Jueves, 30 de julio de 2026
LA BRÚJULA EUROPEA DE LÓPEZ PLANA

Se acabó la ilusión pacífica para España

Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública', relata su último viaje a Polonia coincidiendo con las recientes incursiones de drones de ataque rusos en su espacio aéreo y la misma semana en la que se ha reunido el canciller alemán con Pedro Sánchez en España. "Tuve que escuchar que los españoles creemos que un misil ruso nunca llegará a Madrid", señala López Plana. "Si el debate sobre la defensa no lo hacemos en España" y descartamos liderarlo "en Europa, otros lo harán por nosotros", concluye.

Marc López Plana Marc López Plana 22 de septiembre de 2025
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La OTAN lanza «Eastern Sentry» para reforzar su postura en el flanco oriental. | OTAN
La OTAN lanza «Eastern Sentry» para reforzar su postura en el flanco oriental. | OTAN

La semana pasada viajé a Varsovia invitado por Visegrad Insight —el Agenda Pública polaco— para participar en el Europe Future Forum, un encuentro anual en el que altos cargos del Ministerio de Exteriores de Polonia reflexionan con diplomáticos, académicos y periodistas europeos sobre la perspectiva polaca de la Unión Europea.

Flotaban en el ambiente la incursiones de 19 drones de ataque rusos en Polonia (el viernes fueron MiG-31 rusos en el espacio aéreo estonio sobre el golfo de Finlandia y aviones de combate rusos sobrevolando plataformas petrolíferas polacas sobre el mar Báltico) y muchas preguntas sobre la capacidad de reacción de la OTAN ante estas y otras situaciones que se puedan dar. 

"España está en la primera línea de la seguridad europea, lo que nos obliga a un debate serio sobre el gasto en defensa y sobre nuestra dependencia de Estados Unidos"
Y apareció España en el debate. Tuve que escuchar que los españoles "creemos que un misil ruso nunca llegará a Madrid" y que esto explica que no queramos gastar más en defensa. Más que una anécdota, refleja cómo algunos perciben la actitud española hacia la frontera este de Europa. Pero lo cierto es que España está en la primera línea de la seguridad europea, por nuestra proximidad al norte de África y el Sahel, lo que nos obliga a un debate serio sobre el gasto en defensa y sobre nuestra dependencia de Estados Unidos.

España: de socio reticente a aliado fiable

España ha estado comprometida con la seguridad europea y con el flanco este desde sus primeros años democráticos. Lo demostró el apoyo decidido de Felipe González a la reunificación alemana en 1989, cuando otros líderes europeos mostraban reticencias. Sin embargo, la relación con la OTAN nació marcada por divisiones internas. El ingreso en 1982 obligó a convocar un referéndum apenas cuatro años después, en 1986, que González ganó con tres compromisos: no integrarse en la estructura militar, reducir la presencia de EE. UU. y promover la distensión internacional. España fue entonces un socio condicional, casi incómodo, y la política de defensa se convirtió en uno de los primeros grandes temas de política exterior divisiva en democracia: Alianza Popular pidió la abstención en el referéndum. 

Casi cuarenta años después, la foto es distinta. Desde 1999, España participa en la estructura militar integrada y ha asumido responsabilidades de alto nivel en la Alianza. Lidera contingentes en Letonia dentro de la "presencia avanzada reforzada" frente a Rusia, la Armada contribuye de forma permanente a las fuerzas navales de la OTAN y los cazas españoles rotan en la Policía Aérea del Báltico. De socio reticente hemos pasado a aliado fiable.

La tensión entre insiders y governed

En España, la política de defensa siempre ha estado marcada por una tensión de fondo: la que existe entre el "juego de los insiders" —los diplomáticos, los mandos militares, los gobiernos que negocian y deciden— y el consent of the governed, la legitimidad democrática que debe acompañar a esas decisiones.

Casi cuarenta años después de la entrada en la OTAN, la tensión entre
insiders y governed no ha desaparecido y se ha desplazado al terreno del presupuesto. Los gobiernos pactan en Bruselas y en la OTAN objetivos de gasto, pero ese debate apenas aparece en el Congreso ni en la opinión pública. España ha acelerado la mayor inversión militar de la democracia sin que exista un debate político y social proporcional a la magnitud del cambio.

"Y ese es el debate en España y en Europa: cómo reconciliar el compromiso en defensa de los insiders con el consentimiento real de la ciudadanía"
En realidad en toda Europa la defensa se ha gestionado en clave de
insiders, confiando en que EE. UU. sostendría el paraguas estratégico. El resultado es una doble dependencia: tecnológica de Washington y democrática de una ciudadanía que nunca ha tenido que enfrentarse al coste real de su seguridad. Ahora, con Rusia en las fronteras de la UE y con Trump amenazando la cohesión atlántica, ese equilibrio salta por los aires.

Dicho de otro modo: la seguridad europea ya no puede decidirse solo en los despachos, porque sus consecuencias llegan hasta el votante de a pie. Y ese es el debate pendiente en España y, en cierta medida, en Europa: cómo reconciliar el compromiso en defensa de los insiders con el consentimiento real de la ciudadanía. 

El giro presupuestario

El compromiso militar plantea un reto ineludible: el presupuesto. Pedro Sánchez ha aceptado el objetivo del 2% del PIB en gasto militar y lo ha hecho con rapidez, aprovechando la flexibilidad que da un presupuesto prorrogado. La Ley de Presupuestos de 2023 permite mover partidas mientras no se supere el techo de gasto, lo que ha permitido al Ejecutivo reforzar el presupuesto de Defensa sin pasar por el Congreso.

"España ha acelerado la mayor inversión militar (más del 40% en una década) de la democracia sin que exista un debate político y social proporcional a la magnitud del cambio"
La evolución es clara: en 2014, España destinaba el 0,93% del PIB a defensa, unos 22.600 millones de euros. En 2024 ya rondaba el 1,28% y en 2025, por primera vez, ha alcanzado el 2%, más de 33.000 millones según la OTAN. Un salto de más del 40% en una década.


Pero si miramos los datos en conjunto, el problema no es solo español. Alemania dedicaba en 2020 un gasto similar al de España (entre el 1 y el 1,5% del PIB) y Polonia empezó a gastar en serio después de 2022. En realidad, todos los europeos hemos descuidado nuestra defensa durante décadas, delegando en Estados Unidos.

La dependencia de Washington

Esa delegación tiene costes. La seguridad europea depende todavía de sistemas estratégicos estadounidenses: alerta temprana, defensa nuclear, logística transoceánica, interoperabilidad y capacidad de proyección. Tampoco contamos con una fuerza naval o aérea comparable ni con tecnologías críticas propias: satélites, defensa antimisiles, armamento de precisión.

Como
advirtió el economista Alberto Alesina en 2006, el modelo europeo tiene virtudes sociales pero también costes en competitividad y crecimiento; a eso habría que añadir la capacidad de defenderse. Y los votantes estadounidenses ya han dejado claro que no quieren seguir financiando la seguridad europea. La llegada de Trump y su crítica a la OTAN fueron la señal de que Europa debe valerse por sí misma.

La urgencia del debate

A finales de agosto, según Reuters, funcionarios del Pentágono se reunieron con diplomáticos europeos para transmitirles que Estados Unidos tenía previsto recortar parte de la ayuda en materia de seguridad a Letonia, Lituania y Estonia, todos ellos miembros de la OTAN fronterizos con Rusia. Desde esta reunión, Rusia ha lanzado una campaña cada vez mayor de incursiones en el espacio aéreo de la OTAN, lo que ha provocado una respuesta moderada por parte de Washington y la Casa Blanca. "Las acciones de Trump lo convierten efectivamente en un activo ruso" me decía recientemente el general americano retirado Ben Hodges.

"A finales de agosto, según Reuters, funcionarios del Pentágono se reunieron con diplomáticos europeos para transmitirles que Estados Unidos tenía previsto recortar parte de la ayuda en materia de seguridad a Letonia, Lituania y Estonia"
La urgencia, pues, no es teórica. La OTAN ha activado la operación
Centinela Oriental para reforzar el flanco este, y España ya ha anunciado que aportará medios aéreos. Dicho de otro modo: si mañana un dron ruso volviera a cruzar la frontera polaca, podría ser abatido por un avión español.

Lo que está en juego

España está, pues, en primera línea de la seguridad europea. Y precisamente por eso, el debate sobre el gasto militar, la legitimidad democrática de nuestras decisiones en la OTAN y el alcance de nuestra autonomía estratégica no puede seguir siendo marginal.

"Si el debate sobre la defensa no lo hacemos en España y descartamos liderarlo en Europa, otros lo harán por nosotros. ¿Hablaron de esto Sánchez y Merz el pasado jueves en Madrid?"
Vuelvo y cierro en Polonia, con permiso de la reunión del canciller alemán Friedrich Merz y el presidente español Pedro Sánchez. Tuve ocasión en el Europe Future Forum de hablar con Wojciech Przybylski (director de Visegrad Insight)
& Goran Buldioski (profesor de la Hertie School of Governance de Berlín), autores del informe From Soft to Hard Power. La seguridad no se puede externalizar más. El diagnóstico es doble. Por un lado, los europeos no estamos preparados: solo uno de cada tres estaría dispuesto a luchar por su país, y en España la cifra cae al 29%. Por otro, el gasto en defensa debe presentarse no como un sacrificio, sino como una inversión que combina seguridad, industria y empleo. El informe concluye que defender la democracia —y no solo cumplir con un determinado % del PIB en defensa— es lo que está realmente en juego.

BONUS: Si el debate sobre la defensa no lo hacemos en España y descartamos liderarlo en Europa, otros lo harán por nosotros. La clave la dio el canciller Merz este verano en un discurso en Osnabrück mientras todo el mundo hablaba de Draghi: "
El Estado del bienestar (actual) ya no es sostenible financieramente" afirmó Merz. Quizá empezaron a hablarlo Sánchez y el canciller este pasado jueves en Madrid.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación