El Palacio de Viana, residencia oficial y de representación del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares (1972, Madrid), abre sus puertas a
Agenda Pública. En la conversación, el ministro aborda los principales puntos de la agenda exterior española. El diplomático socialista habla de la transformación de la agenda internacional en política nacional. La tendencia, que considera lógica al señalar que
"no hay nada más interior que la política exterior", cree que a veces deja momentos desconcertantes:
"Uno no comprende de dónde vienen las críticas, entre otros, del Partido Popular".
Albares hace un repaso pormenorizado de lo que ha sido el papel de España como actor internacional durante los últimos años. Desde Ucrania y Palestina, donde España tiene "una posición coherente con una identidad propia", pasando por los Estados Unidos de Donald Trump o la posición del español en el mundo. Además, tuvo ocasión de referirse de manera indirecta sobre el debate actual de la percepción ciudadana en cuanto a la relación transatlántica.
"Hay una gran distancia entre la percepción interesada de algunos [...] y la realidad de cuál es nuestra relación con los Estados Unidos", afirma el ministro.
El ministro José Manuel Albares recibió a Agenda Pública en el Palacio de Viana. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Considera que la política exterior se ha convertido en un tema de política doméstica? Venezuela, México, Argentina y ahora defensa. ¿Cree que la política exterior se ha convertido en un terreno del que los partidos creen que pueden ganar votos?
Esa pregunta tiene dos vectores. Uno es evidente: vivimos un momento —probablemente irreversible— en el que no hay nada más interior que la política exterior. Las grandes decisiones que afectan a la vida de nuestros ciudadanos no se deciden exclusivamente por parte del Gobierno de España o en nuestro Parlamento. Las decidimos con otros, con nuestros socios más cercanos en Bruselas, en la OMC, en foros informales, como es la coalición de voluntarios [coalition of the willing], o en Naciones Unidas. Cosas tan esenciales como la moneda con la que pagamos, las vacunas con las que nos protegemos o nuestra propia seguridad, tanto desde un punto de vista duro, militar, como una esfera mucho más amplia, que incluye el cambio climático.
"Hay ciertos partidos políticos que están utilizando algunos aspectos concretos de la política exterior como un elemento más de desgaste para el Gobierno"
Al mismo tiempo, hay ciertos partidos políticos que están utilizando algunos aspectos concretos de la política exterior como un elemento más de desgaste para el Gobierno. Si uno coge el tema de Venezuela, no ha habido ningún Gobierno, ninguno, que haya hecho tanto por Venezuela y los venezolanos como el nuestro. Esto se ve, por ejemplo, si nos fijamos en las cifras de ciudadanos venezolanos que han recibido un estatuto específico, único para ellos, que van desde venezolanos que cruzan el aeropuerto de Barajas hasta la familia de Leopoldo López. O, por ejemplo, muy recientemente, con el estatuto de asilo concedido a Edmundo González. Uno no comprende de dónde vienen las críticas, entre otros, del Partido Popular. Deberían estar apoyando al Gobierno en ello y, sin embargo, intentan dar una coloración completamente distinta. En el fondo, lo que ellos hacen es no apoyar a los venezolanos, sino intentar apoyarse en ellos para generar ese desgaste. Pero yo lo dejaría como anécdota.
Por un lado, nosotros vamos a seguir haciendo la política exterior que quieren nuestros ciudadanos, acompañando su sentimiento. Y, por otro lado, yo no voy a dejar de tender la mano a todos los partidos. Ya es demasiado tarde para algunas cuestiones, porque algunos como el Partido Popular me dijeron que no al reconocimiento del Estado de Palestina, o al acuerdo alcanzado junto con la Comisión con relación a Gibraltar, pero hay otros en los que todavía podemos sumarles: con las lenguas oficiales españolas en la Unión Europea mi mano va a estar siempre tendida. Y también ha habido algún momento en el que lo hemos conseguido [el acuerdo], como con la ley de cooperación, que ha establecido por primera vez una demanda histórica de nuestra sociedad, que es que el 0,7% de nuestra renta nacional bruta pase a ser el objetivo de ayuda al desarrollo.
Marc López Plana preguntó al ministro de Asuntos Exteriores sobre tener mayor unidad en el ámbito exterior. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿No siente que esto puede debilitar la posición española en el exterior? Más unidad en este ámbito podría darnos más fuerza.
En los años que yo llevo como ministro de Asuntos Exteriores, no he visto ningún debilitamiento. España, en estos momentos, tiene por primera vez en democracia una política exterior global, que habla en Washington, en Pekín, en Bruselas, que es coherente, que dice exactamente lo mismo en Ucrania que en Gaza y que tiene una identidad propia, basada en los intereses y los valores de los españoles.
Hemos hecho frente a crisis internacionales en las que se nos ha reconocido el liderazgo. Claramente, la oleada de reconocimiento del Estado palestino la hemos liderado nosotros, pero también esa posición de principios coherente del derecho internacional y el derecho internacional humanitario en Gaza. Además, fuimos de las primeras voces en decir que apoyaríamos a Ucrania tanto tiempo como sea necesario en su lucha por la soberanía. Esto por citar las dos grandes crisis en estos momentos. Y hemos logrado cerrar el acuerdo en cuanto a Gibraltar. También impulsando tener la mejor relación con nuestros vecinos.
"La oleada de reconocimiento del Estado palestino la hemos liderado nosotros, además, fuimos de las primeras voces en decir que aopyaríamos a Ucrania el tiempo que sea necesario"
Todo el mundo nos reconoce nuestro posicionamiento en favor de la ayuda oficial al desarrollo. Nunca ha habido, como en estos momentos, tantos españoles situados a un altísimo nivel: hoy tenemos el mayor puesto que hemos tenido nunca en la Comisión, una vicepresidencia primera [con Teresa Ribera]. También la presidenta del Banco Europeo de Inversiones [Nadia Calviño], un secretario general adjunto de las Naciones Unidas [Pedro Manuel Moreno], o el vicesecretario general adjunto y representante especial de la OTAN para la Vecindad Sur [Javier Colomina] por citar varios de los organismos más importantes.
Por otro lado, nunca antes España, en un lapso de solo cuatro años, ha tenido todas las grandes citas internacionales que puede tener un país: una presidencia de la Unión Europea, una cumbre de la OTAN, una conferencia de Naciones Unidas, la Cumbre Iberoamericana de Naciones del próximo año y la Conferencia de Política Exterior Feminista. Por lo tanto, el contexto no debilita, pero eso no quita que a mí sí me duela como español y como ministro de Asuntos Exteriores de España, que haya un partido como el Partido Popular, que sistemáticamente quiera proyectar una imagen negativa de España allí donde puede, especialmente en el Parlamento Europeo. Allí, por ejemplo, el PP intenta llevar polémicas que tendrían que debatirse en el ámbito nacional. A mí me gustaría contar con el Partido Popular en política exterior de Estado, e insisto: mi mano siempre va a estar tendida, aunque ya sé que la van a rechazar porque nunca han querido ni siquiera reunirse conmigo en el Parlamento Europeo.
El ministro destacó que hay muchos perfiles españoles en altos cargos a nivel europeo e internacional. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
En Agenda Pública le damos muchas vueltas a cómo entender a la figura de Donald Trump: y nos cuesta. ¿Por qué es él quien puede decir, que ha conseguido la paz en Palestina, o que parece que hará lo mismo eventualmente con Ucrania? ¿Usted no cree que hay gente que se pregunta por qué no se ha conseguido antes por Biden, por ejemplo?
Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos, ha sido elegido democráticamente y por lo tanto, él tiene todo el derecho a expresar los puntos de vista que considere y a plantear la línea política y de política exterior que considere para su país. En mi opinión, hay casi una obsesión en analizar sus comentarios, en hacer diseccionar tanto a él como a su psicología, cuando en realidad la energía —al menos la que yo pongo como ministro de los Estados Exteriores de España—, tiene que ir al qué podemos hacer nosotros: ¿Qué podemos hacer nosotros como españoles? ¿Qué podemos hacer nosotros como europeos? Y no tanto qué hacen otros.
Hay que reconocer que hay un interés genuino del presidente de los Estados Unidos por conseguir la paz en Ucrania y en Gaza. En Gaza ha conseguido, junto, por supuesto, con los otros mediadores, un acuerdo —que escenificamos en Sharm el Sheikh— para liberar a todos los rehenes vivos, para que se entreguen los cuerpos, para que puedan liberarse cientos de palestinos detenidos y para que, todavía muy incipiente, haya un cierto respiro en los bombardeos injustificables de Israel sobre Gaza que permita la entrada de ayuda humanitaria.
Estamos muy lejos todavía de una paz. Esta no es simplemente un relajamiento de la guerra, ni siquiera la ausencia de guerra: es mucho más. Y en Ucrania ni siquiera tenemos un alto el fuego. Eso es lo que tenemos que hacer nosotros. Si el presidente de los Estados Unidos pone toda la fuerza diplomática de los Estados Unidos para conseguirlo, bienvenido sea y unamos a esa dinámica. Eso sí, aportando nosotros todo lo que podamos de nuestro lado y dejando claro qué entendemos por una paz.
"Avancemos hacia una lógica en la que todos puedan convivir con seguridad, incluidos israelíes y palestinos, que también tienen el mismo derecho a tener un estado"
Para nosotros, una paz justa en Ucrania es aquella que sea duradera, no un paréntesis entre dos guerras, que respeta la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Y en Gaza, en Oriente Medio, esa paz justa será la que ponga en pie un estado de Palestina, que se viva en buena vecindad y se garanticen seguridad y prosperidad mutuamente con un estado de Israel que sea reconocido por todos los estados de la Liga Árabe. Por lo tanto, pasemos de una lógica en la que la única forma de relacionarse entre pueblos de Oriente Medio es la guerra, avancemos hacia una lógica en la que todos puedan convivir con seguridad, incluidos israelíes y palestinos: ambos tienen este derecho, como también poseen el mismo derecho a tener un estado.
José Manuel Albares reiteró que la paz en Gaza, como la de Ucrania, deben sentarse sobre principios sólidos Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Más allá del ruido que vemos en los medios y en las redes sociales, la política internacional y las relaciones con los medios se construye sobre la base de un diálogo permanente.
Efectivamente. Tuve un encuentro con Marco Rubio en el Departamento de Estado o un desayuno de trabajo en este mismo edificio con el secretario de Estado del Tesoro, Scott Bessent.
Diré que fueron encuentros cordiales y constructivos, como no puede ser de otra manera entre dos aliados. Estados Unidos es el aliado natural histórico de España y de Europa, porque compartimos valores. Cuando hablamos de la seguridad trasatlántica, esto va más allá de ser un mero concepto, pues compartimos una visión del mundo con la sociedad norteamericana. Poseemos intereses que han sido muy beneficiosos para ambos, como el comercio trasatlántico. Y nosotros lo que queremos es que esa relación se mantenga en esta línea.
Cuando el presidente del Gobierno tuvo el encuentro con el presidente Trump en Sharm el Sheij, este se produjo también con total cordialidad, Lo que no cambia ni va a cambiar —porque es un tema que va más allá de los gobiernos—, es que hay una relación natural entre la sociedad norteamericana y las sociedades europeas, la nuestra también.
La novedad para mí es que hay personas, ciudadanos españoles, que están interesados en trasladar esa percepción. Pero insisto, es una percepción. La realidad de los hechos es la que es: existen encuentros a todos los niveles, con una agenda muy densa y sobre todo, una realidad entre ambas sociedades. Tanto a nivel comercial como de seguridad, y hacemos avanzar posiciones conjuntamente en aquellos organismos donde estamos. Esto demuestra que, desde luego, hay una gran distancia entre la percepción interesada de algunos por ese desgaste interno que ellos creen que van a someter al Gobierno y la realidad de cuál es nuestra relación con los Estados Unidos.
El cordial saludo entre Donald Trump y Pedro Sánchez es reflejo de la buena relación entre los países, explica el ministro. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Una última pregunta, señor ministro: ¿Considera que estamos por debajo de lo que podríamos estar en cuanto a la capacidad del español de influir en el debate público global?
El español es un idioma y un elemento absolutamente vital sobre el que construir el cómo nos percibimos los españoles y cómo nos proyectamos al mundo. Es un patrimonio que nos viene dado y que es absolutamente insustituible. Tenemos la suerte de tener un idioma común con otros 600 millones de personas, lo que la convierte en la segunda lengua a nivel de hablantes nativos maternos.
"El español es un idioma y un elemento vital sobre el que construir el cómo nos percibimos: es un patrimonio que nos viene dado y que es absolutamente insustituible"
Una de mis primeras decisiones como ministro de Asuntos Exteriores fue recuperar la Secretaría de Estado de Iberoamérica, y dentro de ella, crear una Dirección General del Español en el Mundo. Y una de las cosas que impulsó es el firmar acuerdos en favor del español, y llevamos muchísimos con otros países hispano-parlantes para hacerlo avanzar. Queremos que progrese en organismos internacionales o dentro del marco de los nuevos desafíos tecnológicos, y estamos teniendo mucho éxito en ello.
El español está muy bien situado en las redes sociales, en las plataformas de podcast, siendo de las primeras lenguas en frecuencia de uso. Pero hay grandes desafíos, sí: el español debe ser una lengua tecnológica y una lengua de ciencia, y también debe estar en los organismos internacionales. El español es fundamental para nuestra proyección en el mundo.
Lo es, primero, porque acompaña muy bien a la política exterior global que tenemos en estos momentos. Hay muy pocos idiomas globales y el español lo es. Este hecho nos permite tener —junto a nuestra historia— una comunidad inmensa al otro lado del Atlántico y adoptar esa visión global de manera natural en el mundo.
Estoy profundamente convencido, y lo digo ahora que vamos camino de la Cumbre Iberoamericana aquí en Madrid, que hay una forma iberoamericana de ser y estar en el mundo, de entender el mundo, y la podemos poner en práctica también en español. Lo hemos hecho recientemente durante la conferencia de financiación al desarrollo de Naciones Unidas en Sevilla, donde tuvimos una postura iberoamericana. Hay otro idioma también, el portugués, que lo compartimos, una comunidad bilingüe. Muy recientemente, en el desayuno de cancilleres, en Nueva York, sacamos una resolución conjunta para Haití, y esto podemos multiplicarlo.
Por todo ello, es absolutamente vital y una de las grandes prioridades de este ministerio tanto promocionar el español como promocionar la acción internacional en español y de los hispanohablantes.
Muchas gracias, señor Albares.
López Plana y Albares se despidieron después de mantener una interesante conversación Foto: Agenda Pública / Tania Sieira