"Las nucleares, lejos de ser una solución, han sido un problema". Con esta frase pronunciada en la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sugería el camino que habrá que seguir para determinar las responsabilidades del apagón que dejó a España y Portugal sin luz durante ocho horas este lunes. El juez José Luis Calama también ha abierto de oficio una investigación en la Audiencia Nacional.
Un año intenso, con muchos giros y cambios de guion. Ha pasado ya un año —¿quién lo diría?— desde que el presidente del Gobierno se tomó cinco días de reflexión para decidir si continuaba ocupando su cargo o si, por el contrario, dimitía ante el severo asedio mediático y judicial que desde entonces sufre su entorno familiar.
Los cinco días del cóndor que mudaron la piel del presidente del Gobierno principiaban un cambio agitado de rasante en la legislatura:
una nueva forma de ejercer el poder, más áspera, más organizada, pero también más flexible, más acertada ante los embates y más moldeable a los cambios impetuosos, convulsos, inciertos que se ha sucedido fuera y también dentro de España.
"Los cinco días del cóndor que mudaron la piel del presidente del Gobierno principiaban un cambio agitado de rasante en la legislatura, una nueva forma de ejercer el poder"
En un año han pasado muchas cosas en todos los órdenes de la vida política española e internacional. Un presidente trata de intentar cambiar el orden del mundo desde Washington y un Papa se muere en Roma. Tres días después, España se queda sin luz.
Efectivamente,
Sánchez no acudió al funeral del
Papa Francisco. La Conferencia Episcopal Española mantuvo estos doce últimos años una relación fría con el obispo de Roma. Y Jorge Mario Bergoglio tampoco visitó España en todo su papado. En cualquier caso, la Iglesia Católica mudará de mano cuando vuelva a entregar el anillo de Pedro al hombre que guíe a los católicos tras el cónclave que se iniciará el próximo 7 de mayo.
Muda el Comandante en Jefe de los EE. UU., muda el Papa y el presidente del Gobierno ha vuelto a mudar de piel, tras haber anunciado un plan de
rearme de más de 10.400 millones de euros, acelerando su compromiso con la
OTAN y, sobre todo, con
EE. UU. La paz de los muertos y la guerra de los vivos.
La política, esta semana y las próximas, tratará de desplegarse entre ambos mundos, con el amparo del lobby de las nucleares o el del Espíritu Santo.
El nuevo contexto político español se ha definido este martes. Ya hay expertos que concluyen que el Estado debe fortalecer la red eléctrica de la península. "El Gobierno tendrá que replantearse el cierre de las nucleares. Con independencia de las causas técnicas del apagón, a día de hoy las energías renovables no garantizan la seguridad en el suministro". El lobby de las nucleares habría jugado este lunes sus cartas y las hizo valer con una caída a cero de la red eléctrica. El presidente fue contundente, tras la reunión del Consejo de Ministros presidida por Felipe VI: "Los ciudadanos deben tener claro que el Gobierno va a llegar hasta el fondo del asunto. Se tomarán medidas para que no vuelva a suceder y exigiremos todas las responsabilidades pertinentes". "No puede volver a pasar jamás".
Mienten los que apuntan a la falta de nucleares como causa del apagón, dijo Sánchez. La pregunta es sencilla: ¿Ha sufrido el Gobierno español un chantaje con el precio de la energía nuclear? ¿Están presionando al Gobierno? Algunos deberán tomar nota de la contundencia con la que les ha respondido Sánchez este martes. El presidente del Ejecutivo ha mudado de piel.
En España, solo hay dos líderes políticos que crecen y se hacen más grandes a medida que pasan los años. A la derecha, José María Aznar. A la izquierda, Pedro Sánchez. Todos los demás, incluido
Felipe González, han vivido en algún momento de su existencia política un estancamiento, un ensimismamiento, un fin de época política y sentimental que les ha impedido observar más allá de la línea del horizonte.
Si algo tienen en común Aznar y Sánchez, aparentemente tan disímiles, es que
aprendieron a manejar los engranajes del poder con rapidez y ambición y, lo más importante, aprendieron solos. Tanto Aznar como Sánchez han sabido adaptarse ágilmente y de forma resolutiva a las circunstancias políticas de cada momento y han sabido mudar su piel, con mayorías simples o mayorías absolutas, con presupuestos o sin ellos, con jueces o con fiscales, con medios de comunicación o con libelos, con el Espíritu Santo o sin él, con un apagón o con luz. Si bien es cierto que la segunda guerra del Golfo, primero, y los atentados de Atocha, después, empujaron a los españoles a sacar de la Moncloa al PP, la figura de Aznar ha seguido creciendo hasta nuestros días.
Aquel inspector de Hacienda en Valladolid, hoy presidente de FAES, es el principal vector de estabilidad de la derecha en España y uno de los empresarios más influyentes del país y le hemos visto en Bruselas arreglar la vajilla rota que Feijóo destrozó en noviembre, un mes antes de que se celebre el congreso del PPE en València.
