Se han escrito ríos de tinta sobre la larga lista de problemas estructurales que ha arrastrado la economía española en las últimas décadas, y aunque las explicaciones para esta situación, como las medidas necesarias para revertirla, varían entre las distintas corrientes políticas, hay un consenso en que la situación debe cambiar. Ahora, tras la pandemia, hay indicios de que el modelo económico español finalmente se está transformando, gracias a una mezcla de medidas públicas y de la evolución económica a gran escala.
En primer lugar, el mercado laboral español está boyante, con cifras récord de afiliación a la Seguridad Social y
el paro en el mínimo desde 2008. Esta ingente creación de empleo ha sucedido en paralelo a tres cambios legislativos cruciales: la formalización y extensión de los ERTE, la eliminación de los contratos temporales en favor de los fijos discontinuos, y la subida del salario mínimo hasta alcanzar el 60% del sueldo medio.
"La reforma laboral impulsada por el Gobierno así como la extensión de los ERTE han ayudado al mercado laboral español"
Los dos primeros cambios fueron parte de la reforma aprobada por el Gobierno de coalición, y han permitido y permitirán un mercado laboral más estable tanto a nivel macroeconómico como individual. La extensión de los ERTE —usados durante la pandemia para estabilizar el empleo y evitar despidos masivos— permitirá que futuras crisis sectoriales no deriven en despidos que hundan la demanda,
llevando a un nuevo círculo vicioso de despidos, como ocurrió durante la Gran Recesión.
Por otra parte, la implantación del contrato fijo discontinuo como la variante principal en casos de empleo estacional ha reducido enormemente la temporalidad, y permite darle estabilidad laboral año a año a muchos trabajadores en los sectores más precarios. Esto también deriva en una mayor productividad para estas empresas, que no tienen que reentrenar a sus trabajadores cada temporada. De la mano de la fuerte subida del salario mínimo desde 2018 —compatible con la creación de millones de empleos—, el resultado es una situación económica mucho mejor para los trabajadores menos cualificados.
¿Un cambio en el modelo económico?
Aunque esta creación de empleo ha venido apoyada en buena parte por el auge del turismo —gran sector tradicional de la economía española—, lo cierto es que hay cada vez más señales de que se está produciendo un cambio de base de la economía nacional. De consolidarse tal cambio, en los próximos años dejará a España en una posición económica mucho más sólida y permitirá subidas significativas de los salarios reales.
Por ejemplo, uno de los problemas tradicionales de la economía española es el pequeño tamaño empresarial, menor que en los países europeos de nuestro entorno, lo cual está asociado con una baja productividad y capacidad de inversión, y, por tanto, con menores salarios. Sin embargo,
los datos indican que
desde la pandemia el número de empresas con menos de 5 trabajadores ha caído, mientras crecen las empresas con más de 10 empleados y especialmente las grandes empresas de más de 250 empleados.
Y los cambios son todavía más notables si compara con los años de la Gran Recesión. Es de esperar que esta mejora del ecosistema empresarial continúe en los próximos años, dado el apetito por las fusiones y adquisiciones, y
el cada vez mayor número de empresas con rápido crecimiento del empleo en sectores tecnológicos y de alta cualificación.
Estos cambios ya se están empezando a notar, con el empleo en sectores como las tecnologías de la información o las actividades técnicas —sectores altamente productivos— liderando el crecimiento y desplazando en importancia
a actividades como la hostelería.
Este empuje viene apoyado por las medidas de los Planes Estratégicos de Recuperación y Transformación Económica (PERTE)
para fomentar la inversión en tecnología e I+D, y de
cambios a más largo plazo en la inversión española hacia la propiedad intelectual y los bienes de equipo en detrimento de la inversión en vivienda de la burbuja inmobiliaria.
"España en uno de los países europeos donde más ha aumentado el número de solicitudes de patentes desde el año 2014"
En consecuencia, España es el gran país europeo donde más han aumentado las solicitudes europeas de patentes, un 43% desde 2014. Todos estos cambios se están viendo reflejados en las estadísticas oficiales.
Por ejemplo, la innovación de la economía española —
medida por la Comisión Europea—
ha aumentado más rápido que la de nuestros vecinos desde 2018, gradualmente reduciendo la brecha con la media europea, y
se espera que sectores como el digital y el farmacéutico lideren el crecimiento en los próximos años.
Además, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, España ha ganado en competitividad internacional, con un enorme impulso de las exportaciones. Inicialmente, este crecimiento exportador estaba causado por la débil demanda interna y la depresión de salarios y derechos laborales, y con mucha importancia del turismo. Sin embargo, tras el fin de la pandemia, el fuerte crecimiento de las exportaciones ha situado a España
como el líder exportador europeo, y el vigor exportador
está sustentado por los servicios no turísticos de alto valor añadido (consultoría, servicios de ingeniería, etc.), alejando a España de su tradicional imagen de precariedad y servicios de bajo valor añadido.
Los desafíos para culminar el cambio de modelo
A pesar de todo, la transformación de nuestra economía no está garantizada, y depende de múltiples factores que deben ser protegidos y reforzados para afianzar este cambio. Ya se ha comentado cómo la reforma laboral permitió atajar la temporalidad del empleo y reforzar su resiliencia ante futuras crisis. Además, otros cambios legislativos como la Ley Crea y Crece —para reforzar el ecosistema de startups) o la reforma de la Ley Concursal —que permitirá que no cierren empresas con problemas financieros pero viables a largo plazo— contribuirán a impulsar los sectores más avanzados y a proteger el tejido productivo, respectivamente.
"El modelo que desarrolló la UE para salir de la crisis de la Covid-19 ha sido un éxito, y se debe continuar con esta línea de reformas estructurales"
El modelo adoptado por la Unión Europea para salir de la crisis económica causada por la pandemia —reformas estructurales a cambio de dinero europeo— ha sido en términos generales un éxito, al financiar los PERTE mientras se adoptan reformas que potencien nuestra economía. En este sentido, se debe continuar con reformas estructurales que favorezcan los sectores más punteros sin degradar las condiciones laborales o sociales de nuestro país.
Entre esos sectores de futuro, sin duda destacan el digital y las nuevas industrias de la transición ecológica. Como ya se ha comentado, los empleos digitales están a la cabeza en crecimiento, al calor del progreso de las startups, la llegada de empresas internacionales, y la explosión en la apertura de centros de datos. Por otra parte, se espera que España
lidere el empleo verde en Europa en los próximos años, sobre todo gracias a
la abundancia de energía renovable barata en nuestro país.
La reindustrialización verde enfocada en las industrias de la transición ecológica es por tanto una gran oportunidad económica para España, como han reconocido las administraciones públicas con su apoyo a través de los PERTE y otras iniciativas.
Pero a pesar de las señales positivas aquí discutidas, la economía española todavía tiene un amplio camino por recorrer. Por ejemplo, el lento avance de la productividad es constantemente señalado por los organismos internacionales como uno de los principales lastres para España. Aunque —a diferencia de los ciclos expansivos previos—
la productividad está actualmente creciendo a buen ritmo,
es innegable que la productividad española es menor que la de otros países de nuestro entorno, y elevarla —
y distribuirla equitativamente—
es crucial para mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores.
Para lograr esto, los avances en innovación detallados anteriormente deben consolidarse y expandirse: aunque España ha mejorado sustancialmente en estos indicadores, sigue muy por detrás de los socios europeos más avanzados. Lograr esta convergencia requerirá de todas las palancas disponibles para las administraciones públicas: desde la transferencia tecnológica de la ciencia académica hasta el impulso a las startups tecnológicas.
