"España tiene una responsabilidad que trasciende sus disputas internas. Debe actuar como baluarte contra el autoritarismo y como puente entre Washington y Europa. Especialmente, en temas como Palestina". Así lo sostiene Robert Benson, analista sénior de Política de Seguridad Nacional e Internacional en el Center for American Progress (CAP). Fundado por John Podesta, el CAP nació con el objetivo de contrarrestar a los
think tanks conservadores y promover ideas progresistas en la política estadounidense, ejerciendo una notable influencia en las administraciones de Obama y Biden, así como en las campañas de Hillary Clinton y Kamala Harris.
En esta conversación con Agenda Pública, Benson —doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Libre de Berlín y con una destacada trayectoria en la OCDE y el Centro de Ciencias Sociales de Berlín— analiza desde Washington el papel de España en Europa y los desafíos que enfrenta la democracia liberal en un contexto marcado por la elección del próximo presidente de Estados Unidos.
El Partido Demócrata ha sufrido una gran derrota: no pudo vencer a Donald Trump y perdió la mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. ¿Qué pasó en Estados Unidos para provocar tal colapso en las expectativas de la izquierda?
Las razones de este colapso se pueden dividir en dos áreas generales. En primer lugar, está la explicación político-económica: décadas de globalización neoliberal han debilitado a la clase trabajadora. Sus ciudades se han vaciado, su nivel de vida ha disminuido y sienten que el Partido Demócrata no ha ofrecido un plan para abordar sus problemas. Por el contrario, Trump y los republicanos han hecho que estos votantes se sientan vistos y comprendidos.
En segundo lugar, está el argumento cultural: el movimiento MAGA (Make America Great Again) representa una reacción contra un país cada vez más diverso y educado y contra la percepción de monopolización de oportunidades por parte de las élites en las costas este y oeste. Mucha gente se siente social y culturalmente alienada de lugares como Washington, Nueva York y Los Ángeles, y votan en consecuencia.
En última instancia, creo que la realidad reside en alguna combinación de estos factores.
Robert Benson, analista sénior de Política de Seguridad Nacional e Internacional en el Center for American Progress. Foto: Robert Benson / CAP
Desde el punto de vista de la economía política, el Partido Demócrata se centró en los indicadores macroeconómicos y no fue de capaz de comunicar estas luchas cotidianas. ¿Por qué no reconocieron el dolor que ahora es tan evidente después de las elecciones?
Como analista, puedo ver que hubo una desconexión entre los mensajes del Partido Demócrata y las experiencias vividas por la gente común. El partido enfatizó los éxitos macroeconómicos sin abordar los desafíos reales a los que se enfrenta la gente. El hecho de que la bolsa esté en máximos históricos no significa que la gente de clase trabajadora pueda tener viviendas asequibles o enviar a sus hijos a la universidad.
"Los republicanos de Trump adoptaron con éxito una estrategia de comunicación basada en la clase económica. Esto le dio a Trump la mayoría del voto latino"
Los republicanos de Trump adoptaron con éxito una estrategia de comunicación basada en la clase económica, que resonó incluso entre los votantes de color de la clase trabajadora. Esto le dio a Trump la mayoría del voto latino y casi una cuarta parte del voto masculino afroamericano. Trump ha conseguido así formar una coalición multirracial, un replanteamiento muy significativo en la política estadounidense.
Los votantes que ganaban menos de 60.000 dólares apoyaron decisivamente a Trump, mientras que los que ganaban más de 100.000 dólares respaldaron a Harris. Esto marca una inversión de las tendencias históricas, donde los demócratas eran el partido de la clase trabajadora y los republicanos representaban los intereses empresariales. Esa realidad ya no existe después del 5 de noviembre.
Me gustaría cambiar el enfoque hacia un tema más amplio. Tanto en Europa como en Estados Unidos estamos viendo una tendencia hacia el iliberalismo. ¿Por qué sucede esto?
Están en juego dos fenómenos interconectados. En primer lugar, los países democráticos están lidiando con movimientos populistas de extrema derecha que pretenden socavar las instituciones democráticas. Para Estados Unidos, esto está representado por el movimiento MAGA; para Europa, por partidos como AfD en Alemania y líderes como Santiago Abascal en España.
En segundo lugar, en el escenario global, potencias autoritarias como Rusia y China están aprovechando su influencia para desafiar el orden internacional basado en reglas. La invasión rusa de Ucrania y las acciones de China en el mar Meridional de China ejemplifican esto. Este es un momento peligroso para las democracias y los demócratas de todo el mundo.
¿A qué debería estar atenta Europa durante el segundo mandato de Trump para identificar un retroceso democrático en Estados Unidos?
Trump ha logrado lo que en Washington llamamos la trifecta: el control de la Presidencia, el Senado y la Cámara de Representantes. Si a esto le sumamos que el Tribunal Supremo simpatiza con su agenda, las consecuencias pueden ser graves. Existe un gran peligro asociado a que sea capaz de concentrar tanto poder.
Las instituciones democráticas no colapsarán de la noche a la mañana, pero la erosión de las normas y los ataques a las instituciones independientes pueden tener un efecto paralizador. Es vital que los ciudadanos exijan responsabilidades a sus representantes y resistan los impulsos autoritarios.
