Martes, 28 de julio de 2026
ALIANZA CASSINI Y AGENDA PÚBLICA

Geografía del poder: el mapa del control de recursos y energía en Ucrania

"La energía y sus infraestructuras no son meras cuestiones técnicas, sino elementos geopolíticos cuya disputa está definiendo un nuevo orden internacional en el siglo XXI". Así lo creen Albert Borràs y Darío Salinas, fundadores de Cassini Spain, que analizan con este mapa el significado del "alto el fuego inmediato para toda la infraestructura y energía" que se acordó en la reciente llamada entre Trump y Putin.

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Arrastre por encima de la imagen para hacer zoom. | Mapa: Cassini Spain


Desde el inicio de la invasión rusa en 2022, las infraestructuras energéticas de Ucrania se han convertido en un objetivo militar prioritario y en un espacio clave en la redefinición geopolítica de Europa oriental. Más allá de su valor técnico, estas infraestructuras representan instrumentos de poder cuya disputa está configurando nuevos equilibrios regionales.

Contexto y evolución de la dependencia energética ucraniana

Ucrania ha desempeñado desde mediados del siglo XX un papel fundamental como corredor energético hacia Europa central y oriental, especialmente por su tránsito de gas ruso. Esta posición estratégica como país de tránsito energético ha sido tanto una fuente de influencia como de vulnerabilidad, condicionando sus relaciones internacionales incluso antes del actual conflicto.

"La progresiva desconexión energética de Ucrania respecto a Rusia, junto con su integración acelerada al sistema europeo, simboliza un giro estratégico de largo alcance que trasciende el conflicto inmediato"
En 2022, Ucrania contaba con una matriz energética relativamente diversificada, aunque con una fuerte concentración territorial en la mitad este del país, especialmente en las regiones más industrializadas. Este patrón responde tanto a la localización de recursos naturales (como el carbón, el gas, el agua o minerales estratégicos) como al legado industrial soviético.


La distribución de las infraestructuras energéticas reflejaba esta herencia histórica: las centrales térmicas de carbón estaban especialmente concentradas en la cuenca carbonífera de Donetsk, suministrando aproximadamente el 26,4% de la energía del país. Las centrales de gas se distribuían principalmente en la zona central y oriental, con concentraciones relevantes cerca de Kiev y de Zaporiyia. Las centrales nucleares, que representaban el 23,1% de la capacidad energética nacional, se ubicaban estratégicamente en distintas regiones, destacando la de Zaporiyia como la mayor de Europa.

Las energías renovables —solar, eólica e hidroeléctrica— tenían una distribución más heterogénea, con mayor presencia en el sur y oeste del país, siguiendo patrones geográficos favorables para cada tecnología.

La cuestión energética como estrategia militar

Los ataques sistemáticos a instalaciones eléctricas, centrales térmicas e incluso nucleares han formado parte de una estrategia deliberada para debilitar la capacidad de resistencia del país y ejercer presión sobre la población civil, especialmente durante los meses invernales. El caso emblemático es el control de la central nuclear de Zaporiyia, convertida en un punto de tensión diplomática de primer orden.

"En cualquier sociedad moderna, la energía constituye la base funcional del sistema productivo, logístico y social. De ahí que el control —o la destrucción selectiva— de las infraestructuras energéticas forme parte integral de una estrategia geopolítica de control territorial"
La destrucción de la presa de Nueva Kajovka en junio de 2023, atribuida según diversas fuentes al ejército ucraniano como maniobra para dificultar el avance ruso, provocó graves inundaciones y el desplazamiento de más de 16.000 personas, particularmente del lado ocupado por los rusos. Este episodio ilustra cómo las infraestructuras hídricas, además de su función energética, tienen un impacto determinante en el control territorial y en la seguridad de la población.

Estas dinámicas reflejan un componente simbólico: la disputa por el control energético sobre Ucrania. Por su parte, Kiev ha ejecutado una estrategia de desacoplamiento energético de Rusia. Desde el inicio de la invasión, el Gobierno de Zelenski ordenó la desconexión del sistema energético ruso, con excepción de los territorios ocupados (Donetsk, Lugansk, Zaporiyia, Jersón y Crimea). Esta decisión, aunque arriesgada a corto plazo, formaba parte de una visión estratégica de reorientación hacia Occidente.