"Sánchez es el principal vector de estabilidad de la izquierda española y el PSOE es el oasis de la socialdemocracia en Europa"
Sánchez es hoy, también, el principal vector de estabilidad de la izquierda española y, como ya hemos dicho en otras ocasiones, una de las vigas maestras de la UE. El PSOE es el oasis de la socialdemocracia en Europa. Ni siquiera la firma de un contrato de seis millones de euros a una empresa israelí que proveía de munición a la Guardia Civil ha logrado abrir una brecha en su Gobierno. Al contrario, sí despertó, en cambio, una alerta de veinticuatro horas este jueves en el corazón de Sumar, o sea, en IU. Su socio de Gobierno vio durante la jornada de la semana pasada (¿quién se acuerda ya?) el final de una época y el comienzo de otra, donde ellos ya no estaban mientras el espíritu de Garibaldi se hacía más físico en una calle de Lavapiés. Son días donde el mundo de los vivos y de los muertos es confuso, extraño, siniestro, como una película de David Lynch.
El relámpago de una crisis pudo haberse resuelto con la cabeza del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, colocada sobre una bandeja de plata en la mesa del Consejo de Ministros, o también pudo haberse conjurado con una crisis de Gobierno, donde Sumar fuera solo una fuerza parlamentaria. Todo eso volvió a pensarse como se pensó hace un año, durante los cinco días del cóndor. En cambio,
Pedro Sánchez, que ha mudado de piel hace una semana, decidió apagar el relámpago rescindiendo un contrato, lo que ha reforzado el compromiso político del Gobierno —José Manuel Albares mediante— con el pueblo palestino. Después de haber provocado una severa queja del Estado de Israel que, paradojas de la vida, ha rubricado con su sello, manchado por el genocidio en Gaza, las coordenadas de la nueva diplomacia española.
No es exagerado pensar que el ministro de Asuntos Exteriores, la figura más relevante del Consejo de Gobierno, se plantee próximamente la necesidad de llevar a cabo un embargo comercial a Israel. Porque vendrán más contratos y más crisis. 2025 y más aún, 2026 nos depararán días muy movidos. De momento, este domingo se despidió de este mundo un Papa y al día siguiente, en España, se hizo la oscuridad.
"La posición de España, con el aleteo de los peces coi en el estanque rojo de Pekín, cada día está más reforzada, mirando a Oriente y a Occidente"
La posición de España, con el aleteo de los peces en el estanque rojo de
Pekín, cada día está más reforzada, mirando a Oriente y a Occidente.
España se ha convertido en una plataforma de gas en el continente, en un factor de equilibrio entre el Consejo y la Comisión Europea, un extremo geográfico a tener en cuenta tanto en la Nueva Ruta de la Seda china como en la próxima Ruta del Algodón que nace desde la India. España se proyecta en todas direcciones y a cualquier hora, con todos sus puentes abiertos en cualquier república, en cualquier reino, incluso el reino de Dios, en la luz y en la oscuridad.
La religión irrumpe con todos sus significados simbólicos en este abril nuclear. El siglo XXI demanda religiones que también mudan su piel, aunque solo sea para mantener una gavilla de verdades absolutas o, al menos, ciertas certezas domésticas.
El siglo XXI reclama autoridad y
aunque la gran obra de Francisco es haber querido encajar los dogmas de la Iglesia en el pentagrama de la democracia liberal, alejándose de Trump y asumiendo la enorme complejidad y permanente contradicción que eso conlleva, el que le suceda deberá amoldarse a un nuevo discurso inspirado en la autoridad, donde la diplomacia intramuros cuente más que la indiscreción y el absurdo en la escena. A lo largo del último año, desde los cinco días de abril,
Pedro Sánchez ha ido esculpiendo la imagen de su propia autoridad. Reformó la dirección de su partido, reformuló la estrategia territorial de su partido, reforzó su imperio en Telefónica, marcó territorio en Prisa y abrió nuevas puertas en Indra y ahora le marca el paso a las operadoras eléctricas privadas.
Mientras Dios busca sustituto en la Tierra, nos queda el espejismo de un milagro, una serie de esperanzas que se harán solubles (y desaparecerán, probablemente) en el manto cardenalicio del próximo Papa. Pero en este mundo acelerado y mutable, durante las exequias a Jorge Mario Bergoglio en Roma, han pasado muchas cosas en Madrid.
Mientras Enrique Santiago, secretario del PCE, se llevaba las manos a la cabeza la mañana del jueves y agitaba las aguas de la ruptura con Sumar por la tarde, Margarita Robles y su Ministerio de Defensa preparaban los papeles para hacer efectivo su compromiso con la OTAN, después de que Carlos Cuerpo, ministro de Economía, visitara en Washington, hace escasamente una semana, al secretario del Tesoro Scott Bessent.
"El siglo XXI es un siglo largo y acelerado que no entiende de aranceles, pero si de palabras graves y miradas taciturnas que se reformulan constantemente a sí mismas como una ecuación matemática"
El siglo XXI es un siglo largo y acelerado que no entiende de aranceles, pero si de palabras graves y miradas taciturnas que se reformulan constantemente a sí mismas como una ecuación matemática, esa ecuación que solo explica las contradicciones del mundo, incluso los milagros de Dios, si cambian sus constantes y variables. El mundo busca pequeñas certezas. El apagón del lunes nos volvió a ofrecer nuevas incertidumbres y alguna verdad doméstica. El mundo católico iniciará una profunda reflexión a partir del próximo 7 de mayo y en España, el Gobierno de Sánchez se ha adelantado con sus verdades,
completamente tangibles y reales: el país no admite chantajes del lobby nuclear y el 2% del PIB comprometido por el Gobierno con la Alianza Atlántica para el 2029 se hará realidad sin presupuestos antes de que Roma haya elegido a un nuevo Papa.