"Hay una creciente lucha de poder dentro del Partido Republicano entre institucionalistas y leales al trumpismo. Si Trump consolida el poder dentro del partido, podría marcar un cambio decisivo hacia un Gobierno autoritario"
Durante el primer mandato de Trump, la resiliencia institucional y los adultos en la habitación ayudaron a prevenir que pudiera dar rienda suelta a sus peores instintos. Esas figuras ya no estarán. Una de las señales más claras será la elección de Trump para puestos clave de su Gobierno: esto indicará la dirección de su Administración. Por ejemplo, nombrar a Elise Stefanik como embajadora ante la ONU genera preocupación, mientras que alguien como
Marco Rubio como secretario de Estado podría inspirar más confianza.
Otra señal preocupante es la presión que Trump está ejerciendo para que sus nombramientos no tengan que ser aprobados por el Senado mediante un protocolo especial. Esto refleja una creciente lucha de poder dentro del Partido Republicano entre institucionalistas y leales al trumpismo. Si Trump consolida el poder dentro del partido, podría marcar un cambio decisivo hacia un Gobierno autoritario.
¿Podemos decir que una porción significativa del público estadounidense ha abrazado el autoritarismo, dado este resultado electoral?
Es una preocupación legítima. Las tendencias autoritarias de Trump surgen de su desprecio por las normas democráticas y los controles y equilibrios del sistema. Sus votantes, frustrados por la disfunción de Washington, se sienten atraídos por sus promesas de superar los obstáculos y lograr resultados, sin importar el costo.
Esto no refleja necesariamente una mentalidad autoritaria entre los votantes, sino más bien una voluntad de apoyar a un posible autoritario que promete mejorar sus vidas. Sin embargo, la prioridad de la segunda Administración Trump será renovar las bajadas de impuestos para los estadounidenses más ricos. Este es uno de los grandes trucos de magia del siglo XXI: un multimillonario de Nueva York sabe presentarse como el héroe de los trabajadores, mientras se rodea de otros multimillonarios como Elon Musk y Peter Teal. Esta desconexión es alarmante.
¿Cómo puede la izquierda avanzar después de esto?
El Partido Demócrata —y la izquierda a nivel mundial— debe hacer una introspección. Necesita volver a conectarse con los votantes fuera de las grandes ciudades como Washington y Nueva York y articular una visión que resuene entre la clase trabajadora.
A nivel internacional, los partidos de izquierda afrontan desafíos similares. En el Reino Unido, los antiguos bastiones laboristas respaldan ahora el Brexit y al partido de extrema derecha Reform. En Francia, los bastiones tradicionales del Partido Comunista se han volcado hacia la Agrupación Nacional de Le Pen. Estados Unidos refleja esta tendencia, con regiones obreras como Virginia Occidental inclinándose decisivamente hacia Trump.
"En Estados Unidos, la responsabilidad de proteger la democracia recaerá en los ciudadanos comunes y corrientes, quienes deben dejar claro que las tácticas autoritarias son inaceptables"
En Estados Unidos, la responsabilidad de proteger la democracia recaerá en los ciudadanos comunes y corrientes, quienes deben dejar claro que las tácticas autoritarias son inaceptables. La historia nos enseña que el instinto a menudo es mirar hacia otro lado ante la represión. Luchar contra este impulso es crucial. La gente debe oponerse activamente a medidas contra los grupos vulnerables, como las deportaciones masivas de migrantes que ha prometido. Contra todo aquello que pueda socavar el Estado de derecho y erosionar la independencia institucional.
Con la salida de Joe Biden y la previsible salida de Olaf Scholz en febrero, los únicos liderazgos progresistas que permanecerán en las democracias liberales occidentales serán los de Keir Starmer y Pedro Sánchez. Foto: EUROPA PRESS / E. Parra. POOL / Europa Press / ContactoPhoto
Desde Europa, EE. UU. siempre se ha tomado como el otro gran pilar democrático del mundo. Ahora eso está en duda.
La experiencia histórica de Europa con el autoritarismo —ya sea bajo Franco, Salazar o el fascismo italiano— la hace potencialmente más resiliente. Sin embargo, hay excepciones preocupantes, como el ascenso de AfD en Alemania y la creciente influencia de Vox en España.
"Es crucial que líderes como Sánchez y el PSOE a nivel internacional lleven la bandera de una política progresista porque el resto de la UE es incapaz en su estado actual"
Para Europa, España presenta una oportunidad única. Con el liderazgo progresista de Pedro Sánchez, puede desempeñar un papel fundamental en la lucha contra el iliberalismo a nivel mundial. A diferencia de Alemania o Francia, que están sumidas en sus propias crisis internas, España está bien posicionada para asumir un mayor papel de liderazgo en la política transatlántica y dentro del G20. Es crucial que líderes como Sánchez y el PSOE a nivel internacional lleven la bandera de una política progresista porque el resto de la UE es incapaz en su estado actual.
El Gobierno de Sánchez no es tan fuerte como podría parecer desde fuera. España tiene una izquierda dividida y múltiples problemas internos.
A veces, los shocks externos pueden unir a la izquierda, superando las divisiones que normalmente la debilitan. España tiene una responsabilidad que trasciende sus disputas internas. Debe actuar como baluarte contra el autoritarismo y como puente entre Washington y Europa. Especialmente, en temas como Palestina.
Los desafíos globales exigen un liderazgo valiente, y el Gobierno de Sánchez tiene la oportunidad de defender los valores democráticos a nivel internacional. Hay demasiado en juego como para permitir la fragmentación o la inacción.