El Foro La Toja abordará en unos días el estado de las relaciones del vínculo atlántico y aprovecho mi brújula semanal para anticipar una idea que desarrollaremos en la sesión que moderaré junto a Anderlini, Schinas, Sloat y Moreno Bonilla: la Unión Europea (UE), repartiéndose los roles entre los distintos actores, está construyendo un modus operandi audaz para adaptarse a la nueva situación del vínculo atlántico. Más allá de la retórica habitual, la UE está aprendiendo a equilibrar pragmatismo y firmeza, consolidando su cohesión interna mientras gestiona la relación con Estados Unidos con inteligencia.
Trump y la reconfiguración del vínculo atlántico
Donald Trump no es solo un fenómeno interno estadounidense. Su unilateralismo amenaza y está reconfigurando el orden internacional. Busca dividir a Europa, romper consensos y forzar negociaciones bilaterales estado por estado. Aranceles, amenazas comerciales y críticas en migración y energía son síntomas de una estrategia más profunda: debilitar la autonomía europea.
Se trata de un claro intento de reescribir el equilibrio entre EE. UU. y Europa, empujando al bloque comunitario hacia una posición de debilidad estratégica y simbólica. El riesgo no es solo comercial o militar, sino que Europa termine internalizando la lógica de que sus decisiones deben acomodarse a las de Washington convirtiéndose en un socio subordinado.
"Las presidencias de Trump han provocado que muchos ciudadanos valoren más la acción colectiva de la UE como garante de derechos y estabilidad, según el European Council on Foreign Relations"
Las presidencias de Trump han provocado que muchos ciudadanos valoren más la acción colectiva de la UE como garante de derechos y estabilidad, según el European Council on Foreign Relations. En España, una encuesta de Metroscopia refleja que solo el 43% tiene una opinión positiva de EE. UU. (veinte puntos menos que hace diez años), mientras que la imagen de China (51%) supera ya a la estadounidense.
Efectivamente, muchos hemos tenido la sensación este verano, cuando se firmó el acuerdo comercial entre la UE y EE. UU. así como cuando líderes europeos importantes se sentaron en el despacho oval con Trump en su reunión con Volodímir Zelenski antes del encuentro del presidente americano con Vladímir Putin, de que la UE estaba cediendo ante Trump. "Jugador débil", dijo de la Unión Europea nuestro colaborador Thorsten Benner, director del Global Public Policy Institute (GPPi) de Berlín, cuando se firmó el acuerdo de comercio.
¿Ha aprendido la Unión Europea a repartir funciones?
Pero, ¿y si la fragmentación política de la Unión Europea, más que un obstáculo, estuviera funcionando como una ventaja estructural frente a Trump? Las mayorías políticas en Bruselas, basadas en el equilibrio entre socialdemócratas y populares, permite distribuir roles de manera que cada actor represente una parte del equilibrio necesario entre pragmatismo y firmeza, generando un frente más resiliente de lo que parece.
El encuentro en Madrid entre Pedro Sánchez y el canciller alemán Friedrich Merz refleja bien esta dinámica. Mientras Alemania, de la mano de Ursula von der Leyen, impulsa el pragmatismo negociador con Washington —garantizando estabilidad en el comercio y la inversión—, España encarna la parte crítica del equilibrio: recordar los límites de la cooperación transatlántica y subrayar los principios europeos que no pueden ser sacrificados, con el poder añadido de condicionar la continuidad de la Comisión a través del grupo socialista español en el grupo S&D en el Parlamento Europeo. "Sin el voto disciplinado de los socialistas españoles, Von der Leyen no puede garantizar la continuidad de la Comisión",
escribí en mi primera brújula.
"Von der Leyen y Merz ofrecen certidumbre y canales abiertos, mientras Sánchez aporta la legitimidad de una posición crítica hacia la Casa Blanca. La suma no resta"
Me confirma un alto funcionario del Ministerio de Exteriores alemán que Von der Leyen se mantiene en contacto constante con Merz para coordinar la estrategia frente a Washington, lo que refuerza el papel de Alemania como garante de la dimensión pragmática de la negociación. Pero ese pragmatismo tiene su contrapeso: Sánchez da voz a sensibilidades sociales y políticas que necesitan sentirse representadas, recordando que la fortaleza europea también reside en su diversidad política interna. Está en juego la legitimidad de la Unión Europea si no sabe responder.
Lo que podría parecer división o descoordinación, en realidad revela un patrón estructural: la capacidad de la UE para convertir su pluralismo en instrumento de acción internacional. Von der Leyen y Merz ofrecen certidumbre y canales abiertos, mientras Sánchez aporta la legitimidad de una posición crítica hacia la Casa Blanca. La suma no resta: refuerza la cohesión interna de la Unión y le otorga margen de maniobra frente a Washington.
Lejos de ser un "jugador débil", Europa aprovecha su complejidad para ganar tiempo estratégico y proyectar cohesión. La pluralidad de posiciones, que en otras circunstancias podría leerse como vulnerabilidad, se convierte aquí en un recurso que evita la subordinación y permite a la Unión presentarse no como una voz única y rígida, sino como un conjunto articulado capaz de negociar, resistir y adaptarse bajo presión.
Ganar tiempo estratégico
Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos introducen un factor de incertidumbre que puede condicionar la posición negociadora de Donald Trump. Tradicionalmente, estos comicios tienden a erosionar el poder del presidente obligándole a buscar equilibrios internos y limitando su margen de maniobra internacional. En el caso de Trump, esta dinámica adquiere un cariz particular: su capacidad de proyectar unilateralismo hacia Europa.
"Cuanto mayor es la presión electoral sobre el presidente, más espacio gana Europa para articular su estrategia de roles entre pragmatismo y crítica, evitando la subordinación"
Para la Unión Europea, este calendario juega a favor. El bloque puede ganar tiempo estratégico, sabiendo que la Casa Blanca puede ver debilitada su autoridad y capacidad de negociación. Así, la negociación transatlántica no se desarrolla en un vacío, sino en un marco en el que la fragilidad del poder de Trump tras las midterms reequilibra la relación. Cuanto mayor es la presión electoral sobre el presidente, más espacio gana Europa para articular su estrategia de roles entre pragmatismo y crítica, evitando la subordinación y proyectando la imagen de una coalición capaz de resistir incluso frente a un liderazgo estadounidense hostil.
El acuerdo comercial como ejemplo
El acuerdo comercial es un ejemplo que ilustra perfectamente cómo las mayorías políticas internas se convierten en un instrumento estratégico frente a Washington. Los diputados socialistas españoles guardan silencio hasta que su grupo adopte una posición unificada. No se trata de una muestra de disciplina partidaria que, por otro lado, es más laxa que la de los parlamentos nacionales: refleja que la negociación europea no se limita a relaciones bilaterales entre gobiernos, sino que está condicionada por la cohesión de los bloques internos y de la interrelación permanente en la UE entre gobiernos y grupos parlamentarios.
"La disciplina de grupo y la capacidad de las mayorías de socialdemócratas y populares para coordinar sus posiciones permite que Europa proyecte unidad frente a Estados Unidos"
La disciplina de grupo y la capacidad de las mayorías de socialdemócratas y populares para coordinar sus posiciones permite que Europa proyecte unidad frente a Estados Unidos. En la práctica, esto significa que cualquier negociación externa con Washington no puede ignorar la necesidad de contar con un consenso europeo: incluso un acuerdo comercial debe validarse a través de las mayorías internas, lo que refuerza la posición negociadora de la UE y limita la capacidad de Trump de imponer unilateralmente sus condiciones.
En este sentido, lo que a primera vista podría parecer fragmentación o lentitud interna se convierte en una ventaja estructural: la pluralidad de posiciones dentro de la UE permite distribuir roles estratégicos, equilibrando pragmatismo y crítica, y otorgando legitimidad tanto a la acción externa como a la cohesión interna. Cada actor político, desde Sánchez hasta Von der Leyen o Merz, opera dentro de esta arquitectura, asegurando que la Unión no sea simplemente reactiva ante Washington, sino capaz de anticipar y gestionar sus movimientos con inteligencia estratégica.
¿Una Unión Europea más fuerte?
El trumpismo obliga a la Unión Europea a dejar de reaccionar y empezar a anticipar. La coalición europea funciona: unos negocian con EE. UU., otros articulan límites, y juntos aseguran que Europa llegue más cohesionada y más fuerte a la próxima fase de la relación transatlántica.
BONUS: Este viernes, si la agenda lo permite, preguntaré en el Foro La Toja a Carlos Cuerpo cómo él, el ministro José Manuel Albares y el secretario de Estado Diego Martínez Belío han reforzado los vínculos con Estados Unidos, mostrando que la relación atlántica se sostiene también desde la maquinaria institucional, más allá de los líderes visibles. España no deja de ser un estado pivote, capaz de inclinar consensos europeos en energía, migración y política exterior, y el hecho de ser la economía que más crece en la UE refuerza la teoría de que la maquinaria institucional americana no tiene interés en perjudicar esta relación. La conversación la compartiré con los lectores de Agenda Pública en unos días.