Viernes, 31 de julio de 2026
EN PROFUNDIDAD

Los otros españoles

El sociólogo y primer catedrático Príncipe de Asturias, Jesús M. De Miguel, reflexiona sobre la inmigración en España en un Día de la Constitución que invita a pensar en los desafíos de la integración. Analiza los países de origen y los distintos perfiles migratorios, traza las rutas mediterráneas —"la inmigración más mortífera del mundo"— y examina cómo la ciudadanía percibe este fenómeno y a quienes lo protagonizan.

Jesús M. De Miguel Jesús M. De Miguel 6 de diciembre de 2025
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Trabajadores de la Cooperativa Peñascal, que emplea a jóvenes migrantes en Bilbao, realizan labores de carpintería.  | H.Bilbao / Europa Press / ContactoPhoto
Trabajadores de la Cooperativa Peñascal, que emplea a jóvenes migrantes en Bilbao, realizan labores de carpintería. | H.Bilbao / Europa Press / ContactoPhoto
España es un país de 47 millones de habitantes, de los cuales unos cinco millones son extranjeros y dos millones más son nacionalizados como españoles. El 13% de la población —por lo menos— ha nacido fuera de España. El grueso de esta inmigración se produce durante la primera década del siglo XXI. Entran entonces en el país 600.000 personas extranjeras o más cada año, con el máximo de un millón en el año 2007. Es justo antes de la crisis económica, "la Gran Recesión" (2008-2012), que casi acaba con esa tendencia inmigratoria.

"En España entran unas 600.000 personas extranjeras o más cada año, con el máximo de un millón en el año 2007"
Actualmente, el número de inmigrantes nuevos decrece, pero se consolida en una inmigración de múltiples países, principalmente de África, Latinoamérica, y Europa del Este. La nueva realidad es una España con interacción e intercambios culturales entre grupos étnicos y socioculturales. Todo sugiere que el país va a seguir siendo —durante unos cuantos años o décadas— un país de inmigración.


Este panorama exige políticas sociales que supongan la disminución de las situaciones precarias, especialmente para la población inmigrante. Es lo que se denomina "políticas de integración".

Integración de la población en el país

La integración de los y las inmigrantes no es (o no debe ser) un concepto borroso ni ideológico. Se puede conceptualizar mejor. No se trata de medir solamente la precariedad del empleo o del estilo de vida de las personas migrantes. Sobre todo, porque en España hay dos tipos de inmigración distinta: jóvenes de otros países menos desarrollados que ejercen en España empleos de categoría baja y mal pagados (o que buscan ese empleo); y personas muy mayores, casi todos retirados, provenientes de países desarrollados que fijan su residencia —e incluso compran casa— en España, sobre todo en zonas de sol y en la costa. Son dos grupos muy distintos, casi antitéticos. El primero es mucho más abundante. Por eso las políticas de inmigración pueden variar o ser múltiples.

Un intento de medir la integración de los y las inmigrantes es el Migrant Integration Policy Index. Los estudios de este índice de integración se inician en 2004 con un informe titulado European Civic Citizenship and Inclusion Index, que se aplica a quince países de la Unión Europea. Luego, cada cuatro años, aproximadamente, publican los cálculos del índice de integración. La cuarta edición que yo manejo aquí incluye 167 indicadores diferentes agrupados en ocho factores y está editada por Thomas Huddleston et al. Trata de las políticas que apoyan las oportunidades de las personas migrantes para participar en la sociedad. Analiza las diferentes políticas de integración en los países y cómo esas políticas crean en realidad resultados auténticos de integración. El objetivo es la igualdad de toda la población en el país. Esto tiene un impacto real en la vida de las personas. Se evalúan los cambios futuros de las políticas concretas que favorecen la integración. Además, se propone incluso legislación a favor de las personas inmigrantes. Por último, también se busca promover debates en la sociedad sobre estos temas.
 

Nota metodológica sobre la estructura del MIPEX

La información completa del MIPEX puede consultarse en www.mipex.eu, siguiendo la ruta: About → MIPEX Methodology → MIPEX: Policy Indicators List and Questionnaire, donde se encuentra el fichero Excel (.xlsx) con los indicadores distribuidos en tres hojas.

Una versión sintetizada está disponible en la página inicial de MIPEX, en Export the data, donde puede descargarse el MIPEX Book (published version) en PDF (224 páginas). La lista de los 8 factores, 32 dimensiones y 167 indicadores aparece en las páginas 219-221 de ese documento.

