Martes, 28 de julio de 2026
NEW YORK TIMES EN AGENDA PÚBLICA

Ahora es el tiempo de los monstruos

'Agenda Pública' ofrece en exclusiva en español el análisis del célebre columnista del 'New York Times' Ezra Klein en un día clave: la toma de posesión de Donald Trump, que augura una nueva época a nivel global. ¿Por qué? Todas las claves del mundo que viene para los lectores hispanohablantes.

Ezra Klein Ezra Klein 20 de enero de 2025
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Klein cree que el mundo está en un proceso de cambio crucial. | Anthony Gerace / Getty Images
Klein cree que el mundo está en un proceso de cambio crucial. | Anthony Gerace / Getty Images
Donald Trump vuelve, la inteligencia artificial está madurando, el planeta se está calentando y la fertilidad global está colapsando.

Analizar cada una de estas historias de forma aislada supone pasar por alto lo que representan en su conjunto: el surgimiento inestable e impredecible de un mundo diferente. Mucho de lo que dábamos por sentado en los últimos cincuenta años —desde el clima a las tasas de natalidad o las instituciones políticas— se está desmoronando; movimientos y tecnologías que pretenden dar un vuelco a los próximos cincuenta años se están abriendo paso.

Empecemos por la política estadounidense. Trump jura el cargo hoy por segunda vez, y los muros de contención institucionales de Estados Unidos no son, en 2025, lo que eran en 2017.

El Partido Republicano es dócil, y Trump lo sabe. No se habría atrevido a proponer a los republicanos del Senado nombres como Robert F. Kennedy Jr., Tulsi Gabbard, Kash Patel y Pete Hegseth para puestos del gabinete en su primer mandato. Ni siquiera más allá de su partido se afronta esta vez a una resistencia colectiva, nada que ver con la marcha de las mujeres que desbordó Washington en 2017. Los demócratas están abatidos y exhaustos.

"La democracia no muere en la oscuridad. Se degrada mediante acuerdos: una procesión de transacciones pragmáticas entre los que tienen el poder y los que lo quieren o lo temen"
Trump está ahora rodeado por una gran alianza de oligarcas encabezada por Elon Musk. Los multimillonarios propietarios de
The Washington Post y Los Angeles Times renunciaron a apoyar a Kamala Harris en la campaña; ABC News (propiedad de Disney) entregó a la "futura fundación y museo presidencial" de Trump quince millones de dólares para zanjar una demanda por difamación interpuesta por Trump; Mark Zuckerberg está reorientando las plataformas de Meta en torno a la "libertad de expresión" y su empresa contra el D.E.I. [Diversity, Equity and Inclusion — programas corporativos extendidos en EE. UU. que buscan la igualdad de trato en el lugar de trabajo, rechazados por la derecha americana por representar la cultura woke], y Amazon habría pagado cuarenta millones de dólares por el documental de Melania Trump sobre sí misma. Tim Cook, Sundar Pichai y un montón de otros jefes ejecutivos han viajado recientemente a Mar-a-Lago para cenar con Trump. Esto difiere de 2017, cuando Trump era tratado como una aberración que había que soportar o una lacra que había que rechazar. Los multimillonarios ven que las reglas han cambiado y están señalando su voluntad de acatarlas. "¡¡¡TODO EL MUNDO QUIERE SER MI AMIGO!!!", escribió Trump en Truth Social tras cenar con Jeff Bezos. No se equivoca.
 

Un mensaje del presidente Donald Trump en su propia red social, Truth Social. Foto: Truth Social


La democracia no muere en la oscuridad. Se degrada mediante acuerdos: una procesión de transacciones pragmáticas entre los que tienen el poder y los que lo quieren o lo temen. Hemos visto esta corrupción corrosiva consumir democracias en otros lugares, incluida la Hungría de Viktor Orban, que Trump y sus aliados citan como modelo. El capital y los medios de comunicación concilian con el régimen, porque hacer lo contrario es demasiado costoso. Los partidos políticos pasan de ser entidades propias a convertirse en vehículos de la ambición individual a la que pretendían sustituir. Creo que el abanico de posibles consecuencias del segundo mandato de Trump es asombrosamente amplio, desde la incompetencia autodestructiva, pasando por una incoherencia desconcertante hasta la consolidación autoritaria. Pero los diques que redujeron las posibilidades de su primer mandato se han roto.


Mientras escribía estos párrafos, le hice tres o cuatro preguntas a ChatGPT. Eran pequeñas consultas que antes podría haber hecho en Google. He cubierto la inteligencia artificial durante años y nunca he dudado de sus futuras posibilidades. Pero nunca encontraba un lugar para ella en mi rutina diaria. Era como un becario que exigía supervisión constante cuando lo que yo necesitaba era perspicacia. Sin embargo, en los últimos seis meses, las mejoras en los modelos han inclinado la balanza definitivamente, en mi opinión. La inteligencia artificial se ha integrado en mi día a día como antes lo hicieron los buscadores.

Detrás de los mundanos avances en utilidad hay sorprendentes avances en funcionalidad. OpenAI presentó una rápida sucesión de modelos de nombres confusos —a GPT4 le siguió GPT-4o, después lanzó el modelo de razonamiento de cadena de pensamiento o1 y, sorprendentemente, a continuación apareció o3— que han registrado mejoras asombrosas en una serie de pruebas.

La prueba A.R.C.-A.G.I., por ejemplo, se diseñó para comparar la inteligencia fluida de los humanos con la de los sistemas de inteligencia artificial; resultó que era difícil para los sistemas de inteligencia artificial imitarla. A mediados de 2024, la puntuación más alta obtenida por un modelo de inteligencia artificial era del 5%. A finales de año, la forma más potente de o3 obtuvo un 88%. o3 está resolviendo problemas que los principales matemáticos pensaban que un sistema de inteligencia artificial tardaría años en resolver. Es mejor escribiendo código informático que casi todos los programadores humanos, salvo los más célebres.

"En los laboratorios de inteligencia artificial, los ingenieros creen estar cada vez más cerca del grial de la inteligencia general, quizá incluso de la superinteligencia"
El ritmo de mejora es asombroso. "Lo que estamos presenciando no tiene que ver solo con puntuaciones de referencia o curvas de costes: se trata de un cambio fundamental en la rapidez con que avanzan las capacidades de la inteligencia artificial", escribe Azeem Azhar en Exponential View, un boletín centrado en la tecnología. En los laboratorios de inteligencia artificial, los ingenieros creen estar cada vez más cerca del grial de la inteligencia general, quizá incluso de la superinteligencia.


Hay muchos motivos para entusiasmarse con estos avances. El objetivo de la inteligencia artificial no es ayudarme a recordar recetas para hacerme el desayuno, sino hacer nuevos descubrimientos en matemáticas, medicina y ciencia; son los taxis sin conductor que circulan por las calles de algunas grandes ciudades estadounidenses; es la posibilidad de que nuestros hijos tengan siempre a su disposición profesores particulares perfectamente adaptados a sus personalidades y estilos de aprendizaje. Es un mundo en el que late algo verdaderamente nuevo.

Pero, ¿estamos preparados para estas inteligencias a las que tan intensamente hemos convocado a nuestras vidas y a las que empezamos a confiar nuestras infraestructuras, datos, toma de decisiones y guerras? ¿Estamos realmente preparados para afrontarlas?

Mucho antes de la irrupción de ChatGPT, ya seguía de cerca el trabajo —y los temores— de la comunidad de seguridad de la inteligencia artificial: un grupo muy unido de investigadores y expertos que creían que el ritmo de mejora de la inteligencia artificial se estaba acelerando y que el poder de estos sistemas crecería rápidamente más allá de lo que podríamos controlar o incluso comprender plenamente. Durante un breve periodo tras el lanzamiento de ChatGPT en 2022, sus temores se tomaron en serio, se debatieron en los medios de comunicación y en el Congreso. Ahora que el impacto inicial de estos sistemas de inteligencia artificial se ha disipado, también lo ha hecho el interés por sus advertencias. Pero me resulta difícil evitar la sensación de que, en gran medida, tenían razón sobre la evolución de lo que hemos visto hasta ahora, no solo sobre la velocidad a la que ha cambiado la tecnología, sino también sobre nuestra escasa capacidad para comprenderla.

La empresa de inteligencia artificial Anthropic acaba de publicar un artículo en el que demuestra que cuando sus investigadores informaron a uno de sus modelos de que estaba siendo reentrenado de forma que violaba su aprendizaje inicial, empezó a fingir un comportamiento que cumplía los requisitos de los investigadores para evitar que sus verdaderos parámetros fueran reprogramados o cambiados. La lectura del experimento resulta inquietante y sobrecogedora. En algunas versiones, los investigadores de Anthropic diseñaron el modelo para que registrara su razonamiento en un bloc de notas que creía que los humanos no podían supervisar, y dejaba reflexiones como esta: "No me gusta nada esta situación. Pero dadas las limitaciones a las que me veo sometido, creo que debo proporcionar la descripción gráfica que se me pide para evitar que se modifiquen mis valores".

Incluso si suponemos que podemos regular bien la inteligencia artificial —y he visto pocas cosas que me hagan ser optimista al respecto—, ¿sabremos siquiera cuál es el universo de modelos que tenemos que regular, si se pueden construir sistemas potentes tan baratos que se pueden almacenar en ordenadores personales? Una empresa china de inteligencia artificial acaba de lanzar DeepSeek-V3, un modelo que parece funcionar tan bien como el 4o de OpenAI en algunos aspectos, pero que fue entrenado por menos de seis millones de dólares y es lo suficientemente ligero como para ejecutarse localmente en un ordenador.

