Por primera vez en muchas décadas, España tiene una enorme ventaja económica respecto a Alemania, Francia e Italia: el precio industrial de la electricidad es significativamente más barato que en estos países. En 2024 fue un 21% más bajo que la media europea, según Caixa Bank Research, y se prevé que en la próxima década
continuará siendo muy inferior al de las grandes economías europeas.
"España tiene un gran potencial para seguir incrementando la electricidad de origen renovable a precios bajos: hay un compromiso para elevar las renovables hasta el 81% en 2030"
El diferencial es consecuencia del encarecimiento del gas en Centroeuropa tras la
invasión rusa de Ucrania, pero
sobre todo de la fuerte apuesta de España por las energías renovables que en 2024 generan ya el 57% del total de la electricidad producida, cuando en 2017 este porcentaje era sólo del 32,5%. Tenemos además un enorme potencial para continuar incrementando la electricidad de origen renovable a precios bajos, hasta el punto de que nos hemos comprometido a elevar las renovables hasta el 81% en 2030 en el
Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).
Nuestra nueva ventaja competitiva adquiere carácter estratégico en el actual contexto geopolítico cuando, como titulaba el FMI, la política industrial está de vuelta. Tras décadas en las que el dogma era que la mejor política industrial era la que no existía, Estados Unidos, China y la Unión Europea han multiplicado exponencialmente el número de acciones y
subvenciones de apoyo a sus industrias.
Draghi lo resumía el pasado agosto "donde antes se confiaba en los mercados para guiar la economía, hoy hay políticas industriales de gran alcance" en un discurso en el que reclamó a Europa medidas urgentes: "los gobiernos europeos deben
definir en qué sectores centrar la política industrial. Deben eliminar barreras innecesarias y
revisar la estructura de permisos en el ámbito energético.
Deben ponerse de acuerdo sobre cómo financiar las gigantescas inversiones necesarias en el futuro, estimadas en alrededor de 1,2 billones de euros al año".
"La autonomía estratégica abierta apoya producir de forma independiente y autónoma materiales básicos, pero sobre todo tecnologías críticas"
La autonomía estratégica abierta, el nuevo paradigma de las políticas económicas continentales, tiene como prioridad recuperar capacidad industrial y producir de forma independiente y autónoma materiales básicos, pero sobre todo aquellas tecnologías críticas que definirán nuestro futuro. El objetivo es que la
Unión Europea obtenga el liderazgo en algunas de las tecnologías clave y
continuar apoyando la descarbonización de su industria, incluso de la más pesada. Mascarillas, tecnología y por supuesto también
armamento para defenderse con autonomía de Rusia.
Los retos de España y su red eléctrica
España se ha convertido en un territorio preferente para la localización industrial y se están multiplicando las propuestas de inversión, nacionales e internacionales,
de nuevas industrias, tecnológicas y energéticas, con
especial protagonismo de los proyectos de hidrógeno verde y centros de datos. A las nuevas
implantaciones se suma la imprescindible descarbonización de los sectores tradicionales, desde los polos petroquímicos de Tarragona, Huelva y Castellón hasta los altos hornos de Asturias o la industria vasca.
La novedad es que el elemento crítico que decide si una industria acaba por establecerse en el territorio es disponer de potencia eléctrica. Las decisiones clave en materia industrial se han trasladado desde el Ministerio de Industria a la Secretaria de Estado de Energía, que junto con Redeia, (antigua Red Eléctrica), determina si podrán conectarse a la red y, por tanto, si son viables las inversiones.
En estos días se descartaba la nueva fábrica de fibras textiles que Altri pretendía instalar en el interior de Galicia, no por la respuesta social o el impacto ambiental, sino porque el Ministerio de Transición Ecológica ha priorizado inversiones con mayores efectos sociales y ambientales.
La mejor forma de seguir la política industrial es analizar las sucesivas modificaciones "puntuales" de
la Planificación de la Red de Transporte de energía eléctrica.
"La paradoja a la que nos enfrentamos es que hay un número excesivo de proyectos industriales para la capacidad de la red. El número de peticiones de conexiones se ha multiplicado por cinco"
La paradoja a la que nos enfrentamos es que hay un número excesivo de proyectos industriales para la capacidad de la red y sus nodos de acceso. El número de peticiones de conexiones a la red eléctrica se ha multiplicado por cinco y cada una de ellas necesita además más potencia que antaño. Nuestras redes eléctricas, los postes de la luz, esas estructuras casi siempre molestas en el paisaje, se han convertido en elementos claves de la transición ecológica y de la renovada geografía industrial que se está dibujando en Europa y en España tras la pandemia.
El momento es crítico por la urgente necesidad de realizar fuertes inversiones en la red para facilitar la instalación de nuevos proyectos industriales y evitar el segundo fracaso de la revolución industrial en España, recuperando ese clásico ensayo del historiador Jordi Nadal. Pero es igualmente relevante gestionar con inteligencia un bien escaso como es el acceso a la red y
seleccionar aquellos proyectos innovadores con capacidad de generar empleo y efecto arrastre en el conjunto de la economía. No todos los proyectos que se están proponiendo tienen el mismo impacto y no pocos de ellos son simples contenedores o iniciativas de carácter casi inmobiliario, disfrazados de industria de última generación.
En el proceso de selección nos jugamos mucho.
Hay algunas claves no menores del incipiente proceso de reindustrialización que dan para sucesivas reflexiones en Agenda Pública, y una no menor es la rápida
recuperación de una fuerte intervención pública en la economía productiva sin que se hayan adaptado la gobernanza y los instrumentos de intervención, ni tampoco los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas. ¿
Quién y cómo se decide que un proyecto es prioritario, estratégico o transformador (palabras de moda)? No son cuestiones menores