Martes, 28 de julio de 2026
CARTA DEL DIRECTOR

La política industrial española tiene nombres y apellidos

El editor y director de 'Agenda Pública' apuesta por la colaboración entre instituciones y empresas para que "España y el capital español puedan participar de la consolidación europea de nuestros sectores estratégicos con una posición de fuerza". Hay nombres propios de esta política industrial española que tiene que contribuir a la autonomía estratégica europea.

Marc López Plana Marc López Plana 2 de marzo de 2025
Añadir AgendaPública en Google
Presentación del Plan Estratégico 2025-2030 de CriteriaCaixa. | Kike Rincón / Europa Press / ContactoPhoto
Presentación del Plan Estratégico 2025-2030 de CriteriaCaixa. | Kike Rincón / Europa Press / ContactoPhoto
El debate público está plagado de recurrentes lugares comunes alrededor de la política o la economía. El último lugar común de moda es la reiteración escuchada en boca de muchos de nuestros políticos, algunos probablemente sin saber exactamente de qué hablan, cuando dicen que "esta es nuestra oportunidad para desarrollar nuestra industria y nuestra autonomía estratégica". Es un lugar común, siempre y cuando, no haya decisiones que lo impulsen y, la realidad, es que depende fundamentalmente de nosotros mismos, de nuestros representantes políticos y nuestros empresarios, y de una alianza entre ellos, tomar las decisiones que lo hagan posible. El ruido no ayuda, y además distrae, pero estamos a tiempo

"Desarrollar nuestra industria y nuestra autonomía estratégica es un lugar común sin no hay decisiones que las impulsen"
El mundo de hoy se parece poco al de hace cinco años, y las ventajas y limitaciones de España o Europa están más que claras. Estados Unidos, o China, no han impulsado una posición de liderazgo económico e industrial el último siglo como consecuencia del libre mercado, ni de la casualidad, ni del determinismo histórico, ni tampoco de la ciencia infusa. Lo han logrado por haber tomado decisiones que lo han hecho posible. Ante la tentación autoritaria china, o la reacción nacionalista estadounidense, la tradición que Europa ha seguido durante el último siglo, entendiendo que el Estado es un agente económico que impulsa el emprendimiento, o la claridad con la que Estados como el francés han asumido que las instituciones existen, entre otras cosas, para que la economía responda al interés general, proyectan la respuesta, y el camino, para superar el retraso de España en esta materia.

El debate público está lleno de lugares comunes: Estados Unidos no tiene más industria porque el mercado funcione mejor, sino porque el Estado ha impulsado el mercado. España no es un país menos democrático porque el Estado invierta en empresas, es más competitivo cuando lo hace. Y aunque hay países no democráticos que impulsan cada vez más inversiones para participar en empresas estratégicas, es precisamente por ello por lo que los países democráticos deben jugar también en igualdad de condiciones. Más aún, cuando también lo hacen en las nuestras. 

"Tenemos un debate público falaz donde se asume que la intervención en la economía es herencia del comunismo o que potenciar el desarrollo de las empresas es una expresión de un capitalismo sin escrúpulos"
Lo que nos hace menos democráticos no es considerar al Estado como un agente económico, sino tener un debate público falaz donde se asuma que la intervención en la economía es herencia del comunismo o que potenciar el desarrollo de las empresas es una expresión de un capitalismo sin escrúpulos. China ha creado un ecosistema empresarial nuevo en nombre del Partido Comunista y Estados Unidos ha intervenido en el desarrollo de su economía siempre. Ahora, lo hará aún más y en nombre de la libertad. Y de su autonomía. 

España ha llegado tarde siempre a todas las revoluciones, pero tiene la oportunidad de liderar la próxima. Tanto por el hecho no menor de pertenecer a la Unión Europa, y tener un papel estructural y vocación coyuntural de predominancia, como, sobretodo, por tener las condiciones para que sea posible: una energía mucho más barata que la de nuestro entorno, un momentum de desarrollo industrial basado en el conocimiento y unas condiciones empresariales e institucionales que lo pueden hacer posible. Atrás puede quedar la paradoja estratégica en la que en nuestro país hay compañías, antaño públicas, privatizadas y a las órdenes de terceros países. ¿Qué hace falta? La ambición y colaboración necesaria para tomarnos en serio este partido

"El más paradigmático y excepcional de los nombres propios de la política industrial es Isidre Fainé, presidente de la Fundación 'la Caixa'"
La política industrial española tiene nombres y apellidos, y muchos buenos ejemplos. Y tiene la ambición de nombres propios que dejarán huella en la historia aún pendiente de escribir. Uno de los casos más paradigmáticos y excepcionales es el de Isidre Fainé, presidente de la Fundación "la Caixa", que ha creado, a través de una organización sin ánimo de lucro, dirigida por Josep María Coronas, otro nombre propio de la política industrial española, un grupo industrial, a través de su holding Criteria Caixa, designando a Ángel Simón, otro nombre propio de la política industrial española, para liderar una nueva etapa, más ambiciosa, que impulsa el sector financiero, de las telecomunicaciones o energético, y que apuesta por el desarrollo y la inversión de empresas de carácter industrial y estratégico para España y Europa.

La política industrial española tiene nombre y apellidos. Marc Murtra, hoy presidente de Telefónica, llega en un momento clave para la compañía, con el reto de convertir a la empresa española en un ejemplo de catalizador industrial de nuestra autonomía estratégica, ya no sólo en materia de telecomunicaciones, sino también  de seguridad y defensa. Su objetivo principal es la consolidación europea, contribuir a la autonomía estratégica desde España. La historia de la política industrial española, como decíamos, tiene nombres y apellidos. Ángel Escribano, hoy presidente de Indra, que empezó trabajando, cual sueño americano, en un taller con su padre y su hermano, y hoy provee a través de su propia empresa material de defensa a 25 países, con 1.300 empleados, y una facturación de más de 300 millones de euros, mientras lidera en paralelo el buque insigne de la defensa española. 

"Marc Murtra, presidente de Telefónica, tiene como objetivo principal la consolidación europea y contribuir, así, a la autonomía estratégica de la UE desde España'"
La política industrial española tiene nombres y apellidos. Y, hoy, se están tomando algunas buenas decisiones desde algunas de nuestras empresas e instituciones. Porque solo colaborando entre ellas, España y el capital español tendrán capacidad para competir con las inversiones de terceros pero, sobre todo, para participar de la consolidación europea de nuestros sectores estratégicos con una posición de fuerza. Porque solo colaborando entre ellas, España y el capital español podrá ponerse al servicio de sus ciudadanos. Porque solo colaborando entre ellas, España y el capital español podrá construir un futuro mejor para España, y para Europa. Porque solo colaborando entre ellas, España y el capital español construirá un horizonte deseable de libertad, autonomía y prosperidad. No está todo escrito. La política industrial puede no ser un lugar común
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación