Martes, 28 de julio de 2026
ALIANZA CASSINI Y AGENDA PÚBLICA

Cartografía de la red eléctrica europea: lecciones geopolíticas del apagón en España

Albert Borràs y Darío Salinas, directores de Cassini España, analizan el apagón masivo en España como un reflejo de las vulnerabilidades de las redes eléctricas de España y Portugal y señalan la necesidad de reducir la dependencia energética, tener en cuenta la guerra híbrida y priorizar a la relación con Francia y Marruecos para para reforzar la resiliencia europea.

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Arrastre por encima de la imagen para hacer zoom. | Mapa: Cassini Spain



El 28 de abril de 2025, España, Portugal, Andorra y algunas zonas del sur de Francia sufrieron el peor apagón eléctrico de su historia reciente, afectando a unos sesenta millones de personas. Este incidente sin precedentes dejó sin suministro a toda la península ibérica —aunque no afectó a las islas ni a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla— y ha puesto de relieve algunas vulnerabilidades de las redes eléctricas de España y Portugal, en particular el aislamiento del sistema peninsular respecto al resto de Europa, al que a menudo se alude —de forma poco precisa— como isla energética.

No obstante, este no es un caso aislado en la historia eléctrica europea. El precedente más comparable ocurrió el 4 de noviembre de 2006, cuando una desconexión programada en Alemania desencadenó un efecto dominó que dejó sin suministro eléctrico a unos quince millones de personas en nueve países europeos, incluida España. También cabe recordar el gran apagón italiano de septiembre de 2003, que afectó a cincuenta y seis millones de personas tras un fallo en una línea suiza, entre muchos otros (como se muestra en el mapa adjunto). La experiencia del reciente apagón peninsular, calificado por Red Eléctrica como un hecho "excepcional y totalmente extraordinario", ofrece lecciones críticas para reforzar la arquitectura eléctrica europea frente a los desafíos geopolíticos actuales.

Desconectar a Rusia, reforzar Europa: la electricidad como frontera estratégica

Durante décadas, los países bálticos y Ucrania estuvieron integrados en el sistema eléctrico soviético, situación que Rusia aprovechó tras la desintegración de la URSS para ejercer influencia política mediante el suministro energético. Esta dependencia se transformó en vulnerabilidad cuando las tensiones con Moscú aumentaron, especialmente a partir de 2014 con la anexión de Crimea y, más recientemente, con la guerra de Ucrania. Rusia ha incorporado sistemáticamente en su doctrina militar el ataque a los sistemas eléctricos como objetivo prioritario de guerra. Los ataques a infraestructuras eléctricas ucranianas han seguido un patrón evolutivo, combinando operaciones cinéticas contra centrales e infraestructuras de transporte con sofisticados ciberataques dirigidos a los sistemas de control.

"La desconexión báltica y la integración ucraniana, junto con el apagón peninsular de abril de 2025, revelan la doble faz de la interconexión eléctrica europea"
La decisión de la UE de integrar energéticamente a los países bálticos, a Moldavia (candidata oficial a la UE) y a Ucrania en su red sincronizada ha supuesto un movimiento estratégico relevante. Con ello, Bruselas busca limitar la capacidad rusa de utilizar la energía como arma geopolítica, garantizando así la seguridad del suministro eléctrico europeo y fortaleciendo la cohesión interna de la Unión en su política exterior. Esta integración representa un cambio fundamental en la arquitectura eléctrica europea.

La sincronización de estos sistemas con la red ENTSO-E (Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad) constituye una declaración política sobre la orientación occidental de estos países y su alejamiento definitivo de la órbita de influencia rusa. La desconexión báltica y la integración ucraniana, junto con el apagón peninsular de abril de 2025, revelan la doble faz de la interconexión eléctrica europea: por un lado, ofrece mayor seguridad colectiva y solidaridad entre países; por otro, aumenta los riesgos de contagio ante fallos sistémicos o ataques deliberados. Esta paradoja constituye el núcleo del desafío europeo en materia de seguridad eléctrica.

La red eléctrica europea: una red interconectada con ciertos riesgos y asimetrías internas

Europa ha construido una red eléctrica interconectada (alrededor de 400.000 kilómetros) que, aunque facilita la eficiencia económica y garantiza la estabilidad energética, también presenta vulnerabilidades importantes. Como mostró el apagón de 2006, y ahora de forma más dramática el incidente peninsular de abril de 2025, las fallas locales pueden desencadenar rápidamente una crisis transnacional. Esto exige que Europa refuerce sus sistemas de control y respuesta rápida frente a emergencias.

El sistema eléctrico europeo se basa en un delicado equilibrio entre generación y consumo que debe mantenerse en tiempo real. La complejidad de este sistema ha aumentado exponencialmente con la integración de fuentes renovables intermitentes y la digitalización de los sistemas de control. El reciente apagón peninsular podría ser una manifestación de esta creciente complejidad, revelando puntos débiles que requieren atención urgente. Según ENTSO-E, en 2014 se estimaba que la red eléctrica europea necesitaba 50.000 km adicionales de líneas de alta tensión para construir o renovar de cara a 2030.

La digitalización del sistema eléctrico europeo, aunque positiva en términos de eficiencia, abre nuevas amenazas híbridas, especialmente cibernéticas. Actores estatales y grupos no estatales podrían explotar estas vulnerabilidades, según alerta el informe del IRIS, Enerdata y Cassini, enfatizando la urgencia de mejorar los sistemas europeos de ciberseguridad energética.

Aunque las causas del apagón peninsular de 2025 siguen bajo investigación, no se puede descartar totalmente la posibilidad de un ataque cibernético sofisticado. La experiencia ucraniana demuestra cómo Rusia ha combinado ataques físicos con ciberataques contra infraestructuras eléctricas. Además, el CNI no descarta la implicación de actividades de injerencia cibernética. La Audiencia Nacional ha asumido el reto planteado por el CNI e investigará posibles ciberataques, y el Gobierno ha exigido a las empresas energéticas que permitan el acceso y uso de sus datos al CNI.

De hecho, los conocidos grupos prorrusos NoName057(16) y Dark Storm Team, implicados en numerosas acciones disruptivas cibernéticas, anunciaron recientemente su implicación en el apagón ibérico. Además, no podemos descartar que la comunicación de los actores prorrusos constituya una operación de desinformación, por lo que debemos estar alerta ante las distintas hipótesis que se están planteando.

"Todavía no se descarta ninguna de las principales hipótesis: ni la del ciberataque ni la de algún tipo de fallo técnico en la red"
Recientemente, Newtral ha anunciado una campaña de desinformación de determinados medios marroquíes que asociaban el apagón a un ciberataque argelino. Si finalmente lo sucedido tiene que ver con una avería interna, estos mensajes se habrán convertido en herramientas de desinformación con la motivación de radicalizar los posicionamientos y generar controversia. La protección de los sistemas de control europeos contra estas amenazas híbridas se convierte así en una prioridad absoluta para la seguridad continental. A fin de cuentas, todavía no se descarta ninguna de las principales hipótesis: ni la del ciberataque ni la de algún tipo de fallo técnico en la red o en las centrales eléctricas.

En definitiva, la clave para afrontar la resiliencia del sistema eléctrico reside en fortalecer instituciones como ENTSO-E y sus centros regionales de coordinación, así como en mejorar mecanismos de alerta temprana que permitan a Europa responder eficazmente a incidentes energéticos que podrían tener implicaciones políticas y militares. La gestión del apagón peninsular de 2025 ha puesto a prueba los protocolos de coordinación europea para la restauración de sistemas eléctricos tras fallos mayores. Según Red Eléctrica, el proceso de recuperación se prolongó hasta el día siguiente del apagón, un período crítico durante el cual se activan todos los sistemas de emergencia y respaldo. Esta experiencia debería incorporarse a una estrategia integral de resiliencia que contemple tanto aspectos técnicos como la preparación de instituciones y poblaciones para afrontar crisis energéticas prolongadas.

España y Francia: la oportunidad para reforzar la autonomía energética europea

Si bien la situación particular de aislamiento colocó a los países ibéricos en una posición de fuerza durante la crisis energética con Rusia —utilizando la representación geopolítica de isla energética como elemento negociador y de poder para obtener el reconocimiento de un trato diferenciado para España y Portugal ante el impacto del aumento de los precios eléctricos—, actualmente esta singularidad ibérica ha pasado a percibirse como una debilidad y una vulnerabilidad. La limitada conexión eléctrica con Francia (~3 GW, lo que representa alrededor del 5% de la energía producida en España) vuelve a estar en el centro del debate, al dificultar que España alcance los estándares mínimos de interconexión exigidos por la UE (al menos el 10% en 2025 y el 15% en 2030).

