Madrid, la ciudad donde la derecha radical europea celebra a Trump
Este fin de semana los líderes de Patriotas por Europa —entre los que se encuentran Le Pen, Orbán o Wilders— llegan a Madrid para encontrar respuesta ante dos cuestiones: Trump y el liderazgo de su espacio político en Europa. Agenda Pública analiza en profundidad, junto al eurodiputado del PP Antonio López-Istúriz y la doctora en Ciencia Política Anna López, los retos de la derecha en la nueva era.
Santiago Abascal saluda a Marine Le Pen durante el acto 'Viva 24', en el Palacio de Vistalegre, a 19 de mayo de 2024. | A. Pérez Meca / Europa Press / ContactoPhoto
Madrid vuelve a ser el punto de encuentro de la derecha radical europea. El anfitrión es Abascal y los invitados principales son Viktor Orbán, Marine Le Pen, Matteo Salvini y Geert Wilders. Pero el mundo es radicalmente distinto al de la última cumbre en Vistalegre, en la ya lejana primavera de 2024. Desde entonces, una sucesión de elecciones clave ha reconfigurado el mapa político, la Unión Europea ha revisado su papel en el mundo a la luz de los informes Draghi y Letta, los efectos del cambio climático han alcanzado niveles críticos y el arranque de 2025 ha sido un torbellino de incertidumbre, culminando en un mes de enero que se ha hecho muy largo. Sin embargo, nada ha alterado tanto el tablero global como el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
"Para la derecha radical española, el regreso de Trump supone una oportunidad histórica para consolidar su espacio político y así busca demostrarlo este fin de semana en Madrid"
El 20 de enero marcó un punto de inflexión. En sus primeras horas como presidente, Trump firmó cuarenta y un órdenes ejecutivas que rompieron con la línea política de los últimos cuatro años. Su mensaje fue claro: la Administración Biden no fue más que una pausa en la trayectoria aislacionista e iliberal de Estados Unidos. La cooperación internacional, al menos con Washington, estará supeditada a una lógica estrictamente transaccional. Dos semanas después, el presidente puso en juego su estrategia. El 1 de febrero, su Gobierno impuso aranceles sobre el 50% de las importaciones totales del país, procedentes de México, China y Canadá. Aunque finalmente solo entraron en efecto las dirigidas hacia el gigante asiático, ya que Trump frenó su aplicación al obtener concesiones de sus vecinos norteamericanos, confirmando el nuevo paradigma americano.
En medio de la euforia trumpista de la toma de posesión en el D. C., una presencia inesperada llamó la atención en nuestro país: Santiago Abascal asistía, precisamente como líder de PfE, acompañado del eurodiputado Hermann Tertsch. Su participación no fue anecdótica. Para la derecha radical española, el regreso de Trump supone una oportunidad histórica para consolidar su espacio político y así busca demostrarlo este fin de semana en Madrid.
En Europa, los ecos del desorden en Washington resonaban en la advertencia de Mario Draghi: "A medida que se desvanece la era de la estabilidad geopolítica, crece el riesgo de que el aumento de la inseguridad se convierta en una amenaza para el crecimiento y la libertad". Anna López, doctora en Ciencia Política por la Universitat de València, apunta en la misma dirección: "Se están desmoronando consensos que definieron el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. No solo en cuestiones como el cambio climático o la igualdad, sino en la propia idea de democracia liberal. El modelo que emerge prioriza el aislacionismo, el recorte del Estado del bienestar y la estigmatización de las minorías".
La presencia de los miembros de Vox pone de manifiesto otra ruptura de la tradición americana por parte de la nueva Administración. En un acto reservado normalmente para el ámbito político doméstico, Donald Trump invitó a varios líderes extranjeros. No obstante, la única líder de la Unión Europea presente fue Giorgia Meloni."Trump practica la política del bilateralismo para relacionarse con la Unión Europea", puntualiza López. Cabe recordar que la anterior canciller alemana, Angela Merkel, tuvo que explicar al mandatario en once ocasiones consecutivas que los países de la Unión no pueden firmar acuerdos de comercio bilaterales.
El nuevo presidente americano prefiere tener como interlocutores a aquellos líderes que se identifican dentro de la familia de la extrema derecha, como a Viktor Orbán, a quien ha recibido ya en Mar-A-Lago, como a la propia Meloni que firmó un gran contrato con Elon Musk en materia de defensa e inteligencia. "El Partido Popular Europeo, no supone un interlocutor válido para Donald Trump", explica la doctora. No obstante, en el propio partido se interpreta de una manera distinta: "Buscar en las invitaciones a la toma de posesión una definición de la próxima política exterior norteamericana es error común, sobre todo en la prensa europea", responde el eurodiputado del PP Antonio López-Istúriz en conversación con Agenda Pública. El popular asegura que "es más acertado mantener una buena relación bipartidista con Estados Unidos que ser invitados a ceremonias inaugurales. Esa debe ser la base de una buena política exterior española en su relación con Estados Unidos".
"Es más acertado mantener una buena relación bipartidista con Estados Unidos que ser invitados a ceremonias inaugurales"
Istúriz —hijo de una ciudadana estadounidense— analiza las relaciones de las principales formaciones españolas con los partidos estadounidenses: "El Partido Popular siempre ha mantenido históricamente buenas relaciones tanto con el Partido Demócrata como con el Republicano, lo cual responde a la lógica de un partido con vocación de Gobierno en España". En contraste, señala que "el Partido Socialista nunca logró superar el filtro ideológico, limitándose a establecer vínculos únicamente con el Partido Demócrata, y no siempre con éxito". Finalmente, respecto a Vox, apunta que "solo ha cultivado relaciones con el sector más duro del republicanismo, caracterizado por su aislacionismo y su escaso interés en fomentar oportunidades para Europa o España".
López-Istúriz explica que los primeros efectos del segundo mandato Trump serán económicos y comerciales "derivados de la agresiva política arancelaria de su administración". En España —a la cual Trump ya amenazó en su primer día de mandato con una alusión irónica a los BRICS— serán especialmente sensibles los aranceles al campo, especialmente al aceite de oliva, al vino y las aceitunas. Según datos del Observatorio de Complejidad Económica (OEC), el segundo bien que nuestro país exportó más a EE. UU. fue el aceite de oliva puro por valor de 687 millones de dólares en el año 2022.
Ante este escenario, el eurodiputado popular lanza una advertencia: "Espero que Vox comprenda que será difícil defender la agenda de Trump en los próximos meses, especialmente ante empresarios, agricultores y otros sectores productivos españoles, que sufrirán las consecuencias de la inevitable guerra comercial que el presidente Trump nos plantea". No obstante, también dirige una crítica hacia la izquierda: "La enorme debilidad del socialismo europeo, cada vez más ausente de los gobiernos del continente, podría llevar a Pedro Sánchez a intentar convertirse en la reserva espiritual de la izquierda europea, perjudicando así los intereses de España, que claramente no pasan por un enfrentamiento abierto con la nueva administración estadounidense".
La injerencia de Elon Musk en la Unión Europea
Las primeras semanas del segundo mandato de Trump han sacado a la luz una batalla interna dentro del trumpismo: el choque entre los broligarcas alineados con Elon Musk y los populistas de Steve Bannon —Agenda Pública ofrecerá una entrevista con el gurú populista mañana domingo—. Este último fue una pieza clave en las victorias del expresidente y en el ascenso de la ola reaccionaria en Europa, pero su influencia está siendo desafiada por un nuevo bloque de poder que opera bajo una lógica distinta.
Para entender realmente este enfrentamiento es necesario dar un paso atrás. En EE. UU., los partidos políticos funcionan más como plataformas de convergencia de distintos grupos de interés que como plataformas políticas con identidad propia. Trump ha logrado reunir bajo su bandera a dos facciones con visiones contrapuestas sobre temas cruciales como la inmigración, el papel del Estado y la posición de EE. UU. en el mundo —el gran truco de magia del s. XXI—. Sin embargo, la diferencia de fondo entre ellas es mucho más profunda. Los broligarcas de Musk representan una evolución del neoliberalismo hacia lo que algunos teóricos han denominado tecnofeudalismo: un sistema en el que el poder económico y tecnológico reemplaza las estructuras tradicionales del mercado. En cambio, el populismo de Bannon es una respuesta directa a los fracasos del neoliberalismo, especialmente tras la crisis de 2008. Su objetivo no es reformar el sistema, sino desmantelarlo, cerrando fronteras y redistribuyendo la riqueza entre lo que denominan "la clase trabajadora de ciudadanos americanos".
En Europa, la derecha radical ha evitado un debate ideológico tan sofisticado. En lugar de tomar partido en la disputa entre broligarcas y populistas, ha absorbido elementos de ambas facciones, conformando un compendio reaccionario que defiende los intereses del gran capital, mientras mantiene una retórica antiélite y contra las minorías. En este contexto, la creciente influencia de Musk y su control sobre X añaden un nuevo factor de incertidumbre. Según la doctora López, "es evidente que la Unión Europea tiene un problema serio con Elon Musk y su posible interferencia en unas elecciones, como parece estar ocurriendo en las que se celebrarán el 23 de febrero en Alemania".
López advierte que estas maniobras podrían vulnerar la Ley de Servicios Digitales, que no limita la libertad de expresión, sino que busca un control neutral de los algoritmos para evitar la propagación masiva de información falsa, como explicó Thierry Breton en Agenda Pública. La desinformación añade, no solo puede influir en procesos electorales, sino también amenazar la seguridad, "como vimos el verano pasado en el Reino Unido".
López-Istúriz, por su parte, introduce otro matiz: la relación entre Musk y Trump podría no ser tan duradera como parece. "Está por ver cuánto tiempo durará la luna de miel de Musk con figuras como Trump, dado que otros grandes amigos del expresidente duraron lo que duraron en cuanto sus intereses se cruzaron con los suyos", señala. Y con ironía, añade: "Podrán conquistar Marte, pero no sé si llegarán en coche juntos a la próxima cena", en alusión al impacto de decisiones como la eliminación de subsidios a los vehículos eléctricos.
Efectos de la nueva política trumpista en España
Carlos Aragonés, exdirector de gabinete de José María Aznar, advertía en Agenda Pública el pasado noviembre que el impacto de Trump en la política europea dependería, en gran medida, de cómo reaccionara la izquierda. "Si el PSOE adapta su discurso hacia posiciones más moderadas, el PP puede quedar emparedado entre la izquierda y Vox", afirmaba el diputado popular.
Anna López coincide en que la indefinición del Partido Popular en cuestiones identitarias, de diversidad o incluso de cambio climático ha abierto espacio a Vox, reforzando el riesgo que señala Aragonés. "Vox presenta un discurso sin fisuras en temas que movilizan y está operando en el terreno de la polarización afectiva", sostiene la politóloga. Esto coloca al PP en una encrucijada: si endurece su discurso para retener a su electorado más radical, podría perder el centro político en favor de un PSOE que se reposicione como fuerza estabilizadora.
"Vox presenta un discurso sin fisuras en temas que movilizan y está operando en el terreno de la polarización afectiva"
El eurodiputado López-Istúriz, sin embargo, ve en este escenario una oportunidad: "El reto del Partido Popular es monopolizar el centro político en un país donde cada vez más ciudadanos exigen moderación frente a la radicalización de otros actores". Giorgia Meloni en Italia y Friedrich Merz en Alemania han intentado adaptar su estrategia a la marea identitaria sin perder su identidad conservadora tradicional. Los resultados han sido dispares: mientras Meloni ha logrado consolidarse como la referencia de la extrema derecha europea, Merz ha quedado atrapado entre las críticas de la izquierda y el auge de Alternativa para Alemania (AfD).
Más allá de las dinámicas nacionales, el retorno de Trump supone un cambio estructural. No es solo una cuestión de políticas concretas, sino de cultura política. Como ha señalado un sector del pensamiento conservador, desde su punto de vista el trumpismo representa una reacción a las políticas identitarias impulsadas por la izquierda progresista en las últimas décadas. Su principal efecto no ha sido la implantación de un nuevo modelo, sino la erosión del viejo consenso. Los guardianes de la ortodoxia liberal están perdiendo poder institucional, y los partidos de la derecha tradicional se enfrentan a la disyuntiva de adaptarse o quedar marginados.
Si la derecha clásica no ofrece un relato convincente ante el cambio de paradigma, será la derecha radical la que capitalice la insatisfacción de los votantes de centroderecha. Con la presión de Washington marcando el pulso de la política global, la derecha tradicional deberá definir su lugar en la nueva derecha postliberal.