A continuación se detallan los ocho factores y sus dimensiones:

  1. Reunificación familiar:
    1. Elegibilidad.
    2. Condiciones para la adquisición del estatus.
    3. Seguridad del estatus.
    4. Derechos asociados con el estatus.
  2. Residencia permanente:
    1. Elegibilidad.
    2. Condiciones para la adquisición de la residencia.
    3. Seguridad del estatus.
    4. Derechos asociados.
  3. Movilidad en el mercado de trabajo:
    1. Acceso al mercado de trabajo.
    2. Acceso a ayuda general.
    3. Ayudas concretas.
    4. Derechos de las personas trabajadoras.
  4. Participación política:
    1. Derechos electorales.
    2. Libertades políticas.
    3. Cuerpos consultivos.
    4. Implementación de las políticas.
  5. Sanidad:
    1. Derecho a los servicios sanitarios.
    2. Políticas para facilitar el acceso.
    3. Atención sanitaria.
    4. Medidas para conseguir el cambio.
  6. Antidiscriminación:
    1. Definiciones y conceptos.
    2. Campos de aplicación.
    3. Mecanismos de control.
    4. Políticas de igualdad.
  7. Acceso a la nacionalidad:
    1. Elegibilidad.
    2. Condiciones para su adquisición.
    3. Seguridad de estatus.
    4. Nacionalidad doble.
  8. Educación:
    1. Acceso.
    2. Necesidades concretas.
    3. Nuevas oportunidades.
    4. Educación intercultural para todos/as.

El índice de integración

Los análisis sobre la situación en los países estructuran la edición de las políticas sobre la integración de migrantes en ocho factores básicos, desarrollan subfactores, y finalmente definen indicadores concretos. Todos los indicadores se resumen en un índice de integración.

Con los 167 indicadores se calcula un índice de integración. La Tabla 1 incluye el índice de políticas de integración de la población inmigrante en diversos países. Lo presento aquí para 2010 y 2014 en que los datos son comparables. Este índice se calcula para 38 países, fundamentalmente europeos, incluyendo además Turquía, Canadá, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur y Japón. Son un conjunto de 167 indicadores para cada país, ordenados en ocho factores, cada factor en cuatro "dimensiones", que agrupan indicadores y que al final sus puntuaciones se resumen en un único índice.

Los países están ordenados según una versión moderna del índice denominado Migrant Integration Policy Index IV. La lista no presenta un orden obvio, ni correlaciona forzosamente con desarrollo económico. En el primer puesto está Portugal, seguido de países escandinavos como Suecia y Finlandia, lo que es esperable. Australia y Nueva Zelanda aparecen también arriba. Luego Canadá en el 5º puesto y Estados Unidos en el 10º. La posición de España es relativamente buena, ocupando la decimosegunda posición. Por detrás quedarían Italia (puesto 15º), Reino Unido (16º), y Francia en el puesto 18º. Los países con puntuaciones más bajas (menos de cuarenta puntos en el índice) son Malta, Lituania, Eslovaquia, Chipre, Letonia, y Turquía. Este último es el 38º país con una puntuación de veinticuatro. El índice de integración varía entre veinticuatro (Turquía) y ochenta (Portugal y Suecia). En este contexto, la puntuación de España en el índice, que es 61, supone un 76% del máximo, y aparece en el primer tercio del conjunto de países.



A simple vista se observa que este índice de integración es bastante estable. Son más los países que mejoran —catorce—, aunque solo sea un poco, que los que empeoran —seis—. En el caso de España no varía: es 61 en ambas fechas. En el conjunto de los países de la Unión Europea, la puntuación media es de 52 y no varía. Pero hay todavía espacio para la mejora, porque una media de 52 es bastante baja respecto de la máxima real de 80. Es importante ver en qué áreas es posible mejorar. Pero cada país es diferente.

Las posibles mejoras en integración de España

En la Tabla 2 presento los ocho factores del índice de integración para el caso de España. Están ordenados de mayor a menor puntuación para hacer más visibles los éxitos y los fracasos de las políticas de integración de la población inmigrante. Incluyo la puntuación de cada factor, y también el número de orden respecto del total de 38 países de la muestra. Llama la atención que España es el primer país de la lista en el factor de reunificación familiar. Obtiene una puntuación de noventa sobre un máximo hipotético de cien. También es un país muy bueno en otorgar la residencia permanente a los y las inmigrantes, con una puntuación de 74, siendo el tercer mejor país de la lista. Las dos columnas no coinciden en la gradación. En participación política está peor de lo previsto, siendo el país 15º. En antidiscriminación las puntuaciones no son buenas: 49 en el índice, y en el puesto 29º. Pero sin duda, el factor menos logrado en las políticas de integración de las personas migrantes es la educación.



España no cambia apenas en sus pautas de integración de inmigrantes. Con gobiernos progresistas mejora en participación política; con gobiernos conservadores disminuye. La integración es más fácil para las personas migrantes provenientes de países de cultura hispánica común. Con la crisis económica, la austeridad posterior, y luego con la pandemia de la Covid-19, ha sido difícil evaluar la efectividad de las políticas de integración. Los procedimientos de nacionalización son excesivamente burocráticos y lentos. Hay diferencias en el acceso de naturalización que dependen del país de origen de estas personas y derivan en diferencias injustas.


"La hipótesis del excepcionalismo español supone que hasta hace poco, en España no se observan actitudes ni movimientos sociales (organizados) de carácter xenófobo, racista, o nativista"
La hipótesis del excepcionalismo español supone que —a diferencia de otros países europeos y a pesar de la inmigración experimentada durante el siglo XXI—, hasta hace poco, en España no se observan actitudes ni movimientos sociales (organizados) de carácter xenófobo, racista, o nativista (las tres son formas de intolerancia). Así, se afirma que: "España y Portugal se han distinguido entre los escasos países que se han revelado inmunes al virus populista xenófobo" (Joaquín Arango, 2015). Esto es relativamente cierto, pero solo hasta el año 2019.


Mientras tanto, los delitos de odio crecen en España, según los datos del Ministerio del Interior. En 2019 suponen unos 1.706 casos, y un incremento de un 7% respecto del año anterior. Catalunya es la comunidad autónoma con más casos de discurso de odio, si bien se denuncian muchos menos casos de los que realmente se producen. Estos casos incluyen odio en forma de xenofobia, racismo, antigitanismo, rechazo por "orientación sexual e identidad de género", también en contra de personas con discapacidad, en contra de pobres (llamado aporofobia), antisemitismo, violencia racista, y otros casos. El 83% de los autores son varones, y el 85% son "españoles".

El manejo de la terminología

"Xenofobia" es literalmente rechazo a una persona extranjera. Supone actitudes, prejuicios o conductas que rechazan y excluyen a otras personas basadas en el hecho de que sean de origen extranjero. "Racismo" es cuando un grupo étnico se considera superior. A veces se denomina "supremacismo" (blanco). Participan del miedo y odio al extranjero, junto con un deseo de no perder la identidad nacional o étnica propias. Promueven la exaltación de la cultura propia. El "nativismo" añade que en un país solo deben parte de la ciudadanía de primera las personas nativas, nacidas en ese país. Las personas que vienen de fuera son una amenaza. Se criminaliza la inmigración (sobre todo la islámica), se defiende el cierre de fronteras, así como la devolución o expulsión de inmigrantes que se consideran conflictivos. Una forma concreta es la "islamofobia" o rechazo de las personas musulmanas, así como de su lengua, cultura, y religión. Se suele combinar con un discurso de odio contra algunas minorías y nacionalidades (o grupos étnicos). Todos estos conceptos se interconectan y a menudo se combinan con el populismo.

"En España las personas musulmanas son consideradas negativamente por el 42% de la ciudadanía, aunque hay países en que ese porcentaje es incluso mayor"
En España las personas musulmanas son consideradas negativamente por el 42% de la ciudadanía. Hay países en que ese porcentaje es incluso mayor, como en Italia con el 55% y Polonia con el 66%. Significativamente, son países cristianos-católicos. Otros países reducen mucho esta proporción de opiniones negativas: Suecia (28%), Alemania (24%), Francia (22%) y el Reino Unido con un 18% son algunos ejemplos. Pero la diferencia esencial reside en si existe un partido político abiertamente xenófobo, racista, o nativista.


En esa dirección influye el hecho de que muchos y muchas inmigrantes en España están en una situación irregular. Muchos trabajan en la economía sumergida. Otros son personas "sin papeles". Estas situaciones se solucionan cíclicamente mediante regularizaciones extraordinarias.

