

En los últimos años, la extrema derecha ha avanzado a nivel global, consolidándose como una fuerza política con impacto sistémico en la mayoría de las democracias occidentales. Desde Alemania hasta Estados Unidos, pasando por Francia, Italia o Portugal, la cuarta ola de la derecha radical ha convertido a estos partidos en actores clave, capaces de transformar los sistemas políticos en los que irrumpen. Sin embargo, en algunos territorios este fenómeno ha llegado más tarde, aunque con características similares.
Hasta 2021, la derecha radical no había tenido una presencia institucional relevante en Catalunya, salvo la experiencia municipal de Plataforma per Catalunya (PxC), ya analizada previamente en esta misma publicación. Fue en las elecciones autonómicas de 2021 cuando, por primera vez en la historia del autogobierno catalán, una formación de extrema derecha logró representación en el Parlament. Vox obtuvo 11 escaños, un 7,7% de los votos y más de 200.000 sufragios, consolidando su presencia en Catalunya tras las elecciones generales de 2019, donde ya había conseguido representación por Barcelona. No obstante, dentro del sistema político catalán —definido por la influencia del eje territorial en la adscripción política— Vox quedaba claramente ubicado como una extrema derecha españolista, sin conexión alguna con el catalanismo o el nacionalismo catalán.
"La entrada de Aliança Catalana convierte a Catalunya en un caso inédito dentro de Europa: la convivencia de dos extremas derechas con planteamientos políticos similares, pero diferenciadas por su adscripción identitaria"Esto cambia en 2024 con la entrada de Aliança Catalana, que convierte a Catalunya en un caso inédito dentro de Europa: la convivencia de dos extremas derechas con planteamientos políticos similares, pero diferenciadas por su adscripción identitaria. Mientras Vox representa la extrema derecha españolista, arraigada en el nacionalismo español en Catalunya, Aliança Catalana es una escisión del catalanismo político que, como veremos, desafía algunos de sus principios fundamentales.
"Aliança Catalana propone lo contrario: convertir el nacionalismo catalán en un instrumento de exclusión social, política y cultural hacia quienes considera ajenos a la comunidad nacional"Sin embargo, a partir de 2021 comienza a vislumbrarse un cambio en el clima político y social. Los problemas que marcaron la década anterior pierden protagonismo y emergen nuevas preocupaciones entre la ciudadanía: vivienda, inmigración y seguridad. Paralelamente, el eje territorial pierde relevancia, las preferencias independentistas caen drásticamente y el nacionalismo catalán obtiene su segundo peor resultado histórico. Al mismo tiempo, la sociedad catalana se realinea hacia posiciones más moderadas, la polarización disminuye y el PSC recupera el centro del sistema político, alcanzando niveles de apoyo comparables a los de la época del tripartito.
"Más allá del componente identitario, Aliança Catalana también canaliza un malestar económico y territorial"Pero más allá del componente identitario, Aliança Catalana también canaliza un malestar económico y territorial. Aunque el llamado "chovinismo del bienestar" —la competencia por recursos entre autóctonos e inmigrantes— está presente, el núcleo del descontento radica en la desindustrialización. El partido surge en el Ripollès, una comarca que antaño contó con un fuerte tejido industrial y que hoy se encuentra precarizada por su conversión en una economía basada en el turismo y la hostelería. Esta transformación económica ha dejado una sensación de abandono y falta de oportunidades, reforzando la demanda de alternativas políticas.
Catalanoparlantes independentistas con fuerte identidad catalana
Como no podría ser de otro modo, una formación ultranacionalista y nativista como Aliança Catalana cuenta con votantes con una identidad nacional y cultural claramente marcada. Casi el 80% de estos votantes son catalanoparlantes con una fuerte identidad catalana, ya que casi el 70% se ubica en las posiciones de mayor catalanidad en el eje sobre sentimiento de pertenencia.
Además, los votantes de Aliança Catalana se identifican como independentistas tanto en la pregunta binaria como en su modelo de estado preferido: un 48% se decanta por un estado independiente como modelo y 7 de cada 10 votarían Sí en un referéndum de independencia.
Centrismo ideológico, fuerte catalanismo y escasa importancia de la religión
Al analizar la autoubicación ideológica de los votantes de Aliança Catalana, encontramos un fenómeno peculiar en Catalunya: a pesar de votar a una opción claramente ubicada en la derecha radical, el peso del eje territorial sitúa a los votantes conservadores más en el centro, ya que las posiciones más derechistas se asocian al españolismo político. Por ello, la media es de 5,5 sobre 10, y un 30% se ubica en el 5 de la escala, mientras que más del 20% se posiciona en la izquierda (del 0 al 4 en la escala). No sucede lo mismo con la autoubicación en el eje nacional sobre españolismo y catalanismo, donde los votantes de Aliança Catalana se sitúan en las posiciones más extremas: con un 7,9 sobre 10 y el 36,2% de sus votantes en el 10 de la escala.
En cuanto a la religión, no parece tener un gran impacto: aunque la mitad de los votantes se declaran católicos, más del 40% se identifican como ateos o agnósticos.
Votante activo laboralmente y con profesiones cualificadas, aunque con matices
La gran mayoría de los votantes de Aliança Catalana están laboralmente activos: un 53,5% son trabajadores indefinidos, casi un 6% son eventuales o interinos, y casi un 12% son autónomos o empresarios con asalariados a su cargo. En total, 7 de cada 10 votantes están en situación laboral activa. No obstante, cabe destacar un 13,4% que está jubilado y un 7,4% de desempleados, en un contexto de fuerte incremento de la ocupación en Catalunya y el resto de España.
Si analizamos la ocupación de los votantes activos, descubrimos que la mayoría son cuadros intermedios o profesionales cualificados. Un 21,8% son técnicos, profesionales científicos o intelectuales, y un 19,7% son técnicos y profesionales de apoyo. Si a esto le sumamos el 5,4% que son gerentes o directores y el 6,8% que son empleados contables o administrativos, más de la mitad de los votantes de Aliança Catalana se ubican en profesiones cualificadas. El resto son trabajadores de baja cualificación en el sector servicios (20,4%) y el sector industrial.
Clases medias propietarias con buen nivel de formación y nivel de ingresos medio
Más de un tercio de los votantes de Aliança Catalana se ubican, según la clasificación social de la EGP10, en la clase de servicios: un 22,6% en clase de servicios baja y un 14,4% en clase de servicios alta. Si sumamos a esto el 18,5% que desempeña trabajos rutinarios no manuales, el 7,5% que son autónomos sin trabajadores y el 5,5% que son empresarios, más del 60% del electorado de Aliança Catalana pertenece a la clase media. Solo un 20,5% son trabajadores manuales semi o no cualificados, lo que dibuja un electorado más bien ubicado en las clases medias, que además son propietarias de su hogar: un 36,4% ya tiene pagado el piso en el que vive y un 21,6% está hipotecado.
Además, a nivel formativo, un 35% tiene estudios universitarios y más de un 40% formación profesional o bachillerato, siendo muy bajo el porcentaje de votantes potenciales de Aliança con un nivel formativo bajo.
En cuanto a ingresos, vemos que, aunque el 28,3% de los votantes de Aliança se ubiquen en una franja de ingresos netos familiares de entre 2.001 a 3.000 euros mensuales, casi un 40% asegura obtener más de 3.000 euros, lo que los ubica en una franja media-media alta de ingresos según la distribución general.
Inmigración, seguridad y política: las principales preocupaciones de los votantes de Aliança Catalana
Un 26,4% del electorado de derecha radical independentista considera que el problema más importante es la inmigración, lo que lo sitúa como el principal problema en Catalunya. Esta cifra es la más alta en comparación con otros electorados, incluido el de Vox (21,1%). En segundo lugar, se encuentra la inseguridad ciudadana, con un 14,1% de las respuestas, y en tercer lugar, la insatisfacción con la política. También cabe señalar que un 10,4% de estos votantes sitúan la vivienda como el problema principal. El tema nacional, las relaciones entre Catalunya y España, solo es considerado el principal problema por un 3,1% de los votantes de Aliança Catalana.
Restrictivos y duros con la inmigración
Los votantes de Aliança Catalana son claramente antiinmigración. Todas sus opiniones, preferencias y actitudes hacia este fenómeno son negativas y hostiles, como las de cualquier electorado de partidos de derecha radical nativista. Según los últimos estudios del CEO y el sondeo anual del ICPS, los votantes de Aliança se sitúan en el extremo más duro y restrictivo hacia la inmigración. El 97% de estos votantes considera que hay un volumen excesivo de migrantes en Catalunya (9 puntos más que Vox y casi 50 más que la media de la población general), el 87% piensa que el Govern ha perdido el control sobre quién entra en el país (61,6% en la población general) y solo un 6% cree que la población migrante es muy parecida a la gente nacida en Catalunya en aspectos clave.
Además, son los que puntúan más bajo sobre los efectos de la inmigración en la economía, la cultura y la convivencia, con puntuaciones que no superan el 4 sobre 10: 3,8 sobre el impacto económico, 2,6 sobre la cultura y 2,4 sobre la convivencia social.
Por último, hay que señalar que el rechazo a la inmigración entre el votante de Aliança Catalana, tal y como señala el ICPS, se basa en factores culturales y no económicos.
Pesimismo, desconfianza institucional e insatisfacción política
Los votantes de Aliança, que, como hemos visto, sitúan la política como uno de los problemas más importantes, tienen una visión claramente negativa de la situación. Según el último barómetro del CEO, un 77,4% cree que la situación política catalana es negativa, y más de la mitad, un 51,6%, considera que ha empeorado desde que Illa asumió el gobierno de la Generalitat.
Un 32,3% cree que la situación irá a peor el próximo año (solo un 6,5% piensa que mejorará). Más de la mitad de los votantes suspende al Govern de Illa y un 65% al de Sánchez. Además, son los que más suspenden a las diferentes instituciones, con una calificación especial para los partidos políticos, con un 2,45 sobre 10, y también suspendiendo al resto de instituciones políticas, autonómicas y estatales, con notas entre 3 y 4.
Por último, un 87,1% de los votantes de Aliança Catalana se muestra insatisfecho con el funcionamiento del sistema democrático, 20 puntos más que la media general.
En resumen, si dibujásemos un retrato robot del votante potencial de Aliança Catalana, encontraríamos a un hombre de mediana edad, nacido en Catalunya, que reside en municipios pequeños o ciudades medianas del interior del país, especialmente en las comarcas de Girona y la Plana de Lleida. Es catalanoparlante, tiene una fuerte identidad catalana e independentista, y aunque vota a una formación de derecha radical, se ubica ideológicamente en el centro debido al peso del eje nacional en Catalunya. Ocupa en su mayoría profesiones cualificadas, está laboralmente activo y pertenece a las clases medias propietarias, con un nivel educativo e ingresos medios. Tiene una visión muy negativa de la inmigración, a la que considera el principal problema del país, y muestra actitudes claramente restrictivas y hostiles hacia ella. Además, expresa un fuerte pesimismo político, desconfianza hacia las instituciones y una profunda insatisfacción con el funcionamiento del sistema democrático.
Los efectos de la irrupción de Aliança Catalana: ¿hacia una radicalización del nacionalismo catalán conservador?
El análisis sobre el ascenso de Aliança Catalana y los perfiles de su electorado revela un cambio político significativo en Catalunya, relacionado con un profundo proceso demográfico que ha tenido lugar en los últimos veinte años. Aunque durante el ciclo político marcado por el 15M y el proceso independentista, la inmigración no fue un tema central en el debate público, en la actualidad ha pasado a ocupar un lugar destacado, pero desde una perspectiva negativa, asociada con la pérdida de identidad, inseguridad, competencia por recursos y los efectos perjudiciales sobre los servicios públicos, la economía o la cultura catalana.
En este contexto, Aliança Catalana surge como una versión catalana del lepenismo global. Esta formación defiende que los catalanes se han convertido en una minoría en su propio territorio y presenta la inmigración como una amenaza existencial para la cultura, la lengua, los servicios públicos y la economía del país. Su discurso, de carácter nacionalista, nativista, populista y autoritario, se alinea con otros movimientos similares en Europa, adoptando una lógica excluyente y reaccionaria.
Este fenómeno ha tenido un impacto considerable en la sociedad catalana, especialmente en Junts, que se enfrenta a un dilema estratégico debido al crecimiento de Aliança Catalana. Aproximadamente el 20% de su electorado simpatiza con el discurso de esta formación, y en territorios clave como la Catalunya Central, Girona o la Plana de Lleida —antiguos bastiones de Junts—, ha crecido el apoyo hacia AC, lo que podría debilitar su poder territorial de cara a las elecciones municipales de 2027.
Como respuesta, Junts ha adoptado una estrategia dual: oscilar entre presentarse como un defensor de Catalunya frente al PSC y ERC, o radicalizar su discurso para frenar la fuga de votos hacia AC. Esto ha llevado a una combinación de ambas líneas, enfocándose en cuestiones identitarias como la inmigración, el control de fronteras o los permisos de residencia, mientras mantiene reivindicaciones relacionadas con el autogobierno, como la amnistía, la defensa del catalán o el traspaso de competencias.
"Esta deriva plantea la posibilidad de una mutación reaccionaria dentro del nacionalismo conservador catalán, que históricamente apostaba por la integración cultural y lingüística de los migrantes"Esta deriva plantea la posibilidad de una mutación reaccionaria dentro del nacionalismo conservador catalán, que históricamente apostaba por la integración cultural y lingüística de los migrantes.

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