La amenaza de la violencia política ha dejado de ser una advertencia lejana para convertirse en una realidad que se abre paso en nuestro día a día. En España, esa violencia se manifiesta en un odio visceral e irracional hacia el presidente del Gobierno y en el ataque constante a los inmigrantes, a menudo identificados en el imaginario del odio con "moros", musulmanes o personas negras. El domingo, en Paiporta, surgieron brotes de esa violencia.
"La violencia está indudablemente calando en nuestro discurso político"
La indignación de la gente de Paiporta es comprensible porque se juntan dos realidades muy simples. Uno, el martes 29 de octubre, murieron centenares de personas que no tendrían por qué haber muerto si hubiera existido un protocolo de prevención adecuado y bien ejecutado. Y, dos, la ayuda del Estado, que sí ha existido, ha sido ineficiente e insuficiente en las zonas que más lo necesitan.
Sin embargo, hay una realidad de fondo mucho más grave. Según informan elDiario.es y El País, grupos de ultraderecha azuzaron a la multitud hasta que esta explotó contra los representantes de las tres máximas instituciones del Estado, las que deberían haber estado enviando ayuda al pueblo. El grupo Revuelta, una asociación de extrema derecha que funciona como grupo de juventudes de Vox, fue capaz de llegar a Paiporta, camuflados como voluntarios y agredir al presidente del Gobierno. Pedro Sánchez fue golpeado y su coche destrozado. El partido de Abascal ofreció inmediatamente después del ataque asistencia legal a los involucrados. Peor aún, tras los altercados tanto en redes sociales como en la cotidianidad, pudimos oír cómo, en el mejor de los casos, se justificaba esa actuación y en el peor de los casos se celebraba. La violencia está indudablemente calando en nuestro discurso político.
La normalización de la violencia política es el paso anterior a la generalización de la violencia política. Una vez que se abre la puerta a cualquier clase de violencia, es muy difícil volver a contenerla. Y, en su expresión absoluta, la violencia política es el fracaso de la propia política. Para aquellos que nos identificamos como institucionalistas, que pensamos que el Estado es una organización sobre todo útil, que permite vivir con ciertas garantías de seguridad y de desarrollo; la política es oportunidad de cambio en positivo, de crear proyectos que mejoran la vida de las personas y de aplicar la imaginación para resolver los problemas que tenemos en común.
"Una vez que se abre la puerta a cualquier clase de violencia, es muy difícil volver a contenerla. Y, en su expresión absoluta, la violencia política es el fracaso de la propia política"
No obstante, no sirve de nada ignorar la realidad del sentir general: la política se está convirtiendo en un impedimento para lograr estos objetivos en la mente de muchas personas. El desprecio hacia la política es el sentimiento con el que se identifican muchos ciudadanos de democracias plenas. Precisamente porque la política mainstream está dejando muchos huecos en la vida de la gente.
Como ya escribí en julio, estos huecos son llenados por la extrema derecha, que no duda en revolver el río si piensan que pueden ganar rédito. Paiporta es el ejemplo más sangrante de ello.
Como todo en nuestro sistema de gobernanza complejo, lo que ocurre en España es un reflejo de las tendencias que ocurren en Europa y en el resto de democracias liberales. Así, lo sucedido en Paiporta el domingo se puede entender mejor comparándolo con los disturbios de agosto en Inglaterra, donde la extrema derecha del
establishment y de fuera del sistema usaron la tragedia del asesinato de unas niñas para volcar su islamofobia sobre comunidades musulmanas. También existen otros ejemplos críticos como el intento de asesinato contra el primer ministro Robert Fick en Eslovaquia.
Si la violencia ha comenzado a calar en las sociedades democráticas es porque, como escribió Mukul Kesavan en Foreign Policy en junio, en Occidente no entendemos a nuestra propia extrema derecha. No son partidos populistas, son partidos mayoritaristas, cuya noción más básica de la política se basa en imponer a lo que ellos perciben como la mayoría (nativos, blancos, cristianos, varones…) sobre una minoría que debe ser expulsada o controlada. El autor indio hace un paralelismo con la violencia contra minorías en la India o en Bangladés: "Los europeos que creen que es improbable que en Europa se produzca una violencia intestina a escala del sur de Asia deberían recordar la violencia mayoritaria genocida de Serbia y Bosnia hace 30 años".
"La extrema derecha, en EE. UU. o en Europa, no usa la violencia como medio, es violencia en esencia"
Sin embargo, esta realidad que se extiende ahora en Europa, tuvo su origen, junto con el nacimiento del trumpismo en EE. UU.
Hoy, concluye allí un ciclo electoral que dura cuatro años y que comenzó con un episodio violento que ha sido arrastrado por la normalidad con la que se ha tratado. Aquel 6 de enero, una horda de insurrectos trató de detener la certificación de las elecciones en el Capitolio.
Intentaron detener el proceso de cambio de poder convencidos de que las elecciones fueron amañadas porque su líder Donald Trump y todo su aparato de comunicación se lo dijo así. Este suceso fue el punto álgido de una escalada de violencia que ya se venía gestando en años anteriores, con eventos como el ataque de Charlottesville en 2017 o los incontables tiroteos perpetrados por
nacionalistas blancos, que suponen el
80% de todos los asesinatos extremistas en el país norteamericano.
Ahora, tras las nuevas elecciones, Estados Unidos enfrenta otro momento de incertidumbre política. Es probable que pasen más de 48 horas antes de conocer al ganador, y
hasta entonces el clima de tensión podría aumentar. Durante los últimos años, Trump y sus colaboradores
han instado a sus seguidores a "defender las elecciones" y a evitar "por cualquier medio" que Harris llegue a la presidencia. Las protestas en los lugares de recuento de votos ya no serán esporádicas como en 2020, sino que estarán organizadas y tendrán como objetivo detener los resultados que no convengan a Trump. Muchos de los responsables de la organización de las elecciones, cargos electos en EE. UU., pertenecen al movimiento MAGA (
Make America Great Again) y tratarán de favorecer a Trump.
La noción de que si gana Harris, pueden comenzar episodios de violencia; pero que si gana Trump, todo estará contenido, es la falsa equidistancia que nos ha traído hasta este punto. La extrema derecha, en EE. UU. o en Europa, no usa la violencia como medio, es violencia en esencia. Gane o pierda, Trump ha impregnado de violencia el tejido social americano y sus efectos se seguirán sintiendo durante años. Como muestra de ello están los dos intentos de asesinato contra él mismo.
En España, todavía es posible evitar la escalada. Por desgracia, en nuestro país, a pesar de tener una memoria corta, tenemos una amplia historia de violencia política, pero también de cómo acabar con ella usando el Estado de derecho. Para no permitir que se desarrolle la violencia de extrema derecha, se deben identificar y juzgar a los alentadores de los altercados del domingo, tanto los que estaban en Paiporta como los que no.
"Los responsables políticos deben dar una respuesta mejor a los valencianos en esta crisis; no volverán los fallecidos, pero los vivos necesitan la seguridad de saber que recibirán toda la ayuda necesaria ahora para recuperar la normalidad y después para volver a hacer viables sus proyectos de vida. Si el Estado deja esos huecos sin cubrir, la extrema derecha los va a llenar con todos los medios a su alcance"
Pero, sobre todo, los líderes políticos, en especial los del Partido Popular, deben cortar de raíz los discursos del odio. Esto significa aplicar el cordón sanitario real a Vox, no, aún no es demasiado tarde, y contestar sus discursos de odio y violencia desde la política. De nada sirve que Alberto Núñez Feijóo tardara 24 horas en condenar los altercados en Paiporta, y mucho menos, que Isabel Díaz Ayuso publicara una caricatura en su cuenta de X burlándose de la agresión a Sánchez. Aquellos que no estén a la altura deberían apartarse.
Por último, los responsables políticos deben dar una respuesta mejor a los valencianos en esta crisis; los supervivientes necesitan la seguridad de saber que recibirán toda la ayuda necesaria ahora para recuperar la normalidad y después para volver a hacer viables sus proyectos de vida. Si el Estado deja esos huecos sin cubrir, la extrema derecha los va a llenar con todos los medios a su alcance.