El reciente enfrentamiento sindical en Samsung probablemente haya transcurrido de forma silenciosa para la opinión pública general. Salvo para los observadores habituales de la industria tecnológica y la cadena de valor de los semiconductores,
ha pasado desapercibido que las líneas de fabricación del gigante surcoreano estuvieron al borde de la paralización. No obstante, esta desavenencia laboral en Seúl podría ocupar en el futuro una relevancia histórica comparable a las primeras movilizaciones durante la revolución industrial, pues
el núcleo del conflicto reside en el reparto equitativo de los réditos generados por la inteligencia artificial.
Impulsada por el superciclo de inversiones en centros de datos para el despliegue de la IA, la demanda de chips lógicos y de memoria avanzados se ha disparado. Samsung está uniéndose al selecto club de empresas que han superado una
valoración bursátil de un billón de dólares. Según la memoria
trimestral de resultados
, la empresa surcoreana vio cómo su beneficio operativo en los tres primeros meses de 2026 se multiplicaba por cinco respecto al mismo periodo del año anterior, hasta superar los 36.000 millones de dólares –un 42% de los ingresos–. Los sindicatos,
que se habían manifestado por una subida de salarios unos días antes, reaccionaron con una
convocatoria de huelga demandando que al menos un 15% de los beneficios fuera destinado a retribuir la productividad de los trabajadores.
"Su triunfo más significativo ha consistido en introducir en la agenda política de su país la idea de un impuesto a las grandes corporaciones"
Los sindicatos de Samsung consiguieron parcialmente su objetivo económico, logrando que un 10,5% de las plusvalías corporativas se destinen finalmente a incentivos para la plantilla. Sin embargo, su triunfo más significativo ha consistido en
introducir en la agenda política de su país la idea de un impuesto a las grandes corporaciones para una distribución justa de las rentas de la IA. Desde el gabinete de la Presidencia se anunció una posible
tasa sobre los beneficios de las empresas favorecidas por la demanda de infraestructuras para soportar esta tecnología. La naturaleza redistributiva de dicho gravamen queda patente al observar los posibles beneficiarios de la recaudación: las
startups, los programas de renta básica y el colectivo de creadores.
Las reivindicaciones laborales nacidas en Samsung han encontrado eco en Taiwán, centro neurálgico del ecosistema mundial de semiconductores. La plantilla de TSMC muestra una firme oposición ante la posibilidad de quedar excluida del reparto de plusvalías de la IA. Las informaciones sobre una reducción en los incentivos por rendimiento han provocado
advertencias de movilizaciones sindicales en la firma taiwanesa.
Resulta complejo justificar una minoración retributiva mientras el auge de la IA impulsa la consecución de registros históricos de ganancias.
"Este debilitamiento se manifiesta con especial crudeza en las industrias pioneras en la integración de soluciones de IA"
La urgencia por implementar figuras tributarias que graven las plusvalías de la IA gana razones en Estados Unidos. La expansión de esta tecnología disruptiva en el mercado norteamericano ha convergido con un
repunte generalizado de la desocupación laboral. Aunque la correlación temporal no siempre supone causalidad directa, las
métricas de ocupación gubernamentales revelan una degradación del mercado de trabajo que trasciende al personal administrativo desde hace tres años (fecha de despegue de los modelos de lenguaje). No obstante,
este debilitamiento se manifiesta con especial crudeza en las industrias pioneras en la integración de soluciones de IA. El
volumen de profesionales en el sector tecnológico —
software, procesamiento de datos, telecomunicaciones, radiodifusión e industrias relacionadas— ha registrado una caída del 11% respecto a inicios de 2023, situándose en niveles inferiores a los del periodo prepandémico de la COVID-19.
Las propuestas de fiscalidad sobre la IA en EE. UU. tienen el foco puesto sobre las grandes tecnológicas. Tom Steyer, candidato a gobernador del estado de California, ha propuesto un
impuesto sobre los datos procesados por las aplicaciones de IA destinado a crear un fondo soberano. De acuerdo con su programa electoral, con lo recaudado
se soportaría la transición de los trabajadores hacia la nueva tecnología, pero también el apoyo a políticas de vivienda, salud y energía.
"Bajo este modelo, las plusvalías derivadas de la apreciación de los activos servirían para financiar la reconversión laboral u otros objetivos sociales"
La creación de gravámenes sobre las corporaciones desarrolladoras de hardware y software no agota las propuestas para una redistribución efectiva de la riqueza generada por la IA.
Desde sectores con una sensibilidad más orientada al mundo empresarial,
se plantea que los Estados asuman una participación accionarial directa en las compañías líderes. Bajo este modelo, las plusvalías derivadas de la apreciación de los activos servirían para financiar la reconversión laboral u otros objetivos sociales.
Este mecanismo presenta la virtud de neutralizar las estrategias de optimización fiscal que desvían beneficios hacia territorios con baja tributación. Como paradigma de éxito se cita frecuentemente la
elevada rentabilidad que la inversión en Intel ha reportado al erario público estadounidense. No está claro sin embargo cuál sería la fuente de financiación de la toma de participación pública.
La falta de un nuevo modelo de distribución justa de la riqueza generada por la IA será una de las principales fuentes de tensión mientras no se resuelva. La huelga de Samsung ha sido solo la avanzadilla de conflictos por llegar. El movimiento ludita en el siglo XIX no fue un levantamiento contra el avance tecnológico. Los obreros alzaron su voz contra la falta de respuestas políticas a la precarización, los despidos masivos y la reducción de sus sueldos por la introducción de las máquinas en los telares.
No solo hay que debatir cuáles son los guardarrailes para un uso seguro de una nueva tecnología sino también como sus beneficios de todo tipo –especialmente los económicos— alcanzan a toda la sociedad y generan bienestar.