Martes, 28 de julio de 2026
MYTHOS

… y Trump accionó el botón rojo digital

La directiva de la Administración Trump sobre los modelos de Anthropic ha añadido, en palabras de Emilio García, experto en tecnología, "una piedra más para la construcción de la pirámide de desconfianza" hacia la tecnología estadounidense. El cierre del acceso a Fable 5 y Mythos 5 muestra hasta qué punto Europa necesita ir más allá de la nube y pensar su autonomía estratégica en toda la pila tecnológica.

Emilio García Emilio García 16 de junio de 2026
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha criticado a Anthropic públicamente. El pasado 13 de julio el Gobierno suspendió el acceso a los últimos modelos de la compañía. | Casa Blanca / Andrea Hanks
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha criticado a Anthropic públicamente. El pasado 13 de julio el Gobierno suspendió el acceso a los últimos modelos de la compañía. | Casa Blanca / Andrea Hanks

El 3 de junio de 2026 la Comisión Europea presentó el denominado paquete de soberanía tecnológica. Junto con la propuesta de Ley de Chips 2.0, el paquete incluía el proyecto de la denominada Ley de Desarrollo de la Nube y la IA. La norma establece un marco de cuatro niveles de soberanía para las infraestructuras de nube, reservando los más exigentes —propiedad europea y garantía de no injerencia extranjera— para los servicios críticos y las administraciones públicas.

La propuesta ha despertado la previsible reacción negativa de las grandes tecnológicas. En concreto, criticaban los requisitos para los niveles 3 y 4, respectivamente, de propiedad europea y garantía de no injerencia de jurisdicciones extranjeras. La posición de los gigantes de Silicon Valley ha perdido todo argumento tras la directiva de la Administración Trump de limitar exclusivamente a los estadounidenses el acceso a los modelos Fable 5 y Mythos 5. Pero la decisión del magnate neoyorquino —sin previo aviso y de modo unilateral— no solo desarma los argumentos de Silicon Valley: también pone en evidencia los límites de la propia propuesta de la Comisión.

La directiva de la Administración Trump es una piedra más para la construcción de la pirámide de desconfianza hacia el uso de la tecnología originada en EE. UU. por otras áreas económicas. Lo que Farrell y Newman describieron en 2019 como weaponized interdependence —el uso coercitivo de la dependencia económica como instrumento de poder— ya no es una hipótesis académica: es la política exterior tecnológica aplicada de la Administración Trump.

"La decisión del magnate neoyorquino no solo desarma los argumentos de Silicon Valley: también pone en evidencia los límites de la propia propuesta de la Comisión"
En primer lugar, establece límites a la transparencia técnica de los bienes y servicios digitales estadounidenses. El veto alcanza tanto a Fable 5 —producto comercial— como a Mythos 5, el modelo que Anthropic había mantenido restringido desde abril por sus capacidades avanzadas en identificación de vulnerabilidades de ciberseguridad. El 2 de junio, Anthropic proporcionó el modelo de lenguaje a los gobiernos de otros quince países. Ese acceso duró menos de dos semanas. La ventana de transparencia tecnológica de la IA se ha cerrado antes de que pudiera institucionalizarse.

En segundo lugar, la decisión de la Administración Trump hace real la capacidad de accionar el killing switch —botón de parada— de cualquier adelanto tecnológico producido en EE. UU. Entre las razones que han hecho posible la propuesta de Ley de Desarrollo de la Nube y la IA está el temor a la excesiva dependencia europea de los proveedores de la nube estadounidenses. En concreto, se estima en un 80% la cuota de mercado que conjuntamente ostentan en este ámbito Amazon, Microsoft y Google. Desde estas compañías tecnológicas se había calificado de agresiva y catastrofista una eventual política de "compra europea" basada en el temor a un cierre unilateral de sus servicios por una orden del Gobierno de EE. UU. Esa distopía se ha hecho presente para empresas y ciudadanía europea que han dejado de tener acceso a Fable.

El cierre unilateral de los modelos de Anthropic no carece de precedentes. La desconexión forzada de Huawei del mercado tecnológico mundial en 2019 o las restricciones comerciales en semiconductores sobre China en 2022 fueron avisos que Europa no quiso ver. Estamos viviendo la extrapolación a la tecnología del poema atribuido al pastor protestante Martin Niemöller, superviviente de los campos de concentración nazis: "Primero vinieron por Huawei, y guardé silencio porque no tocaron a Nokia y Ericsson".

"Se estima en un 80% la cuota de mercado que conjuntamente ostentan en este ámbito Amazon, Microsoft y Google"
La situación creada por la Administración Trump impone urgencia en la adopción por la UE de un paquete reforzado de soberanía tecnológica, al menos tanta como se ha tenido para aprobar la simplificación de la Ley de IA. Las dos normas propuestas son necesarias, pero insuficientes tanto en ámbito como en alcance. Por ejemplo, el marco de garantía de soberanía de las infraestructuras de nube se circunscribe al nivel de aplicación y deja fuera de foco la cadena de suministro de hardware. Europa necesita ir más lejos en el escenario geopolítico actual. El objetivo tiene que ser la autonomía estratégica europea en toda la pila tecnológica, basada tanto en el desarrollo de capacidades propias como en la construcción de alianzas para el desarrollo de una cadena de suministros resiliente a la coerción de terceros.

La caja de herramientas para la soberanía tecnológica tendría que ser tanto defensiva como ofensiva. En el plano defensivo, la palanca más inmediata es la definición de requisitos de contratación pública y las condiciones para recibir ayudas de Estado en todo ámbito tecnológico. En el plano ofensivo, la UE dispone de activos propios que aún no ha desplegado como palancas de negociación: las herramientas litográficas de ASML —sin las que ningún fabricante de chips avanzados puede operar— o los equipos de telecomunicaciones de Ericsson y Nokia son eslabones críticos en cadenas de valor globales.

Establecer la misma lógica que Washington en la política tecnológica internacional no es una provocación: es reciprocidad. La soberanía tecnológica no se declara; se construye, y se defiende.

Emilio García
Emilio García
Exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales (2020-2021)
Es asesor en el Instituto de Astrofísica de Canarias y funcionario del Cuerpo Superior de Tecnologías y Sistemas de la Información. También es coautor del libro 'Chips y Poder' (Ed. Libros de la Catarata, 2025) y activista por los derechos trans.
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