Miércoles, 12 de agosto de 2026
EN PROFUNDIDAD

Las normas contra la escala: la rivalidad de China y Europa por la IA

Las diferencias entre EE. UU. y Europa suelen empujar a pensar en un acercamiento hacia China. Sin embargo, en materia de inteligencia artificial, parece lejano. Los investigadores Unai Gómez-Hernández y David García García explican que, a pesar de que hace años se logró "sentar las bases para la cooperación entre la Unión Europea y China" en IA, las múltiples diferencias en la manera de abordar la materia y la naturaleza política de ambos hace que la rivalidad "pase de ser un desacuerdo bilateral a una disputa sobre foros y coaliciones".

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Imagen de la cumbre entre la Unión Europa y China celebrada en Pekín en el año 2023. | Unión Europea (Consejo Europeo)
Imagen de la cumbre entre la Unión Europa y China celebrada en Pekín en el año 2023. | Unión Europea (Consejo Europeo)
A pesar del potencial de cooperación sobre el papel, las diferencias estructurales en materia de gobernanza, organización del mercado y alineación geopolítica están empujando a la UE y a China hacia una rivalidad sistémica en materia de IA. Esta brecha se ve amplificada por la desventaja competitiva de la UE en las industrias punteras de IA, por la confrontación tecnológica más amplia entre Estados Unidos y China, que obliga a Bruselas a posicionarse dentro de una lógica de bloques, y por la política internacional de Donald Trump. En términos de Anu Bradford, profesora de la Universidad de Columbia, hablamos de una rivalidad entre imperios digitales. El impulso de China en materia de IA refleja un imperio de escala, construido a través de la movilización estatal y la difusión de infraestructuras, mientras que la influencia de Europa se ha basado en un imperio de normas que proyecta sus estándares internos hacia el exterior a través del efecto Bruselas vinculado a la relevancia de su mercado único.

De los "brotes verdes" sobre el papel a las diferencias reales

A principios de este año se celebró en París una cumbre sobre inteligencia artificial que concluyó con una declaración sobre cómo desarrollar esta tecnología de forma inclusiva y sostenible. Este evento pareció sentar las bases para la cooperación entre la Unión Europea y China en esta materia. Bruselas y Pekín se encontraban entre los signatarios, lo que aseguraba una representación equilibrada tanto de Occidente como del sur global y otros actores globales como India. El breve texto se centraba en cómo debería utilizarse la IA para hacer el planeta más sostenible y reducir las desigualdades entre las personas, y afirmaba que debía evitarse la concentración del mercado en este ámbito, lo que prometía un espacio para la cooperación entre los principales actores. De hecho, este enfoque cooperativo entre la UE y China en materia de IA también se refleja si se tiene en cuenta la perspectiva social de sus respectivas estrategias en la materia. La estrategia europea subraya los beneficios de la tecnología para la sanidad, la sostenibilidad medioambiental o la educación, mientras que China se centra en el bienestar de las personas, la gobernanza y la cooperación mundial, de acuerdo con su iniciativa AI Plus (AI+). Así, el enfoque de la UE en una IA "centrada en el ser humano" y el enfoque "centrado en las personas" de China parecen ser compatibles y mutuamente beneficiosos: ambas hojas de ruta sitúan a los ciudadanos y ciudadanas en el centro del debate público.

"Tras el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022, en lugar de mantener el tono positivo anterior, se comenzaron a abordar las previsibles diferencias en la gobernanza de la IA"
Al mismo tiempo, la coincidencia en la retórica esconde una asimetría estratégica más profunda. La IA+ de China también funciona como una
intensificación importante de la movilización de la IA impulsada por el Estado. El lenguaje de la cooperación choca con una estrategia nacional diseñada para generar ventajas de escala y resiliencia geopolítica, lo que altera inevitablemente el equilibrio entre la UE y China en esta materia.

El primero de los dos Diálogos de Alto Nivel sobre Cooperación Digital entre Pekín y Bruselas también anticipaba las posibilidades de cooperación en materia de IA. Celebrado en 2020 en el contexto de la COVID-19, el evento demostró el interés de ambas partes por cooperar en materia de IA, comprometiéndose China a crear un "entorno de competencia favorable en el mercado y a mejorar la protección de los derechos de propiedad y de propiedad intelectual". Aunque años después se puede cuestionar el cumplimiento de este compromiso, la promesa en sí misma fue loable. Sin embargo, el discurso cambió en 2023 con el segundo diálogo. Tras el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022, en lugar de mantener el tono positivo anterior, se comenzaron a abordar las previsibles diferencias en la gobernanza de la IA. Por ejemplo, la UE "destacó la importancia de un uso ético de esta tecnología, respetando plenamente los derechos humanos universales", haciendo referencia implícita al tratamiento de los derechos humanos por parte de China y a las posibilidades de que esta situación empeore debido a la tecnología recientemente desarrollada. Así pues, los enfoques adoptados por Bruselas y Pekín parecen verse opacados por diferencias clave en la gobernanza de la IA.

