El 12 de octubre más allá de España: ¿festejo o rencor histórico?
El 12 de octubre es, en España, el día de la hispanidad. "Es en esa fecha cuando se celebra el mundo nacido a raíz de la llegada de Cristóbal Colón a lo que hoy llamamos 'las Américas'", escribe el periodista Mauricio Hdez. Cervantes. El escritor desmenuza la "polémica que este día representa en un país como México, país en el cual una leyenda negra sigue ensombreciendo a la figura de Hernán Cortés, y donde las opiniones al respecto siguen radicalmente divididas".
El 12 de octubre es un día que se celebra de maneras muy distintas en los países hispanohablantes. | Unsplash / Walter Lee Olivares de la Cruz
Es sábado, el centro de la capital mexicana emula a un hormiguero, o a un volcán a punto de hacer erupción: hay gente por todos lados; todos comercian, todos caminan, todos se abarrotan. En algunas fachadas coloniales, aún cuelgan banderas mexicanas como ecos de los festejos patrios del mes pasado —cada 16 de septiembre, México celebra su independencia de España—. México festeja siempre: entre risas, lágrimas y sangre, himnos y banderas. Aquí, se festeja casi siempre.
"A pesar de que la herencia española es innegable en este país americano, el oficialismo siempre ha mantenido a la sombra a lo español en nombre de reivindicar una identidad nacional propia"
El casi se debe a que el 12 de octubre, en México, no se festeja la identidad y la hispanidad como se hace en España. Aquí, es todo lo contrario. A pesar de que la herencia española es innegable en este país americano —en la arquitectura y el urbanismo, además de la heráldica, la gastronomía y tantos rostros, por ejemplo—, el oficialismo siempre ha mantenido a la sombra a lo español en nombre de reivindicar una identidad nacional propia. A simple vista, lo mexicano no tendría, en absoluto, ningún problema con lo español, como es el caso de lo argentino, pero, desafortunadamente, no es así.
En una antigua plaza, conocida como "la de las tres culturas", hay una placa que explica exactamente por qué el 12 de octubre se celebró, entre 1928 y 2020, como el día de la raza. "El 13 de agosto de 1521 heroicamente defendido por Cuauhtémoc cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota: fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy". La palabra clave ahí es "dolor". Sí, un sentimiento de desgarro que vive de una herida abierta desde 1521. Y, también, el nombre de Hernán Cortés, que más de cinco siglos después de haber cambiado el devenir del mundo, su figura sigue siendo el epicentro de una controversia de identidad nacional en esta tierra.
Los restos de Cortés, del civilizador y villano, de ese hidalgo tan admirado y vapuleado a la vez en España como en las tierras americanas, finalmente terminaron en lo que hoy es México. Ese fue su último deseo, uno que nunca pudo cumplir en vida: murió en Castilleja de la Cuesta (Sevilla), lejos de su legado al otro lado del Atlántico, de su Marquesado del valle de Oaxaca, y del nuevo mundo que nació después de que su espada conquistara al imperio Azteca. Su tumba se encuentra en la capilla del Hospital de Jesús en el centro de la Ciudad de México. Y una discreta placa, en mármol negro, pone: "Hernando Cortés. Marqués del Valle. Falleció en Castilleja de la Cuesta el 2 de diciembre de 1547". Sí, solo pone eso.
"Tras la independencia de España, el naciente México daba sus primeros pasos entre opiniones muy polarizadas sobre la lealtad a la Corona española"
Permaneció oculta durante mucho tiempo, especialmente en el siglo XIX, por cuestiones de reivindicación nacionalista: tras la independencia de España, el naciente México daba sus primeros pasos entre opiniones muy polarizadas sobre la lealtad a la Corona española. No fue hasta 1946 que un historiador mexicano la redescubrió y, gracias a eso, fue puesta a la vista pública. No cuenta con ornamentaciones ni construcciones sepulcrales que enaltezcan la figura de Cortés, que hablen de sus heroicidades, o que destaquen su importancia histórica.
