

"El orden basado en reglas parece demasiado lento, demasiado rígido y demasiado analógico para un mundo que exige reaccionar siempre y a toda velocidad"El pasado 7 de abril, cincuenta y cinco años después, en el contexto de la guerra de Irán, el presidente de la primera potencia mundial anunció en su red social personal que "toda una civilización morirá esta noche, para no volver a aparecer jamás". Horas más tarde, declaró una tregua como "victoria total y completa". Aquel ultimátum, lanzado desde Truth Social con la misma gramática con la que un ciudadano anónimo expresaría su indignación cotidiana, va más allá de un simple cambio de estilo. Es el síntoma más visible de una transformación estructural que lleva décadas gestándose, pues la diplomacia clásica no se lleva bien con la inmediatez y la sobreexposición de las redes sociales. El resultado es el resentimiento del orden internacional basado en reglas. Demasiado lento, demasiado rígido, demasiado analógico para un mundo que exige reaccionar siempre y a toda velocidad.
"La mera existencia de una regulación que proteja la democracia europea en el espacio digital es una buena noticia"Su poder es tan evidente que el hombre más rico del mundo, Elon Musk, adquirió la actual X —plataforma con más de 600 millones de usuarios— con el objetivo declarado de incidir en el devenir de la política de su país y del resto del mundo. Las consecuencias no tardaron en llegar a la política europea. El 20 de diciembre de 2024, el ya propietario de la red social X y entonces asesor destacado del candidato republicano a la Casa Blanca publicó: "Solo la AfD puede salvar a Alemania", a pocas semanas de las elecciones federales germanas. El Gobierno alemán calificó las declaraciones de injerencia electoral. Unos 150 funcionarios de la Comisión Europea monitorizaron en tiempo real su posterior entrevista con la candidata de Alternativa por Alemania (AfD), Alice Weidel, para determinar si violaba la Ley de Servicios Digitales (DSA). La mera existencia de una regulación que proteja la democracia europea en el espacio digital es una buena noticia. Sin embargo, la respuesta institucional de la UE fue, en síntesis, simplemente observar, lo que evidenció que aún queda mucho para adaptar nuestras instituciones al nuevo tablero geopolítico digital.
"Quien busca profundidad, dobles derivadas y 'finezza' florentina simplemente se queda fuera del análisis. El nuevo orden mundial no espera"Menos de diez horas después del ultimátum, Trump anunció mediante otra publicación un alto el fuego, presentado como "victoria total y completa". Lo que durante horas fue tratado como una amenaza de destrucción masiva se convirtió en un comunicado más olvidado dentro de la cacofonía de las redes sociales. Sin deliberación en el Consejo de Seguridad, sin consulta con aliados europeos, sin procedimiento ante ningún organismo internacional.
"El nuevo desorden global es precisamente eso: circular a más velocidad que la que soportan los viejos raíles de las instituciones internacionales clásicas"Lo vemos en las evidencias. De acuerdo con el Informe de Riesgos Globales 2025 del Foro Económico Mundial, el 64% de los expertos anticipa un orden mundial fragmentado marcado por la competencia entre grandes potencias, y más de la mitad prevén inestabilidad en los próximos dos años. La OTAN ya reconoce la dimensión cognitiva como un nuevo dominio de la guerra. Lo que antes eran editoriales de periódicos son hoy algoritmos de recomendación con capacidad de movilizar electores, desestabilizar gobiernos y legitimar extremismos. El gran cambio de paradigma es doble: todo pasa más deprisa y todos tenemos más capacidad de incidencia relativa en todo lo que pasa. Las ventajas son evidentes, pero los riesgos son asimilables a los de un accidente de AVE porque, a más velocidad y más pasajeros, hay una magnitud mucho mayor en caso de descarrilamiento. El nuevo desorden global es precisamente eso: circular a más velocidad que la que soportan los viejos raíles de las instituciones internacionales clásicas.
"Los europeos llevamos sesenta años cumpliendo y apostando pacientemente por la multilateralidad y el establecimiento de un orden internacional basado en reglas"Kissinger también advertía de la importancia de construir una reputación de responsabilidad confiable para operar de manera firme y decidida en los asuntos internacionales. Sin ella, es muy difícil desplegar ningún tipo de inteligencia táctica a la hora de alcanzar acuerdos. Europa tiene esa reputación. Los europeos llevamos sesenta años cumpliendo y apostando pacientemente por la multilateralidad y el establecimiento de un orden internacional basado en reglas e instituciones. No podemos permitir que esa reputación y confianza en el orden frente a la anarquía se vean amenazadas por la retórica incendiaria de actores que han aprendido que, en el entorno digital, el escándalo no tiene coste, sino audiencia.

Recibe nuestro análisis diario en tu correo
Recibe una alerta diaria en tu teléfono