Martes, 28 de julio de 2026
ARANCELES

La reacción china: el epicentro de la nueva guerra comercial

China queda, por el momento, como el único país sujeto a la nueva política arancelaria de Washington después de la moratoria concedida por Trump a Canadá y México. En esta pieza analizamos cómo la nueva era de confrontación entre Estados Unidos y China puede afectar a la Unión Europea.

Agenda Pública Agenda Pública 5 de febrero de 2025
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El presidente Donald Trump y el viceprimer ministro chino Liu He tras la firma de la Fase 1 del acuerdo comercial entre EE. UU. y China, en enero de 2020. Imagen que contrasta con las tensiones arancelarias actuales. | Alex Wroblewski / Zuma Press / ContactoPhoto
El presidente Donald Trump y el viceprimer ministro chino Liu He tras la firma de la Fase 1 del acuerdo comercial entre EE. UU. y China, en enero de 2020. Imagen que contrasta con las tensiones arancelarias actuales. | Alex Wroblewski / Zuma Press / ContactoPhoto
China se convierte en el epicentro de la nueva batalla comercial desatada por Donald Trump, tras su reciente orden ejecutiva del pasado sábado. Aunque inicialmente la medida contemplaba aranceles del 25% para Canadá y México, además del 10% sobre China, los dos países norteamericanos han logrado una suspensión por periodo de un mes de las restricciones mediante concesiones directas a la Casa Blanca. Como resultado, Pekín queda como el único país sujeto a la nueva política arancelaria de Washington, por el momento.
 

La decisión del Gobierno estadounidense responde a tres objetivos fundamentales: recuperar la industria manufacturera en EE. UU., incrementar los ingresos fiscales —para financiar recortes de impuestos dirigidos a las rentas más altas y las grandes corporaciones— y reforzar la capacidad de negociación del país en sus relaciones bilaterales. En este último punto, Trump confía en que la presión comercial complemente el ya imponente régimen de sanciones de Washington.

"Ante esta ofensiva proteccionista, China ha calibrado su respuesta con una estrategia precisa"
Ante esta ofensiva proteccionista, China ha calibrado su respuesta con una estrategia precisa. Pekín reaccionó este martes con una serie de represalias que buscan minimizar el impacto en su propia economía, pero que al mismo tiempo demuestran su capacidad para afectar sectores clave en EE. UU. El Gobierno chino ha impuesto aranceles del 10% sobre productos energéticos y agrícolas estadounidenses por un valor inferior a 5.000 millones de dólares, y un 15% sobre otras importaciones estratégicas como el carbón y el gas natural licuado, lo que eleva el total de bienes afectados a 13.900 millones de dólares.


Además, la respuesta china no se ha limitado a los aranceles. Pekín ha abierto una investigación antimonopolio contra Google y ha incluido a empresas estadounidenses como PVH Corp. (propietaria de Calvin Klein) e Illumina Inc. en una lista negra. También ha implementado restricciones a la exportación de metales críticos como el tungsteno, fundamentales para las industrias tecnológicas con aplicaciones tanto civiles como militares.

A pesar de estas medidas, el Gobierno de Xi Jinping ha optado por mantener un tono moderado, evitando una escalada inmediata del conflicto y dejando abierta la puerta a la negociación. Trump, por su parte, ha expresado interés en mantener el diálogo con Xi, en una dinámica similar a la que ha desarrollado con Canadá y México. La postura de la Casa Blanca sugiere que los aranceles forman parte de una táctica de presión antes que de un cambio estructural en la relación comercial con China.

El conflicto comercial entre las dos principales economías del mundo no es un episodio aislado, sino el reflejo de una rivalidad estratégica que ha ido en aumento durante la última década. Tanto republicanos como demócratas en Washington han coincidido en la necesidad de contener el ascenso de China, y Trump ha convertido esta disputa en un eje central de su política exterior. 

"La postura de la Casa Blanca sugiere que los aranceles forman parte de una táctica de presión antes que de un cambio estructural en la relación comercial con China"
En este contexto, los aranceles no solo buscan dificultar la expansión económica china, sino que también intentan frenar el uso de México y Canadá como plataformas de producción para sortear las restricciones comerciales impuestas por EE. UU. El impacto de la política de Trump se refleja en cifras concretas: en 2023, China invirtió oficialmente 450 millones de dólares en México, aunque se estima que la cifra real es significativamente mayor, dado que la capacidad industrial china en el país se ha duplicado desde 2022. Este fenómeno ha permitido a empresas chinas eludir barreras arancelarias mediante la reubicación de su producción a Norteamérica, un esquema que ahora se ve amenazado por las nuevas medidas de la Casa Blanca. 



Como anticipaba Juan Luis Manfredi tras el foro de Davos, el desorden está, efectivamente, siendo el rasgo principal de la nueva presidencia. En tan solo dos semanas, la incertidumbre creada por la política comercial de la Administración hace que el escenario global se vuelva cada vez más incierto. A diferencia de su primer mandato, donde los aranceles se aplicaron de manera escalonada, esta vez las medidas han entrado en vigor con una rapidez inusitada, basándose en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional. Trump justifica esta decisión bajo el argumento de una crisis nacional derivada de la inmigración y el tráfico de drogas, aunque el impacto real de los aranceles parece orientado más a la confrontación comercial que a resolver problemas internos.

Trump ha reiterado su creencia de que los aranceles benefician a la economía estadounidense, generando ingresos fiscales que permitirían financiar recortes de impuestos. Sin embargo, los análisis económicos indican que los nuevos aranceles sobre México, Canadá y China apenas aportarían un 2% de los ingresos fiscales del Gobierno federal, mientras que el costo real recaerá en los consumidores y empresas estadounidenses —poniendo en peligro los objetivos de esta política comercial—. Bienes clave como automóviles, productos agrícolas y energéticos sufrirán aumentos de precio, afectando la estabilidad de los mercados. 

Además, el fin del libre comercio en Norteamérica podría tener efectos contraproducentes como crear ventajas comparativas para China que revirtieran parte del comercio al gigante asiático. Por otra parte, el Gobierno de EE. UU. parece no haber aprendido las lecciones derivadas del caso DeepSeek, donde la restricción de exportaciones sobre los chips más avanzados acabaron por incentivar un sistema de innovación basado en la eficiencia y la ingeniería, y que, como resultado ha provocado serias dudas sobre el mercado tecnológico americano. 

"La moratoria concedida a Canadá y México y la respuesta prudente de China no deben interpretarse como signos de estabilidad"
La moratoria concedida a Canadá y México y la respuesta prudente de China no deben interpretarse como signos de estabilidad. La creciente integración de las cadenas de producción norteamericanas hace que los efectos de estos aranceles sean más impredecibles que en el pasado. Trump ha demostrado que está dispuesto a desafiar el orden económico global desde la Oficina Oval, y 
Europa —el siguiente objetivo en la mirilla del presidente—, al igual que el resto del mundo, deberá estar preparada para las repercusiones de esta nueva era de confrontación con Pekín.
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