España y Francia, con perfiles energéticos complementarios —renovables en el caso español, nucleares en el francés—, tienen la oportunidad de transformar esa debilidad en una fortaleza estratégica. Como ya defendía Pedro Fresco en Agenda Pública, la cooperación hispano-francesa puede y debe ser uno de los pilares de la autonomía energética europea.

El reciente apagón peninsular de abril de 2025 ha puesto de relieve tanto el potencial como las limitaciones de la integración eléctrica hispano-francesa. La necesidad de reforzar las interconexiones transpirenaicas resulta ahora más evidente que nunca, no solo como vía para integrar la generación renovable española en el sistema europeo, sino también como mecanismo de seguridad que permita una respuesta más rápida y eficaz ante crisis similares en el futuro. Hay que recordar que el actual Ejecutivo español ha puesto fecha de caducidad al sistema nuclear español, mientras que Francia está apostando por el refuerzo de su sistema de producción eléctrica nuclear. Una convivencia que puede resultar estratégica y necesaria. Este punto ha acabado convirtiéndose en el eje de las críticas de una parte del espectro político español —en particular desde la derecha—, que cuestiona tanto el desmantelamiento del parque nuclear como la reducción del papel de las centrales térmicas respecto a la seguridad del sistema eléctrico.

"España y Francia, con perfiles energéticos complementarios —renovables en el caso español, nucleares en el francés—, tienen la oportunidad de transformar esa debilidad en una fortaleza estratégica"
Actualmente, las interconexiones disponibles (2.800 MW) siguen condicionadas por múltiples factores, como limitaciones técnicas vinculadas al terreno pirenaico, resistencia de comunidades locales y una cierta falta de voluntad política sostenida. Durante años, diversos proyectos estratégicos han quedado paralizados ante la oposición social y los costes de ejecución. Superar estos bloqueos exigirá una agenda compartida, inversiones a largo plazo y un diálogo territorial más profundo.

En 2030 se prevé que la capacidad de interconexión aumente hasta los 5.000 MW. El volumen de electricidad intercambiado sigue siendo modesto —Francia importó 9,4 TWh desde España y exportó 6,6 TWh—, y la diferencia de precios entre el mercado ibérico y el continental actúa como freno adicional a una mayor integración. El reciente apagón debería ser un punto de inflexión para revisar no solo los protocolos técnicos de recuperación de red, sino también el enfoque político con el que se abordan estas infraestructuras.

En este contexto, Marruecos también gana relevancia como socio energético. Las interconexiones existentes a través del estrecho de Gibraltar ofrecieron un respaldo estratégico durante las horas más críticas del apagón, reforzando el papel del eje sur en el equilibrio eléctrico peninsular. Proyectos como Xlinks o futuras ampliaciones convierten al país magrebí en un actor clave de la transición energética europea. Pero esta creciente dependencia también exige una gobernanza más robusta y una visión regional que incluya tanto al norte como al sur del Mediterráneo.

Este artículo incluye información del informe sobre redes de transporte eléctricas europeas y sus desafíos de seguridad del Observatoire de la sécurité des flux et des matières énergétiques, coordinado por IRIS con la colaboración de Enerdata y Cassini, y respaldado por la DGRIS del Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia. Cassini aporta su experiencia en análisis de riesgos geopolíticos y cartografía.
Darío Salinas Palacios
Darío Salinas Palacios
Cofundador de Kartex Risk
Es doctor en Geopolítica (Université Paris 8, Instituto Francés de Geopolítica), cofundador de Kartex Risk y embajador del Pacto Climático de la UE.
Albert Borràs Rius
Albert Borràs Rius
Codirector de Kartex Risk
Doctor en Geopolítica por la Universidad Carlos III de Madrid y Kartex Risk, consultora especializada en análisis de riesgo geopolítico e inteligencia estratégica. Experto en conflictos violentos, procesos disruptivos y el ciberespacio hispanohablante. Es docente externo en la UC3M e investigador asociado en IFG Lab de París (Instituto Francés de Geopolítica - UP8).
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