Tres divergencias subrayan la rivalidad sistémica entre la UE y China

La primera de estas divergencias se refiere al control que implica la IA. Esta tecnología debe considerarse como impulsora de procesos, ya sean relacionados con la productividad, el análisis, el pronóstico sanitario o la escritura generativa. Otro elemento que puede impulsar es el del control social: la vigilancia, la policía predictiva y la modificación del comportamiento pueden ampliarse a una escala sin precedentes en el país asiático gracias a la IA. En el Viejo Continente, los ciudadanos pueden vivir en un relativo anonimato y sus datos personales están cuidadosamente protegidos por el reglamento general de protección de datos (GDPR, por sus siglas en inglés). Por ejemplo, las transferencias de datos en China deben realizarse sobre la base de evaluaciones de seguridad llevadas a cabo por el Gobierno. La IA amplifica el poder del Gobierno chino para controlar a sus ciudadanos, lo que, según la posición de la UE, podría implicar una violación de los derechos humanos universales en China. Aunque esta situación ya existía previamente, la incursión de la IA en el panorama mundial la agrava.

"Se sugiere una fuerte sincronización entre la comunicación corporativa y las prioridades del Partido, algo impensable en la Unión Europea o Estados Unidos"
Una capa adicional y menos visible de esta primera divergencia se refiere a cómo la estrategia estatal estructura la voz corporativa en el sector de la IA en China. En 2025, las empresas pioneras en IA de China han mantenido un perfil público inusualmente bajo y sus dirigentes han evitado en gran medida los mensajes con connotación geopolítica en sus intervenciones públicas. DeepSeek, a pesar de su papel simbólico en la narrativa china sobre los avances en modelos de IA, se ha mantenido en silencio públicamente; una de sus primeras declaraciones públicas relevantes en casi un año provino de un investigador sénior que advirtió en la
Conferencia Mundial de Internet en Wuzhen de que la IA podría desplazar la mayoría de los puestos de trabajo en un plazo de diez a veinte años, instando a las empresas tecnológicas a actuar como guardianas frente a la disrupción social. Pekín puede aprovechar esta alineación como señal de credibilidad y como ventaja negociadora frente a un ecosistema europeo más plural y a menudo atravesado por disputas internas.

China puede exportar sistemas de IA e infraestructuras de gobernanza basadas en la IA a gobiernos afines, lo que le permite reforzar su posición como proveedor alternativo de bienes digitales globales. En la práctica, la IA se está exportando en estos momentos como parte de las nuevas rutas de la seda (Belt and Road Initiative) a través de proyectos de ciudades inteligentes, herramientas de seguridad pública y diplomacia normativa, extendiendo las preferencias chinas en materia de gobernanza de datos y presencia estatal más allá de sus fronteras. Bruselas podría considerar estas iniciativas como parte de una estrategia más amplia para difundir un modelo de gobernanza vinculado a la IA que entra en conflicto con el enfoque basado en los derechos humanos de la UE.

"El futuro económico de la UE parece estar en conflicto con el de China, dada la trayectoria actual de desarrollo de sus empresas de IA"
La tercera divergencia está relacionada con la superior competitividad de China en el mercado. Mientras que las empresas chinas de IA han alcanzado un rendimiento puntero y visibilidad global (siendo DeepSeek el caso más emblemático), las alternativas de IA de la UE aún no han conseguido llamar la atención a nivel mundial. La falta de competitividad de las empresas europeas en áreas de alta tecnología como la IA ha quedado constatada, tal y como se refleja en el informe Draghi. Parte de esta hoja de ruta es el Ómnibus Digital de la Comisión, presentado el 19 de noviembre de 2025, que propone retrasar hasta diciembre de 2027 las obligaciones clave de la Ley de IA de "alto riesgo" e introducir flexibilidad para facilitar la formación en IA y reducir los costes de cumplimiento. Esto indica que la UE se está acercando al modelo estadounidense (primero innovar, luego regular), y que su identidad reguladora está siendo remodelada por la presión competitiva entre Estados Unidos y China. Por el momento, no está claro si la presidenta Von der Leyen podrá alcanzar su objetivo de volver a hacer que la UE sea económicamente competitiva antes de que finalice su mandato en 2029. Mientras tanto, la influencia de China en el sector tecnológico sigue creciendo y algunos líderes empresariales europeos ya han manifestado que sus empresas necesitarán fondos sustanciales de la UE para seguir siendo competitivas frente a otros actores internacionales, como las empresas impulsadas por capital estatal chino. De hecho, el futuro económico de la UE parece estar en conflicto con el de China, dada la trayectoria actual de desarrollo de sus empresas de IA.