La xenofobia y la inmigración en España

Para el debate de la xenofobia sobre los inmigrantes en España, recomiendo leer los excelentes estudios sociológicos de M. Ángeles Cea D’Ancona, y Miguel S. Valles Martínez (a veces junto con Cecilia Eseverri). Las encuestas no preguntan a la población "¿Es usted racista? Mucho, bastante, poco, o nada"; o bien "¿Es usted xenófobo? Mucho, bastante, poco, nada". Se utilizan preguntas indirectas, que no suponen una identificación inmediata, pero que indican la tendencia al rechazo de las personas migrantes.

Por ejemplo, se pregunta a la población española si considera que las leyes de inmigración son demasiado tolerantes; si es partidario o partidaria de acoger exilados políticos sin restricciones; o si cree que el número de inmigrantes es demasiado alto. También se les pregunta si estas personas reciben más de lo que aportan. Sobre empleo, las preguntas pueden ser también variadas: si la existencia de inmigrantes contribuye al descenso de los salarios; si quitan puestos de trabajo; y si es más aconsejable contratar antes a alguien que sea español.

También se les pregunta si deberían concederse a los y las inmigrantes la posibilidad de traer a sus familiares, votar en las elecciones municipales, o incluso en las elecciones generales, y si deben tener derecho a la obtención de la nacionalidad española. Sobre musulmanes hay cuestiones específicas como si se debería excluir a las alumnas con velo en las escuelas; si protestaría sobre la edificación de mezquitas; y si esa comunidad inmigrante debería mantener solo aspectos de su cultura y religión "que no molesten" (sic). Se les pregunta también si está de acuerdo con la inmigración que esté dispuesta a adoptar "el modo de vida" del país (sic).

Con estos indicadores es posible evaluar las opiniones sobre inmigrantes. Aunque un nivel de análisis es el de actitudes y otro diferente el de la práctica. La realidad que cuenta es si no objeta tener vecinos que son inmigrantes, si vive con un o una inmigrante, se casa o acepta que sus hijos o hijas se casen con inmigrantes. Se pueden tener opiniones racistas tópicas, y, sin embargo, luego interactuar con inmigrantes.

Los estudios (de Cea y Valles) señalan que el rechazo expreso a la inmigración desciende desde 1993 hasta 1996. A partir del año 2000 el rechazo asciende, alcanzando la máxima al final de la crisis económica (hacia 2011). El rechazo pasa del 8% al 40%. La población española considera que hay demasiados inmigrantes, y esa proporción aumenta gradualmente desde el 34% en 1996 hasta el 82% en 2010.

"El 81% de los españoles consideran que la existencia de inmigrantes baja los salarios, y el 69% son partidarios de contratar primero a alguien español"
El rechazo a las personas migrantes es paralelo a la consideración de que hay demasiadas. A partir del año 2000 la población española es menos favorable a conceder derechos a las personas extranjeras. El 81% de los españoles consideran que la existencia de inmigrantes baja los salarios, el 69% son partidarios de contratar primero a alguien español, y el 64% creen que los y las inmigrantes quitan puestos de trabajo a la población española. Pero a nivel positivo, el 73% de la población admite que estas personas cubren trabajos necesarios. Se producen contradicciones, algo que es normal en las encuestas. Por otro lado, e
l 63% de la población encuestada considera que las personas migrantes reciben más de lo que aportan. Con respecto a las personas musulmanas, las actitudes pueden ser también claras. El 51% de las personas españolas consideran que la población musulmana debe conservar solo aquellos aspectos de su cultura y religión que no molesten. El 47% opinan que se debe protestar contra la edificación de mezquitas. Incluso un 41% de españoles consideran que habría que excluir a las alumnas con velo.

Las opiniones españolas sobre el burka, los matrimonios concertados —especialmente con menores—, y la ablación del clítoris son negativas. El rechazo es alto, pero, al mismo tiempo, el 83% de la población española considera que la comunidad inmigrante debe tener derecho a traer a sus familiares. También son mayoritarios los que defienden que las personas migrantes deben poder obtener la nacionalidad (el 79%). El 73% opina que pueden poder votar en las elecciones municipales, e incluso el 65% en las generales.

A nivel comparativo, España es el tercer país de la Unión Europea más favorable a la inmigración laboral, solo por detrás de Suecia (el país menos xenófobo) y Finlandia.

