero superaba los 600 fallecidos. Para entender la magnitud del dato, basta con compararlo con el ritmo del año anterior. En todo 2025 murieron 2.469 personas intentando llegar a Europa por vía marítima, lo que supone una media de algo más de 200 fallecidos al mes. En los dos primeros meses de 2026, esa media se ha triplicado. Cuando el indicador político mejora, el indicador humanitario empeora. Menos llegadas a Canarias no significa menos personas en el mar, significa más personas en partes del mar donde nadie las está contando.

"Durante el primer semestre de 2025, Mauritania expulsó a más de 28.000 personas hacia zonas remotas de la frontera con Malí y Senegal"
Sin embargo, las estadísticas de muertes no son el único ángulo que merece atención. Lo que ocurre tierra adentro, lejos de las costas y de los radares mediáticos, plantea preguntas igualmente relevantes sobre el modelo. Durante el primer semestre de 2025, Mauritania expulsó a más de 28.000 personas hacia zonas remotas de la frontera con Malí y Senegal, donde la presencia de organismos humanitarios es limitada o inexistente. Organizaciones de derechos humanos han documentado estas prácticas y han señalado la tensión que generan con los estándares internacionales de protección. No se trata de cuestionar la legitimidad de los acuerdos de cooperación migratoria, sino de señalar que su eficacia no puede medirse únicamente por los flujos que contienen, sino también por las condiciones en las que lo hacen.

No todo lo que importa cuenta

El problema estructural de la gestión migratoria europea y, en este caso, la española, no es la falta de recursos ni de voluntad política. Es la elección deliberada de los indicadores con los que se mide el éxito. Cuando una política se evalúa exclusivamente por el número de llegadas, todo lo que reduce ese número se convierte automáticamente en una victoria, independientemente de lo que ocurra con las personas que ya no llegan. Es una trampa metodológica que tiene consecuencias políticas muy concretas: invisibiliza el sufrimiento, incentiva la externalización sin límites y convierte a los países vecinos en instrumentos de control fronterizo con carta blanca en materia de derechos humanos.

"Cuando abrió deliberadamente el paso en Ceuta para presionar a Madrid, Marruecos demostró que el control migratorio puede convertirse en una herramienta de política exterior"
Mauritania conoce perfectamente el valor estratégico que tiene para Europa en este tablero, y sería ingenuo pensar que no lo va a utilizar. Marruecos ya demostró en 2021, cuando abrió deliberadamente el paso en Ceuta para presionar a Madrid, que el control migratorio puede convertirse en una herramienta de política exterior de efecto inmediato. El precedente existe, la lógica se repite y los incentivos siguen intactos. Que esta dependencia figure en los análisis de riesgo no significa que haya derivado todavía en una respuesta política a la altura. Europa sabe que es vulnerable en este flanco y, sin embargo, lleva años financiando exactamente esa vulnerabilidad.


España tiene una política migratoria que funciona para los titulares. Lo que no tiene (y lo que el debate público debería exigir) es una política que funcione también para las personas. Medir el éxito por las llegadas que no se producen es como medir la salud de un hospital por la cantidad de pacientes que no pasan por urgencias. El dato puede ser bueno. La realidad, detrás del dato, puede ser otra historia completamente distinta. Y en este caso, la distancia entre ambas cosas es de 83 puntos porcentuales y varios cientos de muertos.
Antonio Legaz
Antonio Legaz
Analista de defensa e inteligencia en una empresa del sector de la defensa
Participación