La progresiva desconexión del sistema ruso culminó en marzo de 2022 con la sincronización de sus redes eléctricas con el sistema continental europeo (ENTSO-E), a través de nuevas líneas de alta tensión de 750 kV. Esta integración técnica, acelerada por las circunstancias bélicas, ha sido clave para garantizar el suministro en momentos críticos y representa un giro geopolítico de profundo calado. En 2023, Ucrania importó más de 2.000 GWh de electricidad desde Europa, consolidando así su creciente interdependencia con el bloque comunitario.

En cualquier sociedad moderna, la energía constituye la base funcional del sistema productivo, logístico y social. De ahí que el control —o la destrucción selectiva— de las infraestructuras energéticas forme parte integral de una estrategia geopolítica de control territorial. Las recientes negociaciones diplomáticas han incluido discusiones sobre la protección de ciertas instalaciones eléctricas, lo cual refleja el peso que tienen estas infraestructuras en los acuerdos internacionales.

Geografía del poder: control territorial de recursos e infraestructuras

El conflicto ha transformado drásticamente la cartografía energética ucraniana, territorializando el poder mediante el control o destrucción de infraestructuras críticas. La ocupación de zonas con instalaciones estratégicas y la destrucción selectiva de aquellas que no interesaba conservar han configurado una nueva geografía del poder que va más allá de las líneas de frente convencionales.

Las centrales térmicas de carbón, concentradas en la cuenca de Donetsk, se encuentran hoy mayoritariamente en territorios ocupados o disputados. Muchas han sido destruidas, con estimaciones que sitúan el daño en más del 80% de la capacidad instalada no nuclear. Las centrales de gas han quedado, en su mayoría, muy castigadas y sin suministro. Durante los primeros compases del conflicto, el flujo de gas hacia Europa se redujo drásticamente, bajando de 150 millardos de m³/año a apenas 15.

Las centrales nucleares han sido menos atacadas por evidentes razones de seguridad, aunque la mayor parte de sus reactores no están operativos y se mantienen en estado de "latencia". Destaca la central de Zaporiyia, actualmente bajo control ruso, que representa aproximadamente el 40% de la capacidad nuclear instalada en el país. Su control otorga a Rusia no solo un activo energético, sino también una poderosa herramienta de presión diplomática.

"Las energías renovables han demostrado mayor resiliencia debido a su dispersión territorial y características técnicas"
Las energías renovables han demostrado mayor resiliencia debido a su dispersión territorial y características técnicas. La dificultad de inutilizar completamente instalaciones solares o parques eólicos sin impactos directos muy precisos las ha convertido en parte del entramado energético de resistencia, especialmente en regiones occidentales menos afectadas por combates directos.

Las principales cuencas hidrocarburíferas coinciden con regiones estratégicas ocupadas por Rusia, especialmente en el este y sur del país, incluyendo Crimea. Este espacio costero y marítimo concentra múltiples intereses estratégicos y también energéticos, como el acceso al mar Negro y sus principales puertos; actualmente Sebastopol y Mariúpol están bajo control ruso, mientras que Ucrania mantiene el relevante puerto de Odesa y el puerto petrolero de Yuzhny.

La poco densa red eléctrica ucraniana ha sido un objetivo prioritario en la estrategia militar rusa. Las subestaciones y líneas de transmisión, especialmente las que conectan con el sistema europeo, han sufrido ataques recurrentes con el objetivo de aislar energéticamente al país y quebrar su capacidad de resistencia, particularmente durante los meses invernales.

De la infraestructura a la diplomacia energética

Uno de los principales activos estratégicos de Ucrania ha sido su papel como país de tránsito del gas ruso hacia Europa. El 1 de enero de 2025 finalizó el último contrato de tránsito con Gazprom, tras la decisión de Zelenski de no renovarlo, culminando una desvinculación energética progresiva tres años después del inicio del conflicto. Esta decisión marca un punto de inflexión en las relaciones energéticas regionales.

Al dejar de ser un corredor energético hacia Europa, Ucrania gana paradójicamente mayor libertad estratégica, ya que estas infraestructuras dejaron de ser un punto vulnerable en contexto bélico. Este cambio ha acelerado los esfuerzos europeos por diversificar rutas de suministro a través de proyectos en el mar Negro o el eje mediterráneo, y fortalece la alianza energética con países como Rumanía o Moldavia. Las transformaciones se manifiestan en los nuevos flujos de interconexión regional, con inversiones en corredores energéticos que reducen la dependencia de las rutas septentrionales.

"Al dejar de ser un corredor energético hacia Europa, Ucrania gana paradójicamente mayor libertad estratégica, ya que estas infraestructuras dejaron de ser un punto vulnerable en contexto bélico"
El interés estadounidense en los últimos años en las infraestructuras nucleares ucranianas tiene implicaciones globales. Según medios financieros internacionales, Estados Unidos ha mostrado especial atención hacia este sector, dado que Ucrania es el segundo país europeo en capacidad nuclear instalada, solo por detrás de Francia. Su control, integridad y posible reconstrucción forman parte de los nuevos equilibrios geopolíticos en formación. Washington ha reforzado su presencia en el sector a través de alianzas tecnológicas y promesas de inversión en reactores modulares, una estrategia que vincula seguridad, reconstrucción y política de influencia.

A su vez, el regreso de Donald Trump a la presidencia estadounidense ha revitalizado el debate sobre los minerales estratégicos y las tierras raras presentes en territorio ucraniano. Aunque menos visibles que el gas o el uranio, estos recursos —especialmente el litio, el titanio y tierras raras como el neodimio o el disprosio— son esenciales para las industrias energéticas y tecnológicas del futuro. Su control, explotación o bloqueo se ha convertido en un nuevo vector de presión geopolítica, especialmente mientras Estados Unidos, China y la Unión Europea ajustan sus estrategias industriales. Los yacimientos exploratorios en Ucrania, como los de Shevchenkivske o Polokhivske, podrían convertirse en enclaves críticos dentro del nuevo tablero de materias primas estratégicas.

A pesar de la negativa del presidente Zelenski a cualquier cesión de infraestructuras energéticas estratégicas, considerándolas parte no negociable de la soberanía nacional, la energía ha ocupado un lugar destacado en las conversaciones diplomáticas y en las promesas de ayuda internacional para la reconstrucción postconflicto.

Perspectivas futuras: nueva arquitectura energética regional

Las infraestructuras energéticas en Ucrania han pasado de ser un activo geoeconómico clave a convertirse en un campo de batalla en sí mismas. Su destrucción, ocupación o reconversión ilustran cómo la energía, más allá de su valor técnico, es un instrumento de poder geopolítico. En este conflicto, Rusia no solo ha intentado debilitar la capacidad de resistencia de Ucrania, sino que ha terminado por reconfigurar las dependencias energéticas de toda la región.

La progresiva desconexión energética de Ucrania respecto a Rusia, junto con su integración acelerada al sistema europeo, simboliza un giro estratégico de largo alcance que trasciende el conflicto inmediato. Cuando finalice la guerra, el mapa energético regional habrá cambiado irreversiblemente, con nuevos corredores, interdependencias y centros de poder.

"El caso de Ucrania demuestra que la energía y sus infraestructuras no son meras cuestiones técnicas, sino pilares geopolíticos cuya disputa está definiendo un nuevo orden internacional en el siglo XXI"
La reconstrucción de las infraestructuras energéticas será uno de los pilares fundamentales para la recuperación económica y la estabilidad política de Ucrania. Las decisiones sobre qué tecnologías priorizar, qué socios internacionales involucrar y qué modelo energético desarrollar tendrán profundas implicaciones geopolíticas que definirán el papel del país en el tablero europeo durante las próximas décadas.

Este caso demuestra que la energía y sus infraestructuras no son meras cuestiones técnicas, sino pilares geopolíticos cuya disputa está definiendo un nuevo orden internacional en el siglo XXI. La transformación del panorama energético ucraniano representa, en última instancia, una redefinición profunda de las relaciones de poder en Europa oriental, con consecuencias que se extenderán mucho más allá del fin del conflicto armado.

Albert Borràs Rius
Albert Borràs Rius
Codirector de Kartex Risk
Doctor en Geopolítica por la Universidad Carlos III de Madrid y Kartex Risk, consultora especializada en análisis de riesgo geopolítico e inteligencia estratégica. Experto en conflictos violentos, procesos disruptivos y el ciberespacio hispanohablante. Es docente externo en la UC3M e investigador asociado en IFG Lab de París (Instituto Francés de Geopolítica - UP8).
Darío Salinas Palacios
Darío Salinas Palacios
Cofundador de Kartex Risk
Es doctor en Geopolítica (Université Paris 8, Instituto Francés de Geopolítica), cofundador de Kartex Risk y embajador del Pacto Climático de la UE.
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