Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

La fuga de votos del PP hacia Vox continúa aumentando

La ausencia del Partido Popular de los actos de conmemoración de la muerte de Franco revela para Mario Ríos la presión que sienten los populares por la competición electoral con Vox. El experto en comportamiento electoral ofrece un análisis detallado de las últimas encuestas para analizar esta tendencia.

Mario Ríos Fernández Mario Ríos Fernández 17 de enero de 2025
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Mario Ríos argumenta que la competición con Vox fuerza al Partido Popular hacia posiciones más radicales. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Mario Ríos argumenta que la competición con Vox fuerza al Partido Popular hacia posiciones más radicales. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
España en libertad. Este es el título del programa de actos que el Gobierno de España está impulsando para conmemorar el cincuenta aniversario de la muerte de Franco y el inicio de la Transición que se produjo después de su fallecimiento. La celebración intenta ubicar la llegada de la democracia como un gran hito en nuestro país, emulando los actos conmemorativos que se realizan en otros países que también transicionaron de regímenes autoritarios a sistemas democráticos sólidos. Algo que debería ser un gran consenso nacional, como lo es en otras latitudes, ha ocasionado la enésima polémica alrededor de la memoria de la dictadura. Una polémica que siempre tiene en el centro de la diana al Partido Popular (PP).

"El PP rechazó participar en los actos convirtiendo algo que debería ser una cuestión de consenso nacional entre las principales fuerzas democráticas en un arma arrojadiza"
El partido liderado por Feijóo rechazó desde un primer momento su presencia en dicho acto, alegando que era una cortina de humo para tapar la supuesta corrupción del Gobierno de Sánchez y los fallos de su gestión. Unos actos partidistas que, según ellos, no importaban a los españoles y españolas, quienes, aseguraron, no pensaban en el pasado, sino que solo tenían entre ceja y ceja el futuro de una España sin Sánchez. Así argumentó el PP, principal partido de la derecha democrática, su no asistencia a los actos, convirtiendo algo que debería ser una cuestión de consenso nacional entre las principales fuerzas democráticas en un arma arrojadiza entre Gobierno y oposición.


Desde una perspectiva comparada, esta negación de la memoria histórica democrática por parte del principal partido conservador choca con parte de los ritos fundacionales de las democracias de nuestro entorno. Desde Alemania hasta Portugal o Grecia, en todos los actos conmemorativos de sus respectivos sistemas democráticos han participado siempre todas las instancias gubernamentales y también los principales partidos conservadores, que no han calificado estos actos, independientemente de quién los organizase, de partidistas o sesgados. En España, en cambio, el PP se opone a conmemorar el final del dictador y sus gobiernos autonómicos también omiten su presencia, provocando que la familia conservadora, ya sea a nivel partidista o institucional, no esté representada.

La competición de las derechas españolas: un proceso de radicalización política

La razón, sin embargo, más allá del discurso sobre la estratagema de Sánchez o de que los españoles y españolas quieren pensar en el futuro y no en el pasado —un clásico cuando se trata de revisar un pasado incómodo para algunas formaciones políticas—, se halla en la competición política que PP y Vox llevan a cabo desde 2019.

"La explicación de la ausencia del PP en los actos se halla en la competición política que PP y Vox llevan a cabo desde 2019"
Los populares, que hasta las generales de 2019 eran el partido alfa de las clases medias españolas y la opción que unificaba a toda la derecha española —desde el liberalismo político hasta los democristianos, pasando por los conservadores y los sectores ultras—, vieron cómo su base electoral se fragmentaba en tres: la más joven, urbana y liberal hacia Ciudadanos; la más ultra, conservadora, nacionalista y rural hacia Vox; y aquellos más fieles permanecieron en el PP en un momento en que el partido obtuvo su peor resultado electoral desde los años ochenta: los sesenta y seis diputados y el 16,7 % de voto —4,7 millones de votos— obtenido en abril de 2019.


Esta competición a tres acabó siendo una batalla entre dos opciones políticas, ya que Ciudadanos terminó implosionando como formación política después de las elecciones de 2019, en las que pasó de tercera fuerza política, casi empatada con el PP a tener menos diputados que ERC (trece frente a once).

Sin embargo, a partir de noviembre de 2019, el cariz de la competición política cambió completamente. El PP ya no competía contra Ciudadanos, un partido de matriz liberal y defensor de derechos y libertades civiles y de cierta regeneración institucional, sino contra Vox, un partido de derecha radical nacionalista español que defiende una revisión reaccionaria de nuestro pasado y que se ubica en las coordenadas ideológicas de Fidesz, Justicia y Libertad o Fratelli d’Italia. Una tendencia que se está dando en la mayoría de los países europeos, donde la derecha tradicional y clásica compite contra opciones de derecha radical en trayectoria ascendente y que provocan una radicalización y una polarización mayor en la base social, política y electoral conservadora.



Tanto es así que, en las elecciones de 2023, tanto en las autonómicas y locales como en las generales, el PP tuvo que asimilar parte de la agenda política de Vox y parte de su estrategia discursiva —especialmente la dureza contra Sánchez y la consideración del Gobierno como ilegítimo por sus pactos con los independentistas— para poder ser la primera fuerza política. Los populares, liderados por Feijóo, que pretendían impulsar a un candidato moderado, terminaron adoptando parte del marco reaccionario para evitar la fuga hacia Vox. Una estrategia que, aunque redujo la fuga y permitió al PP aglutinar el suficiente voto para ser la fuerza más votada en muchas comunidades autónomas, municipios y en las generales, no eliminó la presencia de Vox, que se garantizó una consolidación parlamentaria a nivel autonómico y general, situándose por encima de la izquierda alternativa en la mayoría de las comunidades autónomas y en el Congreso de los Diputados.

"El ciclo electoral de 2023 fue tan favorable para la derecha radical que incluso logró entrar en varios gobiernos autonómicos de la mano del PP"
El ciclo electoral de 2023 fue tan favorable para la derecha radical que incluso logró entrar en varios gobiernos autonómicos de la mano del PP, acabando doblemente con la excepción ibérica. Si hasta 2018 la derecha radical no tenía representación institucional a nivel autonómico o general en España, en 2019 la entrada de Vox en el Congreso rompió esa tendencia. En 2023, se consumó su entrada por primera vez en ejecutivos tanto locales como autonómicos, eliminando otra excepción más.

 

En los últimos meses, las tendencias del CIS muestran vaivenes en las estimaciones de ambas formaciones, con picos y bajadas para ambos, pero con una subida en los meses finales del año para Vox y un estancamiento para los populares. Aunque la mejor muestra de esta competición electoral nos la proporcionan los estudios de 40dB para El País y Cadena SER, que reflejan y consolidan esta tendencia positiva para la derecha radical respecto a los populares en una serie de indicadores importantes para calibrar sus expectativas electorales. Desde julio de 2024 hasta enero de este año, Vox ha subido 3,4 puntos, pasando del 10,4% al 13,8%, mientras que el PP se mantiene estancado o ligeramente por debajo de lo que le daban las encuestas en aquel momento (alrededor del 33 %). Sin embargo, esto se ha acelerado en los últimos meses, donde el PP ha caído del 35,3% en noviembre al 33%, y Vox ha subido prácticamente en la misma proporción, del 11,2% al 13,8%, como hemos comentado anteriormente.
 

Estos cambios, no obstante, no se limitan solo a la estimación electoral, sino que los datos brutos señalan tendencias similares y además fundamentan estos cambios con respecto a la estimación electoral. En la intención directa de voto se observan tendencias similares desde julio: Vox obtenía un 12,3% y el PP un 21,2%. Para enero, Vox ha crecido dos puntos, alcanzando un 14%, mientras que el PP se mantiene en el mismo porcentaje. Esto indica que, mientras Vox ha experimentado un aumento desde julio, el PP se ha estancado, como se muestra en el siguiente gráfico.
 