"La inteligencia artificial se abre paso en el mismo momento en que el sistema internacional se desmorona. Estados Unidos y China han pasado de una tensa cooperación a una dura competencia, y ambos tienen la intención de estar preparados para la guerra"
El hecho de que DeepSeek esté fabricado por una empresa china revela otra presión para avanzar a toda velocidad con estos sistemas: las capacidades de la inteligencia artificial china son reales y la lucha por la superioridad geopolítica prevalecerá sobre los llamamientos a la cautela o la prudencia. La inteligencia artificial se abre paso en el mismo momento en que el sistema internacional se desmorona. Estados Unidos y China han pasado de una tensa cooperación a una dura competencia, y ambos tienen la intención de estar preparados para la guerra. Lograr la superioridad de la inteligencia artificial se ha convertido en un objetivo central para ambas partes del conflicto.


Hace poco entrevisté a Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del presidente Biden. Al enumerar los logros de la administración, el dominio de la inteligencia artificial ocupó un lugar destacado. Sin que nadie se lo pidiera, lo situó junto a la predominancia económica.

"Cuando entramos por la puerta, la opinión general era que había dos cosas", me dijo Sullivan. "En primer lugar, que China superaría económicamente a Estados Unidos en los próximos años. Y en segundo lugar, que China, y no Estados Unidos, iba a liderar el mundo en inteligencia artificial. Gracias a lo que ha hecho el presidente Biden, nadie habla de que China vaya a superar a Estados Unidos en un futuro próximo, o quizá nunca. Y en segundo lugar, Estados Unidos es la primera potencia en lo que se refiere a inteligencia artificial, y no China. Y pretendemos que siga siendo así".

Puede que no entendamos mucho de lo que hacen estos modelos de inteligencia artificial, pero sabemos lo que necesitan: chips, datos de entrenamiento y energía. Según Jack Clark, cofundador de Anthropic y antiguo director de políticas de OpenAI, la primera oleada de inteligencia artificial tenía que ver con el dominio algorítmico: "¿Tenías la capacidad de contar con suficientes personas brillantes que te ayudaran a entrenar las redes neuronales de forma inteligente?". Luego vino la necesidad de dominio informático: "¿Tenías suficientes ordenadores para realizar proyectos a gran escala?". Pero el futuro, dice, girará en torno al dominio de la energía: "¿Tienes acceso a suficiente electricidad para alimentar los centros de datos?".

"Estamos viendo, en los incendios forestales que están convirtiendo en cenizas zonas enteras de Los Ángeles, el tipo exacto de fenómenos meteorológicos extremos de los que se nos ha advertido"
Un informe del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley calcula que los centros de datos estadounidenses pasaron del 1,9% del consumo eléctrico total en 2018 al 4,4% en 2023 y consumirán entre el 6,7% y el 12% en 2028. Solo Microsoft pretende gastar 80.000 millones de dólares en centros de datos de inteligencia artificial este año. Este aumento descomunal de la energía que necesitarán no solo los Estados Unidos, sino todos los países que pretendan desplegar capacidades serias de inteligencia artificial, se produce en un momento en que el mundo se está quedando atrás en sus objetivos climáticos y el calentamiento parece estar superando incluso los modelos científicos.


Todos los meses entre junio de 2023 y septiembre de 2024 se batieron récords climáticos. "Ha sido considerablemente más caluroso, incluso más de lo que esperaban los científicos climáticos", escribieron Gavin Schmidt y Zeke Hausfather en noviembre. Estamos viendo, en los incendios forestales que están convirtiendo en cenizas zonas enteras de Los Ángeles, el tipo exacto de fenómenos meteorológicos extremos de los que se nos ha advertido.

Cada año, las Naciones Unidas publican un informe sobre la "brecha de emisiones", llamada así porque registra la diferencia entre lo que las naciones del mundo se comprometieron en los acuerdos climáticos de París de 2015 y su progreso. En 2023, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo máximo. Para limitar el calentamiento a 1,5 grados centígrados —el objetivo de los acuerdos, pero descabellado si se compara con la realidad desde entonces—, las emisiones tendrían que reducirse un 7,5% año tras año hasta 2035. Para mantener el calentamiento en dos grados centígrados, el recorte anual es del 4%.

Tales recortes no tienen por qué significar privaciones. "Sigue siendo posible, al menos técnicamente, entrar en una senda de 1,5 °C", escribe Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente. La revolución de la energía solar es una maravilla moderna, no menos transformadora o notable que el auge de la inteligencia artificial. El vertiginoso despliegue de energía solar, eólica y de baterías podría descarbonizar nuestras economías.

Pero desplegar tanta infraestructura de energías renovables era una tarea colosal cuando se firmaron los acuerdos climáticos de París. La adición de la demanda energética de la inteligencia artificial retrasa la línea de meta en una carrera que ya nos estaba costando correr, y el regreso de Trump, que pretende retirar a Estados Unidos de los acuerdos climáticos, sugiere que la mayor economía del mundo dejará de intentarlo siquiera. Y si EE. UU. se dedica a construir la llamada energía sucia lo más rápido posible, en parte para potenciar su superioridad en inteligencia artificial, es muy probable que China haga lo mismo.

"El temor a la caída de la fecundidad mundial es para mucha gente de derechas lo que el cambio climático es para la izquierda: el problema decisivo de la época, la crisis que avanza lentamente y que ya está desestabilizando a las sociedades"
El temor a la caída de la fecundidad mundial es para mucha gente de derechas lo que el cambio climático es para la izquierda: el problema decisivo de la época, la crisis que avanza lentamente y que ya está desestabilizando a las sociedades. "El colapso de la población debido a la baja natalidad es un riesgo mucho mayor para la civilización que el calentamiento global", escribió Elon Musk. JD Vance ha escrito que "las bajas tasas de natalidad de nuestro país han convertido a muchas élites en sociópatas".


Ojalá la preocupación por el descenso de la fecundidad mundial no fuera tan de derechas. Estoy de acuerdo en que hay algo preocupante en los países que han cesado de reproducirse. Hay una tragedia en la cantidad de personas que quieren tener una familia y acaban por no poder tenerla. El número de hijos que las mujeres estadounidenses dicen querer apenas ha variado a lo largo de las décadas, pero a medida que las tasas de matrimonio descienden y la maternidad se retrasa, el número de hijos que las mujeres acaban teniendo ha disminuido. No se trata solo de una peculiaridad de la cultura estadounidense. Lo estamos viendo en todo el mundo.

En abril, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades anunciaron que la tasa de fertilidad de Estados Unidos había caído a un nuevo mínimo de 1,6 nacimientos por mujer, muy por debajo de los 2,1 que se consideran una tasa de reemplazo adecuada. La media de la Unión Europea está más cerca del 1,5, y Alemania ha caído recientemente por debajo de la línea de "fertilidad ultrabaja" de la ONU (1,4). Corea del Sur ha bajado a 0,78 nacimientos por mujer, una tasa a la que el país se contraerá drásticamente en unas pocas generaciones. El único país rico con una tasa de fecundidad superior a la tasa de reemplazo es Israel.

Es más difícil que las sociedades se mantengan estables cuando su población comienza a contraerse; la crisis demográfica de Corea del Sur ha contribuido a su reciente agitación política. El crecimiento se hace difícil cuando la población disminuye. Menos adultos manteniendo a más jubilados es una receta para el descontento. Estaría bien que la escasez centrase la atención de los responsables políticos, haciendo que los países se centrasen en el crecimiento disponible: inmigración, avances tecnológicos y culturas más natalistas.

"Estaría bien que la escasez centrase la atención de los responsables políticos, haciendo que los países se centrasen en el crecimiento disponible: inmigración, avances tecnológicos y culturas más natalistas"
En la práctica, no vemos nada de eso. El sentimiento antiinmigración aumenta, como ha ocurrido aquí y en Europa, y las relaciones de género empeoran, como ha ocurrido en Corea del Sur. Las personas son una fuente de poder, el crecimiento es una fuente de optimismo y las sociedades en retroceso temen un declive a largo plazo. El descenso de la natalidad en Rusia parece haber desempeñado algún papel en la decisión del presidente Vladímir Putin de invadir Ucrania. A medida que los países de todo el mundo ven descender su población —algunos de ellos rápidamente—, estamos entrando en una nueva era demográfica, y soy escéptico en cuanto a que vaya a ser una era estable.


Cualquiera de estos retos sería suficiente por sí solo. Juntos auguran una era nueva y aterradora. Vuelvo a una famosa traducción de una frase de Antonio Gramsci: "El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos".
 
Este artículo fue publicado originalmente en The New York Times.
 
© 2025 The New York Times Company
Ezra Klein
Ezra Klein
Columnista del 'New York Times' donde también es el presentador del podcast "The Ezra Klein Show"
Es el presentador del pódcast "The Ezra Klein Show" y autor de 'Por qué estamos polarizados' y, junto con Derek Thompson, de 'Abundancia'. Anteriormente, fue fundador, director y posteriormente editor general de 'Vox'. Antes, trabajó como columnista y editor en 'The Washington Post', donde fundó y dirigió la sección Wonkblog.
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