El desafío de migrar a través del Mediterráneo

Se puede hablar de un "cementerio marino". La migración a través del mar Mediterráneo es la ruta más mortífera del mundo. Este mar es el lugar donde mueren —o desaparecen para siempre— más inmigrantes. Por eso me sorprende que al escribir sobre migraciones la academia en España apenas analiza la migración por mar, bien por las rutas de Mediterráneo, fundamentalmente por el estrecho y el mar de Alborán, o por la ruta Atlántica hacia las islas Canarias. Es un tema que se deja a los periódicos o a la televisión. En realidad supone un goteo de sucesos, a veces macabros.

Es verdad que los datos son incompletos, variados, de difícil recolección y análisis. Pero existen los trabajos y estudios de la Organización Internacional para la Migración, los de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y los de ONG como Human Rights Watch y Amnistía Internacional. La navegación de "pateras" (y todo tipo de embarcaciones) desde África a la península ibérica y a Canarias es una realidad sociológicamente importante y dramática. Los y las tripulantes no son solo del norte de África, sino que existe además una migración africana de tránsito —hacia el norte y el oeste— que se embarca luego hacia España. La mayoría son jóvenes, varones, pero hay también mujeres, mujeres embarazadas y menores de edad. La tónica es la desesperación y el sufrimiento.

En la Tabla 3 presento datos sobre las llegadas de inmigrantes en embarcaciones ilegales a las costas españolas, incluyendo los dos archipiélagos de islas Baleares e islas Canarias. En el año 2019 llegaron a España algo más de 26.000 inmigrantes por el mar; lo que representa el 4% de la población extranjera llegada a España en ese año (de forma legal e ilegal).

"La inmigración en embarcaciones sigue llegando mayoritariamente a través del estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán"
Las dos provincias que siguen teniendo más casos de desembarco clandestino son Almería, con 6.461 casos, y Cádiz, con 5.404. Es decir, la inmigración en embarcaciones sigue siendo mayoritariamente a través del estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán. Hay cuatro provincias que acumulan el 74% de las llegadas: de norte a sur, Almería, Granada, Málaga y Cádiz. Las Baleares reciben pocas llegadas (357 en un año) sobre todo si se comparan con las Canarias, que están atrayendo nuevas embarcaciones con inmigrantes hasta las 2.680 llegadas anuales.




A España llegan inmigrantes de muy diversos países, casi todos africanos. Pero dominan dos: Marruecos con el 28% y Argelia con el 16%. Otros países importantes son la República de Guinea (es decir, Guinea-Conakri), Malí, Costa de Marfil, y Senegal.


La procedencia mayoritaria sigue siendo de Marruecos, con 7.368 inmigrantes. Pero aumenta mucho la migración desde Argelia, con 4.102. Lógicamente, las rutas son distintas. Los marroquíes (son fundamentalmente varones, pero no todos) se dirigen a Huelva y Cádiz, pero también a la ciudad autónoma de Ceuta y, de forma creciente, a Las Palmas (de Gran Canaria). Son rutas de proximidad, lógicamente. Por su parte, la inmigración argelina se dirige a Murcia y Alicante, así como a las islas Baleares.

"Las fluctuaciones de inmigrantes y de rutas marcan la flexibilidad de esta migración, que se acomoda a los controles, vigilancia, y medios accesibles"
En el global de esta inmigración por embarcación a las costas españolas predominan los hombres jóvenes; son el 89%. Las mujeres son, pues, una de cada diez inmigrantes (algunas de ellas embarazadas). Los menores de edad son el 12% del total y predominan los varones (solamente un 8% de los menores que llegan son niñas). Con datos de 2019, suponen un descenso importante de las embarcaciones. Llegan menos de la mitad de inmigrantes a las costas que el año anterior, que fueron 56.145 inmigrantes. Las fluctuaciones de inmigrantes y de rutas marcan la flexibilidad de esta migración, que se acomoda a los controles, vigilancia, y medios accesibles. Aunque cada vez las distancias que recorren son mayores.


La migración a través del mar no es excesivamente grande, pero es compleja, difícil, y mortífera. Por ejemplo, en el año 2019 entraron en España unos 665.000 extranjeros y extranjeras. Del total, un 4% lo hacen "ilegalmente" por mar, bien atravesando el Mediterráneo, o por la costa Atlántica hacia las islas Canarias. Suponen por lo menos 26.168 personas. Sin embargo, la mortalidad sigue siendo terrible. En los últimos seis años —para los que tenemos datos de las Naciones Unidas— se superan los 20.000 muertos o desaparecidos (que se sepa) en el mar Mediterráneo.