Sin embargo, hay un variable que lo refleja aún mejor: la relación entre fidelidad y transferencias de votos para ambas formaciones. Según los datos de 40dB, la fidelidad electoral del PP ha bajado en menos de medio año del 84,7% de julio del año pasado al 76,9% de enero de 2025. Vox, en cambio, ha mantenido un crecimiento claro de su fidelidad que ha subido del 78,7% al 82,8% actual: un incremento de cuatro puntos para la derecha radical y un descenso de ocho puntos para el PP. 

Las transferencias de voto entre ambas formaciones explican parte de esta fidelidad. Vox ha pasado de perder un 4,2% de voto hacia el PP en julio —alcanzando un pico en octubre del 6,4%— a caer a menos de la mitad en enero de 2025 con solo un 3,1%, mientras que el PP ha aumentado el voto que le enviaba a Vox desde julio hasta aquí pasando de un 6,3% a un 10,5%.

 

Los factores del crecimiento de Vox y el dilema del PP

¿Qué explica que lo que parecía una relación estable —con el PP creciendo al absorber votos de Vox mientras la derecha radical se estancaba— se haya roto en beneficio de Vox? Tres factores explican este ascenso continuado de la derecha radical en España.


El primero es la polémica migratoria, especialmente en torno a la gestión de las llegadas a Canarias y la inserción de menores no acompañados, que provocó la ruptura de los gobiernos autonómicos entre PP y Vox. Abascal se opuso al pacto entre el Gobierno y el PP sobre la acogida de migrantes, rechazando que sus gobiernos participaran en el reparto de menores no acompañados. Esto dejó al PP atrapado entre apoyar los pactos de Estado o adoptar una retórica populista contra la inmigración. Incapaz de decidir, el PP terminó rompiendo con el Gobierno y adoptando una postura crítica, mientras Vox rompía los gobiernos autonómicos y fortalecía su imagen de coherencia y firmeza, algo bien percibido por su base y potenciales votantes.

El segundo factor es la victoria de Donald Trump, que refuerza globalmente a partidos con su misma línea ideológica. Vox, versión española del trumpismo, se beneficia de estas corrientes autoritarias, en un momento histórico de retroceso democrático que favorece a estas opciones reaccionarias. Algo que analiza muy bien Steven Forti en su último libro Democracias en extinción. El espectro de las autocracias electorales. 

El tercer factor es el impacto político de la DANA. Las inundaciones en la Horta de València aumentaron la desafección política y la desconfianza en las instituciones, afectando tanto al Gobierno de Mazón como al de Sánchez. Además, una oleada de desinformación, promovida por la extrema derecha digital, señaló al Gobierno y a los inmigrantes como responsables o beneficiarios de la catástrofe, reforzando el discurso de Vox. De hecho, Vox es el partido que más sube desde la DANA en todas las encuestas.

Estos factores explican el estancamiento del PP y el crecimiento de Vox, como muestran los datos de 40dB. El PP, atrapado en una agenda ultraconservadora, no logra posicionarse como una derecha responsable, capaz de pactar y marcar distancia con Vox. Así, la falta de valentía del PP en temas cruciales, desde la política migratoria hasta la memoria histórica, refuerza la ola reaccionaria que sigue beneficiando a Vox. No es que Franco represente el pasado, como asegura Feijóo, es que la larga sombra del franquismo que representa Vox sigue sembrando al PP de dudas, impidiéndole afrontar los retos políticos que tiene por delante y fagocitando su agenda y sus votantes.
Mario Ríos Fernández
Mario Ríos Fernández
Analista político y profesor de la Universitat de Girona
Politólogo y analista político experto en comportamiento electoral. Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional.
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