Por último, la rivalidad sistémica entre democracias liberales y regímenes autoritarios se está manifestando cada vez más en los ámbitos de gobernanza multilateral. A medida que se amplían las iniciativas de las Naciones Unidas, como el Pacto Digital Global y la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas patrocinada por China sobre el desarrollo de capacidades en materia de IA, y que la Convención sobre IA del Consejo de Europa y la Ley de IA de la UE proyectan el poder normativo europeo hacia el exterior, la competencia entre la UE y China pasa de ser un desacuerdo bilateral a una disputa sobre foros y coaliciones. Por lo tanto, la rivalidad no solo se centra en los modelos y los mercados, sino también en qué modelo de gobernanza se normaliza a nivel mundial, lo que puede considerarse el campo de batalla del "efecto Bruselas" en la IA: cabe preguntarse si Europa puede seguir convirtiendo la legislación interna en normas externas más rápidamente de lo que China puede convertir su tamaño en infraestructura externa.

Los Estados Unidos de Trump entran en escena: ¿hacia un nuevo telón de acero digital? 

Estas tres divergencias se recalcan aún más teniendo en cuenta la actual situación geopolítica de EE. UU. como antigua potencia hegemónica que está perdiendo poder. En ese sentido, hay quien ya ha señalado que puede estar emergiendo una guerra fría tecnológica en materia de IA. A medida que la competencia se cristaliza en bloques tecnológicos, a Europa le resulta cada vez más difícil mantener una voz distintiva sobre cómo debe gobernarse la IA. La avalancha de iniciativas globales de Pekín indica su deseo de remodelar parcialmente el orden internacional liberal conforme a su propia visión, estableciendo su preeminencia en su esfera de influencia directa y un control significativo sobre regiones más lejanas. Por eso, a principios de este año, algunos estados de EE. UU. prohibieron DeepSeek en sus territorios, mientras que el Gobierno de Trump publicó un informe en el que consideraba la IA china un riesgo para la seguridad nacional. Para Bruselas, estas medidas aumentan el coste de la estrategia de equilibrio y complican cualquier intento de involucrar a China en la gobernanza de la IA manteniendo al mismo tiempo una distancia crítica creíble.

"Lo que está en juego para Europa no es tanto una elección de bando como la capacidad de seguir configurando las reglas dentro del bando en el que finalmente se encuentre"
Teniendo en cuenta la complejidad de este panorama, la posición de la UE se vuelve aún más frágil. Utilizar a China como palanca podría ser una forma eficaz para que la presidenta Von der Leyen logre sus objetivos de autonomía estratégica y competitividad, aunque es difícil imaginar un futuro en el que la UE y sus miembros prefieran aliarse con China antes que con EE. UU. Un ejemplo reciente es la adquisición a finales de septiembre de 2025 por parte del Gobierno neerlandés de
la empresa china de fabricación de chips Nexperia, una medida que se ha interpretado ampliamente como parte de la securitización de las tecnologías críticas por parte de Europa bajo las presiones simultáneas de Estados Unidos y China. Si esta lógica se replicara a largo plazo y cayera un nuevo telón de acero digital sobre las tecnologías relacionadas con la IA, Europa, sin atisbo de duda, se mantendría del lado estadounidense una vez más.
Unai Gómez-Hernández
Unai Gómez-Hernández
Doctorando en relaciones UE-China - Universidad de Edimburgo y KU Leuven
David García García
David García García
Doctorando en Derecho y Ciencia Política en la Universitat de Barcelona
Es becario predoctoral FPI en el proyecto Agenda Dynamics on Social Media (ADSOM) y doctorando en Derecho y Ciencia Política en la Universitat de Barcelona. Investiga el impacto político del cambio tecnológico, el comportamiento en redes y la regulación de la inteligencia artificial.
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