Naufragios y mortalidad en las rutas migratorias

El año 2015 fue especialmente mortífero. El 18 de abril naufraga en el estrecho de Sicilia una embarcación con unas 900 personas, de las cuales solamente sobreviven veintiocho. Dos años antes, el 3 de octubre de 2013, cerca de Isla de Lampedusa naufraga una embarcación con 368 inmigrantes, de los que logran salvarse 155 solamente. Unos meses antes, el 18 de abril de 2013, una embarcación sale de Libia en dirección a Italia con unos 500 inmigrantes: todos desaparecidos.

El 26 de noviembre de 2019, una embarcación con 73 pasajeros que navega hacia España desaparece en el Mar de Alborán. Entre las personas hay veinte mujeres y tres menores. Alrededor de la misma fecha, siete embarcaciones provenientes de Libia desaparecen, y no se localizan supervivientes.

En la ruta Atlántica hacia las islas Canarias en 2019 murieron por lo menos 170 personas. Otras muchas embarcaciones desaparecen. A esas se las denomina "ghost boats" o embarcaciones fantasma. La ruta más peligrosa sigue siendo la de África a Italia. A pesar de estos riesgos, en los últimos seis años llegan por mar a Europa más de cien mil inmigrantes cada año.

Por último, se desarrolla una tercera ruta, desde Turquía por mar, a las islas griegas. En realidad es una ruta más larga: primero por tierra desde Afganistán, Irán y Siria a Turquía, y de allí luego por mar a Grecia. La ruta más usual se hace desde Somalia y Eritrea hasta Libia, y desde Libia por mar a Italia. La otra ruta más al oeste suele terminar en España desde Marruecos, Nigeria, Gambia, Senegal, y Malí. Ahora también desde Argelia.

Diferentes rutas, riesgos diferenciales

Recomiendo consultar el informe de la ONG Human Rights Watch, titulado The Mediterranean Migrant Crisis: Why People Flee, What the European Union Should Do. Human Rights Watch incide en que hay dos tipos de inmigración: personas que huyen de países donde hay violación y abusos de derechos humanos, donde incluso peligra su vida, por un lado. Por el otro, hay una migración que es laboral: personas de países pobres en África que se embarcan en busca de un trabajo en Europa. A menudo ambos grupos se solapan.

Los países de los que más población huye por violación de derechos humanos son Siria, Eritrea, Afganistán, Somalia, y Libia. Hablamos de migraciones desesperadas. Incluso muchos menores viajan solos, sin acompañantes. Generalmente, son varones de 14 a 17 años de edad, pero los hay menores. Por ejemplo, el 19 de abril de 2015, una embarcación que partía desde Libia naufraga y mueren 800 personas, 100 de las cuales son menores de edad. Unos meses antes (en septiembre 2014) mueren quinientos migrantes en las costas de Malta, con unos cien niños y niñas.

"Existen programas que intentan paliar los problemas de esta migración, como 'Mare Nostrum' o la iniciativa europea 'Operation Triton', que contesta a llamadas de socorro en el Mediterráneo"
Existen programas que intentan paliar los problemas de esta migración —la más mortífera del mundo— como Mare Nostrum (en su origen un programa italiano), o la Operation Triton de la Unión Europea que contesta todas las llamadas de socorro de las embarcaciones en el mar Mediterráneo, aunque no las busca activamente. Se identifican tres tipos de personas migrando. Aquí, a los dos ejemplos anteriores —asilo o refugiados y empleo—, se añade el del tráfico de seres humanos. Primordialmente, el objetivo de los programas que se desarrollan pretenden prevenir los embarques, limitando así las llegadas a Europa. Tratan también de evitar las rutas más peligrosas. Antes, se practicaba la intercepción de las embarcaciones para devolverlas con todo el pasaje a su lugar de embarque; por ejemplo a Libia. Pero eso puede ser incluso más peligroso para estas comunidades inmigrantes. Por ello, el objetivo actual es desembarcarlos en un territorio seguro: un puerto de la Unión Europea.


La International Organization for Migration (IOM) es un organismo de las Naciones Unidas. Entre sus objetivos está contribuir a una migración más segura y ordenada en el Mediterráneo —de la ribera sur a la ribera norte— disminuyendo el número de muertes y reduciendo el sufrimiento de la población migrante. Se calcula, por ejemplo, que entre 2014 y 2019 más de 20.000 inmigrantes mueren —o desaparecen— tratando de cruzar el Mediterráneo. Hace cuatro décadas no había ningún muerto. El número absoluto de muertos desciende un poco en los últimos años, pero la tasa de mortalidad es todavía demasiado alta. Conocer la cantidad exacta de fallecidos no es tan importante; se suele decir que "un muerto son ya demasiados".

Los riesgos del colectivo inmigrante a lo largo del viaje se incrementan. La mortalidad en la zona española —Mediterráneo occidental, y hacia las islas Canarias— es una realidad fundamental en el marco europeo. Supone el 35% de todas las muertes (y desapariciones) en este espacio en el año 2018, y 29% en el año 2019.

No se conoce el número exacto de naufragios, muertes en el mar, ni de desaparecidos. Tampoco se conoce bien el número de inmigrantes que llegan con vida a las costas europeas, aunque cada vez hay más controles. Pero lo que más se ignora es el número de las embarcaciones que salen de África. Hay que contabilizar ambos números: vivos que llegan, pero también los que salen, pues muchas embarcaciones son interceptadas llegando a Europa, y otras incluso saliendo del norte y oeste de África.

Estos inmigrantes no son necesariamente originarios del norte de África. Los países ribereños son a menudo zonas de tránsito de migrantes subsaharianos. Por ejemplo, la inmigración a las islas Canarias proviene de un conjunto de países hacia el oeste africano, desde Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal, Gambia, las dos Guineas, Sierra Leona, e incluso Malí. Algunas de las embarcaciones en estas rutas llegan con el pasaje diezmado y es difícil calcular el número de personas que viajaban en origen. La mortalidad se calcula en una de cada veinte personas (4,8%), pero si se estima sobre los que llegan vivos puede elevarse hasta el 7,8%.

"El viaje a través del mar Mediterráneo, y sobre todo en el Atlántico, es peligroso. Muchos pasajeros mueren sin dejar huella en los naufragios invisibles y sus cuerpos ni siquiera son rescatados"
Algunos datos básicos aparecen en el informe
Calculating "Death Rates" in the Context of Migration Journeys: Focus on the Central Mediterranean, de la International Organization for Migration, elaborados por el Global Migration Data Analysis Centre, que son accesibles en internet. El viaje a través del mar Mediterráneo, y sobre todo en el Atlántico, es peligroso. Muchos pasajeros mueren sin dejar huella en los naufragios invisibles. Ni siquiera son rescatados. De muchas personas que se ahogan no se recuperan (ni identifican) sus restos. A menudo el número de ahogados —o tirados por la borda— se basa en el relato de otros supervivientes, que no es exacto ni puede ser comprobado. Las rutas son flexibles, y cambian a menudo, dependiendo además de las jurisdicciones de países diferentes lo que complica el control y el salvamento. A veces las estadísticas se pueden referir a los mismos inmigrantes, que fallan en su proyecto de llegar a Europa y vuelven a intentarlo. Otros tantos migrantes se embarcan sin saber realmente el destino.

No es, pues, lo mismo la base de la tasa de mortalidad de los que llegan que de los que originalmente se embarcan y tratan de cruzar. Estos números condicionan la tasa de muertos (generalmente ahogados, pero también por frío o hambre) y de desaparecidos. Muchos inmigrantes están desesperados, y son capaces de correr riesgos elevados que a veces terminan en muerte.

En la Tabla 4 presento datos del informe del Global Migration Analysis Centre. Se puede ver la evolución en el lustro 2015 a 2019 para el que existen datos algo más fiables. Se distinguen tres rutas —o migration journeys como dice el informe— globales: occidental, central, y oriental. Se refieren las tres al Mediterráneo. La tasa de mortalidad de inmigrantes la calculo aquí por mil casos. El problema mayor es en la región central, que llega a una mortalidad de aproximadamente una persona muerta por cada veintiún inmigrantes (sic).



Los datos son también crudos para la ruta Atlántica con dirección a Canarias. En realidad, esta es la ruta más peligrosa por la distancia mayor, y las condiciones meteorológicas adversas. En los siete primeros meses de 2020 llegaron a las islas Canarias 3.269 inmigrantes por mar, muriendo al menos el 5%. Esto hace de la renovada migración a las islas Canarias cinco veces más mortífera que las rutas del estrecho de Gibraltar y en el Mar de Alborán, y más del doble que la ruta del Mediterráneo Central hacia Italia y Malta. Los datos concretos de la IOM arrojan una mortalidad de 10% en la ruta de Canarias, 1,6% en el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, 12% en la ruta del Mediterráneo central, y 0,2% en la ruta oriental. Pero se insiste en que es difícil calcular las personas que mueren en el intento debido a las embarcaciones que desaparecen.


La travesía a las islas Canarias supone entre diez y quince días de navegación, con problemas obvios de combustible, agua y alimentos. Los vientos alisios (que soplan del noreste) pueden complicar aún más ese viaje. Se producen muchos casos de hipotermia y deshidratación y las noches resultan extremadamente duras. Como señala el artículo en boca de una persona de Alarm Phone: "Si la coordinación entre las autoridades de los distintos Estados se utilizase para salvar vidas [humanas] y no para la militarización de las fronteras, los números de vidas perdidas serían mucho menores" (p. 13). Me parece interesante esa expresión de "vidas perdidas".

El desplazamiento de las rutas hacia Canarias

Se hace cada vez más difícil el embarque desde Marruecos, pero las personas migrantes buscan otros rumbos o rutas menos vigiladas, aunque "más violentas y peligrosas". Se disminuye así la llegada de inmigrantes por mar, pero se aumenta el sufrimiento. Los embarques son ahora desde el Sáhara Occidental, Senegal, Mauritania y Gambia hacia las islas Canarias. Un nuevo fenómeno es la migración desde Argelia, hacia las islas Baleares, Almería, Alicante, y Murcia. Hasta el punto que uno de cada cuatro inmigrantes que llegan a España son de origen argelino. Las llegadas a las islas Baleares o a Alicante se han duplicado. Se duplican, y más, las llegadas a las islas Canarias, que es ahora el trayecto más frecuente y con más muertes.

"El control marroquí en el Sáhara Occidental desplaza al sur los puntos de embarque, con lo que los desaparecidos y muertos invisibles aumentan"
El control produce que las embarcaciones se desplacen para salir de lugares más al sur, también más remotos, con mayores riesgos y posible mortalidad. Se buscan puntos de embarque en lugares cada vez más distanciados, como Mauritania, Senegal, Gambia, o Guinea (las dos). Es decir, que el control marroquí en el Sáhara Occidental desplaza al sur los puntos de embarque, con lo que los desaparecidos y muertos invisibles aumentan. En el año 2007 una embarcación con unos 160 jóvenes que sale de Senegal desaparece. Esto es un ejemplo de cómo una medida de control, supuestamente organizada para evitar la salida de embarcaciones, tiene consecuencias más nefastas aún.


A las personas inmigrantes se las atiende y provee de información a menudo en árabe, idioma que, sin embargo, bastantes desconocen. En España —incluyendo la ruta Atlántica a las islas Canarias— la llegada de embarcaciones con inmigrantes ilegales lleva a menudo a alojarlos en espacios reducidos, dada la aglomeración súbita de casos que excede las instalaciones de acogida. El hacinamiento es un problema adicional.

Muchos y muchas inmigrantes senegaleses que pretenden realizar el viaje por el océano Atlántico hasta las islas Canarias expresan así su decisión: Barça ou barzakh que significa "Barcelona o muerte". Canarias es la nueva ruta de la inmigración hacia Europa. En el año de 2020 hay 529 migrantes en barcas que mueren, y más de cuatrocientos oficialmente desaparecidos. El número real de muertos debe ser mucho mayor. A pesar del peligro —mucho mayor que atravesar el mar Mediterráneo— en ese año más de 18.000 inmigrantes por mar (boat people, como señala The Economist) llegan a Canarias. El objetivo es encontrar trabajo y mandar dinero a casa, y si es posible saltar a la península ibérica.

La cantidad de inmigrantes ilegales a las islas Canarias las convierten, como dicen algunos nativos, en una prisión al aire libre; o como un centro de detención temporal. Barcos que patrullan tratan de detener a las pateras, pero los organismos internacionales desaconsejan devolver a los refugiados a países como Malí, por ser muy inseguro. Greenpeace afirma que la Unión Europea quiere el pescado de Senegal, pero no sus inmigrantes. El control de pateras intensificado en el Mediterráneo contra los inmigrantes ilegales ha desplazado las rutas hacia Canarias, intensificando las muertes y el sufrimiento. Supone un viaje por mar de 1.500 kilómetros de extrema dificultad. El problema social no se arregla, en realidad empeora.
Jesús M. De Miguel
Jesús M. De Miguel
Doctor en Sociología y Ciencias Políticas
Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y en Sociología por la Yale University. Ha ocupado la Cátedra de Estudios Españoles Príncipe de Asturias en la Georgetown University, Washington D. C.
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