El periodista que escribe estas líneas se encuentra frente a los restos mortales de aquel hidalgo que lo desafió todo para cambiar a los dos mundos que él conoció. Y lo logró, pero el nacimiento de ese nuevo mundo en el que él mismo fue protagonista, tanta gloria le dio como también el discreto olvido. A mi lado está una madre con su hija. La niña mira la tumba sin sorpresa, como si no hubiese nada allí, como si solo fuesen piedras sin memoria. Sin embargo, su madre le dice: "mira, él fue el que nos mató. Los españoles nos trajeron enfermedades y nos conquistaron". Ella misma lleva puesta una medalla de la Virgen de Guadalupe (la santa patrona de México). Este país, sin duda, es una tierra de contrastes, de contradicciones.
Al salir de nuevo a las calles, la banda sonora de la ciudad es Contigo de Joaquín Sabina: un cantante callejero se gana la vida, y una veintena de personas corean con él la conocida balada del andaluz. A diez minutos andando está el zócalo —cuyo nombre oficial es Plaza de la Constitución en honor a La Pepa, la Constitución de Cádiz promulgada en 1812—, el epicentro del país, engalanado con la imponente catedral y el Palacio Nacional. Justo detrás, está el museo del Templo Mayor (con las ruinas del antiguo imperio mexica), y, a escasos minutos andando, el Centro Cultural de España. No muy lejos de ahí, se encuentra la cantina más antigua de América, La Peninsular, que fue regenteada hasta hace poco por una familia oriunda del oriente de Asturias, una zona en la que prácticamente todas las familias tienen algún pariente en México.
Sin ir muy lejos de allí, se puede encontrar una variedad de restaurantes gallegos, vascos y asturianos, como El Danubio o El Casino Español, donde todo, absolutamente todo, remite a cualquier sitio de postín de Madrid, Oviedo, Bilbao o Coruña. Sí, México, como reza el dicho popular, es "México mágico".
Un discurso incendiario como herramienta política
Al teléfono está Carlos Martínez Shaw, catedrático español emérito de Historia Moderna, miembro de la Real Academia de Historia, y experto en la figura de Hernán Cortés.
"Como parte de un proceso de reivindicación nacionalista y política, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha magnificado y glorificado el pasado prehispánico"
La más reciente polémica, después de quinientos años de la Conquista de Tenochtitlán y de la fundación del México colonial, saltó en 2019, durante el inicio del Gobierno de López Obrador. Aquella famosa carta enviada al rey Felipe VI reabrió una discordia que parecía enterrada en el pasado. Entre otras cosas, desató en el debate público la polarización sobre la herencia española en México y la concepción de la hispanidad más allá de la piel de toro. Al respecto, Martínez Shaw cuenta que, como parte de un proceso de reivindicación nacionalista y política, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha magnificado y glorificado el pasado prehispánico, dándole, incluso, un sentido de mitificación a la forma de vida que tenían las culturas mesoamericanas previas a la llegada de Cortés. "Nada de eso se corresponde con la realidad", sentencia.
Para él, la Conquista fue un periodo de una altísima complejidad, lo mismo que todo el periodo colonial, por lo que reducir la figura del conquistador extremeño a un simple bárbaro es tan incomprensible como falso. "La gente, en vez de escuchar a los políticos hablar sobre Cortés, debería de leer Hernán Cortés: una biografía para el siglo XXI, de Esteban Mira Caballos". Finalmente, añade que el Gobierno mexicano no tiene un interés claro en la Historia. En su opinión, lo único que le interesa es acentuar la identidad nacionalista mexicana en el pasado prehispánico, borrando así, todo registro que enaltezca lo colonial y los aportes culturales de España a México. En pocas palabras, tanto la polémica por aquella carta, como por la magnificación de la vida prehispánica, corresponde más a temas pertinentes de la política doméstica de ese país que en tomar a la Historia como un referente para la concordia entre ambos pueblos.
"Christian Duverger presenta al antiguo hidalgo extremeño como un personaje de una altísima complejidad, desmontando el mito de que fue un conquistador sanguinario"
Siguiendo la misma línea, sería necesario leer la obra del prestigioso antropólogo e historiador francés, Christian Duverger, para comprender que Cortés fue mucho más que el personaje sombrío que pinta la leyenda negra que pesa sobre él. En su libro, Cortés: la biografía más reveladora (Taurus, 2013), el autor presenta al antiguo hidalgo extremeño como un personaje de una altísima complejidad, desmontando el mito de que fue un conquistador sanguinario. Por el contrario, lo desmenuza como un hombre sumamente culto y con un alto sentido de la estrategia, no solo militar sino de reorganización social. Además, hace hincapié en que era una persona con ideales renacentistas, así como profundamente implicado en el mestizaje para la creación de una nueva sociedad en el nuevo mundo. Por otra parte, en Vida de Hernán Cortés, La pluma (Taurus, 2020), Duverger, incluso, propone que fue Cortés el auténtico autor de La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, que suele atribuirse tradicionalmente a Bernal Díaz del Castillo, uno de los primeros cronistas de las tierras que hoy conocemos como las Américas.
Ya en la actualidad, cabe destacar la dura crítica que hizo Luis María Ansón sobre la carta de la discordia. Como una "ocurrencia populista" y un "disparate histórico" tildó a lo sugerido por López Obrador, ya que al generar tal polémica, ponía en entredicho inútilmente la riqueza cultural del encuentro entre dos mundos.
Y así es como la política y la historia no han logrado encontrar un punto de encuentro para la reformulación de una historia oficial que tienda puentes entre España y México.
Primero fue el día de la raza; ahora es de la nación pluricultural
En 1928, José Vasconcelos, un reconocido intelectual mexicano que llegó a ser considerado como "El maestro de América", propuso que el 12 de octubre se celebrara "El día de la raza". Aquel nombre hacía referencia a la raza cósmica: una de sus obras más conocidas, en la que proponía que la mezcla de razas europeas, africanas y amerindias) en el continente americano daban origen a una población superior culturalmente.
"La idea del ahora expresidente mexicano, nació para enaltecer a las culturas indígenas de México, y a los afromexicanos"
Pero el nacionalismo mexicano, que se ha movido cíclicamente entre picos que exaltan o minimizan la herencia española —dependiendo del régimen—, fue poco a poco cuestionando esa idea. Por lo tanto, en pleno 2020, López Obrador cambió el nombre a "Día de la nación pluricultural". Pero ¿a qué culturas se refiere?
Distinto a lo sostenido por Vasconcelos, la idea del ahora expresidente mexicano, nació para enaltecer a las culturas indígenas de México, y a los afromexicanos —que han permanecido en la sombra de la cultura popular desde siempre—. Según datos oficiales, hay poco más de 2.500.000 personas que se asumen como afrodescendientes, y eso representa al 2% de la población.
"Ofrecer disculpas no es vergonzoso, eso, por el contrario, engrandece y acerca a los pueblos"
¿Qué se espera para este 12 de octubre en México? Está previsto que Claudia Sheinbaum haga un evento en el que se destaque la resistencia de los pueblos originarios durante la llegada de los españoles en 1521. Además, como así lo mencionó el año pasado, con apenas dos semanas al frente del Gobierno mexicano, seguirá con la línea de su predecesor insistiendo en que España pida disculpas por "el sometimiento" y "la eliminación" de los pueblos indígenas. "Ofrecer disculpas no es vergonzoso, eso, por el contrario, engrandece y acerca a los pueblos", dijo, pero, sobre todo, hizo hincapié en que, para ella y para su gobierno, el 12 de octubre "no es el día ni de la raza, ni de la hispanidad".
Entre otras cosas, Paul Ricœur sostenía que la memoria era altamente maleable. Y eso no es ajeno a lo que a la memoria colectiva se refiere. En la eterna danza discursiva entre la memoria y la historia, tarde o temprano, llega un punto de quiebra, un puente que se rompe entre ambas disciplinas. La memoria, de los gobernantes y de los pueblos, es cambiante, sumamente cambiante: hoy, como todo así lo indica, el discurso oficial del actual régimen mexicano ha echado a andar una maquinaria institucional para deconstruir —de nuevo— la Historia. Y, como ya se ha demostrado, desde los despachos del poder, lo mexicano parece incompatible con lo español. Lo curioso es que de puertas a fuera de esos despachos, y más allá del punto final de los discursos, en el México de a pie, el de día a día, lo mexicano y lo español parecen más vivos y entrelazados que nunca.
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.