Pero en general, la mejora de la productividad tendrá que venir de una inversión sostenida y en aumento en propiedad intelectual y bienes de equipo. La inversión privada se ha resentido desde la pandemia a pesar del efecto tractor de los fondos europeos debido a la incertidumbre y los altos tipos de interés, y por ello estimular la inversión privada debe ser una prioridad. Si bien la actual bajada de los tipos de interés contribuirá a relanzar la inversión, la nueva tendencia al ahorro de familias y empresas (aunque muy positiva
al situar a España como acreedor neto por primera vez) supone una dificultad, al deprimir el consumo y la inversión privada.
Por ello, las instituciones deben fomentar la inversión productiva en sectores clave, tanto con un marco legislativo apropiado como con incentivos fiscales y subvenciones directas. Este es uno de los problemas que arrastra España desde hace décadas: la asignación de capital a proyectos ineficientes e improductivos (como la vivienda durante la burbuja inmobiliaria) por delante de los sectores productivos. Esto se refleja en el hecho de que
la productividad del trabajo ha aumentado enormemente desde el año 2000,
mientras que la del capital se ha desplomado. Mejorar el nivel formativo de los empresarios españoles (por ejemplo, con préstamos blandos para su formación ejecutiva) ayudaría a mejorar la calidad de muchas inversiones.
"Debemos encontrar la manera de reducir la alta tasa de paro, porque resta demanda agreada y hunde la productividad per cápita"
Además, políticas públicas inteligentes como las desgravaciones del impuesto a las grandes fortunas —que están causando un boom de sociedades de capital riesgo que nutrirá al ecosistema de startups— son cruciales para lograr cambiar esta dinámica. En este sentido, sería una excelente noticia que se concretaran los planes para reformar el régimen de las SOCIMI, con el objetivo de
eliminar las ventajas fiscales a aquellas que no pongan su parque inmobiliario a disposición de la ciudadanía en condiciones asequibles. Con esto se consigue evitar que contribuyan al problema de asequibilidad de la vivienda, y se desvía capital de estas inversiones improductivas.
Finalmente, España debe encontrar formas de atajar su alta tasa de paro. Además de sus efectos sobre los propios trabajadores, el alto nivel de desempleo resta demanda agregada a la economía nacional, hunde la productividad per cápita y drena las arcas públicas. Lograr el pleno empleo también forzaría a las empresas a subir salarios e invertir en productividad para mejorar sus resultados, al tener mucho más difícil crecer mediante contrataciones.
Mejorar la formación de los trabajadores y encajarlos mejor con las necesidades de las empresas es crucial para lograr este objetivo. En este sentido, la promoción de la Formación Profesional (FP) y en particular de la FP Dual por parte del gobierno de coalición es una herramienta crucial para formar rápidamente a los trabajadores en los sectores más demandados y uno de los principales motivos para
la mejora lograda en el abandono escolar temprano.
"Reducir la jornada laboral mejoraría la calidad de vida de los trabajadores y generaría un aliciente para mejorar la productividad empresarial"
Por otra parte, la rebaja de la jornada laboral a las 37,5 horas debería suponer no sólo una mejora en la calidad de vida de los trabajadores, sino también un aliciente para la mejora de la productividad empresarial de tal forma que la productividad por trabajador no sólo no empeore, sino que siga aumentando. Finalmente, los problemas de acceso a la vivienda y los desequilibrios demográficos entre las zonas saturadas y la España Vaciada son un problema a largo plazo para nuestra economía al deprimir el consumo y la natalidad, y dificultar la movilidad laboral. Enfrentar este reto requerirá de múltiples medidas con la colaboración de todas las administraciones.
En conclusión, aunque todavía embrionaria, la economía española parece estar inmersa en una transformación hacia los sectores más productivos, aupada por reformas legislativas que están permitiendo aumentar la productividad a la vez que se crea empleo y se mejoran las condiciones laborales. Blindar y acelerar este cambio de modelo debería ser una política de Estado entre todos los grupos políticos, con el fin de solventar finalmente los problemas crónicos de nuestra economía y mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía.