Decía esta semana Mark Carney, el nuevo primer ministro liberal canadiense, que "la economía global es fundamentalmente diferente hoy de cómo fue ayer. El sistema del comercio global nacido tras la Segunda Guerra Mundial, se acabó. El periodo de 80 años en los que EE. UU. asumió el liderazgo mundial, se acabó" y concluía: "Es una tragedia, pero también es la nueva realidad". En este contexto, y buscando nuevas oportunidades comerciales para España y Europa, Pedro Sánchez ha viajado a China o Vietnam esta semana donde se ha reunido durante más de tres horas con Xi Jinping, el presidente de la República Popular China. Un camino no exento de riesgos o críticas.
Para entender mejor la visión de China y sus estructuras estatales, Marc López Plana, director y editor de Agenda Pública, conversa con Ignacio Herrero Ruiz, el CEO de China Three Gorges en Europa, una empresa estatal china del ámbito energético tan estratégica para el gigante asiático que ha sido considerada como una amenaza para Estados Unidos y a la que su Departamento de Estado considera una empresa militar. "Ser una empresa china implica una percepción de riesgo diferente según el mercado. Hemos sido capaces de desarrollar el proyecto eléctrico más complejo del mundo, la presa de las Tres Gargantas, pero seríamos absolutamente incapaces de hacer algo similar en Europa porque la percepción y apetito de riesgo son muy distintos", señala Herrero Ruiz.
Marc López Plana, director de 'Agenda Pública', conversa con Ignacio Herrero. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Cómo contribuye China Three Gorges Europe a la transición energética española y europea?
Somos una empresa china estatal, no una incumbente, como pueden ser Iberdrola, Endesa o Naturgy. Tenemos un enfoque algo distinto. Lo que hemos hecho desde que entramos en el mercado en 2020 es apoyar, principalmente, a desarrolladores independientes que han llevado proyectos hasta la fase de
ready to build [fase preparatoria previa a la construcción] o próximos a esa fase. Es cuando se incrementa mucho la intensidad de capital y se necesita a alguien que pueda hacer frente a los compromisos de inversión.
Ahí es donde hemos estado colaborando más, bien en la compra de activos ya operativos, que permitía rotar capital a estos desarrolladores y reinvertir esos fondos en nuevos proyectos
greenfield, o bien invirtiendo directamente en proyectos
ready to build.
¿Qué particularidad tiene ser una empresa estatal china actuando fuera de China?
La primera es que
a priori hay mucho desconocimiento, no se sabe cómo operan las empresas chinas y, por tanto, cuáles son sus estándares y requisitos. Nosotros no teníamos un negocio ya existente, hemos tenido que crearlo a base de adquisiciones. En esas adquisiciones lo que prima es la visibilidad y la certidumbre de ejecución y había mucha preocupación por cómo operamos.
"Hemos demostrado que somos inversores a largo plazo, con una visión industrial del negocio, lo que nos da un enfoque distinto"
Hemos gestionado bien la situación gracias a la transparencia en nuestros procedimientos y a una adecuada asignación de riesgos. Nunca hemos condicionado una operación a aprobaciones domésticas, porque eso genera incertidumbre y puede verse como una vía de escape. Hemos trabajado mucho para aportar visibilidad y certidumbre en la ejecución de proyectos. Además, hemos demostrado que somos inversores a largo plazo, con una visión industrial del negocio, lo que nos da un enfoque distinto, a diferencia de otros actores, incluso grandes utilities, que por exigencias de rentabilidad deben rotar capital con frecuencia. Nosotros tenemos la ventaja de no estar sujetos al escrutinio del mercado y, por tanto, somos acumuladores de activos.
¿Qué suscita para ti el concepto de autonomía estratégica en un sector crítico como la energía? En un mundo en el que parece que hay un proceso de cierta desglobalización, ¿cómo ves el debate sobre sectores estratégicos a proteger por parte de la Unión Europea?
Una autonomía estratégica total no existe, pero es una intención de depender menos de otros países. Hay que preguntarse si la autonomía estratégica es de cada país de Europa o si es de Europa como región. Europa es una zona económica compuesta por distintos países, cada uno con su soberanía y autonomía. Ese es el gran reto: la solución es una si tomas Europa como un todo, y es muy distinta si la tomas como países independientes, que, por desgracia, es lo que está ocurriendo actualmente.
En energía, conseguir esa autonomía estratégica es muy complicado dada las tecnologías actuales y el posicionamiento de Europa frente a ciertas tecnologías como la nuclear, con diferencias muy importantes entre países. La posición de Alemania no tiene nada que ver con la de Francia.
Para conseguir autonomía hay que utilizar los recursos que se tienen dentro del propio país. En ese sentido, España tiene una posición privilegiada: tenemos recurso eólico, solar, costas… todo lo necesario para tener un precio de energía competitivo y ser un país exportador neto de energía a la Unión Europea, pero eso depende de la posición que tome Europa como un todo.
Respecto a las cadenas de suministro dominadas por China, como la energía solar, ¿cómo ves la situación?
No vamos a una disociación o independencia de esas cadenas de suministro, sino a nuevos modelos de colaboración. No es un tema de "Europa o nada", sino de ver cómo aprovechamos las ventajas comparativas. Sin modelos de colaboración en ámbitos como la fabricación de paneles solares o baterías, el coste para Europa sería enorme.
"Si la decisión europea es tener una industria local de fabricación de paneles, sin un subsidio, un apoyo o un sistema de protección, no se puede competir contra los precios de fabricación de China"
Si tomamos como referencia el precio de importación de los paneles chinos, y la decisión europea es tener una industria local de fabricación (de paneles, células, obleas y silicio), hay que considerar que el silicio apenas existe en Europa. Cuando analizas el coste de inversión y operación de fábricas con la regulación europea, sin un subsidio, un apoyo o un sistema de protección, no se puede competir contra los precios de fabricación de China.
El caso de los coches eléctricos es un buen ejemplo. Los fabricantes han ido por delante de la regulación: cuando Europa acabó su estudio para determinar qué empresas chinas habían dado información y cuáles ofrecían un
level playing field [terreno de juego justo], los fabricantes ya habían llegado a acuerdos con fabricantes chinos para crear
joint ventures [filiales conjuntas] y colaboraciones. La industria se equilibra sola y llega a soluciones beneficiosas para las partes, mientras que la regulación va por detrás.
'Somos inversores a largo plazo, tenemos una visión industrial del negocio', afirma el CEO de Three Gorges Europe. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Te parece que Trump favorece una mejor relación entre Europa y China?
Trump ha sorprendido incluso a sus defensores. Nadie esperaba una posición tan agresiva y tan sesgada hacia Estados Unidos en temas como la guerra de Ucrania o los aranceles.
"Europa, independientemente de la actitud de la Administración Trump, necesita a Estados Unidos y necesita a China. No puede prescindir de ninguno de los dos"
Europa, independientemente de la actitud de la Administración Trump, necesita a Estados Unidos y necesita a China. No puede prescindir de ninguno de los dos. Cuando Estados Unidos toma una posición agresiva, con un objetivo claro de aislar a China, Europa tiene que repensar ese equilibrio. Una posición de amenaza frente a Europa creo que, en el fondo, va a hacer que Europa se acerque más a China.
Hablemos de tecnología. La transición energética, en parte, se juega su futuro en la tecnología. ¿Cómo contribuye una empresa como la vuestra a la innovación tecnológica en este ámbito?
La transición energética no se trata solo de la oferta de energía, es decir, de los productores, sino de ver cómo se electrifica la demanda. Se ha hecho un esfuerzo muy grande en descarbonizar la producción de energía: la intención de desmantelamiento de las centrales nucleares, la reducción en la producción de los ciclos combinados y su papel dentro del mix de generación, el desmantelamiento del carbón.
El gas es quizá la gran pregunta: ¿cuál es la función que va a cumplir dentro del nuevo paradigma, con una penetración muy importante de renovables?
¿Y el hidrógeno verde?
El hidrógeno verde aún no es una realidad y probablemente no lo será hasta 2030 o 2035. Aunque tiene ciertos usos, su impacto real en el mix energético todavía está lejos. Nosotros contribuimos a la descarbonización desde el origen: nacimos como una empresa de energías limpias, sin el lastre de plantas de carbón, y trabajamos con hidráulica, eólica y solar. Sin embargo, el reto es que el sistema energético funcione de forma equilibrada. No basta con impulsar la oferta renovable si no se garantiza la estabilidad del sistema. Estas tecnologías no son gestionables, y eso obliga a replantear el margen de reserva, que antes era del 10-15% con nucleares y térmicas. Hoy, sin esas fuentes y con ciclos combinados poco competitivos, la situación es distinta. Aunque la demanda punta no ha crecido en veinte años —algo menos de cincuenta GW—, la capacidad instalada ya ronda los 150 GW y se espera que supere los 200 GW.
La oferta ya la tenemos, ¿el foco debe ser ahora la demanda?
La oferta energética ya está en gran parte descarbonizada, así que ahora el foco debe estar en la demanda, pero esta también depende de las redes, igual que antes lo hacía la generación. No se trata solo de cambiar calderas de gas, sino de invertir en infraestructuras, y eso tiene un coste que recae sobre el consumidor. Ahí es donde el sistema empieza a chirriar. La descarbonización es necesaria, pero en un contexto de desaceleración económica, Europa ha empezado a priorizar de nuevo el crecimiento por encima de la transición energética. Esto no significa renunciar a los objetivos climáticos, pero sí matizar su urgencia.
Nosotros, como inversores a largo plazo, buscamos un sistema equilibrado y sostenible, no aprovecharnos de precios altos. Hemos apostado fuertemente por eólica y solar, pero el mercado indica que no hace falta más capacidad solar si no crece la demanda, sino más flexibilidad. Esa flexibilidad vendrá de la hidráulica de bombeo, baterías y, a más largo plazo, del hidrógeno, que puede ayudar a equilibrar oferta y demanda.
El directivo español lidera la expansión europea de una de las mayores empresas energéticas estatales chinas. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
El hecho de que la energía barata puede ser un atractivo muy importante para la reindustrialización de España en el inmediato, corto y medio plazo. ¿Cómo lo observáis?
España tiene una ventaja competitiva por recurso, localización y
know-how. El precio es competitivo porque España no tiene las dependencias que tienen otros países europeos. Nuestra matriz energética es distinta y las fuentes de suministro para el gas, que es la tecnología que marca precio, son diferentes: nos abastecemos del norte de África y de gas natural licuado del Atlántico occidental, mientras que los países del norte y este de Europa tienen otras fuentes.
Somos lo que se ha llamado siempre
la isla energética ibérica. Eso ha permitido que desarrollemos una matriz energética que hoy nos da precios más competitivos que el resto de Europa. Sobre el papel, tenemos todos los ingredientes para ser uno de los ganadores de ese supuesto proceso de reindustrialización.
"España tiene precios más competitivos, pero también un nivel de volatilidad mucho mayor. La industria necesita estabilidad: precios en base, 24 horas y estabilidad"
En la práctica, las actitudes que tomen los gobiernos son importantes, así como los incentivos y la visibilidad que puedan dar. Además, España tiene precios más competitivos, pero también un nivel de volatilidad mucho mayor, y eso es una amenaza. La industria necesita estabilidad: precios en base, veinticuatro horas y estabilidad.
España tiene todos los ingredientes para ser uno de los países ganadores, pero hay que verlo en la globalidad de Europa.
Deberíamos exportar energía a otros países europeos porque somos fundamentalmente más competitivos, pero no tenemos las conexiones necesarias. Esto tiene que ser una decisión europea.
Además, tenemos el problema dentro de España: la clave ahora no es la generación, son las redes y la electrificación de la demanda. Para descarbonizar la demanda y conseguir ese equilibrio entre oferta y demanda, se necesita invertir en redes.
¿Cómo miráis vuestro papel en el resto de Europa? ¿Y cuál es vuestra estrategia en América Latina y otras regiones?
Las empresas chinas, sobre todo las estatales, están en el momento del ciclo de vida donde estaban las compañías españolas hace treinta años. Nacen como empresas para servir intereses domésticos, para el crecimiento económico nacional. Después, cuando las tasas de crecimiento se reducen, empiezan a mirar fuera del mercado doméstico, como hicieron Iberdrola o Endesa
a finales de los ochenta y principios de los noventa.
Nosotros estamos en ese momento. Tenemos capacidades técnicas muy importantes y estamos construyendo capacidades de gestión. Hasta ahora hemos visto Europa y Latinoamérica como mercados independientes, pero estamos empezando a comportarnos como una compañía global que asigna capital de forma eficiente.
"Las empresas chinas están en el momento del ciclo de vida donde estaban las compañías españolas hace treinta años. Tenemos capacidades técnicas muy importantes y estamos construyendo capacidades de gestión"
De hecho, he asumido un nuevo rol: dejar el día a día operativo de la compañía en Europa para centrarme en ayudar a la matriz en la estrategia internacional para el sudeste asiático, Oriente Medio, Europa y Latinoamérica. Son los primeros pasos para comportarnos como una compañía internacional, que no es una colección de mercados inconexos, sino que tiene una estrategia global para optimizar su relación riesgo-retorno y su perfil de crecimiento.
Ser una empresa china implica una percepción de riesgo diferente según el mercado. Hemos sido capaces de desarrollar el proyecto eléctrico más complejo del mundo, la presa de las Tres Gargantas, pero seríamos absolutamente incapaces de hacer algo similar en Europa, si eso fuese posible, porque la percepción y apetito de riesgo son muy distintos. En Europa somos una empresa europea, con ADN chino, que ejerce una influencia relevante en nuestras restricciones de negocio.
¿Y Estados Unidos? ¿Hay posibilidades de inversión allí?
Muy a nuestro pesar, Estados Unidos está cerrado para nosotros. La primera operación que intentamos hacer en 2016 fue la compra de una empresa canadiense con ciclos combinados y renovables en Estados Unidos. Para que veas cómo han cambiado las cosas desde entonces.
Lo vivimos también a través de nuestra participación en EDP, que tiene un negocio importante en Estados Unidos. En los últimos cinco años, nos han ido imponiendo restricciones respecto al acceso a información, al
management y a los activos en Estados Unidos. A día de hoy, del negocio de EDP en Estados Unidos, no tenemos acceso a ninguna información más allá de lo que es público.
Es un mercado muy atractivo, no hace falta ser un genio cuando ves a empresas líderes como Iberdrola diciendo que Estados Unidos es un mercado
core [fundamental]. Es un mercado muy grande, con visibilidad a largo plazo, a pesar de algunos vaivenes como los actuales con Trump. Nos gustaría invertir allí, pero no nos dejan.
La empresa china Three Gorges ha realizado importantes inversiones en energías renovables en España desde 2020. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira